¿SE DESANGRA RN?

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 27 de diciembre de 2013)

Corría el año 2010 y el presidente de Renovación Nacional se debatía en una encrucijada: seguir o no seguir conduciendo el partido. Si hubiese tomado la decisión de llegar hasta ahí, habría completado 4 fructíferos años. Recordemos que Carlos Larraín sucedió al veterano Sergio Díez, quien a su vez asumió de emergencia ante la remoción de Sebastián Piñera de la testera ordenada en 2004 por el entonces líder unitario Joaquín Lavín. Eran tiempos difíciles para el partido de calle Antonio Varas y don Carlos le puso el hombro. No sólo reorganizó y vigorizó a sus alicaídas huestes –para sorpresa de muchos- sino que además se dio el lujo histórico de instalar democráticamente a un correligionario en La Moneda. No tengo en la memoria otro presidente de un partido de derecha que haya logrado eso, habiendo sido don Jorge Alessandri un celoso independiente. Pero le tocaron la oreja, como le gusta decir en su estilo campechano, y se quedó para demostrar que podía ganarle a su competencia interna.

No fue una buena decisión, podemos asegurarlo en retrospectiva. Por tres razones principales. Uno, porque la relación de RN con su propio gobierno fue derechamente mala y en eso la conducción de la mesa tuvo mucho que ver. Dos, porque Carlos Larraín termina su cuarto período bianual con un partido absolutamente desorientado en términos políticos que hace noticia por las renuncias que sufre. La tercera, más profunda, es porque el larrainismo terminó por sepultar la expectativa de transformar a RN en el partido liberal que le hacía falta a la derecha chilena para crecer hacia el centro, al no sacudirse nunca las amarras pinochetistas y negarse a apostar fuerte por la renovación del sector. Voy a profundizarlas a continuación.

El error de cálculo de Piñera

Cuentan que en 2010 el Presidente Piñera estaba muy pendiente de lo que ocurría en su partido. Intuía –con razón- que convivir con Carlos Larraín sería una pesadilla. No es un misterio que la relación entre ambos no es buena. Por lo mismo el primer mandatario habría preferido una conducción más leal al oficialismo, más afín a su tendencia y más funcional a su agenda. Algo parecido a lo que encontró Michelle Bachelet en Camilo Escalona en los días más duros de su primer gobierno: un aliado dispuesto a pagar todos los costos por defenderla. Cualquier cosa menos una república independiente, como diría Carlos Peña, incapaz de “domar su subjetividad”. Sin embargo eso fue lo que tuvo: a Larraín en estado de asamblea permanente, receloso y despechado, sin entender jamás que los roles institucionales cambian cuando se pasa de la oposición al gobierno. Dicen que Piñera hizo esfuerzos por alentar el recambio en su partido desde el segundo piso, consultando con sus amigos personales y sus cuasi-liberales diputados, pero todas las alternativas le fallaron. Nadie estuvo a la altura para desafiar al patrón de RN. Era vital tener un piñerista a la cabeza de su partido. De haber sabido cómo terminaba la historia, quizás habría redoblado esos esfuerzos.

El éxodo

Esta historia lleva años: un grupo de militantes RN se iría del partido por diferencias ideológicas –y personales- irreconciliables con Carlos Larraín. Sin embargo, siguen ahí. Con sistema binominal, los partidos tienen el sartén por el mango. Simple y brutal: los que se van pierden el cupo. Bien lo sabe el –todavía- senador Carlos Cantero. Por eso los motines se han contenido. La idea vuelve a tomar fuerza cada vez que los parlamentarios aseguran su reelección. Esta vez no ha sido la excepción. Se rumorea que el éxodo incluiría figuras connotadas del Senado y la Cámara. Ver para creer. Pero las primeras señales están: hace unos meses fue el histórico Daniel Platovsky quien puso fin a 20 años de militancia. Hace unos días fue el turno del senador Antonio Horvath. Luego vino la renuncia de la ex diputada Carmen Ibáñez y del director ejecutivo de Horizontal Hernán Larraín Matte*. Todos unos pipiolos comparados con los dirigentes de la actual mesa directiva. La hipótesis más fuerte es que varios de ellos se rearticularían en otro espacio político que tendría a Sebastián Piñera como líder natural. Al fin tendría expresión orgánica la famosa “nueva derecha” que hasta hoy ha sido un espejismo. Si ello ocurre, RN pierde parte importante de su teórico atractivo: la diversidad interna. Sin el piñerismo, la tienda de Antonio Varas se vuelve insípida. La paradoja está a la vista: para retenerlos, el larrainismo debe ceder o al menos compartir el poder.

*Días después de enviada esta columna, se sumaron explícitamente a la posibilidad de abandonar RN los Ministros de Estado Cecilia Pérez y Bruno Baranda. Habrían manifestado la misma idea los Ministros Rodrigo Hinzpeter y Juan Carlos Jobet.

El factor Evopoli

La equivocación histórica de RN es no haber asumido que el crecimiento de la UDI los obligaba a buscar nuevos horizontes hacia el centro político. Confundieron la derrota electoral de Allamand en 1997 con la inviabilidad de un proyecto liberal que nunca se apagó del todo. Era cuestión de tiempo para que la marea fuese más propicia. El lavinismo se agotó a los pocos años. La dictadura se siguió devaluando progresivamente. Llegaron nuevas generaciones más abiertas de mente que sus padres. Pero cuando todos esos factores se combinaron, los jóvenes liberales encontraron al PPD virando hacia a la izquierda y a Carlos Larraín presidiendo RN. Como dato anecdótico, parte importante de los adherentes del movimiento Red Liberal –que apoyó a Andrés Velasco en las primarias- provienen justamente de ese partido. Sin embargo la pregunta más interesante no es cuantos se han ido sino cuántos han dejado y van a dejar de ingresar a RN para engrosar, por ejemplo, las filas de otros movimientos como Evopoli. Con toda justicia un joven de centroderecha liberal podría preguntarse qué espacio político tendrá más futuro y será más proclive a sus ideas. Si sigue bajo la hegemonía larrainista, la respuesta difícilmente es RN. Como muestra un botón: cuando en septiembre del presente año un grupo de académicos –muchos de ellos vinculados a ese mundo liberal y entre los cuales me cuento- firmó una carta solicitando que los partidos de derecha revisaran la adhesión al Golpe que consignan sus declaraciones de principios, Carlos Larraín les dio un elegante portazo. En síntesis, finalmente parecen habérselas ingeniado para extirpar toda posibilidad de convergencia liberal al interior de sus paredes, fenómeno que terminará ocurriendo fuera de ellas.

Por cierto, RN sigue siendo un partido grande y respetable. Incluso sin el piñerismo, tiene figuras de estatura nacional como Andrés Allamand y monstruos electorales como Manuel José Ossandón y Francisco Chahuán. Aunque no es la UDI, tiene una respetable estructura territorial y –a diferencia de sus socios- sus bases sí están acostumbradas a la democracia interna. Sus raíces históricas son profundas y se conectan mejor que el gremialismo con la tradición de la derecha chilena del siglo XX. Su contribución a la transición es innegable. Activos no le faltan. Y sin embargo, parece que se desangra.

Link: http://www.capital.cl/opinion/se-desangra-rn/

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Una respuesta to “¿SE DESANGRA RN?”

  1. Edo Berríos Cerda Says:

    Cristobal : Es un interesante artículo, bien escrito, y aunque existan aristas de cuantía menor a nivel territorial (que a veces se tornan relevantes), explican de cierto modo con manzanitas un relato veraz de la historia de los últimos 10 años del partido de gobierno, que como dicen muchos no fue gobierno.

    Sin duda, el actual ha sido un gobierno del presidente Piñera y, porque no decirlo también, de la UDI que logró imponer sus conducciones sectoriales, con harto infortunio en algunos casos, capturando áreas de gestión y responsabilidades que han sido discutidas por moros y cristianos.
    El desencanto de los sectores de votantes medios bajos del entramado socio económico de la población se omitió de participar apoyando una nueva opción de gobierno, y similar conducta tuvieron compatriotas que suelen identificarse con el centro político chileno.

    Con todo, probablemente, ni la nueva Evópolis ni la salida de algunos personeros que aparecen como importantes, en la búsqueda de un limbo feliz o ideal, van a destruir casi 200 años de historia y pensamiento político criollo que se anida en el ciudadano simple y de a pie, que simpatiza con las ideas de libertad, orden, república y “emprendimiento” en muchos barrios, pueblos y rincones del Chile y la tienda que tu dices se desangra.

    Al final comprobaras que no serán mas que rasguños de un deporte de las frondas y el uso de cuchillos cortos, esos que un huaso ladino suele usar al cinto en los campos.
    EBC.
    http://eberda.wordpress.com

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