¿NEUTRALIDAD O PROMOCIÓN? EL GOBIERNO DE PIÑERA FRENTE A LA RELIGIÓN

por Cristóbal Bellolio (publicada en Ciudad Liberal el 30 de diciembre de 2013)

el tintan Te-Deum

En una elocuente columna titulada “Estado laico, por favor. Estado laicista, jamás”  Gonzalo Oyanedel argumenta que la legítima aspiración de separar el poder político de la religión debe distinguirse de la tendencia a reemplazar a la religión por una especie de credo secular que expulsa las diversas expresiones de fe del espacio público. La ideología del laicismo, como la llama el autor, sería inherentemente hostil a la religión. Todo esto en el marco del debate acerca del pesebre instalado en La Moneda y en general del rol de los símbolos religiosos en la república.

Me ha parecido importante hacer algunas precisiones y he querido hacerlas desde este blog: me interesa especialmente que aquellos que se reconocen políticamente como liberales tengan los elementos de juicio necesarios para adoptar una posición en un tema tan candente como éste.

En primer lugar, lo correcto es plantearse la posibilidad de tener tres –y no dos- escenarios a la hora de describir cómo los gobiernos se relacionan institucionalmente con la religión: Estado religioso, Estado a-religioso y Estado anti-religioso.

El primero utiliza sus recursos para forzar a los ciudadanos de su territorio a practicar ciertos ritos y los castiga cuando se comportan como infieles. El caso más evidente es el de los Estados teocráticos islámicos. En ellos la idea de libertad religiosa suele ser extravagante. Pero también se cuentan en esta categoría los Estados que presionan o proselitizan a favor de una determinada confesión. Algunos la promueven en forma abierta y desenfadada, otros en forma más sutil y solapada. Para estar en esta categoría no se necesita abrazar un credo específico. Promover la religiosidad (aunque sea en general) por sobre la irreligiosidad como camino superior de desarrollo personal también es una conducta política típica de los Estados ligeramente pro-religiosos.

El Estado anti-religioso hace lo mismo pero al revés. Destina parte de sus recursos a promover una visión contraria a los valores típicamente religiosos. Fue el caso de regímenes comunistas como Albania y Cuba, en tiempos en los cuales los creyentes fueron perseguidos. Pero podría también ser el caso de un gobierno que sostenga en sus discursos oficiales que la fe es un mecanismo epistemológico débil y que vería con buenos ojos que sus ciudadanos abrazaran de una buena vez metodologías del conocimiento basadas exclusivamente en la evidencia y la razón. Es decir, un tipo de proselitismo ateo aunque sin coerción de ninguna especie.

El Estado a-religioso se distingue de ambos extremos porque no emite un juicio sustantivo respecto de la religión. Es lo que se ha llamado una posición neutral o imparcial al respecto. Este tipo de gobierno se lava las manos frente al problema metafísico y al debate entre creyentes y no creyentes respecto a las grandes preguntas existenciales del ser humano. Esto no quiere decir que no interactúe con la religión cuando sus organizaciones persiguen fines que también pueden ser calificados de seculares (ej. Obras de caridad, celebraciones culturales, regulaciones sanitarias, etc.). Aunque en todos estos casos puede ser acusado de promover indirectamente la religión, el punto es que no promueve ni desincentiva la creencia ni la práctica religiosa en sí misma (recordemos que el liberalismo no aspira a ser neutral en sus efectos sino imparcial en la justificación de las acciones del poder).

Tanto el columnista Oyanedel como varios comentaristas parecen aceptar que esta última es la posición correcta para el Estado chileno: un Estado laico en tanto neutral respecto de la religiosidad. Los liberales suelen adoptar esta posición prácticamente en todo el mundo. Por tanto se equivocan quienes asumen que la neutralidad es esencialmente hostil a la religión. Salvo para ciertas escuelas teológicas, no decir nada sobre la existencia de seres sobrenaturales es distinto que afirmar desde el gobierno que las deidades no existen.

Sería fácil despachar el asunto aquí. Pero es más complejo. Al interior de la teoría de la neutralidad estatal conviven distintas versiones. De hecho, pareciera que toda nuestra discrepancia ocurre dentro de sus límites. Lo simplifico presentando dos alternativas: a un lado, la neutralidad inclusiva o pluralista. Al otro lado, la neutralidad excluyente o aséptica. En ambos casos el gobierno no declara preferencia, pero su estrategia de imparcialidad es distinta. En el primer caso, los espacios públicos están disponibles para que las diversas denominaciones religiosas “compitan” por el alma de los ciudadanos y exhiban orgullosas sus creencias. Aplicando esta versión de la neutralidad al caso que nos convoca, el pesebre y el vía crucis serían bienvenidos en La Moneda toda vez que también se celebren en su interior las festividades judías, islámicas, budistas, mormonas, hare krishna etcétera. Lo relevante, para ser consistentes, es conservar celosamente el principio de no-discriminación. Entiendo que algunos católicos no quedarían contentos con esta solución bajo el argumento que sólo sus símbolos están vinculados a nuestra tradición histórica y cultural. No me haré cargo en propiedad del argumento cultural porque es harina de otro costal y nos saca de la dimensión estrictamente religiosa. Sólo diré que afirmar como verdad que el creador del universo tuvo un hijo a través de una joven virgen de la edad de bronce que fue anunciado por un ángel y que al nacer recibió la visita de tres reyes extranjeros que siguieron una señal divina en los cielos califica perfectamente como una pretensión religiosa y no meramente cultural. Sin la afirmación de entidades sobrenaturales estoy dispuesto a aceptar que cualquier fiesta de origen religioso puede preservar su faceta puramente cultural. Pero, por lo que he leído estos últimos días, entiendo que la mayoría de los cristianos chilenos acepta la idea de neutralidad incluyente o pluralista. Lo que les irrita es la otra versión de neutralidad: la excluyente. Ésta se construye sobre varios argumentos. Algunos dicen que siendo imposible darle espacio a todas, lo justo es no dárselo a ninguna. De ahí que la imparcialidad real sea aséptica. Otros dicen que la religión es un asunto primordialmente privado: sus expresiones pertenecerían al hogar o a la iglesia, no a las instituciones públicas, las que por esencia están llamadas a evitar los símbolos divisivos y construir una identidad cívica común. Finalmente, otros consideran que la neutralidad excluyente es la única posición que respeta al no-creyente. La razón es simple: la neutralidad inclusiva abre amistosamente sus puertas a la religión pero ateos y agnósticos no estarían invitados a ese carnaval… ¿con qué ritos y símbolos participarían?

Acepto que la decisión entre la neutralidad inclusiva y la neutralidad excluyente no es fácil de tomar. Buenos y malos argumentos se han presentado para sostener ambas teorías. Lo que descarto es que la neutralidad excluyente sea culpable de los males que le achaca Oyanedel. La libertad religiosa queda perfectamente preservada si por espacio vedado a la religión entendemos una esfera pública delgada que incluya sólo edificios de alta expresividad simbólica. Es implausible que el Presidente Piñera pueda alegar falta de libertad religiosa porque no lo dejan instalar un pesebre gigante en el patio de La Moneda. Esa misma construcción delgada de espacio público reservado posibilita que los creyentes puedan hacer uso de todos los otros espacios públicos no reservados para manifestar sus convicciones religiosas. Piense en plazas, parques, calles, transporte y servicios públicos, etcétera. Por tanto también es desatinada la acusación de que esta versión da “un paso en falso en el fortalecimiento de la identidad de las personas”.

Termino esta reflexión, sin embargo, yendo más allá. Lo que hace el gobierno de Sebastián Piñera con el despliegue de símbolos y discursos religiosos en y desde La Moneda se parece mucho a lo que hacen los Estados que promueven sutilmente la religiosidad y NO a lo que debiera hacer el Estado laico, neutral y pluralista que le gustaría a Oyanedel (y a muchos liberales, por cierto). El Presidente no instala el pesebre pensando en su valor cultural ni en que el mensaje de la natividad cristiana sea imparcial. Lo hace para respaldar y promover una determinada visión religiosa. Así lo ha confirmado una y otra vez el propio Piñera. Al salir de la misa -oficiada en La Moneda- nuestro Presidente declaró sobre la fecha que “lo más importante es el nacimiento de un niño que cambió para mejor y para siempre nuestras vidas”… ¿No es acaso una declaración de contenido religioso? En teoría no hay problema alguno con que el Estado laico, neutral y pluralista reconozca la diversidad religiosa en el espacio público; lo que debe restringirse de hacer son endorsement de cualquier tipo de religiosidad. Soy de la opinión que este gobierno hace exactamente eso y nuevamente las palabras del Presidente me ayudarán a sacar de la duda a los escépticos. A propósito de la celebración navideña del año 2011 (y de la misma polémica), Piñera afirmó que “el Gobierno es tolerante y respetuoso de la libertad de culto (…) Pero eso no significa que el Gobierno sea neutral respecto de la espiritualidad. Hubo un tiempo en que daba la impresión que si uno era autoridad pública no podía hablar de Dios (…) Este es un Gobierno que cree firmemente, al menos como Presidente, como creyente, aunque pecador, en el valor de la espiritualidad y es por eso que buscamos promoverla y hablar de Dios“. Puedo aceptar que la idea de espiritualidad religiosa de Sebastián Piñera sea lo suficientemente ecuménica como para incluir varias denominaciones religiosas, pero evidentemente está utilizando su especial tribuna para promocionar la religiosidad por sobre la irreligiosidad. De esta manera viola incluso la neutralidad a la cual aspiran los partidarios del Estado laico pero incluyente. Oyanedel debería estar conmigo en esta.

Con sorpresa, en los últimos días he descubierto que hasta connotados pensadores comunitaristas como Charles Taylor son de la misma idea. Comentando sobre un discurso de Nicolás Sarkozy –que en líneas generales sostiene que la auténtica plenitud humana elude a quienes no abrazan una visión trascendental de la vida- Taylor reconoce que esas palabras son difíciles de reconciliar con el igual respeto que las autoridades políticas deben transmitir a creyentes y no creyentes. Agrega “aunque el ciudadano Sarkozy es obviamente libre de sostener dichas creencias, ellas son más problemáticas cuando son pronunciadas por el presidente de la república en el ejercicio de sus funciones”.

Me he alargado más de la cuenta. Espero que el punto –lo compartan o no- haya quedado claro a estas alturas.

Link: http://www.ciudadliberal.cl/neutralidad-o-promocion-el-gobierno-de-pinera-frente-la-religion/

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6 comentarios to “¿NEUTRALIDAD O PROMOCIÓN? EL GOBIERNO DE PIÑERA FRENTE A LA RELIGIÓN”

  1. Juan Says:

    Bellolio tu claramente promueves un estado anti religioso, no te disfraces ahora. En tu twitter haz planteado que te gustaría promover el ateísmo desde el Estado y que no lo haces solo pq no corresponde (¿¿no lo haces?? yo creo que lo haces y no lo dices explicitamente solo pq es impopular y abiertamente anti liberal)

  2. Andre Says:

    Qué hace el Estado con la fiesta de la Tirana?:
    -¿no deja que se haga en un espacio público?
    -¿no lleva asistencia medica?
    -etc

    ¿Por qué no te haces cargo de la religión como una manifestación cultural?

    ¿Por qué no te aceptas como antireligioso, y te escondes en una neutralidad que no es tal? Simplificas mucho los escenarios para poder justificarte, te puede comprar un principiante, pero nadie serio.

    Según tu definición de anti religioso solo caben regímenes marxistas. ¿Qué pasa con el hostigamiento religioso de Hollande en Francia?. Nuevamente simplificaste todo para quedar absuelto.

  3. vozyvoto Says:

    Para Juan, efectivamente soy ateo pero como sugieres justamente no me parece correcto utilizar el poder político para promover mi visión metafísica. De la misma manera me parece que los creyentes deberían abstenerse de hacer lo mismo. No veo más argumentos en tu comentario.
    Para Andre, te recomiendo releer el artículo. Me parece que los casos que señalas están cubiertos casi literalmente. También explico que hay una diferencia entre expresiones culturales y religiosas. Las primeras no hacen afirmaciones metafísicas sobre el origen, sentido y trascendencia de la vida humana, las segundas sí. Los regímenes marxistas que cité utilizaron la coercion para proscribir la fe. Francia tiene una tradición racionalista que para muchos es hostil a la religión, pero al menos existe libertad religiosa. Ese punto también es explícito en la columna.
    Saludos a ambos,
    CB

  4. Andre Says:

    En Francia no dejan a una musulmana salir con velo a la calle, eso no es Hostilidad? Por favor.
    Respecto a la fiesta de la Tirana no respondiste nada, Esas barreras sobre lo que es cultura y lo que no las pones tú. (Cultura pura, ¿existe eso?). Y esta bien que las pongas tú, porque para un liberal precisamente ese tipo de barreras lo debiese poner cada persona y no el Estado como propone usted señor Bellolio. Te guste o no: la Tirana, la Navidad, un Machitum, etc, tienen una expresión cultural, para creyentes y también para no creyentes.

    • vozyvoto Says:

      Andre, creo que nuevamente malentiendes el argumento. Yo no digo que Francia no pueda ser un modelo anti-religioso u hostil a ciertas expresiones religiosas (principalmente islámicas), sino que no ejerce coerción sobre la conciencia de sus ciudadanos para que crean o dejen de creer en una determinada visión metafísica. Lo que pide es justamente privatizar la religión. Quizás sea posible sostener que se trata de un modelo ligeramente anti-religioso tal como el nuestro es ligeramente pro-religioso. Como verás, el modelo de neutralidad que yo defiendo no restringe el uso de símbolos religiosos en la calle ni en ningún lado. Sólo le pide a ciertas instituciones que se contengan en su afán proselitista.

  5. FRANCCINO LEDEZMA GOÑIZZ Says:

    ¿Más políticos que predicadores?
    No hay duda de que la intromisión de la Iglesia en la política ha contribuido a la aversión que muchos latinoamericanos sienten hoy por el catolicismo. Un estudio publicado en 1985 hizo la siguiente observación con respecto a la orden Maryknoll, la Asociación Católica de Norteamérica para Misiones en el Extranjero, que patrocina muchas misiones en América Latina: “Maryknoll ha logrado que el público acepte el mensaje marxista-leninista de revolución violenta precisamente porque se le ha permitido funcionar como brazo de la Iglesia Católica. Su mensaje no solo ha llegado al católico practicante de término medio, sino también a los prominentes políticos americanos”. Piense, además, en la llamada guerra sucia, en la que la asombrosa cantidad de entre diez mil y treinta mil argentinos fueron secuestrados y asesinados a fines de los años setenta sin un juicio de por medio. Un artículo de fondo del National Catholic Reporter titulado “La sangre mancha a la Iglesia de Argentina” mencionó: “La experiencia de Argentina se asemeja mucho al modo de actuar de la Iglesia Católica en la Alemania nazi, lo que de nuevo hace surgir la pregunta en cuanto a si a la Iglesia le importa más el poder que el Evangelio, que es indispensable para ser testigo de la verdad”.
    El ansia de poder en los gobiernos mundanos que tiene la Iglesia prueba a todas luces que no es amiga de Dios. La Biblia dice: “¿No saben acaso que haciéndose amigos del mundo se hacen enemigos de Dios? Porque el que quiere ser amigo del mundo se hace enemigo de Dios”. (Santiago 4:4, Levoratti-Trusso.) No sorprende, entonces, que muchas personas ya no crean que la Iglesia Católica pueda darles guía espiritual.
    VER: http://download.jw.org/files/media_magazines/fb/wp_S_20120501.pdf

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