Archive for 30 enero 2014

EL MÍNIMO COMÚN LIBERAL

enero 30, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital el 24 de enero de 2014)

Fuerza Pública, Red Liberal, el Partido Liberal, Amplitud, Evópoli. Comienzan a proliferar los movimientos políticos que de una u otra manera se definen como “liberales”. Sin embargo la etiqueta es controvertida. El ex presidenciable Andrés Velasco sostuvo recientemente que los liberales de derecha no eran propiamente liberales y que se “vestían con ropajes ajenos” al apropiarse del concepto. Reafirmó así la identidad centroizquierdista de su proyecto. El diputado electo Felipe Kast recogió el guante respondiendo que “las ideas de libertad son propias de la derecha”, añadiendo que es Velasco quien equivoca el camino al insistir en la convivencia con la Nueva Mayoría. Poco se puede construir sobre este tipo de intercambios porque no despejan la pregunta de fondo: en qué consiste básicamente el proyecto liberal chileno y cuáles son los mínimos teóricos y programáticos que debieran acordarse antes de iniciar acercamientos estratégicos o incluso electorales. Este artículo intenta colaborar en la respuesta de esa pregunta.

La presunción a favor de la libertad

El corazón de la doctrina liberal es el individualismo normativo. Las personas tienen derecho a llevar adelante sus proyectos de vida de acuerdo a sus propias evaluaciones morales. Por tanto el poder político debe justificar cada una de sus intervenciones. Los liberales operan mentalmente con una especie de presunción permanente a favor de la libertad. Esto no significa que la libertad individual prevalezca en todos los escenarios; significa que el estado debe esgrimir buenas razones para restringirla o limitarla. El daño a terceras personas es el ejemplo prototípico. Pero bien puede haber otras buenas justificaciones –necesidades de coordinación, aseguramiento de bienes públicos, atender las demandas de la justicia social, etcétera. Piense por ejemplo en el fresco debate sobre la voluntariedad u obligatoriedad del voto. En principio, un liberal debiera estar a favor de un sistema que por defecto respete la decisión libre y soberana de las personas. Sin embargo si la democracia está en riesgo podría perfectamente acceder a ciertas restricciones instrumentales de la libertad.

En el fondo, el liberalismo se abstiene de usar el espacio político para pontificar a los ciudadanos respecto de lo que es bueno para sus vidas. Eso lo hace esencialmente antipaternalista y antiautoritario. Cualquier entendimiento liberal chileno debiera ser desconfiado de la siempre ambiciosa pretensión punitiva de sus gobernantes. En consecuencia, los liberales debieran estar en contra de las concentraciones excesivas de poder en cualquier ámbito. Por lo anterior también se ha dicho que los liberales defienden la idea de un estado neutral, imparcial y respetuoso de los distintos proyectos de vida que asuman los ciudadanos en una sociedad cada vez más plural.

Mercado y desigualdad

El liberalismo contemporáneo –a diferencia del clásico- se toma muy en serio el problema de la desigualdad. La libertad formal o el derecho a elegir, se ha dicho, pierde parte importante de su valor cuando las alternativas están severamente restringidas por la condición social de la persona que aspira a ejercerla. Al respecto hay dos consideraciones relevantes que debieran estar en el piso básico de un diálogo liberal en Chile.

La primera es la diferenciación que básicamente hacen todas las teorías de justicia liberales entre desigualdades justas e injustas. Las primeras serían aceptables en tanto son producto de una competencia en la cual los individuos participan en relativa igualdad de condiciones. Las segundas en cambio serían gravemente problemáticas: no puede ser justo un resultado que viene determinado por posiciones de partida brutalmente asimétricas. Los esfuerzos de las instituciones del estado deben por tanto estar volcados a atenuar esas diferencias que no tienen nada que ver con el mérito o el esfuerzo. Por eso sería extraño que un liberal prefiriera destinar recursos a financiar la educación universitaria antes que hacerse cargo agresivamente de la educación primaria y preescolar.

Lo segundo es que los liberales siguen siendo entusiastas del libre mercado y no debiesen caer en la demonización generalizada del lucro cuando actúa como legitimo incentivo fuera del ámbito público. Hay suficiente evidencia empírica de que las economías descentralizadas en base a la competencia, el emprendimiento y la innovación son claves para generar crecimiento y mejorar los estándares generales de calidad de vida. Además los liberales prefieren el mercado porque funciona mejor que sus alternativas como mecanismo de traspaso de información y conocimiento. Y finalmente porque las personas tienen derecho a disponer de sus bienes como estimen conveniente. La debida y exigente regulación de los mercados es totalmente consistente con los objetivos descritos.

Dios y la patria

Cualquier proyecto que se precie de liberal va acompañado de un cierto espíritu progresista. El concepto da para mucho, pero su aplicación en este punto es específica: el camino al desarrollo se pavimenta en el ensayo y en el error, a través de la deliberación pública y el cuestionamiento racional de las estructuras tradicionales. Poner en juego esta herencia ilustrada en un subcontinente como el nuestro no es fácil. Pero es inmensamente necesario. Aquí hay tres ideas que considero dignas de subrayar.

Primero, los grupos que quieran participar de esta conversación entre liberales tienen que comprender a cabalidad las exigencias de una auténtica separación de esferas entre la política y la religión. Lo menciono explícitamente dado que el Presidente Piñera ha sido negligente al respecto y algunos de estos movimientos pueden verlo como líder natural. Segundo, es imperativa una apertura al mundo –y a la región- que conecte con la mejor versión de la aspiración cosmopolita liberal. Valorar lo nuestro no puede significar nacionalismo trasnochado ni chauvinismo proteccionista. Tercero, desde la vereda del soñar no cuesta nada, labrar un ethos identitario que nos caracterice por participar en política evaluando rigurosamente la evidencia y cambiando de opinión si así lo exige la fuerza de los argumentos y la honestidad intelectual. No es sano legislar en base a mitos y dogmas.

Es imposible abarcar en una columna todos los elementos ideológicos y muchos menos las agendas concretas que podrían encarnar estos mínimos comunes. El objetivo es abrir un diálogo que de suficiente espacio a las clarificaciones doctrinarias antes de pensar en el nombre y el timbre del eventual paraguas compartido. Esta discusión no despejará los obstáculos principales –la persistencia de dos culturas separadas entre liberales de izquierda y liberales de derecha, y la existencia de un sistema electoral poco amigable a terceras fuerzas que irrumpan por el centro- pero es ineludible para el éxito de largo plazo.

Link: http://www.capital.cl/opinion/el-minimo-comun-liberal/

LECCIONES DESDE LA HAYA

enero 28, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 28 de enero de 2013)

Fue como después de las elecciones: todos ganaron (algo). Perú celebró que la Corte Internacional de Justicia accediera a parte de sus pretensiones extendiendo sus derechos económicos sobre los mares aledaños. Chile por su parte se conformó con consolidar su límite marítimo desde el Hito 1 hasta las 80 millas, lo que otorga certeza jurídica sobre sus fronteras. Aunque a partir del fallo de La Haya se pierde parte importante de la llamada Zona Económica Exclusiva, los chilenos pueden estar tranquilos que no están obligados a ceder un metro de soberanía mientras se retienen las aguas más ricas para la pesca. No me voy a extender más porque no soy experto en derecho internacional ni cartógrafo. Lo que me interesa es otra cosa: cuáles son las lecciones que podemos sacar de todo esto.

Primero, está el asunto de las expectativas. En forma irresponsable algunos de nuestros políticos señalaron que el fallo se habría filtrado: según ellos no habría otra manera de interpretar las calles embanderadas en Lima. Pero quedó claro que filtración no hubo. Por el contrario, el ambiente triunfalista de los peruanos bien pudo sufrir un traspié porque su victoria fue apenas parcial. El gobierno chileno pareció –al fin- más atinado: bajó las expectativas dentro de lo razonable y por eso el fallo no parece tan malo.

Segundo, la manía de achacar culpas. Algunos responsabilizan a Bachelet por acceder a la resolución de esta controversia por vía judicial. Otros comentarios apuntan a Piñera por conducir una mala defensa de nuestros argumentos. Ambos se equivocan. Los países serios y civilizados van a tribunales cuando tienen diferencias. Querer salirse de los foros y reglas multilaterales porque no nos gusta un resultado es primitivo. Este gobierno, por lo demás, mantuvo la estrategia que seguían los representantes de Chile sin hacer modificaciones sustantivas. Bachelet y Piñera estuvieron a la altura y lo confirmaron ayer con sus declaraciones.

Tercero y final, es indesmentible que a Chile le toca la parte más difícil. Tiene que renunciar a zonas marítimas que antes utilizaba libremente. Sin embargo yo recomendaría ver el vaso desde otro ángulo: Chile tendría que entregar zonas que en derecho nunca le pertenecieron. La Corte de La Haya no es un órgano conspirativo anti-chileno que busca achicar nuestro territorio. Tomaron los antecedentes disponibles y sentenciaron conforme a ellos: Perú bien podía tener razón. Es una de esas complejas situaciones donde uno tiene que decidir entre el amor incondicional a la patria y el respeto irrestricto a la justicia. Ambos son sentimientos nobles. Pero los que creen en la superioridad de un argumento porque viene de suelo nacional abrazan irreflexivamente lo primero, y de esa manera le hacen el juego al chauvinismo barato, la beligerancia a flor de piel y hasta un insólito racismo entre pueblos mestizos.

No digo que en Perú sean mejores. Es cosa de leer algunas de sus portadas para darse cuenta que no lo son. Pero es más factible exigirles a nuestros compatriotas. Lo que pasó ayer debería servir para alimentar perspectivas de futuro en la cooperación vecinal y para identificar las cabezas de pistola que nos avergüenzan con su comportamiento. 

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-01-28&NewsID=256885&BodyID=0&PaginaId=8

10 CLAVES PARA ENTENDER EL PRIMER GABINETE DE MICHELLE BACHELET

enero 27, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en http://www.capital.cl el 27 de enero de 2014)

  1. Bacheletismo recargado. La presidenta electa tiene más control de sus ministros que el que tenía al comenzar su primer gobierno, donde tuvo que aceptar la voluntad de los partidos de la Concertación en cargos estratégicos. La designación de su ex secretario personal Rodrigo Peñailillo en Interior es la manifestación más notoria de su autonomía política. La inclusión de Ximena Rincón en la Secretaría General de la Presidencia se explica con el mismo criterio: no es misterio que la ex presidenciable formaba parte del ala bacheletista de la DC. Alberto Arenas, lo mismo: nada de repúblicas independientes en el ministerio de Hacienda.
  2. Tejado de vidrio. Ximena Rincón fue electa senadora para representar al Maule Sur en 2010 y por tanto le quedan 4 años más en el cargo. Y sin embargo Bachelet la saca del Congreso y se la lleva a La Moneda. La Concertación fue especialmente crítica de Sebastián Piñera cuando hizo lo mismo con Allamand, Matthei, Chadwick y Longueira. A su vez, la Alianza había cuestionado duramente a Bachelet por inaugurar esta práctica en su primer mandato cuando Carolina Tohá pasó de la Cámara de Diputados a la vocería. Es decir, en este asunto nuestra clase política es campeona de la inconsistencia y el doble estándar.
  3. Sandías caladas. Heraldo Muñoz en Relaciones Exteriores y Jorge Burgos en Defensa tienen experiencia en sus respectivas áreas y sería raro que tuvieran desempeños deficientes. La propia Rincón verá beneficiado su trabajo en SegPres al conocer bien el juego parlamentario después de varios años en Valparaíso. Arenas fue director de Presupuesto de la propia Bachelet y los avatares de Hacienda no le son extraños. José Antonio Gómez se repite el plato en Justicia, 10 años después. Eyzaguirre fue titular de Hacienda de Lagos. En resumen: estos ministros no vienen a aprender ni a improvisar.
  4. Dupla económica. Alberto Arenas en Hacienda y Luis Felipe Céspedes en Economía forman un tándem respetable. Ambos son considerados economistas serios que no arriesgarían el prestigio de nuestras instituciones ante presiones pasajeras o populistas. Por cierto, hay matices. Arenas está dispuesto a hacer todos los esfuerzos por complacer el ambicioso programa de Bachelet. No sería raro que estuviésemos frente al tesorero más inclinado hacia la izquierda de los que hemos tenido hasta ahora. Céspedes se instala como contrapeso. Es el hito velasquista del gabinete, con una reconocida orientación más liberal.
  5. El factor Educación. La designación de Nicolás Eyzaguirre como ministro de educación es de las más llamativas. Hace unas semanas el ex director de Canal 13 publicó una columna de opinión despejando las dudas que pudieran existir respecto de su compromiso con el programa de la Nueva Mayoría y en especial sobre el nudo gordiano de la educación universitaria gratuita, como tratando de sacarse de encima la fama de neoliberal mandando un guiño al movimiento estudiantil. Luego se vio envuelto en una polémica sobre la meritocracia y los colegios de elite en Chile. Salió fortalecido. Ahora tiene que sacar adelante la reforma más emblemática de la presidenta.
  6. Segundo piso. El trío Peñailillo-Rincón-Elizalde tiene talento, pero para conducir La Moneda a buen puerto se requiere algo más que disciplina política, éxito legislativo y destreza comunicacional. Se requiere de mentes capaces de proyectar un relato coherente que identifique la experiencia Michelle 2.0. No sabemos quiénes serán los Juan Carvajal y Francisco Díaz de esta versión. Se rumorea que Ricardo Solari y Luis Maira podrían integrar un segundo piso senior como el que tenía Lagos con Ottone y Lahera. Ellos serían los encargados de darle densidad intelectual y soporte estratégico al equipo político.
  7. Frescura y renovación. Este gabinete trae también caras nuevas. Partiendo por el PPD Rodrigo Peñailillo, que aún no cumple los 40 años. Álvaro Elizalde (44) también representa una generación de recambio en el socialismo, lo mismo que el ex alcalde Alberto Undurraga (44), Pablo Badenier (40) y eventualmente Javiera Blanco (39) para el falangismo. Claudia Pascual (41) no es Camila Vallejo pero también es un cambio de folio importante respecto de la vieja guardia comunista de Teillier y compañía. De esta manera Bachelet cumple su cuota ante la demanda ciudadana por renovación de las elites.
  8. Equilibrios políticos y sociales. Bachelet fue más papista que el papa al comenzar la presentación de su gabinete disculpándose por no haber logrado paridad perfecta entre hombres y mujeres. Los números son igualmente equilibrados: 14 los primeros y 9 las segundas. Al menos es un aumento respecto de la participación femenina en el actual gabinete de Piñera (que tiene 6 mujeres). Digamos también que Michelle presenta un equipo culturalmente más diverso y socialmente más heterogéneo que todos los que han acompañado al actual presidente. El cuoteo partidista también fue razonable de acuerdo a la envergadura de cada uno: 6 PPD, 5 DC, 5 PS, 2 PRSD, 2 independientes, 1 PC, 1 MAS y 1 IC. El dato rosa: los comunistas chilenos vuelven a integrar un gabinete después de cuatro décadas.
  9. Presidenciables. El principal defecto político del primer gobierno de Bachelet fue su incapacidad de “parir” un sucesor. Que la discusión sobre el contendor de Piñera haya girado en torno a Lagos, Insulza y Frei da luces sobre la incapacidad que tuvo la Concertación para renovar sus liderazgos presidenciales desde el ejercicio del poder. La propia Bachelet fue un producto político exitoso porque representó un cambio dentro la continuidad de su sector. Cinco años atrás, Andrés Velasco era el indicado para replicar el modelo. Sin embargo, por diversas razones, Bachelet no se la jugó. Esta vez tiene que ser distinto. Las posiciones más expectantes siempre están en los ministerios y no en el Congreso. Bachelet tiene que alimentar sabiamente la competencia desde su gobierno.
  10. Segundo tiempo. En algunos círculos de la –todavía- oposición circula la idea que es mejor aparecerse más adelante en el gobierno porque la etapa de instalación será muy áspera y dejará heridos. Las expectativas, dicen algunos, están muy altas. También está vivo el recuerdo del primer gobierno de Bachelet, donde las altas cifras de aprobación sólo empezaron a registrarse hacia el final del tercer año. Los comienzos fueron muy complicados en ese entonces. Varios ministerios fueron descabezados antes de completar un año, como Interior y Educación. En el banco de suplentes están todos los que no fueron llamados esta vez, cruzando los dedos para que les toque una navegación fluida que les permita quedar mejor posicionados para el ciclo político siguiente.

Link: http://www.capital.cl/poder/10-claves-para-entender-el-primer-gabinete-de-michelle-bachelet/

PEÑAILILLO VA CON LA 10

enero 26, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 26 de enero de 2014)

“A mí me toca conducir el equipo”, afirmó luego de ser presentado el próximo ministro de Interior Rodrigo Peñailillo. Como en el fútbol, Peñailillo lleva la 10 del primer gabinete de Michelle. Fue una relativa sorpresa para el mundo político: la mayoría apostaba por nombres de mayor peso específico y trayectoria en ese puesto. Pero la presidenta electa optó por darle alas a su silencioso brazo derecho y lo puso a cargo de la orquesta. Es una jugada arriesgada pero que tiene mucho sentido.

En su anterior gobierno, Michelle Bachelet tuvo tres septuagenarios peces gordos de la DC en Interior: Andrés Zaldívar, Belisario Velasco y Edmundo Pérez Yoma. Con ninguno se llevó especialmente bien. Esta vez demuestra que asume con más poder e instala una figura desconocida para la opinión pública pero de su enterísima confianza. Peñailillo recibe un reconocimiento a la altura de su lealtad. A Bachelet le gusta porque sabe que no tiene agenda propia y durante todos estos años se sumergió sin alardes a la espera de instrucciones. Dio testimonio de ser el funcionario perfecto.

Algunos podrán ver en la relación Bachelet-Peñailillo un símil de la relación Piñera-Hinzpeter. La diferencia es que cuando los ministros de la Nueva Mayoría reciban un llamado de Peñailillo, sabrán que están recibiendo un recado de la mismísima Presidenta. Hinzpeter, en cambio, nunca pareció debidamente empoderado para operar como jefe de gabinete. Por su tendencia acaparadora, Piñera no habría permitido que otra persona llevara las riendas. El actual presidente siempre ha querido estar en todas. Las necesidades de Bachelet son distintas: para que ella pueda permanecer inmaculada y posicionarse por sobre el bien y el mal como Jefa de Estado, un jefe de gobierno debe estar disponible para hacer el trabajo sucio y recibir las balas. Peñailillo no está para driblear defensas, hacer los goles y recibir aplausos. Esos están reservados para la Presidenta. Peñailillo tiene la jineta en el brazo para que el equipo juegue al ritmo de su estrella.

Peñailillo cuenta con otras virtudes. Es el ministro más joven en su puesto en 40 años. De esa manera Michelle se sube al carro de la renovación generacional. Por otra parte, no proviene de los trillados círculos de la elite chilena. Oriundo de Cabrero, estudiante en Coronel y Concepción, Peñailillo no es de los que nacieron “con el futuro asegurado” (como últimamente se ha debatido). Finalmente no es ningún novato en el arte del poder. Es un curtido operador político que comenzó su trayectoria como dirigente universitario y luego la proyectó en la vida partidista desde el PPD. Es decir, no le enseñaron ayer cómo se juega este deporte. Y va con la dorsal 10.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-01-26&NewsID=256653&BodyID=0&PaginaId=15

EYZAGUIRRE Y LOS IDIOTAS

enero 21, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 21 de enero de 2014)

Cuento corto: el ex ministro de hacienda Nicolás Eyzaguirre reconoció que había ido a un “colegio cuico” y luego añadió: “Fui al Verbo Divino, y les puedo decir que muchos alumnos de mi clase que eran completamente idiotas hoy día son gerentes de empresas”. La frasecita trajo cola. Ex alumnos del Verbo Divino enviaron cartas a los diarios y dieron entrevistas para mandar a Eyzaguirre a la punta del cerro. Entre otras cosas dijeron que entre ellos no había “idiotas” y que el nombre del colegio no era relevante para determinar los cargos en una empresa.

Los invito a distinguir el fondo de la forma. Tratar de idiotas a tus compañeros de curso, en forma gratuita y 40 años después, es odioso. En eso los críticos de Eyzaguirre tienen razón. Además el desafortunado calificativo sirvió para oscurecer la tesis de fondo: hay personas que llegan muy arriba en su vida profesional por sus redes de contacto y no necesariamente por su mérito. ¿Tiene razón Eyzaguirre en esto? Tiene toda la razón.

Chile es un país donde el lugar donde naciste determina en parte importante tu destino. Si tuviste la suerte de caer en una familia acomodada que te matriculó en un colegio particular pagado tus expectativas futuras serán muy distintas a las del niño que nació en una comuna pobre y que asistió a un liceo municipal. No estoy descubriendo la pólvora: está ampliamente documentado que en nuestro territorio las posiciones de partida en la vida son determinantes.

Muchas personas que tuvieron la fortuna de estar en exclusivos colegios particular pagados -como el Verbo Divino y otros tantos donde se reproduce la elite santiaguina- se indignan ante la sugerencia de que tienen “la vida asegurada”. Piensan que todo lo que tienen se lo han ganado con su propio esfuerzo. Pero eso no es enteramente cierto. El mérito personal juega un rol limitado en una estructura social desigual y clasista como la que tenemos en nuestro país. Los colegios construyen redes sociales que después hacen la diferencia.

No tiene mucho sentido negar la evidencia. Tampoco tiene sentido avergonzarse o renegar del agradecimiento y cariño que uno puede tenerle a su establecimiento. Si uno tuvo condiciones favorables desde el inicio es bueno reconocerlas. El paso siguiente es aceptar que aquí hay un problema de justicia: una cancha desnivelada entrega más ventajas a unos jugadores que a otros. Toda sociedad tiene desigualdades y ningún gobierno puede eliminarlas todas (tampoco sería recomendable que lo hiciera). Lo deseable es que al menos se produzcan en una competencia pareja donde unos pocos no partan la carrera mucho más adelante que el resto. Si lo logramos, en una de ésas, “idiotas” de liceos municipales también podrán llegar a gerentes. 

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-01-21&NewsID=253434&BodyID=0&PaginaId=17

EL PAPELÓN CIENTÍFICO DEL CONGRESO

enero 19, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 19 de enero de 2014)

El Congreso aprobó una legislación para retirar el componente timerosal de las vacunas pentavalentes que reciben nuestros niños y los protegen contra difteria, tétanos, tos convulsiva, hepatitis B y otras infecciones. Fue prácticamente unánime. Habrían tomado esta determinación porque el timerosal tendría incidencia en el aumento del autismo infantil. Aplicando el clásico principio precautorio, nuestros bienintencionados senadores y diputados habrían dado un paso adelante en la protección de la salud de la población. Salvo por un detalle: la comunidad científica internacional también es prácticamente unánime en afirmar que el timerosal no tiene relación alguna con el autismo. Los parlamentarios chilenos sencillamente se dejaron llevar por un mito urbano que no cuenta a su favor con ninguna evidencia seria.

Es una mala noticia por varias razones. Primero porque confirma que la ignorancia es ideológicamente transversal respecto al trabajo que lleva adelante la ciencia. Segundo porque alimenta la infundada histeria de los padres que pueden optar por no vacunar a sus hijos, haciéndoles un daño en lugar de un favor. Tercero porque la eliminación del timerosal recomendaría reiterar dosis de otros componentes, resultando en una política pública más cara y con incierta eficacia inmunizadora. Finalmente, diseñar leyes en base a supuestos pseudocientíficos y buscando la aprobación de una galería sincera pero erróneamente atemorizada no contribuye a mejorar la calidad de la política.

Esto es un botón de muestra. Casi todo el debate sobre los alimentos genéticamente modificados –los demonizados transgénicos- se ha centrado en las prácticas de la empresa que comercia estas patentes. Si bien es cierto que Monsanto puede ser objeto de severas críticas, no es sinónimo de la tecnología que utiliza. Sobre la mesa hay buenos argumentos a favor de los transgénicos. Por ejemplo, ha sido y seguirá siendo un buen aliado para incrementar la productividad agrícola, lo que es especialmente valorado en zonas azotadas por el hambre. No busco ni me interesa defender los transgénicos en esta columna; pongo el tema porque cuando esta discusión está boca de nuestros políticos también se mantiene lejos de la evidencia científica.

Quizás nada de esto debiera sorprendernos. Un cuestionario de la Fundación Ciudadano Inteligente reveló que casi la mitad de los congresistas chilenos encuestados no acepta la teoría de la evolución de las especies –que cuenta con el respaldo abrumador de la ciencia- y prefiere declararse “creacionista”. Es decir, creen que Dios hizo el mundo en 6 días (el séptimo descansó), que Adán fue moldeado en sus manos y Eva sacada de su costilla, y que la Tierra no tiene más de 6.000 años (cuando lo correcto está cerca de 4.5 billones).

Esto puede ser para la risa pero es francamente deprimente. Es de esperar que la savia nueva que ingresa este año a los salones de Valparaíso traiga junto a su juventud una mirada un poco más rigurosa de los asuntos públicos especialmente cuando se trata de evaluar la evidencia científica que tanto puede aportar a mejorar nuestra calidad de vida.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-01-19&NewsID=253286&BodyID=0&PaginaId=15

EL FRACASO DE LA ALIANZA EN LA CLASE MEDIA

enero 18, 2014

por Daniel Brieba (publicada en Voces de LT el 17 de enero de 2014)

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No es inventar la rueda el afirmar que mientras las derechas en el mundo se tienden a distinguir por su énfasis discursivo en el valor del trabajo, el esfuerzo personal y la movilidad social, las izquierdas lo hacen por su énfasis en la protección social, la inclusión y diversas formas de igualdad. Asimismo, y en términos muy genéricos, es frecuente que los que están más arriba en la pirámide socioeconómica empaticen más con un discurso que resalta el esfuerzo individual antes que la redistribución, mientras que los más desaventajados tenderán a sintonizar mejor con un discurso que priorice esta última. Por ello, es esperable que exista cierta gradiente en las preferencias de voto según nivel socioeconómico, con los más pobres prefiriendo más a la izquierda “igualitarista”, y los más ricos prefiriendo con más frecuencia a la derecha “meritocrática”.

Si bien hay muchas otras razones que también influyen en el voto de la gente, ¿tiene plausibilidad pensar que existe un componente económico en éste en el Chile actual, con los más pobres prefiriendo a la izquierda y los más ricos a la derecha?

Los datos de resultados electorales presidenciales por comuna (con todas las conocidas limitaciones que éstos tienen para inferir de ellos comportamientos individuales) sugieren que sí es plausible. Como se ve en el Gráfico 1, el voto presidencial de la Concertación/Nueva Mayoría en las elecciones de 2009 y 2013 tuvo una clara y fuerte gradiente socioeconómica: mientras menor el nivel socioeconómico de la comuna respectiva (en términos de sus niveles promedio de ingreso, pobreza y educación), mayor el voto por Frei el 2009 y por Bachelet el 2013. El hecho de que esta correlación ya existiera el 2009 descarta, por lo demás, que la adhesión a Bachelet en los niveles socioeconómicos más bajos se explique exclusivamente en base a su carisma u otros factores coyunturales.

Gráfico N°1: Votación presidencial de la Nueva Mayoría en 2009 y 2013, según nivel socioeconómico comunal

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Nota: El eje vertical muestra el apoyo por Frei el 2009 y por Bachelet el 2013 en la respectiva primera vuelta presidencial. Cada punto representa una comuna. El eje horizontal es una escala socioeconómica: mientras más a la derecha esté un punto, más ‘rica’ o de ‘NSE alto’ es dicha comuna. El análisis está hecho sobre 324 comunas.

Curiosamente, sin embargo, la correlación entre NSE comunal y votos por la Alianza es mucho más débil, como se observa en el Gráfico 2, donde es casi nula en el caso de Piñera el 2009 y muy débil en el caso de Matthei. Más aún, la poca correlación que sí hay se debe exclusivamente a las seis comunas del barrio alto de Santiago (definido como Ñuñoa, Providencia, La Reina, Vitacura, Las Condes y Lo Barnechea). Una vez que se saca a esas seis comunas del análisis, ya no existe correlación alguna entre NSE comunal y apoyo electoral a los presidenciables de la Alianza (ver Gráfico 3).

Gráfico N°2: Votación presidencial de la Alianza en 2009 y 2013, según nivel socioeconómico comunal

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Gráfico N°3: Votación presidencial de la Alianza en 2009 y 2013, según nivel socioeconómico comunal (sin considerar al barrio alto de Santiago en la estimación lineal)
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Es importante remarcar esta diferencia entre el barrio alto de Santiago y el resto del país. Por ejemplo, Sebastián Piñera obtuvo el 2009 en primera vuelta una votación promedio de 44% en todas las comunas de Chile, pero de 62% en este último. En el caso de Matthei la diferencia fue aún más abultada: 24% contra 50%, respectivamente. ¿Qué nos dice esto? Sencillamente, que la votación de la Alianza tiene una composición pareja (en promedio) en comunas pobres y de clase media, pero que se dispara en las comunas de clase alta, que operan como una suerte de enclave o de “reducto irreductible” de apoyo aliancista. Es necesario señalar lo vulnerable que es esta posición electoral en un país que, sabemos, está marcado por grandes desigualdades entre los más ricos y el resto. Un sector político que es visto –el comportamiento electoral así lo sugiere – como el defensor de los más aventajados, está en una posición muy difícil para el logro de mayorías políticas de largo plazo. No está de más recordar que en la primera vuelta del 2013 el barrio alto de Santiago representó sólo el 7% del total nacional de votos.

Ahora bien, si los más pobres votan por la Nueva Mayoría y los más ricos votan por la Alianza, ¿por quién vota la clase media? Bueno, por supuesto que vota por ambas fuerzas también; pero, como muestra el Gráfico 4, es en comunas de nivel socioeconómico medio donde crece aceleradamente el apoyo a candidatos alternativos a las dos grandes coaliciones, siendo el apoyo a éstos más bajo tanto en las comunas pobres como en las muy ricas (barrio alto).

Gráfico N°4: Votación presidencial de todos los otros candidatos en 2009 y 2013, según nivel socioeconómico comunal (sin considerar al barrio alto de Santiago en la estimación lineal)

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En el año 2013, las 24 comunas urbanas donde el apoyo a candidatos alternativos superó el tercio de los votos fueron (en orden descendiente) Antofagasta, Calama, Iquique, Maipú, Puente Alto, Santiago, Talcahuano, Quilpué, Arica, Ñuñoa, Quilicura, Villa Alemana, Copiapó, San Pedro de la Paz, Hualpén, La Florida, Concepción, Chiguayante, Valparaíso, La Reina, Providencia, Macul, San Miguel y Pudahuel. De este grupo, sólo en La Reina y Providencia Matthei sacó más votos que (la suma de) los siete candidatos alternativos. En todo el resto de las comunas (con la excepción de Ñuñoa, Macul y San Miguel), Matthei perdió por 10 o más puntos frente a (la suma de) los candidatos alternativos. Dicho de otro modo: en comunas que albergan a una proporción muy significativa de la clase media chilena –que en su mayor parte ha surgido y prosperado en los últimos 25 años gracias a su trabajo y esfuerzo –, gran parte de la población no está votando por el sector político que más enfatiza la importancia del trabajo y la responsabilidad individual en su discurso.

En suma, los datos revelan una paradoja: mientras el voto de la Nueva Mayoría desciende linealmente con el NSE de las comunas, en forma consistente con lo que uno esperaría de un discurso político que enfatiza la disminución de las desigualdades, el voto de la Alianza no crece con el NSE sino hasta llegar al barrio alto de Santiago, lo cual es inconsistente con un discurso que enfatiza la movilidad social y las oportunidades, pues éste debiera apelar no sólo a los más ricos sino que también y muy especialmente a la clase media. En cambio, en comunas donde ésta está altamente concentrada –como Puente Alto, Maipú, La Florida y varias del norte de Chile, entre otras– buena parte del voto se fue a candidatos como ME-O y Parisi (que juntos concentran tres cuartas partes del voto por candidatos alternativos).

Sugiero, pues, que aquí se puede encontrar una debilidad estructural de la Alianza por Chile, la cual trasciende la derrota coyuntural de Matthei y que explica por qué la Alianza fue incapaz de consolidar una mayoría política y social luego del triunfo de Piñera el 2009: su discurso de oportunidades y movilidad social parece no haber resultado creíble para la clase media chilena, la cual, por el contrario, parece ser la más hastiada con los bloques tradicionales y la más en busca de discursos políticos alternativos que interpreten el nuevo Chile del cual ellos son los principales protagonistas.

Así, a pesar de los esfuerzos discursivos de Piñera en torno al concepto de una “sociedad de oportunidades” y de los buenos resultados económicos de su gobierno, los resultados electorales sugieren que gran parte de la clase media parece ver a la Alianza como defensora de los privilegios adquiridos antes que como promotora de una verdadera nivelación de la cancha de las oportunidades. La inclinación de sectores significativos de la clase media por opciones como ME-O y Parisi sugiere que este sector social, lejos de rechazar un discurso de oportunidades en cuanto tal, busca más bien pinchar la burbuja de privilegio político y económico que estaría limitando dichas oportunidades. En suma, cualquier renovación seria de la centroderecha chilena tiene que partir por asumir su especial fracaso para con la clase media del país, y preguntarse qué va a hacer para volver creíble su discurso centrado en las oportunidades, el premio al esfuerzo y la promesa de la movilidad social. Sin el apoyo estable de sectores significativos de ésta, se ve difícil que dicho sector político logre consolidar una mayoría que no sea estrictamente coyuntural.

Link: http://voces.latercera.com/2014/01/17/daniel-brieba/el-fracaso-de-la-alianza-en-la-clase-media/

EL PESEBRE Y LOS CONSERVADORES

enero 17, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Ciudad Liberal el 15 de enero de 2014)

En una reflexión publicada hace un par de semanas, el bueno de Pablo Ortúzar arremete contra mi pretensión de tener en Chile un Estado auténticamente laico, a propósito del pesebre navideño instalado en La Moneda. Según Ortúzar, mi argumento es básicamente racionalista-socialista antes que liberal. Creo que se equivoca. Por el contrario, sostengo que mis premisas son prototípicamente liberales –lo que no significa que necesariamente sean las correctas- y que en cambio las suyas evocan una posición más bien anti-liberal y ciertamente conservadora.

Parto por sintetizar la mía: el poder político no sólo tiene que garantizar la libertad religiosa de sus ciudadanos sino que además tiene la obligación de tratar a las distintas confesiones religiosas con igualdad. Más aún, no debe discriminar –normativa o simbólicamente- entre creyentes y no creyentes. Si el gobierno de turno es proselitista respecto de una determinada posición de fe, sencillamente se aleja del principio de igual respeto. En esto la literatura liberal es mayoritaria: no corresponde que el poder político utilice su desequilibrante tribuna para promover una visión religiosa o metafísica por sobre otra. Lo que corresponde es la neutralidad.

Ortúzar parece estar de acuerdo en ello. Al menos dice que “es razonable exigir al Estado que no promueva activamente una religión”. Aquí tenemos un primer punto de acuerdo. El desacuerdo se circunscribe a si acaso la representación del nacimiento del “niño Dios” en el palacio de Gobierno califica o no como promoción religiosa. Yo creo que sí mientras Ortúzar cree que no.

Mi interpretación del pesebre como despliegue figurativo esencialmente religioso no es arbitraria. En Estados Unidos esta discusión es pan de cada día y generalmente se entiende que el pesebre constituye un endorsement religioso. Los académicos Cristopher Eisgruber y Laurence Sager sostienen que “cuando un gobierno instala un pesebre, dicho acto tendrá el significado social de celebrar el nacimiento de Jesucristo y por tanto afirma las creencias que abrazan a Jesucristo como personaje de relevancia central… el significado social del pesebre incluye el menosprecio de aquellos que no abrazan el Cristianismo como creencia religiosa”. La filósofa Martha Nussbaum señala que los símbolos que instala el gobierno siempre traen consigo un mensaje del tipo “Esto es lo que nos gusta y consideramos importante. Esto lo hemos puesto para que tú lo veas con nuestro patrocinio”. Nussbaum agrega que existen lugares altamente sensibles “donde el gobierno hace afirmaciones que afectan la igualdad de los ciudadanos en la comunidad política”. Específicamente sobre el caso de un pesebre que llegó hasta tribunales, Nussbaum dice que “la escena de la Natividad es claramente un símbolo religioso sectario, de hecho uno muy central y sagrado… cuando no va acompañado de ningún mensaje secular, inevitablemente crea una clara y fuerte impresión acerca del gobierno apoyando al Cristianismo”. A mayor abundamiento, en su libro póstumo sobre religión el gran teórico político y legal Ronald Dworkin afirma que el derecho de todas las personas a la independencia ética “condena exhibiciones oficiales de emblemas religiosos en las cortes de justicia así como en los espacios públicos salvo que hayan sido drenados de contenido religioso y tengan significancia ecuménica y cultural (como en el caso de Santa Claus)… de lo contrario esas exhibiciones utilizan fondos y propiedad estatal para celebrar un tipo de religión sobre otra, o la preferencia de la religión sobre la no-religión”.

Tal como Pablo Ortúzar me ilustra generosamente acerca de la posición de ciertos sociólogos al respecto, yo le ofrezco estos antecedentes para que entienda que la posición que usualmente asume la teoría política liberal contemporánea es precisamente la mía. El pesebre tiene una significancia social a partir del contexto donde se despliega y la percepción doble de emisores y receptores. En el caso en comento, el contexto es delicado porque se trata nada menos que de la casa de gobierno. El emisor – el Presidente Piñera- ha declarado explícitamente que su gobierno no es neutral respecto de la religiosidad de los chilenos y que el pesebre es su manera de reafirmarlo. Por otra parte aumentan las voces que se sienten profundamente ofendidas en tanto receptores del mensaje oficial. En síntesis, el caso es redondo.

A mi amable contradictor le quedan dos estrategias para responder. La primera es aceptar las premisas de la teoría liberal –el gobierno no debe promocionar la religión– pero sostener que el pesebre no es religioso sino ecuménico y cultural. La segunda es aceptar que el pesebre es evidentemente religioso en su significancia y desde ahí defender la promoción del Cristianismo utilizando los recursos del poder político. A fin de cuentas, Chile es un país mayoritariamente cristiano y su Presidente fue elegido sabiendo que no se comportaría neutralmente al respecto. Por alguna razón Ortúzar no defiende esta segunda posición sino la primera. Creo que habría sido más consistente y habría obtenido los mismos “me gusta” en Facebook de su fanaticada católica si hubiera aceptado que no tiene nada de malo que Piñera celebre al Cristianismo como verdad religiosa.

Pero no hace eso. Si bien reconoce que el pesebre tiene “orígenes” religiosos sostiene que a estas alturas del partido es básicamente un artefacto cultural, un elemento identitario de la nación chilena y sus raíces históricas hispano-cristianas. Y que por ende no constituye promoción religiosa.

Quizás yo tengo la mala costumbre de tomar la religión muy en serio. No dudo que el catolicismo marca a fuego este rincón del planeta así como innumerables tradiciones latinoamericanas. Mucho de lo que hoy tenemos es herencia cultural de “origen” religioso y en eso Habermas –para deleite de Ortúzar- tiene razón. Pero a mi entender el nacimiento de Jesús de Nazareth supera con creces esta dimensión folclórica local. Jesús de Nazareth es el Hijo de Dios encarnado, nacido de una mujer virgen por procreación divina, mesías y redentor de los pecados de la humanidad, que con su muerte y resurrección estructura los pilares centrales del discurso teológico cristiano. En otras palabras, en Jesús está la clave.

Comparto con Pablo que trazar la línea entre lo cultural y lo religioso es difícil, pero no intentarlo es resignarse a la pereza intelectual de decretar que “todo es cultural”. Ortúzar se mofa del criterio que yo habría ocupado para diferenciar ambas esferas. Lo religioso, yo habría dicho, sería necesariamente sobrenatural. Según Ortúzar mi teoría estaría en problemas porque el Viejo Pascuero, los dragones de La Tirana y la Pequeña Gigante son en cierto modo entidades sobrenaturales. El problema, a primera vista, es que Ortúzar no diferencia entre divinidades celestiales que proveen un cierto entendimiento metafísico del cosmos y del sentido de la vida humana y criaturas fantásticas que aderezan nuestra imaginación. Como ateo, yo creo que ambas son ficciones, pero soy capaz de apreciar la diferencia. No sostengo que definir religión sea sencillo. El filósofo Daniel Dennett la define provisionalmente como “un sistema social cuyos participantes confiesan creer en una o varias instancias sobrenaturales cuya aprobación debe ser buscada”. Es una conceptualización con problemas pero perfectamente operacional para estos efectos. Al menos yo no conozco ningún adulto que eleve sus plegarias a la Pequeña Gigante. Los creyentes, en cambio, le rezan a Jesucristo o la Virgen pensando que éstos pueden intervenir en sus vidas cambiando el curso de los acontecimientos. Es el tenor de las aseveraciones de la religión lo que causa que algunas personas se indignen por el pesebre pero no les parezca ofensivo observar un grupo de entusiastas bailarines haciendo una Diablada. Ahora bien, el día que millares de chilenos se reúnan en el centro de Santiago no sólo para admirar la proeza artística del montaje de la Pequeña Gigante sino a ofrecerle sacrificios para obtener su favor, no me quedaría más remedio que considerarlo un culto de tipo religioso. En cualquier caso no pretendo –ni puedo- agotar aquí la discusión sobre los componentes esenciales que determinan qué cuenta como religión y qué cuenta como cultura. Distinciones entre trascendencia e inmanencia seguramente entran el juego. Los epistemólogos quizás dirán que la línea divisoria está entre descansar en la fe como fuente de aseveraciones de conocimiento y descansar en la evidencia para el mismo propósito. Como fuere, no es imposible trazar una distinción. Basta con consignar que lo inherentemente religioso puede distinguirse para efectos políticos de aquellas manifestaciones culturales que si bien tuvieron un origen religioso se celebran socialmente en versiones completamente secularizadas. Piense sin ir más lejos en el Año Nuevo, reminiscencia del calendario instaurado por del Papa Gregorio XIII hace casi cinco siglos. O dese el trabajo de preguntar entre sus conocidos quiénes instalaron pesebre + árbol de pascua o bien sólo árbol de pascua. No sería raro que el resultado sea similar al que llegué en mi propia encuesta: los creyentes instalaron ambos; los no-creyentes sólo pusieron el árbol. ¿Por qué? Porque estos últimos ven en el árbol el símbolo de una festividad social que sirve para unir la familia sin necesidad de dotarla de sentido religioso. Los primeros en cambio no conciben la Navidad sin la representación del nacimiento del “niño Dios”.

Hacia el final de su columna, Pablo Ortúzar sugiere que los genuinos liberales no aspiran a la neutralidad a secas sino a un tipo de neutralidad “situada” en el contexto cultural. El Estado chileno, de acuerdo a esta tesis, no violaría la neutralidad promoviendo símbolos propios de la cultura. Como según el antropólogo Ortúzar el pesebre ya está asimilado al acervo cultural patrio, no habría problema en su orgullosa exhibición en edificios públicos. El pesebre sería como la chicha de uva o manzana: muy chileno, pero para sacarlo de la bodega sólo una vez al año. No discrepo con Ortúzar en cuanto a que la neutralidad aséptica es absurda si constriñe al gobierno incluso para promover sus propios emblemas. Pero el pesebre no es la bandera, por mucho que el corazón de mi sensible amigo salte de alegría cuando lo contempla bucólicamente desplegado en las afueras de la municipalidad de Futrono. Su significado no es religiosa ni culturalmente neutral. Expresa una visión crecientemente controvertida. Como argumenta Charles Taylor en su monumental A Secular Age, entramos a un período donde por primera vez en la historia de la humanidad creer y no creer en algún dios son actitudes equiprobables. Chile es un satélite del mundo pero no está del todo ajeno a esa corriente secularizadora.  Si aceptamos el argumento de Ortúzar deberíamos aceptar que un determinado entendimiento monoteísta tenga asegurado su puesto de privilegio en el mercado de las ideas, por la única razón que lleva mucho tiempo siendo mayoritario en Chile. Pretender que la promoción de sus símbolos es inocua es querer perpetuar la ideología cristiana por la puerta trasera. Escudarse en la teoría de la neutralidad “situada” es jugar (casi siempre) a favor del statu quo y eso es lo que yo entiendo por una teoría esencialmente conservadora. Es seguir dándole ventaja a una denominación religiosa por sobre las otras en honor a la tradición. Es una suerte de aporte fiscal directo al cristianismo por razones históricas que a estas alturas demanda una revisión en nombre de la justicia. Es asegurar un monopolio con altas barreras de entrada a perspectivas disidentes. Es un descarado subsidio a la oferta. Yo soy ateo y no pido que el gobierno le haga barra a mis convicciones metafísicas. Pablo Ortúzar es devoto católico y aprovecha convenientemente un escenario en el cual el gobierno promociona sus dogmas religiosos. Así que lo invito cordial y amistosamente a pensar de nuevo: ¿quiénes son los supuestos liberales?

Link: http://www.ciudadliberal.cl/el-pesebre-y-los-conservadores/

EL FACTOR OTERO

enero 12, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 12 de enero de 2013)

No es fácil renunciar al partido político en el cual has militado toda tu vida. Sin embargo, como se dice en jerga capilar, a Renovación Nacional se le está yendo la gente del estadio: dirigentes históricos, jóvenes promesas, parlamentarios en ejercicio. Falta que concreten su salida los ministros que hace rato vienen de las mechas con la dirigencia de Antonio Varas y el éxodo estará completo. Para qué hablar del propio Presidente Piñera, que parece no querer saber nada de RN.

Sin embargo es reduccionista y miope pensar que el problema está en las renuncias. A los diputados Karla Rubilar, Joaquín Godoy y Pedro Browne se les critica por haber usado los cupos del partido para hacer las maletas al día siguiente. Es cierto, fue una jugada al límite del reglamento pero forzada por las circunstancias. Si se hubiesen ido antes les habrían pasado la cuenta de alguna manera y no los habrían dejado competir. Bien lo sabe el senador Cantero. Por lo demás el nuevo movimiento que prometen los treintones diputados –“Amplitud”- no emigra de la derecha sino que pretende cobijarse bajo el mismo paraguas aliancista.

La pregunta relevante es por qué se van de RN. La respuesta puede graficarse a través de la controvertida exposición que el ex senador y embajador Miguel Otero dio a los jóvenes del partido en el marco de un ciclo de formación política. Sus despectivas observaciones sobre tipos de familias “disfuncionales” y su denodada defensa del apoyo del partido a la dictadura de Pinochet son botones de muestra de lo que piensa parte importante –si no la mayoría- del partido que conduce Carlos Larraín.

Las renuncias son el síntoma y no la causa. Las causas son principalmente ideológicas, como debe ser. Sencillamente no pueden seguir conviviendo en la misma casa dos tendencias con visiones políticas tan distintas. Rubilar, Godoy y Browne quieren un partido que no haga apologías del autoritarismo ni siga coartando las libertades civiles de chilenos que se apartan del canon moral conservador. Otero llega en el mejor momento para explicitar esas diferencias y darles la razón. 

¿Acaso no había posibilidad que ganar la pelea por dentro? Lo intentaron y perdieron, una y otra vez. Hasta que cayó de madura la conclusión: RN no es el lugar desde donde construir una derecha liberal.

Por lo pronto, el desafío de este grupo es coordinar esfuerzos con otros movimientos que aspiran a lo mismo. Lo importante no son los nombres sino el proyecto político de una generación de derecha enteramente post-Pinochet. Y post-Otero. 

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-01-12&NewsID=252499&BodyID=0&PaginaId=13

CÓMO SE VIENE EL GABINETE DE MICHELLE

enero 5, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 5 de enero de 2013)

La mitología vaticana dice que si uno ventila por los medios un favorito para ocupar el trono papal en la previa de un cónclave ése nombre se termina quemando. En consecuencia, para los interesados en el puesto lo peor es transformarse en papabili. La política juega con los mismos códigos cuando se trata de especular sobre los ministros que conformarán un próximo gabinete. Pero como esta humilde columna no tiene poder ni influencia para quemar a nadie, nos permitimos la licencia de apuntar algunos personajes que deberían aparecer en el equipo que anunciaría próximamente Michelle Bachelet.

En Interior la presidenta electa querrá un Pánzer a su lado, un auténtico primer ministro que ordene la casa, enfrente las balas y se relacione con los partidos. Suena el diputado DC Jorge Burgos –que no repostuló al Congreso- el ex ministro PS Ricardo Solari –que después de ser el principal promotor de Bachelet en 2005 misteriosamente no entró en ese gabinete- y hasta el tótem PS Camilo Escalona. Todos animales políticos de tonelaje, sin duda capacitados para llevar el buque de la Jefa a puerto. Algunos le ponen ficha al ex ministro de hacienda Nicolás Eyzaguirre (PPD), que anticipándose al veto de la izquierda más dura escribió hace pocos días un artículo cuadrándose con la tesis de la gratuidad universitaria. Por lo mismo, algunos creen que Eyzaguirre tomará finalmente el fierro caliente de Educación.

El polifuncional Burgos también podría quedarse en la estratégica Secretaría General de la Presidencia, encargada de sacar adelante los proyectos emblemáticos de la Nueva Mayoría en el Congreso. Aquí también se repite el nombre del PS Alberto Arenas, uno de los más íntimos colaboradores de Bachelet durante la campaña. El fiel y mateo Arenas, sin embargo, es para muchos un número puesto en Hacienda. Queda la interrogante sobre el futuro de Rodrigo Peñailillo (PPD), el silencioso brazo derecho de la presidenta: ¿volará con alas propias asumiendo un desafío ministerial o preferirá Michelle conservarlo a su lado?

Álvaro Elizalde (PS) y Javiera Blanco (independiente-DC) oficiaron de voceros en la campaña y la hicieron relativamente bien. De uno de los dos debería salir el nuevo Secretario General de Gobierno. Aquí ya no sólo cuentan sus aptitudes políticas sino el partido al cual pertenecen. La Moneda cuida los equilibrios -o sea, cuotea bien. Blanco corre con ventaja si se trata de avanzar en presencia femenina, aunque también es nominada para el ministerio de Justicia. Otras mujeres que podrían estar en el gabinete son Andrea Repetto, Carmen Romero, Valentina Quiroga, Claudia Sanhueza, María Antonieta Saa, Danae Mlynarz, Clarissa Hardy y Laura Albornoz. Las dos últimas ya fueron ministras de Bachelet.

Sus ex contendores también suenan. Claudio Orrego (DC) iría a Desarrollo Social y José Antonio Gómez (PRSD) se rumorea en Educación. Alberto Undurraga (DC) asumiría en Vivienda. Máximo Pacheco (independiente-DC), José Goñi (PPD) y Luis Maira (PS) tienen cara de candidatos para Relaciones Exteriores. Nadie sabe con certeza qué cartera ocuparán los comunistas pero sería raro que Michelle no los premiara con un ministerio: el PC se cuadró con ella con el propósito de volver a integrar un gabinete después de 40 años.

A pesar de todo, puede haber sorpresas. El círculo bacheletista es hermético y se mueve bajo un manto de secretismo. Algunos piensan que eso es lo que corresponde. Yo soy de la idea contraria: los aspirantes a la presidencia debieran transparentar con antelación a sus eventuales colaboradores para que la ciudadanía tenga más elementos de juicio a la hora de decidir.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-01-05&NewsID=251706&BodyID=0&PaginaId=15