EYZAGUIRRE Y LOS IDIOTAS

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 21 de enero de 2014)

Cuento corto: el ex ministro de hacienda Nicolás Eyzaguirre reconoció que había ido a un “colegio cuico” y luego añadió: “Fui al Verbo Divino, y les puedo decir que muchos alumnos de mi clase que eran completamente idiotas hoy día son gerentes de empresas”. La frasecita trajo cola. Ex alumnos del Verbo Divino enviaron cartas a los diarios y dieron entrevistas para mandar a Eyzaguirre a la punta del cerro. Entre otras cosas dijeron que entre ellos no había “idiotas” y que el nombre del colegio no era relevante para determinar los cargos en una empresa.

Los invito a distinguir el fondo de la forma. Tratar de idiotas a tus compañeros de curso, en forma gratuita y 40 años después, es odioso. En eso los críticos de Eyzaguirre tienen razón. Además el desafortunado calificativo sirvió para oscurecer la tesis de fondo: hay personas que llegan muy arriba en su vida profesional por sus redes de contacto y no necesariamente por su mérito. ¿Tiene razón Eyzaguirre en esto? Tiene toda la razón.

Chile es un país donde el lugar donde naciste determina en parte importante tu destino. Si tuviste la suerte de caer en una familia acomodada que te matriculó en un colegio particular pagado tus expectativas futuras serán muy distintas a las del niño que nació en una comuna pobre y que asistió a un liceo municipal. No estoy descubriendo la pólvora: está ampliamente documentado que en nuestro territorio las posiciones de partida en la vida son determinantes.

Muchas personas que tuvieron la fortuna de estar en exclusivos colegios particular pagados -como el Verbo Divino y otros tantos donde se reproduce la elite santiaguina- se indignan ante la sugerencia de que tienen “la vida asegurada”. Piensan que todo lo que tienen se lo han ganado con su propio esfuerzo. Pero eso no es enteramente cierto. El mérito personal juega un rol limitado en una estructura social desigual y clasista como la que tenemos en nuestro país. Los colegios construyen redes sociales que después hacen la diferencia.

No tiene mucho sentido negar la evidencia. Tampoco tiene sentido avergonzarse o renegar del agradecimiento y cariño que uno puede tenerle a su establecimiento. Si uno tuvo condiciones favorables desde el inicio es bueno reconocerlas. El paso siguiente es aceptar que aquí hay un problema de justicia: una cancha desnivelada entrega más ventajas a unos jugadores que a otros. Toda sociedad tiene desigualdades y ningún gobierno puede eliminarlas todas (tampoco sería recomendable que lo hiciera). Lo deseable es que al menos se produzcan en una competencia pareja donde unos pocos no partan la carrera mucho más adelante que el resto. Si lo logramos, en una de ésas, “idiotas” de liceos municipales también podrán llegar a gerentes. 

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-01-21&NewsID=253434&BodyID=0&PaginaId=17

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