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TRES PREGUNTAS PARA LA “NUEVA DERECHA”

febrero 27, 2014

por Daniel Brieba (publicada en The Clinic del 20 de febrero de 2014)

No es exagerado decir que los rumores respecto a la gestación de una ‘nueva derecha’ o de una ‘derecha liberal’, que desafiaría a la vieja guardia conservadora, son casi tan antiguos como el retorno de la democracia a Chile. En efecto, desde la noventera ‘patrulla juvenil’ de Renovación Nacional hasta el día de hoy, es justo decir que una generación completa ha vivido “Esperando a Godot”, como acertadamente nombrara Andrés Velasco a esta inconclusa saga.

La reciente aparición de Evópoli y Amplitud en el mapa de la centroderecha sugiere que, al fin, Godot podría estar entrando en escena. No obstante, hay un largo trecho entre la promesa y la realidad de una derecha moderna, liberal y capaz de dotar de nuevo sentido su acción política. Por de pronto, esta ‘nueva derecha’ en ciernes deberá trabajar su respuesta a varias preguntas que, en conjunto, irán configurando su verdadera identidad. Tres de ellas serán de especial importancia.

La primera y acaso más importante pregunta es, ¿Cuánta renovación ideológica tendrá respecto a la derecha tradicional? Esta pregunta importa porque la ‘nueva derecha’ hasta el momento se ha situado a mitad de camino entre un proyecto de renovación generacional y un proyecto de renovación ideológica. ¿Se trata, pues, de constituir un polo de pensamiento liberal dentro del espectro político chileno, o se trata más bien de aglutinar a las nuevas generaciones de centroderecha bajo una bandera menos vetusta que las de RN y la UDI? Hasta cierto punto se puede hacer ambas cosas a la vez, en la medida en que las generaciones sub-40 de la Alianza suelen ser menos conservadores en lo moral y menos ortodoxas en lo económico que los partidos de ésta. Pero no por ello se elimina la tensión latente entre encarnar un proyecto generacional que simplemente actualice y modere la fusión liberal-conservadora de la derecha tradicional, y otro de corte ideológico que articule sin complejos un ethos político plenamente liberal, que rompa con la herencia ideológica de Jaime Guzmán (cuya larga sombra se extiende mucho más allá de la UDI) y que así se distinga nítidamente de aquella derecha en múltiples planos.

Una segunda pregunta refiere a la relación que la ‘nueva derecha’ tendrá con el pasado, y en particular, con la dictadura de Pinochet. En la medida en que está compuesta por jóvenes que no participaron de dicho gobierno, la ‘nueva derecha’ puede insistir con razón en que no tiene relación alguna con esos hechos ni explicaciones personales que dar al respecto. No obstante, la identificación entre la derecha y la defensa de Pinochet ha sido hasta aquí – guste o no – un elemento constitutivo de la identidad del sector para la ciudadanía. Bien lo sabe Evelyn Matthei, cuya campaña presidencial no fue capaz de distanciarse decisivamente de dicho gobierno y sufrió por ello. Así las cosas, casi no valdría la pena hablar de una ‘nueva derecha’ si es que ella no parte de un distanciamiento simbólico explícito, consistente y robusto respecto a la dictadura – no tan sólo condenando las violaciones a los DDHH, sino también el hecho de que ésta haya impuesto un proyecto político y un orden institucional por la vía de la fuerza. Por cierto, cosa distinta es el juicio que se tenga sobre las políticas implementadas en esa época y la conveniencia de mantenerlas o cambiarlas. Pero lo que la ‘nueva derecha’ no puede eludir es la construcción de una narrativa respecto al pasado reciente de Chile que rompa públicamente cualquier atisbo de continuidad histórica y toda suerte de cordón umbilical (simbólico, afectivo o político) entre su propio proyecto y la dictadura.

Por último, una tercera pregunta que eventualmente se tendrá que resolver refiere a los socios de esta ‘nueva derecha’: ¿serán los liberales de centro o los conservadores de derecha? Puesto que difícilmente los movimientos políticos liberales fuera de las fronteras de la Alianza – pienso en Fuerza Pública, en Red Liberal y el Partido Liberal –participarían de una coalición que los hiciese socios de ruta de la UDI, es probable que la derecha liberal tenga que optar o por unos o por otros. Dada la actual configuración de fuerzas y el sistema electoral vigente, los conservadores corren sin duda con ventaja: su poder político y su capacidad de movilización son mucho mayores. No obstante, en la medida en que la ‘nueva derecha’ efectivamente se distancie ideológicamente de la herencia guzmaniana y de la sombra de la dictadura, sus aliados naturales – y el espacio ideológico y electoral por llenar – estarían más bien en el centro liberal, al menos en la medida en que este fragmentado sector adquiera cierta unidad política y consistencia interna. Ello abriría una compleja disyuntiva entre la necesidad de construir mayorías políticas y la apuesta por un proyecto político de mayor coherencia ideológica. No obstante, quizás conviene no adelantarse tanto: antes de saber con quién se debiera juntar Godot, lo primero es saber si Godot, efectivamente, ha llegado; y para eso, el 2014 sin duda será decisivo.

Link: http://www.theclinic.cl/revistas/the-clinic-533/

¿ES EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL UN GRUPO DE INTERÉS?

febrero 25, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 21 de febrero de 2014)

Me cuenta una amiga que en una de las recientes manifestaciones contra las negligencias del Servicio Nacional de Menores, uno de los líderes habría declarado que ellos, a diferencia de los estudiantes, no pedían plata para ellos sino para mejorar el bienestar de los niños. La frase sugiere que el movimiento estudiantil promueve sus propios intereses. Lo que nos lleva a una de las discusiones que rodearon la renuncia de Claudia Peirano a la subsecretaría de Educación: ¿representan los estudiantes organizados –principalmente universitarios- un grupo de interés particular, o es mejor caracterizarlos de una forma que resalte sus anhelos de justicia para todo Chile?

Los propios movimientos estudiantiles rechazan el apelativo de “grupo de interés”. En su visión, pertenecer a uno de estos sectores es sinónimo de perseguir una cuota de ventajas o beneficios en desmedro de las ventajas o beneficios que pueda obtener otro actor. Para ellos, los empresarios son un grupo de interés. O el gremio de los exportadores. O la asociación de Isapres. En cada uno de estos casos uno podría construir un argumento para establecer que estas organizaciones buscan mejorar su propia posición sin tomar mucho en cuenta lo que piensa o necesita el resto de los chilenos. Es decir, son grupos de interés –o de presión, como también se les llama cuando pasan a la acción- porque buscan influir en el poder en nombre de sus afiliados.

El movimiento estudiantil, en cambio, piensa en sí mismo de manera distinta. Fue el entonces dirigente Giorgio Jackson que en el fragor de las marchas de 2011 dijo rimbombante “somos el pueblo”. En efecto, si uno cree que porta las banderas del clamor popular extendido, no se puede ser al mismo tiempo un mero grupo de interés. A diferencia de lo que opina el ciudadano que se toma el Sename “por los niños”, los estudiantes movilizados tienen la convicción que sus demandas son necesarias para el conjunto de la sociedad. Que les digan que están buscando educación gratuita porque en el fondo quieren ahorrarse el arancel universitario les parece una afrenta. No, no están pidiendo plata para ellos. Están pensando en el bienestar de Chile. Como reza el Himno por la Paz, “son la conciencia universal: cuando vencen no hay vencidos”.

El problema de esta versión idealizada es que en general los grupos de interés pueden articular sus peticiones a la autoridad de tal manera que parezcan estar pensadas en el beneficio general y no particular. Para algunos será más difícil que para otros. Sin embargo no es imposible hacerlo: la Iglesia Católica y las sectas evangélicas promueven una agenda de interés particular que se presenta como remedio nacional. La ciudadanía determinará cuán convincentes son esas razones.

Por esto me parece que no hay drama conceptual alguno con referirse al movimiento estudiantil como un grupo de interés o de presión. El término, para aquellos que venimos de la Ciencia Política, no tiene ninguna carga de valor negativa. Son actores legítimos del sistema político que buscan orientar el proceso de toma de decisiones en su favor. Todas las democracias sanas del mundo tienen grupos de interés relacionándose con las estructuras de poder formal. Si además la opinión pública se muestra mayoritariamente favorable a la agenda de alguno de ellos, mucho mejor para las perspectivas de dicha agenda. Pero que sea un interés ampliamente compartido no lo despoja de su naturaleza. Las prioridades del movimiento estudiantil bien pueden colisionar con las de otros grupos que no necesariamente son malévolos o egoístas. La famosa carta donde Peirano exigía prioridad financiera y normativa para la educación prescolar es un ejemplo. Las posiciones de los estudiantes son importantes, serias y dignas de la mayor consideración. Pero no es correcto verbalizarlas ni pretender su imposición como expresión de voluntad general rousseauniana. Sin duda, entran al debate revestidas de una especial fuerza y legitimidad. Sin embargo no son la bala de plata capaz de satisfacer todos los objetivos y principios presentes en el debate educacional. Algunos de estos son inconmensurables –como la libertad de elegir que defiende la derecha- y no obedecen necesariamente a un interés en dinero.

En conclusión, no veo que sea incompatible reconocer a la Confech o a otro órgano similar del movimiento estudiantil como un grupo que participa del debate público para promover ciertas ideas potencialmente controvertidas (intereses en un sentido amplio), con la posibilidad que dichas ideas e intereses sean además compartidas por parte importante de la población y puedan formularse discursivamente como beneficios generales o incluso imperativos de justicia. Esto, en cualquier caso, importa poco. La carne de la discusión está en si los estudiantes tienen o no la razón en sus demandas. Pero no está demás ofrecer una clarificación conceptual para que no se ofendan la próxima vez que alguien se refiere a ellos como un grupo de interés. 

Link: http://www.capital.cl/opinion/es-el-movimiento-estudiantil-un-grupo-de-interes/

ALEUY, EL LOBO DE BACHELET

febrero 23, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 23 de febrero de 2014)

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Es una escena inmortal de la cinematografía pop: tocan el timbre de la casa del personaje de Quentin Tarantino. Abre la puerta y ahí está Harvey Keitel, quien se presenta como Mr. Wolf, (el Lobo). “Yo resuelvo problemas”, agrega. El problema está en el garaje, donde un auto contiene un cadáver cuyos sesos explotaron de un balazo. Los pedacitos de cráneo están esparcidos por todos lados. Vincent Vega (John Travolta) y Jules Winnfield (Samuel L. Jackson) exhiben en sus trajes restos de sangre. Esperan instrucciones. El Lobo no hace magia. Echa un vistazo, hace preguntas y luego les explica paso a paso lo que deben hacer. No pide por favor. A fin de cuentas ese es el trabajo de este personaje de “Pulp Fiction”: resolver problemas.

La acontecida designación de las nuevas autoridades ha sido también un problema nacional. A la renuncia de una subsecretaria se sumarían dos o tres bajas. Tienen los papeles manchados ante los ojos de la opinión pública. El ministro de Interior Rodrigo Peñailillo –el Travolta de la historia- no habría hecho bien la pega de chequear los antecedentes de los postulantes. Al menos eso es lo que se dice en el seno de los partidos que componen la Nueva Mayoría. Sin embargo partió de vacaciones. No se quedó a arreglar el entuerto. Le encargaron esa tarea al Mahmud Francisco Aleuy, el Lobo del bacheletismo.

El subsecretario Aleuy se sentó, tomó los papeles y procedió cautelosamente a re-chequear la pertinencia de los nombramientos. Tampoco hace magia: se trata de mirar mejor si tienen asuntos pendientes con la justicia, si están morosos de alguna deuda indecorosa, si tienen alguna historia personal oculta. También ordenó a los involucrados cerrar el pico. Su función es bajarle el perfil a la controversia y preparar el escenario para dar vuelta la página. Se espera que tenga todo listo para que sea Michelle Bachelet quien pida las renuncias respectivas. Para que parezca que todavía tiene las riendas, después que el incómodo episodio Peirano sugiriera lo contrario. Aleuy es perfecto para estos azares: es un zorro viejo de la política con olfato afinado y hermético como una tumba. Sabemos que esta última cualidad es especialmente valorada en el reservado entorno de la Presidenta, quien además comparte con Aleuy la misma tendencia al interior del Partido Socialista.

La pregunta es si acaso es perfecto para Peñailillo, que en teoría es su jefe. No debe ser fácil tener un subordinado como Aleuy. Es cierto que puede cuidarte las espaldas y resolverte los problemas. Puede ser también una especie de padrino y mentor. Pero si la dinámica es constante y el segundo a bordo es eficiente, se transforma en potencial candidato a quedarse con el primer puesto. Especialmente si los partidos deciden quitarle el piso al joven ministro de Interior para notificarle a la Presidenta que ella no se manda sola y que para la próxima los consulte antes de hacer designaciones claves.

El Lobo Aleuy hizo su primer trabajo. A partir de mañana veremos qué tan limpia quedó la casa de Michelle.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-02-23&NewsID=259626&BodyID=0&PaginaId=25

LA PATRULLA JUVENIL: CAMBIAN TODOS… MENOS UNO

febrero 21, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 21 de febrero de 2014)

Como las bandas musicales en la hora del adiós, el Presidente Sebastián Piñera anda de gira de despedida. Recorre ciudades y entrega cuentas públicas de lo realizado en estos cuatro años. Está preocupado, cómo no, de que los chilenos entendamos su legado. Tanto así que ya está organizando la fundación que saldrá a defender su “obra” cada vez que ésta sea torpedeada en el futuro.

Pero, ¿cuál es el legado de Piñera 2010-2014? Su hijo Cristóbal sostuvo hace pocos días que la herencia política de su padre debía medirse por su capacidad de “cambiarle la cara a la derecha chilena”. El menor de los Piñera Morel tiene un punto. Así como Lagos demostró que un socialista podía hacer un gobierno exitoso después del descalabro allendista, Piñera certificó que su sector también podía habitar La Moneda sin complejos después de los horrores de Pinochet. Varios analistas han señalado que la posición que tomó el Presidente en la conmemoración de los 40 años del golpe marcó un antes y un después en el registro discursivo de la derecha. De carambola, parece que finalmente apareció esa “nueva derecha” que profetizó sin éxito el entonces ministro de interior Rodrigo Hinzpeter al comenzar el gobierno.

El drama es que la parieron con fórceps. Con RN la sangre llegó al río hace rato. Allá, los dueños de la pelota no tienen ninguna gana de ponerle fichas a Piñera 2017. Larraín, Allamand y Ossandón tienen sus propios planes. Con la UDI la relación del Presidente tampoco ha sido fácil. Cualquier intento por “liberalizar” a la derecha es visto con sospecha desde el gremialismo. Piñera pudo avanzar más en materia de igualdad de derechos para parejas homosexuales, por ejemplo, pero en estos asuntos la UDI ejerció su poder de veto como partido de gobierno.

Aun así, durante estos cuatro años Piñera dibujó las líneas matrices de su proyecto político: una derecha post pinochetista, comprometida con el respeto DDHH –recordemos el cierre del penal Cordillera- y tolerante en las llamadas cuestiones valóricas. La pregunta que viene es si acaso esas banderas tienen proyección dentro del paraguas aliancista. Salvo un puñado de leales ministros, los aliados del Presidente se encuentran en la generación de recambio. De hecho, los parlamentarios que renunciaron a RN se rearmaron en un espacio distinto (“Amplitud”) donde la convocatoria es sustantivamente más joven. Hasta la fidelidad de los “Evopoli” debería estar declarada al Presidente que les dio la oportunidad de empuñar sus primeras armas en el aparato público.

El legado de Piñera depende de la proyección de estos grupos. Si el eje de poder vuelve a los coroneles de la UDI o se extiende en los herederos del larrainismo en RN, la obra política del Presidente se perderá en la noche. La paradoja es que si Piñera invierte en potenciar la renovación de su sector, es su propia generación la que debe dar un paso al costado. Es difícil imaginar que el líder vaya a jubilarse voluntariamente. Pues ese parece ser su doble desafío: aliarse con la savia nueva para sacar de escena a sus rivales, cuidándose a sí mismo de no verse damnificado por el ímpetu del recambio.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-02-21&NewsID=259365&BodyID=0&PaginaId=3

CARMONA MUESTRA LA HILACHA DEL PC

febrero 16, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 16 de febrero de 2014)

El diputado comunista Lautaro Carmona le mandó al Presidente venezolano Nicolás Maduro todo su apoyo frente a las multitudinarias manifestaciones que han recorrido de punta a cabo ese país. No sólo dijo representar en este sentimiento de solidaridad a los miembros de su partido, sino a todo el “pueblo chileno”. El objeto de esta columna es pedirle al honorable que no hable en nombre de quienes no le hemos dado esa atribución.

El PC chileno ya no es el de antes en muchos sentidos que debieran ser bienvenidos. Ya no es homofóbico, por ejemplo. Su compromiso con la democracia se corrobora con su correcta participación en la Nueva Mayoría. Es una señal positiva que llegue al gabinete después de 40 años. Su tradición filosófica sigue siendo una fuente rica de discusión moral e intelectual. Sin embargo le cuesta una enormidad entender que las violaciones a los derechos humanos y la libertad de expresión son valores que no dependen del signo político del gobernante. Lo hace con Corea del Norte, lo hace con Cuba y ahora lo hace con Venezuela: por congraciarse con sus aliados internacionales, muestra la hilacha.

El chavismo venezolano guarda varias similitudes con el pinochetismo que detestan. Se trata de regímenes autoritarios poco tolerantes a la disidencia que no escatiman en reprimir violentamente el cuestionamiento político. Es cierto que Maduro ganó democráticamente –generosamente soslayando las sospechas de fraude electoral- pero eso no puede significar carta blanca para atropellar el derecho de su pueblo de salir a la calle a suplicar la enmienda del rumbo tomado. Maduro, como Chávez, asfixia la prensa crítica porque la considera burguesa y anti-revolucionaria. No alcanza a comprender que en sociedades desarrolladas la libertad de expresión adquiere todo su sentido justamente cuando lo que se dice le molesta al monarca.

Carmona sostiene que estas marchas son la herramienta de la sedición golpista animada por el imperio norteamericano en su afán por interrumpir el romántico proceso bolivariano. Estoy dispuesto a tragarme cada una de estas palabras si la evidencia establece que efectivamente esta es una asonada golpista orquestada por la siniestra oligarquía. El problema es que dicha retórica trasnochada descansa sobre una teoría de la conspiración muy poco plausible. A la luz de los acontecimientos, sugerir que la juventud venezolana es un monigote al servicio del pérfido neoliberalismo yanqui resulta tan ignorante como descalificatorio. Pero sobre todo, profundamente injusto con los anhelos de millares de ciudadanos venezolanos –especialmente estudiantes- que sinceramente no aguantan más. Viniendo del partido que abrazó entusiasta las demandas del movimiento estudiantil chileno en la calle, es puro doble estándar.

Lo rescatable es que, salvo el PC y afines, la mayor parte de la centroizquierda demócrata y libertaria chilena –desde Giorgio Jackson a la DC- ha honrado ese compromiso orwelliano que rechaza consistentemente todo tipo de autoritarismo, venga donde venga.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-02-16&NewsID=258809&BodyID=0&PaginaId=13

LA SONRISA DE PIÑERA

febrero 9, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 9 de febrero de 2014)

Según la encuesta Adimark que se dio a conocer esta semana, el Presidente Sebastián Piñera estaría obteniendo un porcentaje de aprobación del 49%, su mejor índice desde fines del 2010, cuando Chile celebraba el rescate de los 33 mineros y el huracán Vallejo todavía no azotaba a La Moneda. Después de dos años complejísimos en términos de adhesión ciudadana, el gobierno repunta sus niveles hacia el final.

Se ha dicho que el fenómeno es similar al que vivieron Lagos y Bachelet en sus respectivos períodos. Ambos gobernantes sufrieron malas evaluaciones en algún momento, las que pasaron al olvido en los meses concluyentes de su mandato. Si los números finales de Lagos fueron muy buenos, los de Bachelet fueron insólitamente positivos. Los de Piñera no lo son tanto, pero al menos se instala cerca de la cifra porcentual que lo eligió en enero de 2010.

La hipótesis que los chilenos nos ponemos más generosos en la ceremonia del adiós puede tener algo de cierta. Como si nos aprestásemos a echarlos de menos. Como si después de tanta escaramuza en el fondo les declarásemos nuestro agradecimiento por el esfuerzo realizado. Piñera es un personaje querido y detestado, pero nadie niega que haya marcado la presidencia con su particular sello. Hasta las Piñericosas pueden ser objeto de nostalgia para algunos.

Por cierto, no todas las explicaciones son afectivas. Los números de la economía se encuentran mejor que en mucho tiempo y las encuestas lo ratifican con amplia aprobación al manejo del gobierno en esas áreas. También es razonable conjeturar que los frutos de ciertas políticas públicas se aprecian con superior perspectiva hacia el final del ciclo.

A eso se suman las interpretaciones eminentemente políticas. El estado de desorientación de la derecha y el desolador paisaje de sus líderes pueden contribuir a elevar los bonos de Piñera por efecto contraste. En el pantano de cobranzas personales, peleas chicas y golpes bajos en que se ha convertido la Alianza –en especial RN- la figura del presidente saliente crece. Hasta parece estadista. Por eso no sería nada de raro que las primeras mediciones sobre la contienda presidencial 2017 lo posicionaran a él como la carta más aventajada de su sector.

Finalmente, las dificultades en la instalación del gobierno de Michelle Bachelet también juegan indirectamente a favor de Piñera. Al menos le recuerdan a la ciudadanía que las desprolijidades y chambonadas no son exclusivas de ningún color político. Ahora es la oposición la que deberá lidiar con las altas expectativas que ella misma generó, mientras Piñera tomará palco esperando que la imagen de su gestión se vaya perfumando en el recuerdo de sus compatriotas. Sólo así puede reclamar su derecho a una segunda oportunidad.

Conociendo al hombre, el Presidente trabajará como chino hasta el último día. Y terco como es, deberá estar preguntándose por qué nos demoramos tanto en volver a quererlo. Con la mitad de los chilenos le basta.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-02-09&NewsID=258120&BodyID=0&PaginaId=19

EL PRIMER ROUND DE LA REFORMA EDUCACIONAL

febrero 8, 2014

por Daniel Brieba (publicada en Voces de LT el 7 de febrero de 2014)

Lo sucedido en la última semana respecto al nombramiento y posterior renuncia de Claudia Peirano a la subsecretaría de Educación es significativo por varias razones, que separan a su caso de los otros nombres cuestionados por razones más ligadas al ámbito judicial. Por una parte, el episodio podría admitir una lectura positiva: una sociedad civil más empoderada ya no acepta acríticamente cualquier nombramiento político, y el gobierno, atento a mantener lazos de comunicación fluidos con el movimiento estudiantil, la dejó caer en un acto de prudencia política. Una lenta reparación de las confianzas entre sectores de la sociedad civil y del gobierno podría estar así fraguándose, lo cual sería deseable desde el punto de vista de la responsabilidad democrática.

Sin embargo, el episodio también admite una lectura menos optimista. En primer lugar, sugiere que el movimiento estudiantil aún opera bajo lógicas de agudización de conflicto, más propias de la calle que de su nueva situación. En efecto, la adquisición por parte del movimiento de un poder parcialmente institucionalizado –con votos propios en el Congreso y con al menos un pie instalado en la Nueva Mayoría- significa que ya no necesitan sacar cien mil estudiantes a la calle por cinco semanas ni esperar un conflicto de grandes proporciones para producir efectos o lograr destituciones. Ahora, instalados también en los recovecos del poder, están en posición de producir consecuencias de manera regular y a mucho menor costo.

Lo anterior trae consigo mayor capacidad de influir en la toma de decisiones, pero también exige un cambio al menos parcial en la lógica de ejercicio de ese poder. La capacidad de administrarlo, de seleccionar las batallas cruciales, de construir mayorías legislativas y de saber negociar se vuelven ahora esenciales para su éxito de largo plazo. Botar un modelo requiere habilidades distintas que construir uno nuevo; y dado lo larga, compleja y gradual que inevitablemente será la reforma educacional, el movimiento haría bien en pensar si tumbar ministros o subsecretarios con regularidad –o, como en este caso, antes de siquiera verlos actuar– es la mejor manera de conseguir sus objetivos estratégicos. Tanto el movimiento estudiantil como Chile tienen más que ganar si éste se adapta y aprende a ejercer de manera más dialogante su nuevo poder.

Desde el punto de vista del gobierno, el episodio tampoco fue alentador.No hay manera de cuadrar la defensa que hizo la Presidenta Bachelet de su nombrada subsecretaria y la políticamente obligada renuncia de ésta al día siguiente. La señal de debilidad es preocupante, porque si bien no da para hablar de una “dictadura de los estudiantes” u otras exageraciones, es dudoso que la CUT en Trabajo, o la Sofofa en Economía –por dar dos ejemplos– tengan un poder de veto semejante sobre las respectivas autoridades políticas. El episodio terminó por reforzar la idea de que el custodio de la reforma educacional es el propio movimiento estudiantil. Esta situación es de alta vulnerabilidad para el gobierno, que no debiera aceptar que el interés general quede simbólicamente encarnado en otro actor que no sea sí mismo.

Unido al punto anterior, la notoria asimetría entre el poder de los estudiantes universitarios y el resto de los actores en el sistema educacional debiese preocupar al nuevo gobierno. Poco sirvieron las credenciales de prestigiosa experta en educación escolar de Peirano frente a la herejía de haber opinado hace años que la educación superior gratuita no debiese ser la prioridad de una reforma educacional. Dado que es bien sabido que aún con todos los problemas de la educación universitaria, las mayores carencias y déficits de justicia educacional en Chile se encuentran en la educación pre-escolar y escolar, el gobierno y la Nueva Mayoría en su conjunto deberán cuidar que su política educacional responda efectivamente al interés general antes que a los intereses sectoriales de los estudiantes universitarios, por mucho que éstos puedan salir a la calle de un modo en que los pre-escolares no pueden.

Así, la pregunta es si el gobierno dejará que las demandas del movimiento estudiantil conviertan la gratuidad en la educación universitaria en el corazón y centro de su reforma educacional, o si por el contrario será capaz de no ‘universitarizar’ ésta, darle un protagónico lugar a los niveles pre-escolar y escolar, y evitar de paso que el movimiento estudiantil se convierta en árbitro de lo justo en estas materias. Esto, sin embargo, requerirá coraje y un apoyo sostenido de los partidos de la coalición, pues no será gratis políticamente priorizar (por dar un ejemplo puramente hipotético) aumentos en la subvención escolar preferencial por sobre avances más rápidos en gratuidad universitaria.

En suma, es claro que el gobierno de Bachelet y la Nueva Mayoría deberán navegar por turbulentas aguas políticas. Como todo gobierno, deberán escuchar a todos los actores involucrados y buscar la construcción de acuerdos lo más inclusivos posible para dotar de legitimidad y estabilidad a sus reformas. No obstante, es fundamental que no olviden que el interés del movimiento estudiantil y el interés general no necesariamente coinciden en todo ámbito ni todo el tiempo, y en dicho caso su obligación es optar por este último. Después de todo, sería extraño encontrarse con un progresismo que no priorice por sobre todo la causa de los más débiles y de los sin voz, entre los cuales -estaremos de acuerdo- están los niños.

Link: http://voces.latercera.com/2014/02/07/daniel-brieba/el-primer-round-de-la-reforma-educacional/

¿LIBERALES O LIBERTARIOS?

febrero 6, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Ciudad Liberal el 6 de febrero de 2014)

En una reciente columna, mi amigo Jorge Gómez intenta hacer algunas observaciones a mi previa pretensión de establecer mínimos ideológicos comunes para el proyecto político liberal que supuestamente emprende vuelo en Chile. Intenta, pero falla. No porque mis ideas sean irrebatibles, sino porque apunta a un blanco distinto.

La mayoría de los argumentos que expresa son idénticos a los míos, incluso literalmente. Sin embargo discrepamos en una cuestión relevante y Gómez hace bien en resaltarla: mientras yo afirmo que la libertad tiene prioridad pero puede restringida cuando la sociedad elabora justificaciones a la altura, Gómez señala que la libertad individual debe prevalecer siempre (salvo por cierto en caso de afectación de derechos de terceros). La columna de Jorge Gómez es oportuna para ilustrar la humilde escaramuza intelectual que dos auténticos bandos -liberales versus libertarios- suelen revivir cada cierto tiempo a través de las redes sociales.

La idea que la libertad individual debe prevalecer siempre no es liberal sino esencialmente libertaria. En la filosofía política contemporánea –al menos en la anglosajona- se denomina libertarios a quienes abogan por un Estado Mínimo cuyas funciones se acotan, en palabras de Robert Nozick, a la protección contra la violencia, el robo, el fraude y la violación de contratos. Cualquier Estado más grande que eso sería, para esta tradición, injustificable.

Los liberales coinciden en muchas cosas con los libertarios. Ambos creen, entre otras cosas, que el poder político no tiene autoridad para imponer sus criterios sobre lo que constituye una vida moralmente buena. Pero la teoría liberal contemporánea –desde Rawls en adelante- se toma muy en serio el problema de la justicia como imparcialidad, o cómo las condiciones de partida son determinantes en la distribución de recompensas sociales que no pueden justificadas apelando al mérito. Por ello se les llama también liberal-igualitarios: son liberales que creen que las sociedades justas tienen una cierta obligación de redistribuir recursos y oportunidades. Al hacerlo, inevitablemente afectan la libertad individual de las personas. En esto seguimos a sir Isaiah Berlin -uno de los liberales más notables del siglo XX- que sostenía que la libertad individual no siempre es la primera necesidad de todo el mundo. Hay veces en las cuales las urgencias de pan, techo y abrigo son más acuciantes. Esto no implica desplazar a la libertad de su prioridad. Significa reconocer la existencia de otros valores normativos –igualdad, solidaridad, paz social- que también merecen consideración en el arte de gobernar.

Los libertarios no aceptan esta conclusión. Nozick decía que los impuestos equivalían a trabajos forzados. Murray Rothbard, otro héroe anarco-capitalista, famosamente señaló que la tributación no era más que un robo institucionalizado a gran escala. Los liberales se distancian de los libertarios en este punto: nosotros creemos que la estructura tributaria es legítima en la medida que contribuya a la provisión de ciertos bienes públicos democráticamente acordados –educación, salud, vivienda- que nos permitan satisfacer condiciones básicas para que la competencia posterior tenga lugar en escenarios menos asimétricos y predeterminados por la suerte. En su columna, Jorge Gómez también se opone a que el gobierno limite ciertas libertades por motivos de coordinación. Lamentablemente no tenemos otra opción si queremos vivir en sociedades más o menos ordenadas. Las personas son limitadas en su libertad negativa cada vez que se les obliga a conducir por la derecha, por ejemplo. Lo relevante es que las libertades individuales restringidas en estos casos sean de entidad menor. Las libertades básicas tienen un tratamiento mucho más delicado y preferente. Para eso los países civilizados establecen cartas de derechos o garantías constitucionales fundamentales.

En resumen, Gómez está representando con autoridad a la posición libertaria y su crítica no toca realmente al liberalismo-igualitario. La mala noticia para sus seguidores es la siguiente: si en Latinoamérica ya es difícil configurar un proyecto político –ideológico y electoral- de corte liberal, articular uno en torno a las ideas del libertarianismo es básicamente fantasioso. Los pocos libertarios que existen están en las bibliotecas –o participando del debate público como activamente lo hace Axel Káiser- y no en los Parlamentos. Finalmente, si alguien realmente cree que Evopoli –desde donde Felipe Kast ha hecho una defensa conceptual y normativa de la idea de libertad “social”- o Amplitud –desde donde Lily Pérez seguirá cuestionando el lucro- son espacios políticos idóneos para el pensamiento libertario, le recomendaría revisar sus premisas teóricas. Agradezco a Jorge Gómez su respuesta, pero me temo que sus buenas intenciones no bastan para contribuir a delinear el mínimo común que requiere el liberalismo chileno.

PD: Si algún lector desea explorar con mayor profundidad la diferencia entre liberales y libertarios le recomiendo un célebre artículo de Samuel Freeman titulado Illiberal libertarians: why libertarianism is not a liberal view, publicado en 2001 en la revista Philosophy & Public Affairs.

Link: http://www.ciudadliberal.cl/liberales-o-libertarios/

EL PRIMER INCENDIO DE MICHELLE

febrero 2, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 2 de febrero de 2014)

Apenas se dieron a conocer los nombres de las y los subsecretarios que acompañarán a la Presidenta Bachelet, se fueron develando las biografías que podían complicar a más de alguno. Primero fue la subsecretaria de Educación Claudia Peirano, de quien se supo estaba contra la gratuidad universal universitaria y asesoraba colegios subvencionados con fin de lucro. Luego fue el subsecretario de Minería Ignacio Moreno, quien era gerente de una minera cuyos trabajadores extendían una huelga por más de 51 días. Simultáneamente nos enteramos que el vice de Salud, Jaime Burrows, discrepaba con el programa de la Nueva Mayoría en el sensible tema del aborto terapéutico. Finalmente salieron a la luz los antecedentes de la futura subsecretaria para las FFAA Carolina Echeverría, quien habría estado “en vilo” por un sumario pendiente sobre supuestas irregularidades en su anterior paso por el gobierno. Han sido los sabuesos del periodismo de investigación criollo –y no la derecha- los que tirado del carro de las revelaciones.

Sin embargo aquí tenemos dos temas que merecen ser tratados por separado. El primero es el potencial conflicto de interés que pueden tener funcionarios públicos debido a sus nexos con el mundo privado. El segundo es la discrepancia ideológica entre el mensaje de Bachelet y lo que han manifestado abiertamente sus colaboradores.

El primero es la pesadilla que rondó el gobierno de Sebastián Piñera. Partiendo por el propio Presidente. “Sólo los muertos y los santos no tienen conflicto de interés” fue su frase célebre para sacarse los balazos. En efecto, puede ser difícil encontrar personas capacitadas en un área en la cual no tengan absolutamente ningún historial comercial. Aunque se deshagan de los negocios, parece que la credibilidad queda dañada: ¿podría alguien poner sus mejores esfuerzos en desbaratar un sistema de financiamiento que en el pasado fue su propio sustento? En resumen, después de este gobierno la lupa está más afilada que nunca. Los pasados que condenan serán expuestos en la plaza pública. La transparencia es cosa buena. La beatería, no tanto.

El segundo problema puede ser todavía más complejo. La llamada bancada estudiantil, además de la Confech y el colegio de profesores, ya pidieron la cabeza de Peirano. Les parece una señal en dirección opuesta a las promesas de campaña. El tono de algunos es inquisitorio: ¡el que no abraza la gratuidad como principio, a la hoguera! En la DC –el partido de Peirano- se asustaron tanto que todavía no deciden si les conviene defenderla o entregarla a las llamas. El vocero de Bachelet salió a blindar a la subsecretaria, defendiendo su honorabilidad y su compromiso con el programa. El nuevo gobierno habría mostrado excesiva debilidad ante las presiones si al primer encontrón agacha el moño. Michelle notifica al país: ella –y no los estudiantes- es quien lleva la batuta. Sin embargo algo se rompió. La luna de miel será menos glamorosa en estas circunstancias. Si la designación de Eyzaguirre ya causó muecas en el flanco izquierdo, la confirmación de Peirano combustiona las sospechas. Educación es clave para la Nueva Mayoría, pero sus conductores parten deslegitimados ante los ojos de sus exigentes interlocutores.

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