LA SONRISA DE PIÑERA

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 9 de febrero de 2014)

Según la encuesta Adimark que se dio a conocer esta semana, el Presidente Sebastián Piñera estaría obteniendo un porcentaje de aprobación del 49%, su mejor índice desde fines del 2010, cuando Chile celebraba el rescate de los 33 mineros y el huracán Vallejo todavía no azotaba a La Moneda. Después de dos años complejísimos en términos de adhesión ciudadana, el gobierno repunta sus niveles hacia el final.

Se ha dicho que el fenómeno es similar al que vivieron Lagos y Bachelet en sus respectivos períodos. Ambos gobernantes sufrieron malas evaluaciones en algún momento, las que pasaron al olvido en los meses concluyentes de su mandato. Si los números finales de Lagos fueron muy buenos, los de Bachelet fueron insólitamente positivos. Los de Piñera no lo son tanto, pero al menos se instala cerca de la cifra porcentual que lo eligió en enero de 2010.

La hipótesis que los chilenos nos ponemos más generosos en la ceremonia del adiós puede tener algo de cierta. Como si nos aprestásemos a echarlos de menos. Como si después de tanta escaramuza en el fondo les declarásemos nuestro agradecimiento por el esfuerzo realizado. Piñera es un personaje querido y detestado, pero nadie niega que haya marcado la presidencia con su particular sello. Hasta las Piñericosas pueden ser objeto de nostalgia para algunos.

Por cierto, no todas las explicaciones son afectivas. Los números de la economía se encuentran mejor que en mucho tiempo y las encuestas lo ratifican con amplia aprobación al manejo del gobierno en esas áreas. También es razonable conjeturar que los frutos de ciertas políticas públicas se aprecian con superior perspectiva hacia el final del ciclo.

A eso se suman las interpretaciones eminentemente políticas. El estado de desorientación de la derecha y el desolador paisaje de sus líderes pueden contribuir a elevar los bonos de Piñera por efecto contraste. En el pantano de cobranzas personales, peleas chicas y golpes bajos en que se ha convertido la Alianza –en especial RN- la figura del presidente saliente crece. Hasta parece estadista. Por eso no sería nada de raro que las primeras mediciones sobre la contienda presidencial 2017 lo posicionaran a él como la carta más aventajada de su sector.

Finalmente, las dificultades en la instalación del gobierno de Michelle Bachelet también juegan indirectamente a favor de Piñera. Al menos le recuerdan a la ciudadanía que las desprolijidades y chambonadas no son exclusivas de ningún color político. Ahora es la oposición la que deberá lidiar con las altas expectativas que ella misma generó, mientras Piñera tomará palco esperando que la imagen de su gestión se vaya perfumando en el recuerdo de sus compatriotas. Sólo así puede reclamar su derecho a una segunda oportunidad.

Conociendo al hombre, el Presidente trabajará como chino hasta el último día. Y terco como es, deberá estar preguntándose por qué nos demoramos tanto en volver a quererlo. Con la mitad de los chilenos le basta.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-02-09&NewsID=258120&BodyID=0&PaginaId=19

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