LA PATRULLA JUVENIL: CAMBIAN TODOS… MENOS UNO

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 21 de febrero de 2014)

Como las bandas musicales en la hora del adiós, el Presidente Sebastián Piñera anda de gira de despedida. Recorre ciudades y entrega cuentas públicas de lo realizado en estos cuatro años. Está preocupado, cómo no, de que los chilenos entendamos su legado. Tanto así que ya está organizando la fundación que saldrá a defender su “obra” cada vez que ésta sea torpedeada en el futuro.

Pero, ¿cuál es el legado de Piñera 2010-2014? Su hijo Cristóbal sostuvo hace pocos días que la herencia política de su padre debía medirse por su capacidad de “cambiarle la cara a la derecha chilena”. El menor de los Piñera Morel tiene un punto. Así como Lagos demostró que un socialista podía hacer un gobierno exitoso después del descalabro allendista, Piñera certificó que su sector también podía habitar La Moneda sin complejos después de los horrores de Pinochet. Varios analistas han señalado que la posición que tomó el Presidente en la conmemoración de los 40 años del golpe marcó un antes y un después en el registro discursivo de la derecha. De carambola, parece que finalmente apareció esa “nueva derecha” que profetizó sin éxito el entonces ministro de interior Rodrigo Hinzpeter al comenzar el gobierno.

El drama es que la parieron con fórceps. Con RN la sangre llegó al río hace rato. Allá, los dueños de la pelota no tienen ninguna gana de ponerle fichas a Piñera 2017. Larraín, Allamand y Ossandón tienen sus propios planes. Con la UDI la relación del Presidente tampoco ha sido fácil. Cualquier intento por “liberalizar” a la derecha es visto con sospecha desde el gremialismo. Piñera pudo avanzar más en materia de igualdad de derechos para parejas homosexuales, por ejemplo, pero en estos asuntos la UDI ejerció su poder de veto como partido de gobierno.

Aun así, durante estos cuatro años Piñera dibujó las líneas matrices de su proyecto político: una derecha post pinochetista, comprometida con el respeto DDHH –recordemos el cierre del penal Cordillera- y tolerante en las llamadas cuestiones valóricas. La pregunta que viene es si acaso esas banderas tienen proyección dentro del paraguas aliancista. Salvo un puñado de leales ministros, los aliados del Presidente se encuentran en la generación de recambio. De hecho, los parlamentarios que renunciaron a RN se rearmaron en un espacio distinto (“Amplitud”) donde la convocatoria es sustantivamente más joven. Hasta la fidelidad de los “Evopoli” debería estar declarada al Presidente que les dio la oportunidad de empuñar sus primeras armas en el aparato público.

El legado de Piñera depende de la proyección de estos grupos. Si el eje de poder vuelve a los coroneles de la UDI o se extiende en los herederos del larrainismo en RN, la obra política del Presidente se perderá en la noche. La paradoja es que si Piñera invierte en potenciar la renovación de su sector, es su propia generación la que debe dar un paso al costado. Es difícil imaginar que el líder vaya a jubilarse voluntariamente. Pues ese parece ser su doble desafío: aliarse con la savia nueva para sacar de escena a sus rivales, cuidándose a sí mismo de no verse damnificado por el ímpetu del recambio.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-02-21&NewsID=259365&BodyID=0&PaginaId=3

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