TRES PREGUNTAS PARA LA “NUEVA DERECHA”

por Daniel Brieba (publicada en The Clinic del 20 de febrero de 2014)

No es exagerado decir que los rumores respecto a la gestación de una ‘nueva derecha’ o de una ‘derecha liberal’, que desafiaría a la vieja guardia conservadora, son casi tan antiguos como el retorno de la democracia a Chile. En efecto, desde la noventera ‘patrulla juvenil’ de Renovación Nacional hasta el día de hoy, es justo decir que una generación completa ha vivido “Esperando a Godot”, como acertadamente nombrara Andrés Velasco a esta inconclusa saga.

La reciente aparición de Evópoli y Amplitud en el mapa de la centroderecha sugiere que, al fin, Godot podría estar entrando en escena. No obstante, hay un largo trecho entre la promesa y la realidad de una derecha moderna, liberal y capaz de dotar de nuevo sentido su acción política. Por de pronto, esta ‘nueva derecha’ en ciernes deberá trabajar su respuesta a varias preguntas que, en conjunto, irán configurando su verdadera identidad. Tres de ellas serán de especial importancia.

La primera y acaso más importante pregunta es, ¿Cuánta renovación ideológica tendrá respecto a la derecha tradicional? Esta pregunta importa porque la ‘nueva derecha’ hasta el momento se ha situado a mitad de camino entre un proyecto de renovación generacional y un proyecto de renovación ideológica. ¿Se trata, pues, de constituir un polo de pensamiento liberal dentro del espectro político chileno, o se trata más bien de aglutinar a las nuevas generaciones de centroderecha bajo una bandera menos vetusta que las de RN y la UDI? Hasta cierto punto se puede hacer ambas cosas a la vez, en la medida en que las generaciones sub-40 de la Alianza suelen ser menos conservadores en lo moral y menos ortodoxas en lo económico que los partidos de ésta. Pero no por ello se elimina la tensión latente entre encarnar un proyecto generacional que simplemente actualice y modere la fusión liberal-conservadora de la derecha tradicional, y otro de corte ideológico que articule sin complejos un ethos político plenamente liberal, que rompa con la herencia ideológica de Jaime Guzmán (cuya larga sombra se extiende mucho más allá de la UDI) y que así se distinga nítidamente de aquella derecha en múltiples planos.

Una segunda pregunta refiere a la relación que la ‘nueva derecha’ tendrá con el pasado, y en particular, con la dictadura de Pinochet. En la medida en que está compuesta por jóvenes que no participaron de dicho gobierno, la ‘nueva derecha’ puede insistir con razón en que no tiene relación alguna con esos hechos ni explicaciones personales que dar al respecto. No obstante, la identificación entre la derecha y la defensa de Pinochet ha sido hasta aquí – guste o no – un elemento constitutivo de la identidad del sector para la ciudadanía. Bien lo sabe Evelyn Matthei, cuya campaña presidencial no fue capaz de distanciarse decisivamente de dicho gobierno y sufrió por ello. Así las cosas, casi no valdría la pena hablar de una ‘nueva derecha’ si es que ella no parte de un distanciamiento simbólico explícito, consistente y robusto respecto a la dictadura – no tan sólo condenando las violaciones a los DDHH, sino también el hecho de que ésta haya impuesto un proyecto político y un orden institucional por la vía de la fuerza. Por cierto, cosa distinta es el juicio que se tenga sobre las políticas implementadas en esa época y la conveniencia de mantenerlas o cambiarlas. Pero lo que la ‘nueva derecha’ no puede eludir es la construcción de una narrativa respecto al pasado reciente de Chile que rompa públicamente cualquier atisbo de continuidad histórica y toda suerte de cordón umbilical (simbólico, afectivo o político) entre su propio proyecto y la dictadura.

Por último, una tercera pregunta que eventualmente se tendrá que resolver refiere a los socios de esta ‘nueva derecha’: ¿serán los liberales de centro o los conservadores de derecha? Puesto que difícilmente los movimientos políticos liberales fuera de las fronteras de la Alianza – pienso en Fuerza Pública, en Red Liberal y el Partido Liberal –participarían de una coalición que los hiciese socios de ruta de la UDI, es probable que la derecha liberal tenga que optar o por unos o por otros. Dada la actual configuración de fuerzas y el sistema electoral vigente, los conservadores corren sin duda con ventaja: su poder político y su capacidad de movilización son mucho mayores. No obstante, en la medida en que la ‘nueva derecha’ efectivamente se distancie ideológicamente de la herencia guzmaniana y de la sombra de la dictadura, sus aliados naturales – y el espacio ideológico y electoral por llenar – estarían más bien en el centro liberal, al menos en la medida en que este fragmentado sector adquiera cierta unidad política y consistencia interna. Ello abriría una compleja disyuntiva entre la necesidad de construir mayorías políticas y la apuesta por un proyecto político de mayor coherencia ideológica. No obstante, quizás conviene no adelantarse tanto: antes de saber con quién se debiera juntar Godot, lo primero es saber si Godot, efectivamente, ha llegado; y para eso, el 2014 sin duda será decisivo.

Link: http://www.theclinic.cl/revistas/the-clinic-533/

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