BACHELET NI TRANSPIRÓ

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 23 de marzo de 2014)

“Me imagino que la idea es apoyar nuestras reformas”, respondió risueña la Presidenta Bachelet cuando le preguntaron por la llamada Marcha de Todas las Marchas que se realizó ayer en Santiago. En una frase, Michelle transmitió que no había razones para interpretar la actividad como una crítica a su gobierno. De hecho, en los días anteriores había hecho varios gestos a los grupos convocantes. En menos de una semana su comité de ministros desahució Hidroaysén y desde la cartera de Justicia se anunciaba el proyecto de matrimonio igualitario. Se dice incluso que algunas organizaciones –como la Confech- decidieron bajarse porque no estaba claro si la marcha era a favor o en contra del Ejecutivo.

Los convocantes insistieron en que la suya no era una marcha oficialista ni mucho menos. A fin de cuestas el partido de Marco Enríquez-Ominami tenía todas sus huellas digitales en el evento. Por eso era tan importante para algunos subrayar el acuerdo supuestamente transversal de la marcha: una asamblea constituyente para Chile. El resto de las causas –o al menos parte importante de ellas- no deberían ser problemáticas para la Nueva Mayoría, sobre todo ahora con una DC reducida en relevancia. En cambio, la AC son palabras mayores. Para el gobierno lo ideal sería sacar adelante una nueva Constitución pero por alguna vía menos dispendiosa y más controlada.

Respecto de la marcha propiamente tal –que fue masiva y en general de carácter festivo y hasta familiar- se dijo que entre tanta demanda diversa se perdía el foco del petitorio. Se dijo que por lo mismo era una movilización “blanda”. Pero esa es una lectura reductiva. Es cierto que a veces lo que es de todos no es de nadie. Todos es mucha gente. No era sencillo delimitar quiénes estaban dentro y quienes quedaban afueras. Hasta la Garra Blanca llegó con su delegación. Sin embargo la heterogeneidad en sí misma es una señal. Significa que hay decenas de agrupaciones ciudadanas que están complejizando su participación en el debate público con nuevas alianzas. Siguen reconfigurando el mapa del poder visibilizando sectores relativamente marginalizados. Amplían la cancha para que también jueguen los actores informales del sistema político. Densifican el tejido social. Y todo eso es positivo.

Bachelet sabe que la oportunidad de volver a gobernar se paga absorbiendo parte importante del ímpetu transformador del llamado movimiento social. Por tanto, la Presidenta evitará –por el tiempo que sea posible- que la gente perciba un enfrentamiento entre ella y la calle. Pondría a millones de chilenos en una suerte de conflicto de lealtades. Entre Piñera y la calle, no era muy difícil saber hacia dónde se inclinaba el corazón de la ciudadanía. Con la Jefa es asunto distinto. A ella le conviene que la presión social le ayude a posicionar una agenda más progresista en algunos ámbitos. En el fondo le conviene como herramienta contra la derecha. El resto es volver a poner en práctica la proverbial habilidad de la vieja Concertación –más la ayuda del PC- para contener el conflicto.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-03-23&NewsID=262192&BodyID=0&PaginaId=10

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