EL MINUTO DE SILENCIO DE CAMILA

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 6 de abril de 2014)

Camila Vallejo no se puso de pie en el minuto de silencio con que la Cámara de Diputados conmemoró el 23° aniversario del asesinato del senador y fundador de UDI Jaime Guzmán. Sus colegas gremialistas acudieron al tribunal de ética para exigir algún tipo de sanción a la joven legisladora comunista. Según ellos, Vallejo habría  incurrido en una falta de respeto inédita en la casa de la democracia. La ex dirigente estudiantil se defendió diciendo que no podían obligarla a homenajear a una persona que había sido, a sus ojos, tan dañina para el país. ¿Quién tiene razón?

Hay que hacer algunas distinciones. No es lo mismo participar en un momento de reflexión que repudia la violencia política en Chile que alabar las virtudes del arquitecto institucional de la dictadura. Lo primero debería unir transversalmente a toda la clase política. Así parece que lo entendieron los propios compañeros de Camila: Karol Cariola, Guillermo Teillier y Daniel Núñez se pusieron de pie guardando todas las formalidades de la ocasión. A Guzmán le arrebataron la vida por razones ideológicas en plena democracia y en el ejercicio de su función parlamentaria. En este sentido el mensaje de rechazo no debe tener fisuras, haya sido Guzmán o cualquier otro la víctima. Cosa distinta es rendir honores a la vida y obra de una persona. Si ése fuera el caso, todos nos reservamos el derecho de homenajear a quien nos parezca pertinente. Las explicaciones de la diputada Vallejo revelan que ella asumió que le estaban pidiendo esto último.

Por otra parte, no es tan cierto que este desaire fuera inédito. Hace apenas dos años la Cámara solicitó el mismo minuto de silencio para recordar la muerte del Presidente Salvador Allende al conmemorarse 39 años del golpe militar. En ese entonces fue un congresista de la propia UDI el que interrumpió calificando al ex mandatario como “cobarde”. Si ponemos ambos episodios en una escala de indecoro republicano, el exabrupto del diputado Urrutia merece muchísimo más reproche. Vallejo se quedó sentada, pero al menos mantuvo silencio y se abstuvo de hacer comentarios hirientes o divisivos. La bancada UDI también se ausentó de la sala cuando se pidió silencio por el fallecimiento del presidente venezolano Hugo Chávez. En eso Vallejo tiene un punto: el partido de Guzmán tiene tejado de vidrio.

Finalmente, queda una reflexión sobre la frustrante incapacidad de las nuevas generaciones para establecer un clima de amistad cívica que los distinga de aquellos que llevaron a Chile al despeñadero hace algunas décadas. Camila tiene 25 años. Los diputados que la acusan (Juan Antonio Coloma Jr. y Felipe De Mussy) tienen 33 y 31 respectivamente. Más que nadie, ellos tienen la perspectiva para entender el brutal desgarro que produce la pérdida de seres queridos a manos de la intolerancia política, pero algunos insisten en considerar solamente las heridas del bando propio. Los gestos de reconocimiento y empatía no son exigibles por ley ni reglamento. Hay que trabajarlos con un grado de generosidad que para muchos puede ser debilidad o traición. Pero es el mejor camino para no repetir los errores –y horrores- del pasado.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-04-06&NewsID=267952&BodyID=0&PaginaId=12

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