LA DOCTRINA GUTENBERG

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 8 de agosto de 2014) 

Gutenberg Martínez ha vuelto. Quizás nunca se fue, pero la alta votación que obtuvo en la reciente elección de consejeros nacionales de la Democracia Cristiana le granjeó la tribuna mediática necesaria para decir un par de verdades. O al menos, lo que para parte importante de la familia DC son verdades.

Primero, Martínez transmite la importancia de reafirmar la identidad del mundo democratacristiano dentro de la Nueva Mayoría. Algunos temen que el entusiasmo bacheletista de la disidencia –Rincón, Pizarro, Cornejo, Provoste y compañía- pueda terminar por difuminar los contornos propios. Está fresco el amargo recuerdo de los miles de camaradas que optaron por la candidata socialista Michelle Bachelet en lugar de Claudio Orrego en las primarias. Gutenberg, en alianza con el timonel Ignacio Walker, está de regreso para picanear el amor propio del falangismo.

A renglón seguido, el mensaje de Gutenberg apunta a conservar los equilibrios políticos al interior de la coalición oficialista. “No puede haber hegemonías de unos sobre otros”, ha dicho. Lamentablemente en este punto los deseos contrastan con la realidad. Como ha sugerido con asertiva acidez Pepe Auth “la DC ve con nostalgia su relevancia de antaño”. Los noventa quedaron en el pasado y a la otrora poderosa tienda de Aylwin, Frei y Valdés hoy no le queda otra que resignarse a un papel secundario. Era una decadencia política previsible, pero no por previsible se hace más fácil de digerir.

Gutenberg Martínez ha insistido en la necesidad de preservar la idea de “un acuerdo entre dos mundos”, refiriéndose al humanismo cristiano que ellos representan y al humanismo laico que representaría el bloque PS-PPD. Pero es un error de diagnóstico estimar que la Nueva Mayoría está fundada sobre ese equitativo (y anticuado) acuerdo. Aquella fue la fórmula para derrotar a Pinochet y conducir la transición. El regreso de Bachelet a La Moneda, en cambio, se cimentó sobre la absorción y cooptación de las demandas del llamado movimiento social que asoló al gobierno de Piñera. ¿O acaso los elementos centrales del programa –como nueva Constitución, fin al lucro o gratuidad universitaria- provienen de alguna reflexión emanada, compartida y masticada por la vieja elite concertacionista?

La DC se resiste a ser “el vagón de cola” del oficialismo. Es la expresión de un deseo legítimo. Gutenberg tiene un punto: las alianzas políticas exitosas y sustentables son de mayorías, y en Chile la mayoría se consigue sumando centro e izquierda. La pregunta relevante es si acaso la DC puede hacer algo real –y  no sólo expresar un deseo- para no convertirse en comparsa. Y más importante aún, si acaso una coalición de izquierda progresista (sin la DC) no tendría por sí misma las herramientas necesarias para configurar en el futuro próximo una mayoría política, programática y electoral. No es una idea descabellada, si finalmente es cierto eso que en Chile el eje se corrió hacia la izquierda.

Quizás en un arrebato auto-profético, Martínez ha señalado que “la Nueva Mayoría es un acuerdo político-programático que tiene fecha de caducidad”. Para graficar la idea, añade que no hay nada firmado sobre enfrentar las futuras presidenciales en forma unitaria. Pero cuesta imaginarse a la DC en otra parte, al menos mientras la generación que padeció la dictadura siga activa y consciente. El problema del lote de Walker es similar al de Andrés Velasco: si bien tienen puntos de acuerdo con una parte razonable de la derecha, no se visualizan a sí mismos compartiendo pacto con aquellos que Piñera bautizó como “cómplices pasivos” de la dictadura. Es enteramente comprensible. Difícil dilema: seguir aguantando estoicamente las bravuconerías que obsequian parlamentarios como Fidel Espinoza, o hacer de tripas corazón para conversar con RN y la UDI.

Lo más probable es que la sangre no llegue al río. Las altas esferas de La Moneda tomarán nota del berrinche del “Gute” y optarán por una estrategia de paños fríos. Lo anterior incluye tomar un poco más en serio las objeciones de la DC –especialmente para la discusión educacional, campo donde los expertos de la falange han sido muy críticos- y tener más delicadeza en el trato a sus cuadros burocráticos. Porque no toda la bronca de la DC es ideológica o afectiva. Es también administrativa y funcionaria. No olvidemos que se trata de un partido acostumbrado a operar en las redes del Estado. Por primera vez en mucho tiempo esos cuadros están siendo desplazados por la influencia de caciques de otros partidos. Dicen que muchos de ellos votaron por Bachelet para recuperar la pega. Hoy no están tan seguros de haber hecho la inversión correcta.

Como dice el propio Gutenberg, “veremos qué pasa”.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2014/08/08/070844-la-doctrina-gutenberg

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: