OCKHAM Y EL BOMBAZO

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 14 de septiembre de 2014)

Necesitamos saber quiénes fueron los infelices que hicieron explotar la bomba del metro. Para contener el fenómeno microterrorista que inevitablemente alimenta la sensación de inseguridad y para que los responsables paguen su culpa. Pero como suele suceder en estos casos, la ansiedad de castigar a los culpables se confunde con la satisfacción cognitiva que nos producen los chivos expiatorios. Las teorías explicativas abundan. Las especulaciones están a la orden del día. Todos tenemos una hipótesis.

El principio de parsimonia -también conocido como la navaja de Ockham- recomienda quedarse con la alternativa menos rebuscada. Suele funcionar, aunque le pese a los amantes de las teorías conspirativas. Por eso es poco plausible la tesis que echó a correr el presidente del PPD Jaime Quintana. Según Quintana, detrás del bombazo estarían ciertos grupos de agentes represivos de la dictadura que por alguna razón se encontrarían activos. No es imposible, pero es improbable. Parece una tesis políticamente motivada antes que cimentada sobre buena lógica.

Se ha dicho que la derecha sale ganando con esta situación. En cierto sentido, eso es cierto. Hace unas semanas atrás estábamos todos hablando de las reformas que propone el gobierno. Entre el discurso de la desaceleración económica y ahora el espectro de la inseguridad ciudadana, La Moneda perdió el control de la agenda. Por lo demás, cuando el eje semántico del debate se concentra en la economía y la seguridad, la derecha chilena se siente más cómoda que la izquierda que hoy habita el poder.

Pero el teórico efecto que la derecha se beneficie políticamente de esta contingencia -por trágico que suene- es completamente independiente de su causa probable. Volviendo a la navaja de Ockham, la teoría más verosímil -por el momento- tiende a ligar este episodio a una serie de ataques previos que se han reportado. Aunque puede ser simplón referirse genéricamente a los sospechosos como “anarquistas”, algo de sentido común hay en esa asociación: se han conocido organizaciones locales que dicen portar banderas ideológicas similares y que no descartan la vía violenta para remecer a la sociedad y conquistar sus objetivos.

De ahí a vincular al movimiento estudiantil -como lo habría hecho un reportaje televisivo- hay un océano de diferencia. Es verdad que algunas federaciones estudiantiles están lideradas por dirigentes que supuestamente son afines a un tipo de anarquismo filosófico. Pero ellos compiten en elecciones y utilizan los espacios públicos usualmente a rostro descubierto para transmitir su mensaje. Hoy no se pueden quejar de ejercer escasa influencia política en el debate actual. En cambio, los tipos que pusieron la bomba no están participando de ningún debate. De hecho, lo están matando. La necesidad de seguridad pública es tan básica e imperativa que tiende a desplazar las agendas de transformación estructural más ambiciosas.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-09-14&NewsID=288346&BodyID=0&PaginaId=15

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