CONTRALOR DESBOCADO

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 5 de octubre de 2014)

Se salió de madre el Contralor General de la República, don Ramiro Mendoza.  Usualmente de bajo perfil, esta vez sacó la artillería pesada para criticar al gobierno y algunas de sus reformas emblemáticas en una clase magistral que dictó en una universidad capitalina. Dijo, entre otras cosas, que estaban pasando “cosas muy estúpidas”, para luego ejemplificar con una serie de iniciativas legales que han estado en discusión en el último tiempo: nueva constitución, fijación de precios en planes de salud, aporte previsional solidario, estatización de algunos servicios, etcétera. Es decir, don Ramiro se matriculó en el bando opositor a los desvelos de la Nueva Mayoría y entró a terciar en un debate ideológico como si se tratase de un actor político más.

Con la salvedad que no es un actor político más.

Uno puede estar de acuerdo o en desacuerdo con el fondo de las expresiones del Contralor, eso es legítimo. Mendoza podría tener razón en sus dichos. Lo que no parece adecuado es que una institución del estado del perfil de Contraloría se meta en la contingencia tomando partido de esta manera. Su rol es velar por la legalidad de los actos administrativos, no calificar la sensatez de las políticas públicas promovidas por el Ejecutivo o el Congreso. En cierto modo, es el árbitro del partido. ¿Se imagina a un árbitro burlándose o increpando a un jugador por perderse un penal? Esto no significa que vaya a ser parcial en sus decisiones referiles –puede tratarse de un árbitro naturalmente extrovertido o verbalmente incontinente- pero afecta la imagen de neutralidad, altura y equidistancia que debe mantener respecto de los contrincantes. Varias cabezas calientes en la izquierda están esperando algún pronunciamiento negativo de Contraloría para acusarlo de estar sometido a los intereses de la oposición y vetarlo definitivamente.  Por eso, a veces no sólo hay que ser -no hay dudas sobre la rectitud del Contralor- sino también parecer.

En la derecha, era que no, celebraron a Mendoza. Dijeron que sus palabras interpretaban a la gran mayoría de los chilenos, lo que no es enteramente correcto. También lo exculparon de la crítica señalando que el Contralor hacía uso de su libertad de expresión, pero este argumento tampoco parece procedente. Por supuesto que los ciudadanos gozan de libertad de expresión. Sin embargo existen situaciones puntuales en las cuales nos vemos restringidos por el rol que jugamos en la vida pública. La UDI está enojada porque la fiscalía estaría filtrando antecedentes del Caso Penta donde varios de los suyos están involucrados, pero ¿se imagina al ministerio público alegando su derecho a libertad de expresión? Aunque el Contralor no tenga una reserva legal al respecto, sí podría caberle una reserva meramente política o prudencial. Imagine ahora si don Ramiro se hubiese referido hace dos o tres años al gobierno de Sebastián Piñera en iguales términos. ¿Cree usted que los partidos de derecha habrían salido a defender su derecho a opinión? Por supuesto que no. Los papeles se habrían revertido simétricamente. El único que tuvo la distancia y consecuencia de no subirse al carro de la victoria fue el senador gremialista Hernán Larraín, quien reconoció que “no es propio de un Contralor hablar así”.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-10-05&NewsID=289966&BodyID=0&PaginaId=11

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