EL YATE DE LA DISCORDIA

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 18 de enero de 2015)

Partamos por lo básico: el problema grave sigue siendo el caso Penta y los principales afectados siguen estando en la esfera de la derecha, particularmente en la UDI. Lo anterior no significa que el resto de los actores de la política chilena estén exentos de escrutinio público. Lo ha dicho el propio ministro vocero: nadie está por encima de la ley. Si eso es correcto, entonces el gobierno y la Nueva Mayoría no pueden acusar una campaña sucia contra la presidenta Michelle Bachelet cuando surgen antecedentes que, a primera vista, parecen sospechosos.

La sospecha emana de las propias contradicciones de los protagonistas del comentado paseo en el yate neoyorquino, que tenía por objeto recaudar fondos para la campaña de la entonces candidata Bachelet. Primero fue el ministro de Relaciones Exteriores Heraldo Muñoz, que en su calidad de anfitrión y convocante de la actividad reconoció la presencia de contribuyentes extranjeros. Luego se desdijo: eran puros chilenos en la fiesta. A continuación habló el organizador del exclusivo recorrido náutico, quien confirmó que la asistencia incluía nacionales e internacionales (todos los cuales debían ponerse con un buen billete en dólares). Luego también se retractó y como robot repitió: eran puros chilenos en la fiesta. Raro: ¿para qué se emite una invitación en inglés si todos los destinatarios son compatriotas?

Hay dos niveles de reproche posible. El primero es el legal: nuestra normativa electoral no permite financiar campañas con platas foráneas. Pero los acusados tienen coartada: las lucas entraron al país con un cheque del recaudador chileno. La pregunta es si acaso el espíritu de la ley no se ve algo torcido con esta explicación. Pero es fácil de zafar. El segundo reproche es ético: ¿hasta cuándo las verdades a medias para salvar el pellejo? Una lástima por el Canciller Muñoz, que venía como avión y se ve envuelto en una polémica demasiado rasca para su investidura. Por si fuera poco, el actual secretario de estado era entonces funcionario de un organismo internacional que prohíbe explícitamente los actos proselitistas.

En la vereda del frente recibieron la noticia como el premio de la lotería y como era previsible buscaron empatar la situación. Aunque sin mucha clase: la imagen de los diputados UDI sosteniendo imágenes del yate fue risible. El presidente de RN también quiso ser gracioso y comentó “vemos un canciller que se pasea en un yate estilo Miami Vice”. Es decir, ni siquiera pudieron fraguar una puesta en escena mínimamente seria para capitalizar. Para la derecha el yate-gate es apenas un (auto) gol de descuento en un partido que van perdiendo por goleada.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-01-18&NewsID=299347&BodyID=0&PaginaId=16

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