Archive for 28 febrero 2015

LA DERECHA Y LA EMERGENCIA DE SUS NUEVOS INTELECTUALES

febrero 28, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador del 27 de febrero de 2015)

Hace algunas semanas, en medio del temporal del caso Penta, se refundó la centroderecha chilena. O al menos, eso nos quisieron decir la UDI, RN, Evopoli y el PRI al firmar un acuerdo coalicional que con mucha personalidad calificaron de “histórico”. La puesta en escena fue pobre, el sentido de oportunidad fue lamentable y la consistencia política de la idea de una fragilidad abismante, como se encargaron de enrostrarlo columnistas y dirigentes ligados al sector. Esta columna tiene por objeto ponerle otro clavo a ese ataúd, pero en una clave relativamente inexplorada: del tenor del documento suscrito –titulado “Bases para la construcción de un nuevo gobierno para Chile”- se desprende que los partidos y movimientos en cuestión están trabajando al margen de los intelectuales que pertenecen a su mundo cultural. En el texto no hay nada sustancialmente distinto a lo que se viene repitiendo en cuñas televisivas, nada que advierta que la derecha entiende las tensiones discursivas del Chile contemporáneo, ninguna reflexión crítica respecto de los principios que históricamente han defendido.

Pero, ¿dónde están los intelectuales de la (nueva) derecha? ¿Quiénes serán los encargados de darle soporte doctrinario a la propuesta y de articular el relato que se necesita? ¿Quiénes ocuparán los roles de Fernando Atria, Alberto Mayol o Carlos Ruiz, por mencionar a algunos de los ideólogos y formadores de la izquierda post-concertación?

En los partidos no están. La generación dorada que condujo los destinos de la UDI y RN tuvo que enfrentarse al veredicto de las urnas apenas regresó la democracia. Han sido políticos profesionales toda su vida. Esta completa dedicación logística, parlamentaria y electoral les impidió contar con las condiciones ambientales que se requieren para un trabajo intelectual de largo aliento. Una travesía en el desierto no basta para construir músculo académico de elite. Esas tareas recayeron durante dos décadas en los Centros de Estudios ligados a la derecha política, económica y cultural: mientras los partidos hacían política, en Libertad y Desarrollo y en el CEP se pensaba la política. Este fue el nicho desde donde contribuyeron las mejores mentes de la derecha no-electoral. La Fundación Jaime Guzmán y el Instituto Libertad complementaban la demanda de insumos para el trabajo legislativo.

Algo cambió en los últimos años. Nadie discute la robustez institucional del Think Tank que dirige Luis Larraín o del que actualmente comanda Harald Beyer. Sin duda seguirán siendo referentes relevantes, especialmente para aquella generación que no participa activamente de los nuevos medios de discusión pública. Pero su ascendencia se ha ido diluyendo ante la aparición de otras voces más jóvenes que sí han sabido capturar el espíritu de su tiempo y entienden que la batalla de las ideas ya no se libra en el cuerpo de reportajes mercurial. En definitiva, el escenario se dinamizó: silenciosamente, los hijos y nietos de aquellos que se dedicaron a la política profesional tuvieron más tiempo para reflexionar críticamente sobre la derecha a la que pertenecían por tradición familiar. No lo hicieron al alero de los Centros de Estudio existentes, sino que reclamaron su derecho a fundar sus propias instituciones antes que oxigenar las existentes.

Hay dos o tres casos llamativos. Uno es Horizontal, el brazo doctrinario de Evopoli. Su director Hernán Larraín Matte se ha mentalizado en la necesidad de construir una derecha moderna. El tono de la conversación teórica que se desprende de algunos de sus documentos los acerca al ideal liberal-igualitario de John Rawls o Amartya Sen (e incluso de Elizabeth Anderson) antes que al de autores tradicionales de derecha. Otro caso digno de mención es el Instituto de Estudios de la Sociedad (IES). Aquí convive la pluma del filósofo Daniel Mansuy con la del antropólogo Pablo Ortúzar. El primero es lo más parecido al Carlos Peña que la derecha nunca tuvo: un republicano a la francesa que considera imperativo impulsar deliberación política sobre los límites del mercado. Es además uno de los mejores columnistas del sector. El segundo es un católico culturalista que intenta actualizar los términos de la alianza liberal-conservadora como matriz de una nueva derecha chilena. Acaba de traducir al castellano el libro The Big Society de Jesse Norman -que inspiró el renacer del Partido Conservador en Reino Unido- e integra también el directorio de la fundación Cientochenta. Un discurso parecido al de Mansuy ha expuesto últimamente Hugo Herrera, que tampoco está en los Think Tanks noventeros sino que se desempeña como Director del Instituto de Humanidades de la Universidad Diego Portales. Formado académicamente en Alemania, Herrera acaba de preguntarse en una columna si acaso la derecha chilena no debiera emular a la derecha de Angela Merkel y adoptar definitivamente la defensa de un estado de bienestar. Su reciente libro sobre la crisis intelectual de la derecha será sin duda lectura obligada en el sector. Más ortodoxo es el discurso de Axel Káiser y en general de la Fundación para el Progreso donde oficia como Director Ejecutivo. La narrativa liberal clásica de Káiser saca ronchas en la izquierda pero también incomoda a la derecha conservadora: no sólo aspira a reducir el ámbito de intervención estatal en la economía sino también a arrebatarle a la autoridad la capacidad de decidir por nosotros en el ámbito físico o moral. Su institución acaba de ser elegida entre los mejores nuevos Think Tanks por la Universidad de Pensilvania. Al otro extremo del libertarianismo a-la-Káiser se encuentra IdeaPaís, agrupación socialcristiana que le da sustento doctrinario al novel movimiento Construye Sociedad –que estaría siendo sondeado para integrar la coalición en comento. En resumen, hay corrientes ideológicas para todos los gustos. ¿Cuál de todas estas derechas encarnará la nueva coalición? ¿Tendrán espacio para dialogar y debatir antes de cortar la cinta de la naciente plataforma electoral?

La lista precedente no es taxativa. La ampliación de posibilidades de publicación en blogs y medios digitales ha permitido la aparición de notables polemistas que de otra manera habrían tenido que esperar la jubilación de Gonzalo Rojas Sánchez para tener un espacio. Otros son menos ávidos al debate contingente pero están pensando a su sector desde tribunas académicas. Esto no quiere decir que la centroderecha pueda prescindir del aporte de sus intelectuales consagrados. Los nombres de Alfredo Jocelyn-Holt, Héctor Soto, Leonidas Montes, Lucas Sierra, Arturo Fontaine o Joaquín García Huidobro –por nombrar solo algunos- siguen vigentes. Pero ya no están solos. Ninguna derecha renovada se puede construir sin prestar atención a las nuevas voces que han emergido en apenas unos años. Los partidos tradicionales tienen que aceptar que esa materia gris no está en la casa y hay que ir a buscarla afuera. Por loables que sean los esfuerzos que se levantan en iniciativas tipo “Academia RN”, lo cierto es que escuchar las memorias de Miguel Otero, Carlos Larraín o Sergio Romero no producirá la estimulación adecuada. Tampoco se puede poner todo en las manos de los Centros de Estudios de siempre como se hizo para tantos programas presidenciales. Si la derecha quiere hacer algo realmente interesante desde el punto de vista de la reflexión filosófica, tiene que incorporar actores que no piensen en cuidar la parcela sino que tengan ganas de destruir para construir algo nuevo. La tesis de la renovación o el reemplazo no sólo se aplica a los movimientos que disputan el poder en elecciones, sino también a los referentes que compiten por influencia intelectual.

Hasta ahora, sin embargo, hemos visto muy poco de aquello. Llámese como se llame la nueva coalición de centroderecha, le será imperativo acometer un proceso serio de cirugía ideológica compleja. Los intelectuales de izquierda estuvieron muy activos durante el gobierno de Piñera. Le dieron soporte doctrinario a las demandas del movimiento estudiantil, las que luego fueron la base del proyecto de Bachelet 2.0. Dicen que en 2011 los líderes de la Confech iban subrayando los libros de Atria de camino a exponer en el Congreso. ¿Qué artículos subrayarán los jóvenes de derecha a la hora de profundizar sus ideas? Porque si van a ir releyendo el documento fundacional redactado por los secretarios generales de los respectivos partidos y movimientos, no hay armas ni para presentarse a la batalla de las ideas.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2015/02/27/1/

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SABAS CHAHUÁN AL RESCATE

febrero 25, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 25 de febrero de 2015)

El Fiscal Nacional Sabas Chahuán dio un golpe de autoridad y concentró en su mano la investigación del caso Penta y todas sus aristas. Además restituyó al desplazado fiscal Carlos Gajardo incorporándolo en su flamante equipo. Según declaró, aparecieron nuevos antecedentes que ameritaron la decisión. Qué descubrimientos pudieron motivar una jugada así es un misterio, pero hay un par de interpretaciones recurrentes.

La primera es que la cosa viene color de hormiga y solo el mandamás de la Fiscalía está en condiciones de resistir las presiones políticas que seguramente se harán sentir. Hay mucho pez gordo involucrado y se necesita un pescador peso pesado que no se amilane ni busque contentar a la clase política. A fin de cuentas, Chahuán va de salida en su cargo. En cambio, sería un secreto a voces que el fiscal Alberto Ayala -que recibió sorpresivamente el caso Penta que llevaba Gajardo- aspira a quedarse con el puesto de Chahuán, para lo que necesita el apoyo de parte importante de la clase política.

La segunda interpretación es que el Fiscal Nacional sale a defender el cuestionado honor de su institución. Apenas se supo que la investigación salía de las manos del fiscal Gajardo, se multiplicaron las hipótesis cochinas. La más dañina era la siguiente: al poner a un hijo de un senador PS a cargo de una investigación que afecta directamente a parlamentarios de la Nueva Mayoría, el oficialismo habría estado moviendo sus hilos para salir libre de polvo y paja. Aunque nadie emitió dudas sobre el profesionalismo del fiscal Andrés Montes, era evidente que la señal hacia la ciudadanía era confusa. Si Montes no encontraba nada, crecería la sospecha.

Probablemente sea un poco de ambas. La Fiscalía Nacional no funciona al ritmo de la aprobación ciudadana y está bien que así sea. Pero en tiempos delicados como los que corren, hay ciertas decisiones que son comprensiblemente rechazadas por la opinión pública. Entre ellas un cambio de fiscal que lo está haciendo bien por otros que tienen nexos o aspiraciones políticas. Chahuán se apersona para ponerle coto a la falta de sentido común que se apoderó de la Fiscalía Nacional mientras estaba de vacaciones.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-02-25&NewsID=302484&BodyID=0&PaginaId=25

DARWIN, FRANCISCO Y LA EVOLUCIÓN DEL VATICANO

febrero 24, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 20 de febrero de 2015)

A fines del 2014, el Papa Francisco declaró que la teoría de la evolución no contradecía la creencia cristiana en la creación, sino por el contrario, requería de un creador divino que la pusiera en marcha a través de un acto supremo de amor. Los medios de comunicación corrieron a amplificar la noticia, sugiriendo algunos que la milenaria disputa entre ciencia y religión habría llegado a su fin. Los titulares se multiplicaron, destacando que el Sumo Pontífice descartaba que Dios fuera “un mago con una varita mágica”, al mismo tiempo que aceptaba la idea del Big Bang como origen del universo. ¿Son realmente revolucionarias las palabras de Bergoglio? ¿Podemos decir que su pontificado marca un cambio radical respecto de la posición que frente a estos mismos temas tenían sus antecesores? No necesariamente. Frente a los magníficos desafíos del descubrimiento de Darwin, la doctrina católica también ha evolucionado, lentamente, a través de pequeños cambios graduales.

¿Sólo una teoría?

La publicación de El Origen de las Especies (1859) y luego El Origen del Hombre (1871) fue un terremoto para aquellas denominaciones religiosas apegadas a una interpretación literal de la Biblia. No así para la Iglesia Católica. Si bien en algunos círculos conservadores la entonces hipótesis de Darwin fue recibida con indignación y desconfianza –pues su materialismo tácito presagiaba corrupción moral e incluso comunismo- la mayoría de los pensadores católicos optó por la prudencia. Desde entonces, varios esfuerzos se hicieron para compatibilizar intelectualmente una teoría científica que explicaba la biodiversidad poniendo de cabeza el tradicional argumento del diseño y sin recurrir a recursos explicativos sobrenaturales, con la necesidad teológica de una especie particularmente creada a imagen y semejanza divina.

El primer hito que estableció una posición del Vaticano fue la encíclica Humani Generis (1950). En ella, el Papa Pío XII sugiere que los católicos pueden aceptar la evolución en lo que respecta a la dimensión física pero no a la espiritual, pues las almas humanas deben ser creadas directamente por Dios. En cualquier caso, Pio XII advertía que la última palabra no estaba dicha respecto a la suficiencia científica del Darwinismo. Es decir, no había problema si los católicos decidían ponerla en tela de juicio. Un leve giro toma la Iglesia Católica con Juan Pablo II, que en 1996 declara que la teoría de la evolución por selección natural es “más que una hipótesis”. El Papa polaco reconoce que a esas alturas nos encontramos con toneladas de información, investigaciones consistentes y descubrimientos que prueban las predicciones establecidas por la síntesis moderna del Darwinismo, que incluye esta vez las maravillas de la genética. Si al católico realmente le importa la verdad, parecía decir Wojtyla, entonces no le quedan buenas razones para dudar que nuestra especie está emparentada con todas las formas de vida que habitan el planeta –muy especialmente con los grandes simios- a través de una sensacional y larguísima historia evolutiva cuyo mecanismo de tracción es puramente natural. Ya no se trata de una teoría plausible, sino de un hecho probado.

La tentación del Diseño Inteligente

Prácticamente no hay voces católicas que abracen el tipo de creacionismo duro que practican los grupos evangélicos norteamericanos (aquellos que afirman que la Tierra tiene aproximadamente 6.000 años en lugar de 4.600 millones y que Dios habría hecho el mundo en seis días tal cual como lo cuenta el Génesis). Sin embargo, a mediados de los noventa surgió en Estados Unidos una versión creacionista bastante más sofisticada: la teoría del Diseño Inteligente. A grandes rasgos, sus partidarios no disputan los datos incontrovertibles de la geología ni desconocen que las especies han macro-evolucionado durante el tiempo. Tampoco que tenemos ancestros comunes con otros animales. Pero sí sostienen que la mutación gradual por selección natural no es capaz de explicar la complejidad irreducible de ciertos organismos. En estos casos se haría patente la intervención de un gran planificador inteligente, el mismo que sintonizó finamente las leyes cósmicas para que la especie humana hiciera su aparición en gloria y majestad en este remoto planeta. Aunque no hay mención expresa al dios abrahámico, no es difícil especular que esta inteligencia omnipotente se le parece. ¿Abrazaron los católicos este creacionismo light con aspiraciones de pedigrí científico?

Algunos se vieron tentados a hacerlo. Una de sus voces más autorizadas, el cardenal austríaco Christoph Schönborn, escribió en 2005 una columna de opinión en el New York Times donde parecía endosar la idea de un diseño divino en la organización de la vida. Muchos vieron en la tesis de Schönborn un retroceso respecto de la aceptación de la teoría de la evolución, que no sólo incluye el dato evidente que los fenotipos cambian a través del tiempo sino además postula que el mecanismo de cambio no tiene nada ver con un diseño predefinido. Al interior del catolicismo se levantaron voces -como la del jesuita y astrónomo vaticano George Coyne o la del respetado biólogo Kenneth Miller – que cuestionaron duramente el estatus científico de la teoría del Diseño Inteligente. Argumentaron además que la religión no debe buscar espacio para Dios en las lagunas aun no explicadas por la ciencia, pues esa estrategia les reventará en el cara cada vez que la ciencia encuentre la pieza faltante –lo que tarde o temprano suele suceder. Por lo mismo, aunque todavía no sepamos exactamente cómo se originó la vida (cómo pasamos de la materia inanimada a las primeras células acuáticas), no parece tácticamente acertado poner todas las fichas de la hipótesis de Dios en esa jugada.

Evolución teísta

Benedicto XVI nunca fue lo suficientemente claro a la hora de quitarle piso a la teoría del Diseño Inteligente. En cambio, no desaprovechó oportunidad para disparar contra el naturalismo doctrinario que –según él- muchos darwinistas exhiben, ése que se atribuye la capacidad de explicar la totalidad de los fenómenos de la realidad espacio-temporal a partir de procesos materiales puramente físicos, químicos y biológicos que prescinden de la idea de Dios. Es decir, un tipo de naturalismo filosófico que implica necesariamente una posición atea. Pero además Ratzinger se opuso a las ambiciones intelectuales expansivas del Neo-Darwinismo, aquellas que intentan aplican el modelo de la selección natural para interpretar la existencia del lenguaje, de la moral e incluso de la misma religión como adaptación o subproducto evolutivo. En efecto, tanto el naturalismo filosófico como la lectura de la religiosidad como mero artefacto ventajoso para el éxito de la especie ponen en riesgo varios de los dogmas centrales del cristianismo.

Últimamente, la reclamación de Benedicto XVI se concentraba en la necesidad católica de reconocer la presencia de un Logos sobrenatural y pre-originario que le diera sentido a un sistema cósmico que de otra manera estaría abandonado al azar y la falta de propósito. Así inauguró su pontificado: “No somos un producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el resultado de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es deseado, cada uno de nosotros es amado, cada uno de nosotros es necesario”. Es la teoría que se conoce como Evolución Teísta y pareciera ser la posición actual del Vaticano al respecto. No niega los descubrimientos de la ciencia respecto al ancestro común y tampoco contradice que el motor principal de la evolución sea la selección natural. Pero agrega que el mecanismo evolucionario fue querido y eventualmente guiado por el Dios cristiano, que de alguna imprimió en su creación los códigos necesarios para que la biodiversidad se desarrollase en forma naturalmente autosuficiente.

Esto le permite efectivamente a los católicos sostener que no tienen inconvenientes con la evolución, lo que por cierto los deja en una mejor posición que sus pares evangélicos, testigos de Jehová o musulmanes que todavía construyen su discurso teológico a partir de la negación de la evidencia. Sin embargo no elimina todas las tensiones. Una teoría naturalista autosuficiente no requiere hipótesis sobrenaturales. Toda adición metafísica corre por cuenta de la fe. Peor aún, existe cierto consenso entre los especialistas que si pudiésemos retroceder la película de la evolución hacia un punto en el pasado y echarla a correr de nuevo, los resultados serían muy distintos. Muy probablemente, los seres humanos no existiríamos. ¿Cómo conciliar esta tesis con la doctrina cristiana que pone la humanidad en el centro del amor de un Dios que siempre estuvo pensando en nuestra aparición?

En resumen, el Papa Francisco no ha dicho nada extraordinario. La teoría del Big Bang fue inventada por un religioso y estuvo a punto de ser ratificada como dogma por el mismísmo Pio XII. La idea de contar con un origen preciso del universo siempre fue bien recibida por aquellos que creen en una poderosa creación divina ex nihilo. Respecto de los elementos básicos de la teoría de la evolución -descendencia con modificaciones, ancestro común y selección natural- sabemos desde los años cincuenta (o al menos desde Juan Pablo II) que no es incompatible con la doctrina vaticana. Por supuesto, la abrumadora mayoría de la comunidad científica rechazaría el agregado: la sencilla y elegante explicación de Darwin no requiere ningún creador sobrenatural ni demanda necesariamente la presencia de un diseñador, como señala el actual Pontífice. En ese punto, el desacuerdo sigue tan abierto como antes.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2015/02/20/060232-la-evolucion-del-vaticano

MATAR AL HIJO

febrero 22, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 22 de febrero de 2015)

Michelle Bachelet regresa de vacaciones y son muchos los que están esperando que se pronuncie respecto del Caso Caval y la renuncia de su primogénito al cargo de Director Sociocultural de la Presidencia. Sin embargo, no es evidente que lo haga. Bachelet ha hecho carrera política por una serie de virtudes, una de las cuales es hablar poco. Las veces que dice lo que piensa –como cuando advirtió que su instinto le aconsejaba retrasar el Transantiago- se mete en problemas. Por lo anterior no sería raro que sus asesores le recomienden guardar estricto silencio acerca del llamado DavalosGate. La esperanza es que marzo venga cargado a la discusión legislativa y los avatares del “primer damo” queden archivados en el olvido. Por cierto, es una estrategia que irritará a la oposición y a todos quienes consideran que es imprescindible saber cuánto sabía la Presidenta de los negocios de su hijo.

Si decide romper el hermetismo, los caminos disponibles son básicamente dos. El primero es prestarle ropa a Sebastián Dávalos. Es decir, confirmar la versión oficial: fue un acuerdo entre privados, no hubo nada ilegal, y su hijo dio una lección de generosidad al dar un paso al costado para no afectar al gobierno. Probablemente sea la opción favorecida por su incondicional amor maternal. Pero no es la mejor de cara a la opinión pública. La ciudadanía ya se hizo una idea –justa o injusta- acerca del talante moral de Dávalos. Si Bachelet opta por protegerlo, se contaminará con un libreto que casi nadie se cree.

Tiene una segunda alternativa: reconocer que Sebastián Dávalos fue imprudente pues no comprendió a cabalidad las exigencias de una estricta separación entre negocios y política –que sin ir más lejos es la conocida crítica del bacheletismo a Sebastián Piñera. Si la Presidenta le tira las orejas públicamente a su hijo, la señal política es relevante: al vestirse de Abraham ofreciendo en sacrificio a la sangre de su sangre, Bachelet recuperaría la altura ética que se requiere para demandar gestos equivalentes a sus adversarios (que hasta el momento no han hecho efectiva ninguna responsabilidad política por el Caso Penta).

En el juego del poder se suele hablar de la necesidad de “matar al padre” cuando los hijos tienen que sacudirse la sombra paterna (o materna) para brillar con luces propias. El Caso Caval pone a Bachelet en una situación curiosa, pues le conviene “matar al hijo” para cortar una infección que en apenas una semana fue capaz de enfermar a su administración. No es muy probable que lo haga –madre hay una sola- pero es una buena salida para convertir una crisis en una oportunidad.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-02-22&NewsID=302124&BodyID=0&PaginaId=16

NO MÁS PRIMERAS DAMAS

febrero 18, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 18 de febrero de 2015)

¿Tiene sentido conservar el cargo de la primera dama en el andamiaje político chileno? Existen varios argumentos para abolir la institución, al menos en su dimensión no-protocolar.

En primer lugar, se trata de una figura establecida en tiempos en los cuales se daba por descontado que el presidente sería hombre. La política era un reino absoluto de varones. Desde entonces, a sus mujeres se les dan una serie de tareas “blandas” –fundaciones y proyectos sociales- que encajarían mejor con sus habilidades naturales. No es difícil advertir el machismo implícito en esta distribución del trabajo. Hoy, en cambio, no hay géneros privilegiados si se trata de calificar la capacidad en el arte de gobernar.

En segundo lugar, la misma idea de la primera dama –o primer damo- es esencialmente nepotista. Aunque la (el) cónyuge haga campaña codo a codo con el (la) candidato (a), es el (la) candidato (a) quien obtiene el cargo. La (el) cónyuge recibe siempre un cargo adicional por el mero hecho de compartir una libreta de familia. Es decir, es una posición relevante que no se consigue apelando al mérito sino a una pura relación de parentesco.

En tercer lugar, los modelos familiares han cambiado bastante. Algunos presidentes son solteros, viudos, separados o divorciados. Otros optarán por uniones civiles hétero u homosexuales. Otros podrían cambiar de estado civil durante el transcurso de su mandato. Todas estas circunstancias hacen relativamente insostenible seguir insistiendo en utilizar a la “primera familia” como proyección del ideal de la familia tradicional.

Finalmente, es perfectamente posible que en el futuro la pareja del presidente quiera seguir desempeñando sus labores profesionales sin necesidad de anexarse a las del marido o mujer. Algunos lo interpretarán como indiferencia al servicio público. A mí me parece que a la política nadie está obligado. Por el contrario, puede ser incluso un gesto de desprendimiento a los privilegios que otorga el poder.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-02-18&NewsID=301737&BodyID=0&PaginaId=14

¿SE FUE A PIQUE LA CREDIBILIDAD?

febrero 15, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 15 de febrero de 2015)

¿Es comparable el caso Penta con la situación que terminó en la renuncia del primogénito de la presidenta Bachelet? Por supuesto, todo depende de los criterios que usemos para establecer un ámbito de equivalencias. Aunque no sean similares en su dimensión legal o su magnitud política, en ambos casos podemos verificar efectos comunicacionales muy negativos para los protagonistas: el gremialismo se está llevando una paliza en las encuestas estivales y es posible presagiar que al gobierno tampoco le saldrá gratis la gracia de Sebastián Dávalos. También podríamos afirmar que ambos episodios retratan las opacas prácticas que imperan en ese gris territorio donde se juntan los intereses económicos con el ejercicio del poder. Varios analistas han visto en la actuación de Dávalos una extensión de la misma lógica de arrogancia e indiferencia a las reglas que habrían aplicado los involucrados en el caso Penta (o en cualquier otro escándalo del género). En otras palabras, el problema estaría en el resorte moral de una elite chilena que cree que tiene el derecho de hacer lo que se le venga en gana.

Hay sin embargo una tercera derivada. Casos como Penta y Caval –esos fríos acrónimos que se hicieron un espacio en nuestras conversaciones- funcionan a la perfección como ingredientes de una potente cazuela de encabronamiento ciudadano. Salvo para los hinchas de lado y lado (que siempre verán la paja en el ojo ajeno antes que viga en el propio), el resto de los chilenos no politizados se indigna por igual al enterarse que sus autoridades tienen las manos manchadas. Le crecen las ganas de salir a la calle con el cartel #QueSeVayanTodos. En ese mar de aguas servidas en que se ha convertido la política en el imaginario de millones de compatriotas, el único flotador para no irse a pique es la credibilidad. La UDI lo perdió. Dávalos lo perdió. Los que tengan ambiciones futuras deben trabajar duro por conseguirse uno.

La discusión de los últimos años en Chile ha sido saludablemente ideológica: hemos discutido arduamente si acaso los pilares del modelo de desarrollo nacional deben ser reemplazados o sólo enchulados. No recuerdo una campaña presidencial que haya insistido tanto en la importancia del programa que la última. Eso demuestra un cierto grado de madurez institucional: no sólo importan las caras sino que las ideas. Pero la emergencia de la credibilidad como virtud central nos obliga a volver a hablar de atributos personales. En especial, acerca de cuánta correspondencia existe entre lo que dice y lo que se hace, entre lo que se es y lo que se dice ser.

En su momento, Andrés Velasco enarboló la bandera de las buenas prácticas. ¡Qué festín se habría dado con ese mismo discurso en un contexto como el actual si no hubiera sido salpicado por el caso Penta! La posición expectante de Marco Enríquez-Ominami también puede leerse en esa clave: libre de contaminación por escandalillos financieros o tributarios, crece automáticamente al derribarse la credibilidad de sus rivales.

Ya no basta, como pensaba la Nueva Mayoría, con tener el programa que mejor represente las ideas transformadoras de la sociedad chilena. Tampoco bastará, como quisiera la derecha, con prometer otro ciclo de bonanza y crecimiento. El factor credibilidad es el único chaleco antibalas del campo de tiro en que se ha transformado la escena política criolla. Los que lo tengan bien puesto quedarán en mejor aspectados para disputar el poder.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-02-15&NewsID=301492&BodyID=0&PaginaId=9

UN FINAL ESPERADO

febrero 14, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 14 de febrero de 2015)

Se terminó una semana jodida para el gobierno y complicada para la Nueva Mayoría. No le quedaban muchas balas a Sebastián Dávalos Bachelet para seguir resistiendo fuego amigo y enemigo. A medida que fue escalando la necesidad de explicaciones fue creciendo también la exigencia de responsabilidades políticas. Hasta que renunció -a regañadientes y visiblemente irritado- el causante de tanta incomodidad oficialista. Dentro de lo deslucido que fue todo, era la salida más razonable. Aun cuando no existan delitos, la política cobra sus deudas con estándares más exigentes. El pecado fue no haberlo entendido antes.

“Muerto el perro se acaba la rabia” dijo en su despedida Xavier Azkargorta. Sin duda la indignación ciudadana bajará algunos tonos con el perdón del primer damo. Pero no se extingue. Al menos hasta que el asunto del tráfico de influencia quede aclarado. Lo que difícilmente se reparará es la percepción instalada que en el entorno íntimo de la Presidenta hay una nota disonante con su discurso de igualdad y su propia imagen de sencillez. Su rol en este incendio permanece en el misterio. Los analistas se rinden a Peñailillo, pero de ella no se oye padre.

De esta manera La Moneda recupera el habla y comienza el trabajo de recuperación de memoria corta: antes de Dávalos -y de Lorenzini- estaba el importante asunto del aborto, donde el proyecto bacheletista cuenta con un abrumador apoyo ciudadano. Y antes de eso, un gran cierre de año legislativo. El caso Caval les arrebató la agenda sin misericordia. La primera tarea es volver a controlarla.

A la derecha se le acaba la fiesta, en todo caso. Todo lo que venga sobre el #DavalosGate será menos intenso que el asedio reciente. Resucita el caso Penta, por de pronto. Probablemente se les pedirá a ellos que también hagan un gesto, léase: que sacrifiquen a uno de los suyos en los altares de la transparencia. Mientras más aprieten en el juego de las sospechas cruzadas, más serán apretados en su tejado de vidrio. Quizás es mejor para todos irse de vacaciones y dejar el ambiente reposar. Ha sido un verano poco estimulante para los amantes de la buena política.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-02-14&NewsID=301464&BodyID=0&PaginaId=18

SELECCIÓN ESCOLAR: ¿POR QUÉ NECESITAMOS UNA ÉLITE SOCIALMENTE DIVERSA?

febrero 12, 2015

por Daniel Brieba (publicada en T13 el 11 de febrero de 2015)

La polémica por el cuasi-fin de la selección académica en el Instituto Nacional y otros colegios emblemáticos dio pie a una interesante discusión. Por un lado, desde la perspectiva de la igualdad de las oportunidades, muchos arguyeron que es injusto que el Estado provea de mejores oportunidades educativas a algunos simplemente en base a su mejor rendimiento académico, ya que todos deben tener igual oportunidad de acceder a buenos colegios.

Desde la otra vereda, algunos postularon que es necesario tener una elite socialmente diversa y que el Estado debe ofrecer una vía de acceso a ésta capaz de competir con los colegios particulares pagados, incluso si ello viola la estricta igualdad de oportunidades en el acceso a dichos colegios emblemáticos.

Aquí quiero llevar este segundo argumento un paso más allá, explicando por qué una elite socialmente diversa es fundamental para una sociedad democrática. En la discusión, muchos suelen asumir que una elite homogénea es simplemente un síntoma del problema más profundo de la desigualdad de oportunidades, y que por ende es esta última la que se debe combatir.

Bajo esta mirada, una élite socialmente homogénea puede revelar mucho sobre la falta de oportunidades de una sociedad y delatar su poca meritocracia, pero no pareciera por sí misma causar mayores problemas.

Sin embargo, esto no es así. Como sociedad tenemos un interés en tener una elite socialmente diversa, independientemente de lo que suceda con la igualdad de oportunidades en la sociedad como un todo.

Para entender esto es necesario dejar de pensar en los puestos de élite como una recompensa privada a ser distribuida entre los miembros de la sociedad, y empezar a pensar en lo que las elites deben hacer por el resto de la sociedad. Al fin y al cabo, en una sociedad democrática la única justificación para la misma existencia de puestos de élite es que ellos sirvan el interés general. Por lo tanto, la pregunta no es quién ‘merece’ ocupar puestos de élite (como recompensa), sino quiénes desempeñarían mejor dichos cargos en función del interés de todos.

En efecto, y como ha señalado Elizabeth Anderson, las élites de una sociedad democrática deben poseer dos características fundamentales si van a servir eficazmente al resto: ser atentos o sensibles a los intereses y demandas de todos los grupos sociales (incluyendo especialmente a la no-elite), y ser eficaces en el desempeño de sus cargos.

Ser atento a las demandas de todos implica: 1) conocimiento de las circunstancias de vida de aquellos que uno sirve, y 2) disposición a servir esos intereses.

Por su parte, ser eficaz implica 3) competencia técnica sobre cómo mejor servir esos intereses, y 4) competencias sociales y comunicativas suficientes para poder interactuar respetuosamente con personas de todos los sectores de la sociedad.

Evidentemente, una élite socialmente homogénea puede sin duda desarrollar la competencia técnica, pero probablemente se quedará corta en las otras 3 características. No es necesario mirar muy lejos en nuestro país para pensar en tomadores de decisiones (élites) que, desconociendo las vidas y problemas de otros, ingenuamente proyectan y asumen que sus propios problemas son universales (condición 1); que no tienen mayor interés en tomar en cuenta o satisfacer las demandas que les hagan personas con poco poder o influencia (condición 2); o que no conocen los códigos comunicativos de aquellos de otras clases sociales que supuestamente sirven, y que por tanto no los entienden ni se hacen entender por ellos (condición 4).

En cambio, una élite diversa, y especialmente una élite que se educa junta en carreras universitarias de élite (y acaso esta es la gran herencia de la Universidad de Chile), adquiere competencia para comunicarse a través de clases sociales, y puede individual o grupalmente acceder a redes y experiencias de vida que aumentan su capacidad y disposición de servir intereses ajenos a los de su grupo de origen.

Dotada de mayor capital cultural para servir eficazmente a todos los grupos sociales, y teniendo mejor acceso a los problemas, perspectivas, experiencias e intereses de éstos, una élite socialmente diversa está en mejores condiciones de desempeñar exitosamente su función.

Por ello, una sociedad democrática tiene un interés específico en poseer tal élite, interés que va más allá del problema estructural de la desigualdad de oportunidades. En un mundo ideal, desde luego, habría tal igualdad de oportunidades que las élites serían socialmente diversas de forma más o menos automática.

Pero en un mundo no ideal como el que vivimos, junto con la ardua y muy necesaria tarea de reducir las desigualdades de oportunidades, habrá que preguntarse por el cómo aseguramos una élite que sea a la vez competente y dispuesta a servir los intereses de todos.

Es bajo esta luz (y aún sin decir que es la única manera de hacerlo), que debe evaluarse el rol de la selección académica en los colegios emblemáticos.

Al menos mientras la educación pública en su conjunto no ofrezca perspectivas razonables y realistas de ser un camino de acceso a los puestos universitarios de mayor prestigio (donde se reclutan las futuras elites), la selección académica en los emblemáticos estará efectivamente al servicio de una mayor diversidad social e integración universitaria de aquéllas. Y en tanto este sea el caso, su existencia bien puede estar justificada.

Link: http://www.t13.cl/blog/la-imaginacion-democratica/educacion-y-seleccion-escolar-por-que-necesitamos-una-elite-socialmente-diversa

LAS AMARGAS VACACIONES DE BACHELET

febrero 11, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 11 de febrero de 2015)

Le amargaron las vacaciones a la presidenta Michelle Bachelet. Grande es el dolor de cabeza que le está dando su primogénito Sebastián Dávalos por el cuestionado crédito millonario que su empresa familiar Caval Limitada obtuvo del Banco de Chile apenas veinticuatro horas después de su triunfo. Justo cuando el gobierno revertía la tendencia a la baja en los sondeos y festejaba una seguidilla de emblemáticos proyectos de ley aprobados, el foco vuelve a ponerse en un aspecto negativo de su entorno.

Contra las cuerdas y pidiendo agüita se encontraba la derecha después de registrar un escuálido 11% de aprobación en la última Adimark. El llamado #NueraGate los envalentona para apuntar con el dedo a La Moneda y acusar que, respecto a la turbia relación entre dinero y política, en todas partes se cuecen habas. La Nueva Mayoría puede alegar -con razón- que la magnitud de la defraudación sistemática que involucra a varios parlamentarios gremialistas no se compara con los condoros del “primer damo” de palacio. Pero en la retina de la opinión pública quedan todos manchados.

La participación del hijo de la presidenta en un lío que involucra un trato bancario innegablemente preferencial –atendido por el propio vicepresidente de la institución y accediendo a un préstamo que ninguna Pyme de ese tamaño consigue- afecta la credibilidad de la narrativa contra los abusos y la desigualdad que prometía el segundo mandato de Bachelet. En esta historia, Sebastián Dávalos aparece como uno de los “poderosos de siempre” que el oficialismo dice combatir. Sostener que nunca quiso aprovecharse de su posición es inocente, sobre todo después de saber que su presencia en la reunión clave era considerada “artillería pesada” para influir en la decisión del Banco.

El gobierno ha insistido en que Dávalos –director del Área Sociocultural de la Presidencia- no ha cometido ilegalidad alguna, pues fue un contrato legítimo entre privados previo a la toma de posesión de Bachelet 2.0. Si se descarta el eventual tráfico de influencia para afectar el plan regulador donde se haría efectivo el negocio, Dávalos está libre de polvo y paja frente a los cuestionamientos legales. Sin embargo, fue la propia Concertación la que elevó el estándar de exigencia en tiempos de Piñera: no basta que las autoridades cumplan la ley, sino que además deben ser ejemplares en la dimensión ética y estética. Si ésa es la vara, el hijo de la presidenta no debería seguir en su cargo. Llama la atención que una persona tan cerca del poder no se abstenga de participar en actividades comerciales millonarias. De Piñera se decía que tenía “incontinencia bursátil”. Pues Dávalos exhibió una preocupante “incontinencia especuladora” que revela un patrón de nula prudencia política que puede terminar por dañar a su propia madre.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-02-11&NewsID=301169&BodyID=0&PaginaId=19

¿QUÉ CULPA TIENE LORENZINI?

febrero 7, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 7 de febrero de 2015)

Cada cierto tiempo nuestros parlamentarios sorprenden con cuñas que incendian las redes sociales, generan mares de indignación y nos permiten preguntarnos honestamente en qué estaban pensando los electores del respectivo distrito o circunscripción. Ayer fue el turno del diputado DC Pablo Lorenzini, que lleva la friolera de 17 años representando una sección de la región del Maule. En una entrevista radial a propósito del proyecto de aborto presentado por el gobierno, Lorenzini dijo que no estaba seguro de votar a favor de la causal que legaliza la interrupción del embarazo en caso de violación. Explicó que miles de mujeres tienen relaciones sexuales porque hombres hábiles en el arte del convencimiento se aprovechan que ellas toman “un traguito de más” o bien están “apenadas”. A continuación el honorable se pregunta si estas situaciones configurarían un escenario de violación.

Pongámonos graves un segundo. Lorenzini le está prestando ropa a una hipótesis insidiosa en al menos dos sentidos: primero, que la despenalización del aborto por violación abrirá la puerta al abuso de mujeres que mentirán acerca del origen de su gravidez para acogerse a la causal; segundo, que no hay manera de saber si una mujer prestó el consentimiento para el acto sexual porque el alcohol (o la pena) introduce un elemento de incertidumbre. De esta interpretación se deriva la nauseabunda idea que la víctima sería co-responsable de la violación por no haberse mantenido sobria y alerta.

La reacción no se hizo esperar, especialmente de la población femenina que barrió el piso con el legislador maulino. Sus propios camaradas le hicieron la desconocida. Tanto fue el escarnio que Lorenzini tuvo que salir pedir disculpas a las mujeres de Chile: “fue una estupidez lo que dije”, reconoció con hidalguía. “Ojalá se borre de las mentes”, agregó. Ojalá NO se borre de las mentes, digo yo: debe servir para recordarnos el machismo endémico que atraviesa a la sociedad chilena y que a veces se transparenta en una cuña aparentemente involuntaria. Ni la forma de vestir de una mujer ni las copas que lleve en el cuerpo constituyen argumentos morales válidos en ninguna discusión en torno a su autodeterminación sexual… llega a ser vergonzoso tener que escribir esta obviedad en pleno 2015.

Debajo de los escombros de error, sin embargo, Lorenzini tenía un punto: el proyecto de Bachelet deja algunas dudas respecto al mecanismo probatorio del delito de violación y los parlamentarios DC se casaron con un programa que no contemplaba el detalle de la iniciativa. Por ello reclaman, legítimamente, independencia para votar en conciencia. Irónicamente, el que tiene menos libertad para hacerlo ahora es el propio Lorenzini, que se ve más presionado que nunca para votarlo a favor.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-02-07&NewsID=300916&BodyID=0&PaginaId=14