Archive for 6 febrero 2015

LA ILUSIÓN DE BENITO Y LA EDUCACIÓN MORAL DE LAS ELITES

febrero 6, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador del 6 de febrero de 2015)

Benito Baranda es lo que puede llamarse una autoridad moral en Chile. Se hizo conocido como director del Hogar de Cristo y actualmente dirige la organización América Solidaria. Es decir, Benito no sólo habla sino que también hace. Por eso resuenan sus frecuentes interpelaciones a la sociedad chilena. Hace poco disparó contra la tradicional institución de los nuncios vaticanos. Y en el debate educacional cuestionó abiertamente a la Iglesia por defender la selección en sus establecimientos. Es que Benito Baranda, ignaciano en toda regla, es un católico autocrítico. Es la versión laica de otras sensatas voces jesuitas como la del cura Berríos o la del padre Montes.

Recientemente, Benito Baranda también nos ofreció una interesante reflexión sobre el caso Penta. Dijo que lo que más le llamaba la atención es que personas que se habían educado en colegios de congregación religiosa y luego en universidades católicas, no estuvieran haciendo gala de los valores inculcados por estas instituciones. En particular, se estaba refiriendo a los dirigentes de la UDI -dentro de los cuales mencionó expresamente a su presidente Ernesto Silva. Echando mano a su arsenal profesional, el psicólogo Baranda agregó que “es impresionante que (ellos) no han tenido un desarrollo de su conciencia ética de acuerdo a la edad y a toda la formación que les han entregado…”. Es una crítica con dos puntas. Por un lado, le pega a la llamada educación de elite, que según él está fracasando en su tarea de preparar líderes capaces de asumir sus responsabilidades con altura moral. Por otro lado, apunta directamente contra la hipocresía de un partido que desde su fundador en adelante se golpea el pecho predicando valores cristianos. Son declaraciones que no deben haber caído bien ni en la elite que educa a sus hijos en esos colegios ni menos en el seno del gremialismo. ¿Es una crítica justa?

Lo primero que hay que preguntarse es si acaso los colegios particular-pagados a los que se refiere Benito Baranda realmente entregan una formación “valórica” superior a la que reciben los niños que asisten a colegios puramente laicos. No es misterio que parte importante de la clase alta chilena cree que la orientación de sacerdotes, liturgias semanales y catequesis obligatoria contribuyen al fortalecimiento de ciertas virtudes que harán de sus hijas e hijos mejores personas. Pues no hay mucha evidencia de aquello. Al menos lo que recuerdo de mi experiencia escolar está lejos de ese ideal. En lugar de generosidad, era más frecuente la soberbia y la crueldad. En lugar de empatía, la indiferencia al dolor ajeno. La delación compensada, una práctica habitual. La sorda frialdad de los rituales en la capilla, la mecánica repetición de la oración matutina, un millar de alumnos bien formados celebrando el onomástico del padre Rector… no veo en qué pudo ayudar todo aquello a sembrar la honestidad, la compasión o la caridad. No digo que estos valores fundamentales estuviesen ausentes en nuestra infancia. Digo que no fueron el sello de nuestra educación. El valor agregado de los colegios a los que se refiere Benito va por otra parte: reproducen capital cultural y proveen de indispensables redes. Es algo ingenuo esperar de ellos una contribución esencial en la formación moral de los niños de la elite chilena; aunque estén adornadas con crucifijos, esas salas sólo administran el material que proveen las familias.

Pero Benito no es tan inocente. De hecho reconoce que los colegios y universidades que dicen perseguir el conocimiento iluminados por la fe no están transmitiendo correctamente los valores cristianos, agregando que deberían hacerlo. Esto traslada el problema a la dimensión normativa: ¿son realmente los valores de la Iglesia Católica los que necesitamos para formar mejores ciudadanos? ¿De qué valores estamos hablando? Si se trata de las enseñanzas de la Biblia, tenemos un serio inconveniente: las escrituras están teñidas de actos moralmente repugnantes que son avalados por la deidad omnipotente de Benito Baranda. Es un libro fascinante y riquísimo sin duda, pero como brújula ética es rematadamente equívoca. Si se trata de las enseñanzas vaticanas, tampoco queda claro que sean fuente cristalina. Por cada actuación digna de elogio podemos encontrar un episodio merecedor de reproche. Si se trata del testimonio de aquellos que perdonan pecados en nombre de Dios, estaremos de acuerdo en que tampoco tenemos motivos para confiarnos. En consecuencia, aun si los colegios católicos de elite transmitieran correctamente los fundamentos de su credo, no hay razones convincentes para sostener que las niñas y los niños de Chile recibirán una mejor instrucción moral de la mano de una congregación religiosa que la que podrían obtener al interior de establecimientos laicos que desarrollen un programa de formación típicamente humanista.

Esta es una discusión que quedó relativamente zanjada en el debate político chileno, cuando el entonces candidato Lavín sacó a colación su religiosidad personal como carta de presentación “valórica” en las presidenciales ’99. El entonces candidato Lagos le respondió que sus valores eran los de la clase media laica chilena, educada en el Instituto Nacional y la Universidad de Chile. En efecto, el campo de los valores es un terreno disputado que no tiene nada que ver con la misa dominical: no hay que vacilar en disputar la nefasta pretensión de superioridad moral del catolicismo. Por todo lo anterior me parece infundada la noble pretensión de Benito. Si la crítica es a la educación de elite por su incapacidad de producir líderes aptos para Chile, vale. Si la crítica es a la educación religiosa por no formar mejores personas, se excede: no hay nada que un establecimiento humanista no pueda igualar en la tarea de forjar carácter y virtudes.

Mi intuición es que Benito Baranda tiene una lectura de su fe que no se corresponde con la realidad. Eso no es pecado – quizás yo también tengo una lectura idealizada del liberalismo y me cuesta darme cuenta desde adentro. Sin embargo es importante hacer notar sus presupuestos para entender mejor su discurso. Hace un tiempo atrás, Baranda llamó la atención acerca de lo contradictorio que le parecía habitar en el subcontinente más desigual del planeta y al mismo tiempo el más católico de todos. En su dibujo mental, nuestro catolicismo debería llevarnos inexorablemente a reducir la brecha en nombre de la solidaridad y la justicia social. Pero no hay contradicción alguna. Por el contrario, es lo que uno esperaría al observar las tendencias globales: la religiosidad florece en contextos sociales vulnerables y retrocede cuando las instituciones sociales y políticas reducen la incertidumbre. Dicho en crudo, cuando los pobres dejan de ser pobres, el aparato terapéutico de la religión se vuelve prescindible. Mejor calidad de vida material, introducción de derechos sociales y generaciones más educadas anticipan tiempos difíciles para la religiosidad popular. Lo anterior sugiere que Benito no puede quedarse con ambas: si Latinoamérica se desarrolla –como lo está haciendo Chile y Uruguay-, el proceso secularizador se profundizará y el catolicismo se debilitará.

Por supuesto, la ilusión de Benito acerca de lo que es el verdadero catolicismo no afecta ni remotamente la sinceridad y trascendencia de sus obras. Quizás es esa misma ilusión la que lo alimenta a continuar. En ese caso, bienvenida la ilusión. Pero no deja de ser una ilusión.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2015/02/06/la-ilusion-de-benito-y-la-educacion-moral-de-las-elites/

LOS LIBERALES FRENTE AL ABORTO

febrero 2, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Matasanos el 31 de enero de 2015)

Advertencia: la siguiente columna no constituye necesariamente un argumento a favor del aborto. Su propósito es distinto: examinar qué posición deberían tomar los llamados grupos liberales en este espinudo debate. ¿Por qué interesan los liberales? Porque tanto en la derecha conservadora como en la izquierda dura las posturas parecen estar más definidas: en contra los primeros, a favor los segundos. Los liberales podrían ayudar a desempatar.

Lo primero que hay que considerar es que los liberales adscriben a una regla procedimental que en cierta medida condiciona los argumentos admisibles en la deliberación democrática. Esta regla puede definirse así: los actores políticos defenderán sus ideas haciendo uso de razones públicas, es decir, razones que sean accesibles a sus conciudadanos. Las razones religiosas, por ejemplos, son razones no públicas: le pertenecen a una determinada visión de mundo que muchas personas sencillamente no pueden aceptar. Esto no significa que los liberales no puedan tener razones religiosas para oponerse al aborto; significa que a la hora de legislar para todos los chilenos deben abstenerse de emplearlas. Es lo que Rawls llamaba un deber de civilidad y Habermas una ética de ciudadanía: manifestamos respeto cuando buscamos la persuasión racional de los pares en un terreno epistemológicamente común. Sería entonces impermisible argumentar como lo hacía el ex presidente Piñera: “estoy a favor de la vida desde la concepción hasta la muerte natural porque sólo Dios da la vida y sólo Él la quita”. En consecuencia, este liberalismo minimalista estará de acuerdo en que las fronteras de la protección del nonato deben ser definidas a través de la deliberación democrática siguiendo ciertas reglas discursivas.

Lo anterior no define la posición liberal frente al aborto. Conviene entonces introducir una segunda consideración: la evaluación moral que un liberal hace sobre la interrupción de un embarazo no necesariamente compromete su opinión respecto de la necesidad de la maquinaria coercitiva del estado. Es perfectamente posible repudiar que algunas mujeres quieran hacerse un aborto y al mismo tiempo oponerse a su sanción penal. Sobre éstas los liberales suelen ser cautos.

Pero inmediatamente viene una tercera consideración: si hay derechos de terceros en juego, el estado tiene el deber de proteger a la víctima y castigar al victimario. En este punto nos encontramos con una problemática colisión de derechos y libertades. La verdad es que no existe un criterio en la filosofía liberal que nos entregue una respuesta automática respecto del aborto en general. Por eso la discrepancia es intelectualmente razonable al interior de estos grupos.

No es correcto sostener que los liberales, por definición, deben estar siempre a favor del derecho a la vida del embrión por sobre la autonomía reproductiva de la madre. Sostener que el huevo fecundado ya dispone de código genético único e irrepetible es constatar una realidad biológica, pero no es una razón que en sí misma active la protección jurídica de ese ser humano en etapa de formación. Bien podría sostenerse que el criterio determinante para activar dicha protección es la aparición de ciertas cualidades emergentes del feto. Pero tampoco encontraremos una fecha exacta en un manual de teoría política. Por lo tanto, al menos en lo que respecta a la permisibilidad del llamado aborto libre o sin expresión de causa, no veo que la filosofía liberal otorgue un mandato normativo invencible en un sentido u otro.

Dejo para el final el asunto de las excepciones que se discuten actualmente en Chile: aborto terapéutico, aborto embriopático y aborto por violación.

Para el pensamiento liberal, la vida en sociedad es un complejo entramado que reparte el riesgo del ejercicio de nuestras respectivas autonomías. Lo que le interesa es que dicha distribución sea justa. Por ende rechaza que ciertas personas sean obligadas a soportar ciertas cargas que van más allá de lo políticamente exigible. Un buen ejemplo de ello es forzar a una mujer a continuar un embarazo que pone en grave peligro su salud física o mental. Que la gran mayoría de estos casos se resuelva pacíficamente según la praxis médica no es suficiente desde el punto de vista de la seguridad jurídica que deben tener los involucrados en un escenario límite como el descrito. Algo similar ocurre con los casos de inviabilidad fetal: no parece consistente con la sensibilidad liberal obligar a una mujer a un embarazo destinado al fracaso. Las religiones tienen el derecho de exigir sacrificios a sus fieles; la comunidad política no puede abusar de su poder para ello. En consecuencia sólo le corresponde exigir a la madre que cargue con las responsabilidades que ocasiona un embarazo normal. El mismo principio se aplica en los casos que la mujer es violentada en su autodeterminación sexual. Aunque a todos nos pueda parecer una enorme lección de generosidad que la víctima decida seguir adelante con un embarazo producto de una violación, el estado no está en condiciones morales de exigir esa entrega. Por todo lo anterior pienso que los liberales deberían estar a favor de abolir una institución penal que perjudica tan desproporcionadamente la autonomía de personas que sí están en pleno ejercicio de sus derechos. En la vereda contraria está el pensamiento de Jaime Guzmán, que estimaba que embarazos producto de una violación o aquellos que pusieran en peligro la vida de la madre representaban la cruz que ella debía cargar. Pero en las sociedades regidas por principios liberales no existen los deberes de sublimación.

Link: http://matasanos.org/2015/01/31/liberales-y-aborto/

UNA LARGA BATALLA POR LA IGUALDAD

febrero 1, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 1 de febrero de 2015)

Hace apenas 20 años, el Congreso de Chile discutía la derogación del delito de sodomía. Aunque en la práctica ninguna persona fuera efectivamente castigada por vivir su homosexualidad, muchos legisladores –casi todos de la UDI, RN y algunos DC- consideraban que el estado debía preservar la sanción penal para enviar señales “erróneas” a la sociedad. Esta semana, el mismo Congreso aprobó el Acuerdo de Unión Civil (AUC) que permite a las parejas del mismo sexo –aunque también heterosexuales- regular legalmente sus relaciones afectivas en lo relativo al patrimonio, sucesión y otras materias. Votaron a favor incluso algunos parlamentarios de derecha. Es decir, lo que era ilegal en 1995 ahora goza de un reconocimiento especial en nombre del principio de igualdad.

El cambio no se limita a las leyes. Hasta hace algunos años atrás, en nuestro país era más penado socialmente ser gay que homofóbico. Mientras más homofóbico, más macho. Tengo la impresión que eso también ha variado: mientras el amplio abanico de la diversidad sexual gana progresiva aceptación, el homofóbico es un personaje casi cavernario.

En lo inmediato, los laureles se los lleva el gobierno de Michelle Bachelet. Si bien finiquita una jugada que se caía de madura, los goles hay que hacerlos y no prometerlos. Esta innovación pudo aprobarse en tiempos de Sebastián Piñera –que usó el tema en su campaña para transmitir la idea de una derecha moderna. Pero su propia coalición le quito el piso y el ex presidente prefirió ahorrarse un lío interno.

Sin embargo esta es una batalla que se viene librando hace bastante tiempo. El activismo LGTB nos ha dado una tremenda lección de perseverancia en las demandas, inteligencia en las alianzas, festividad en las manifestaciones y elocuencia en la persuasión. Han marcado la pauta estratégica para otras causas que exigen sus derechos. Y dudo que descansen ahora: es un secreto a voces que el AUC es un primer paso en el camino a la plena igualdad de derechos, que en sentido involucra matrimonio igualitario y derecho a la adopción. No pasará de la noche a la mañana, pero no sería raro que el proceso avanzara. Tampoco sería raro que chilenos heterosexuales se acojan a esta nueva normativa, dándole torcidamente la razón a quienes creen que debilita la institución matrimonial.

El senador Moreira –uno de los que habló en contra de la despenalización de la homosexualidad en 1995- ha dicho que éste es un plan de la izquierda para imponer su moral. Pero no puede estar más equivocado: es la moral de Chile la que fue adquiriendo consciencia de cuál era el tratamiento correcto que debíamos dar a nuestros compatriotas con orientaciones sexuales diferentes de las mayoritarias. Enhorabuena.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-02-01&NewsID=300438&BodyID=0&PaginaId=12