Archive for 29 marzo 2015

GOBIERNO BOMBERO

marzo 29, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 29 de marzo de 2015)

Algunos meses atrás, la agenda estaba –al menos parcialmente- en manos del gobierno. Entre febrero y marzo, se le extravió completamente. Hoy pasamos de un incendio a otro, y La Moneda no tiene más opción que jugar a los bomberos: correr tras el fuego para evitar su propagación.

Hay dos tipos de incendios. Los políticos y los naturales. Entre los primeros estuvo el caso Dávalos y ahora el eventual involucramiento de parlamentarios de la Nueva Mayoría en la arista SQM que se abre como caja de Pandora para escalofrío oficialista. El gobierno habría intentado contener las llamas de este último siniestro echándole unas frazadas encima. Pero la voracidad de este incendio no permitió tal estrategia. Ahora habrá que enfrentarse a él a campo abierto y con el viento en contra.

Los segundos tipos de incendio son las catástrofes que azotan a nuestro atribulado territorio y sus habitantes: volcanes furiosos, bosques al rojo, sequías fatídicas, dramas telúricos. El peor de todos es el incendio de agua y lodo que destruyó ciudades y arrebató vidas humanas en el norte grande. El gobierno –Presidenta Bachelet incluida- se desplazó a la zona de catástrofe para gestionar la reacción en terreno. Un incendio imprevisible y cruel, con poco margen para culpar a las autoridades. Por eso la evaluación hay que hacerla sobre la reacción –y hasta cierto punto, también sobre el andamiaje institucional de figuras como la ONEMI.

Lo paradójico es que los incendios naturales son una oportunidad para aplacar la violencia de los incendios políticos. El ex presidente Piñera puede dar testimonio de aquello: su mejor año en el poder –en términos de aprobación ciudadana- fue una temporada de terribles incendios. Comenzó con el mega-terremoto del 27/F y cerró con el rescate de los mineros de las fauces de la mina San José. No hubo controversia política capaz de eclipsar ese trabajo bomberil. Hasta sus adversarios le dieron algo de tregua. Las parcas rojas fueron el sello de un gobierno de camisas arremangadas  en medio de los escombros. ¿Será capaz el equipo de Bachelet de transmitir la sensación de liderazgo y control que demanda la ciudadanía en este tipo de tragedias? Si lo logra, entonces la Presidenta puede encontrar la luz al final del túnel de su pobre aprobación. Si por el contrario, no logra combinar sus habilidades blandas de empatía y cercanía con la capacidad de actuar eficientemente sobre la emergencia, entonces el gobierno bombero se verá superado por todos los flancos posibles. Es de esperar, por el bien de los compatriotas que sufren este sarcasmo del destino –una inundación en el área más árida del planeta- que sea lo primero.

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YA NO ES LO MISMO DE ANTES, PRESIDENTA

marzo 22, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 22 de marzo de 2015)

Ya no es lo mismo de antes, Presidenta. Las cosas han cambiado. Se enrareció todo. Es cierto que se han hecho cosas buenas y el programa se va cumpliendo. Pero lo de su hijo contaminó el pozo. Y no nos gustó mucho como salió al paso. La idea es que usted sea la campeona de los valores que dice encarnar, no a media máquina sino con tutti. Algo en su aura se dañó. Su “capital simbólico”, como le llaman los politólogos. Su carisma personal ha caído en cierta agria intrascendencia. Antes, cuando la criticaban, era “femicidio político”. Ahora ya da un poco lo mismo. Todavía no es tan fácil como fue pegarle a Piñera, pero hace rato dejó de ser anatema. Siento como si estuviera emocionalmente desconectada de lo que está sintiendo la víscera del compatriota medio. Esa conexión era su mejor activo ¡Usted terminó con 80% puntos de aprobación en su primer mandato! Usted es un fenómeno. No me excedo si digo que usted es la figura política más interesante –y desconcertante- desde el retorno a la democracia. Y pensar que ahora anda a patadas con los 30 y tantos. Menos mal que Osvaldo Andrade es de su partido, de lo contrario estaría diciendo que Chile no se merece un Presidente con ese nivel de respaldo.

Yo sé que le pidieron que volviera. Que usted estaba bien instalada en Nueva York. Sin embargo sus socios no fueron capaces de hacer la pega solitos y corrieron a sus faldas. Ni tontos: para qué desgastar el mate si se tiene el ticket de la lotería. Entonces volvió a sacrificarse por los suyos, a ofrecer su nombre canonizado, a fusionar su espíritu con un programa bendito. Y ganó mirando pa’ atrás. Y le dio pega a todos. Esos mismos socios le armaron una comisión paralela a la que usted convocó para tratar el tema del financiamiento a las campañas. Malagradecidos. Rehúsese cuando le pidan la selfie para las municipales. Bueno, hay que arreglar el aspecto de las encuestas para le pidan primero.

Me pregunto ¿para qué los defiende tanto? ¿Será cierto eso que usted no quiere que se destape la olla del caso SQM? ¿Eso de que su gobierno tiene medio presionado al SII para que no apriete, porque si aprieta sale la misma inmundicia de las boletas falsas pero esta vez afectando a sus aliados? ¿Eso de que es mejor dejar la basura bajo la alfombra por “razones de estado”, porque la cosa podría ponerse peluda hasta bien arriba? ¿Eso de que es mejor dejar el asunto empatado entre Penta y Caval? ¿Me estaré poniendo paranoico, Presidenta? Quizás, pero le cuento que ahora cuando preguntamos quién podrá defendernos, nadie exclama su nombre sino el de Sabas Chahuán, la Heather Dunbar del House of Cards chilensis. Usted era la perfumada rosa roja que adornaba el lodazal en que terminó convertida la Concertación. Ahora está difícil saber quiénes son realmente los buenos y quiénes los malos. ¿Ve? Ya no es como antes.

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UN MANUAL PARA SALIR DEL POZO, O LA DERECHA SEGÚN HUGO HERRERA

marzo 20, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 20 de marzo de 2015)

La-derecha-en-la-crisis-del-Bicentenario

Que la derecha chilena está en crisis no es una tesis nueva. No sólo no pudo extender su inquilinaje en La Moneda sino que perdió por goleada las últimas elecciones presidenciales y sufrió una significativa merma parlamentaria. Los escándalos estivales no han ayudado: el caso Penta ha sumergido a la UDI a niveles insospechados de impopularidad. Pero detrás de todo esto, dicen algunos, hay una crisis intelectual que tiene al sector en un estado de parálisis ideológico. Ese es el planteamiento que hace el filósofo Hugo Herrera -director del Instituto de Humanidades de la Universidad Diego Portales- en su reciente libro “La derecha en la Crisis del Bicentenario” (2014), que a continuación paso a reseñar.

La contribución de Herrera es interesante en al menos tres sentidos. En primer término, en la dimensión del diagnóstico. En segundo lugar, en la exploración de una posible salida del atolladero. Finalmente, en el análisis crítico de otras obras que autores vinculados al pensamiento de derecha han publicado en los últimos años.

El diagnóstico que hace Hugo Herrera es lapidario: la derecha estaría en una suerte de bancarrota intelectual producto de lo que denomina un “cambio de ciclo”. ¿Cómo sabemos que estamos frente a un cambio de ciclo? Constatando que el discurso político hegemónico de los últimos veinticinco años se trizó y dio espacio a fuertes cuestionamientos sociales. Mientras la izquierda fue relativamente capaz de adaptarse a las modificaciones culturales de la sociedad chilena y recomponerse en torno a un relato crítico del modelo de desarrollo, la derecha se quedó pasmada en la vereda del camino sin capacidad de articular una respuesta al nuevo escenario. Es decir, el problema fundamental estaría en la obsolescencia de su narrativa sumado a su sistemática superficialidad a la hora de reflexionar en torno a dicho desajuste. Hubo un tiempo, reconoce Herrera, en el cual bastaba con recitar el credo libremercadista, cantar las bondades del principio subsidiario y confiar en que el miedo hiciera el resto para mantener el orden. Pero esos tiempos se acabaron porque la situación se complejizó. Por eso, señala el autor, el aporte doctrinario de Jaime Guzmán debe ser entendido en su contexto;  cualquier intento de calcarlo estará destinado al fracaso. Herrera incluso cree que Guzmán no era un dogmático y se habría adaptado mejor a las circunstancias que varios de sus devotos discípulos que parecen haber quedado congelados en la década de los noventa. Puede que tenga razón: a fin de cuentas, las mejores mentes suelen ser flexibles. Pero después de Guzmán, piensa Herrera, poco se ha hecho para actualizar y vigorizar los principios de una derecha democrática y conectada con la realidad nacional. Por lo anterior no es sorpresivo que su lectura del gobierno de Sebastián Piñera sea crítica. En lugar de aprovechar la oportunidad para refundar ideológicamente al sector, la administración 2010-2014 habría profundizado sus carencias discursivas. Hoy la centroderecha chilena estaría dedicada básicamente a lo que el autor llama la “micropolítica” de la escaramuza, la consigna y una inoportuna combinación entre mutismo y ruido. Para peor, socialmente se ha parapetado en dos o tres comunas del sector Oriente, perdiendo su dirigencia contacto real con el drama cotidiano. Desde la perspectiva intelectual, remata Herrera, la derecha prácticamente dejó de participar seriamente en aquellas estructuras y tribunas donde se disputa el poder y la influencia social, desde las universidades a los sindicatos.

Todo esto es grave, según entiendo, no solo para la derecha. Chile entero pierde si la izquierda monopoliza los términos del debate, pues se esfuma la posibilidad de un progreso dialéctico y sustentable en el largo plazo. Es indesmentible que valores que históricamente ha defendido la derecha –como la idea de orden, de esfuerzo personal, de nación y de libertad- tienen eco en vastos grupos de la población. Pero esos valores no se promueven solos. Requieren de un “aparato conceptual suficientemente denso y sofisticado” para pasar a la ofensiva. La derecha contemporánea, piensa Herrera, no está en condiciones de organizar ni siquiera sus propios principios en forma robusta. Mucho menos de tener un discurso político de vanguardia, como alguna vez lo tuvo.

He aquí una primera pista, sugiere el autor, para salir del pozo. La derecha no siempre fue igual de autista en el ámbito de las humanidades. Tuvo mentes lúcidas que desde distintas tradiciones articularon algo parecido a un pensamiento de derecha, apto para competir en los foros más exigentes del debate público nacional. Hugo Herrera destaca muy especialmente los nombres de Francisco Antonio Encina, Alberto Edwards y Mario Góngora, quienes acompañan a Jaime Guzmán en el panteón de notables de la derecha chilena del siglo XX. Aquí habría que buscar para empezar la reconstrucción del tejido ideológico perdido. La idea de Herrera no es replicar planteamientos de otra época, sino desenterrar la diversidad de tradiciones intelectuales de la derecha criolla.

En este punto me quiero concentrar. Mientras el senador Andrés Allamand promueve la idea de un partido político único de centroderecha, Herrera propone echar a andar en la dirección opuesta. En lugar de intentar homogeneizar las distintas corrientes existentes en una sola plataforma, el autor sostiene que ésta es la hora de olvidarse de la ingeniería electoral para dejar que las fuerzas centrífugas se expresen. En otras palabras, que teniendo a la vista la necesidad imperiosa de madurar un discurso versátil, denso y complejo, es preferible la fragmentación pluralista antes que la unidad monoparlante. Herrera identifica cuatro grandes tradiciones discursivas de la derecha chilena que resultan de la combinación de dos ejes: uno, liberal / no-liberal; el otro, cristiano / laico. Así, la primera opción es friedmaniana en lo económico y conservadora en materias morales. O sea, algo parecido a lo que abunda en el gremialismo y en parte de RN. La segunda alternativa no es liberal sino socialcristiana y eventualmente comunitarista, la que Herrera identifica históricamente en la Falange y actualmente en grupos nuevos como como Solidaridad en la UC. La tercera tradición es liberal y laica, que según el autor está representada desde hace poco por Amplitud pero encuentra sus raíces en el Partido Liberal y alguna vez también estuvo presente en RN. Finalmente encontramos la doctrina laica y nacional-popular que comienza en el Ibañismo, se extiende al agrario-laborismo, se funde en el Partido Nacional y tiene sus huellas digitales en la fundación de RN.

En concreto, la propuesta de Hugo Herrera es reactivar estas tradiciones para iniciar a continuación un ejercicio intelectual donde los extremos se vayan atenuando por el efecto del diálogo. Así, por ejemplo, los grupos socialcristianos tendrían que aceptar la imposibilidad de imponer criterios morales en un contexto de pluralismo religioso, del mismo modo que los amantes del laissez faire se verían en la obligación política de aceptar la ampliación del ámbito de atribuciones económicas y regulatorias del estado. Según el autor, es especialmente la tradición liberal –tanto en su versión cristiana como laica- la que podría verse beneficiada si absorbe influencias del discurso socialcristiano y nacional-popular. Se desprende del texto un cuestionamiento a los discursos excesivamente individualistas que pierden de vista la dimensión social y colectiva de los procesos políticos. Sería una exageración presentar a Hugo Herrera como un capitalista autoflagelante, pero es evidente que comparte una idea que ya ha sido expuesta por Daniel Mansuy y otros académicos en la órbita de la derecha: la política debe gobernar al mercado, poniéndole las riendas que sean necesarias para alcanzar los objetivos democráticos trazados. En su visión, la narrativa Chicago Boys auspiciada por la dictadura se excedió –consciente o inconscientemente- al confundir el éxito material atomizador con la realización plena del espíritu humano. Quizás por lo mismo Herrera le pide a la derecha volver a mirar a Góngora y su idea aromáticamente aristotélica de la sociedad política como cuerpo orgánico. También por lo anterior, Herrera rechaza de plano la sugerencia que la derecha es una mera asociación oligárquica de intereses económicos –como llegó a sugerir Carlos Peña a propósito de los vínculos entre la UDI y el grupo Penta. Históricamente, insiste Herrera, la derecha ha tenido un relato eminentemente político, que si bien ha sido neutralizado circunstancialmente en las últimas décadas, está latente en el resto de las tradiciones discursivas mencionadas.

La paradoja es que, para que la propuesta de Herrera vea la luz, es menester no hacer nada por un tiempo. Literalmente, el filósofo presenta la táctica de no-actividad como alternativa a la premura irreflexiva de los políticos profesionales. La razón es sencilla: estas cuatro tradiciones necesitan de aire para volver a crecer autónomamente antes de ser forzadas por las circunstancias a difuminarse y transigir. Sólo entonces, sostiene Herrera, tendrá la derecha una caja de herramientas discursivas lo suficientemente plural y compleja para estar a la altura del desafío del futuro. La intelectual no es la única tarea a acometer, por cierto. El autor también demanda un esfuerzo paralelo por reconectarse con la experiencia diaria de la realidad nacional.

“La derecha en la Crisis del Bicentenario” cierra con un nutrido apéndice donde Herrera pasa revista a “La fatal ignorancia” (2009) de Axel Káiser, “Gobernar con principios” (2012) de Francisco Javier Urbina y Pablo Ortúzar, “El malestar de Chile” (2012) de Marcel Oppliger y Eugenio Guzmán, “Chile camino al desarrollo” (2012) del ex ministro Cristián Larroulet, “El regreso del modelo” de Luis Larraín, “Con la fuerza de la libertad” (2013) de Jovino Novoa, y “Virar derecha” (2014) del ex diputado Gonzalo Arenas. Herrera concluye que la vertiente liberal (ya sea laica o cristiana) está sobrerrepresentada, dándole soporte a su intuición: se echa de menos tanto la rama socialcristiana como la nacional-popular, que ninguna de las obras precedentes parece encarnar.

En síntesis, el libro de Hugo Herrera constituye una lectura instructiva y estimulante para los estudiosos de la política chilena y especialmente provocativa para quienes, desde la derecha, están dispuestos a reflexionar sobre las carencias de su sector en lugar de lanzarse al cuadrilátero de los eslóganes baratos.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2015/03/20/000315-un-manual-para-salir-del-pozo

PRESIDENTE DE LA UDI SE BUSCA

marzo 16, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 16 de marzo de 2015)

¿Es la renuncia de Ernesto Silva (39) a la conducción de la UDI un indicador del fracaso de la renovación generacional? No necesariamente. El diputado gremialista no cayó en desgracia por inexperiencia, sino por la pesada red de vínculos personales, comerciales y políticos que lo atan a los controladores del grupo Penta. En condiciones similares, avezados políticos se habrían visto en las mismas dificultades. Por ejemplo el senador Moreira, que con menos nexos que Silva también pagó los platos rotos. En consecuencia, la caída de Silva no debiera usarse como argumento definitivo para reclamar el regreso de la vieja guardia y dar por abortado el proceso de recambio.

Lo anterior no significa que, dadas las especiales circunstancias, no haya que revisar el libreto. El eje divisorio “jóvenes promesas vs viejos cracks” no es el único sobre la mesa. Hay otras formas de configurar el escenario. Ernesto Silva no solo es treintañero, también es conspicuo representante de lo que llamaremos el ala jovinista del partido, aquella sección de la UDI que ha sido usualmente identificada como la más cercana a los grupos empresariales. A fin de cuentas, habría sido el propio Jovino Novoa el autor intelectual del modelo de financiamiento que hoy los tiene entre las cuerdas.

En la vereda del frente se ubican los llamados longueiristas. Siguiendo el discurso de su mentor, son aquellos que insisten en profundizar el carácter popular del partido. Muchos de ellos habrían preferido al senador Víctor Pérez a la cabeza, antes que un parlamentario de Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea. El péndulo del poder entre jovinistas y longueiristas oscila. Fueron los primeros los que promovieron la candidatura presidencial de Laurence Golborne. Cuando les falló el plan, los segundos levantaron la figura de Pablo Longueira. La retirada de este último volvió a poner el control en manos de Jovino y compañía: se gestionó la candidatura de Evelyn Matthei y se instaló a Silva en la testera. Hasta ahora, en que los longueiristas podrían reclamar su mejor derecho a tomar las riendas (tomando en cuenta que son precisamente las relaciones impropias con el empresariado las que tienen a la UDI en el banquillo).

Pero no son las únicas facciones en competencia. La UDI también tiene una especie de tercerismo que en su momento fue liderado por el diputado José Antonio Kast –que incluso desafió electoralmente a los coroneles. En la actualidad habría que sumar una cuarta corriente, comandada por el ex ministro Andrés Chadwick y todos los entusiastas del gobierno de Sebastián Pinera. Algunos dicen que pasarle la presidencia del partido al primero implica hacer un pacto tácito con el segundo, lo que genera ciertas suspicacias en la militancia histórica.

Sin embargo a la UDI no le gustan las competencias exigentes. Es muy probable que las distintas corrientes acaben encontrando una solución de consenso. El senador Coloma, en un arranque de arjonismo, promovió “una amalgama perfecta entre experiencia y juventud”. De hecho, una de las alternativas es confirmar en funciones al presidente interino, el diputado Javier Macaya (36), siempre y cuando sea secundado por algunos pesos pesados. La otra es agruparse en torno a una figura consolidada como la propia Matthei, con los riesgos y oportunidades que ello implica.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-03-16&NewsID=307479&BodyID=0&PaginaId=33

LOS PODEROSOS TAMBIÉN LLORAN

marzo 8, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 8 de marzo de 2015)

Como pocas veces, cientos de miles de chilenas y chilenos estuvieron atentos a la lenta y meticulosa cuenta procesal del Juez Escobar que terminó con prisión preventiva para los principales imputados en el caso Penta. La pedagogía fue necesaria: muchas veces la opinión pública no entiende por qué los presuntos delincuentes quedan libres mientras se lleva a cabo la investigación. La facultad de privar de libertad antes de dictar sentencia definitiva debe ser manejada con cuidado precisamente porque la presunción de inocencia merece ser tomada en serio. Escobar quiso que a nadie le quedaran dudas sobre la procedencia de la medida cautelar.

En las redes sociales hubo una extraña sensación de alivio. Hasta de júbilo, diría. No faltó el que –una vez más- le puso fin a la transición. Todo lo contrario de lo que ocurrió cuando Martín Larraín fue exculpado por el caso del atropello que le costó la vida a Hernán Canales. La frase más repetida en aquella ocasión fue que los poderosos en Chile siempre se salen con la suya. Ayer fuimos testigos de la caída de peces gordos teóricamente intocables que sencillamente no tuvieron armas para resistir el embate de la Fiscalía y los querellantes. La sangre de Délano, Lavín, Wagner y compañía ha sido derramada para saciar la sed de justicia de una ciudadanía encabronada.

Algunas voces se han levantado para criticar el show mediático que se ha montado en torno al caso. Es cierto que pocos juicios reciben tanta atención comunicacional. De esa manera, sostienen los críticos, se alienta el prejuzgamiento público: los acusados son lanzados a los leones como en el coliseo romano, donde el griterío de la muchedumbre se encarga de emitir el veredicto final. Efectivamente, algo de eso hay. Pero no lo suficiente como para construir una teoría conspirativa que justifique la victimización de la derecha o de los empresarios. Los medios ponen acento en casos de alta connotación social y éste lo es. Por lo demás, fueron los mismos medios los que destaparon y apretaron en el caso que terminó con la renuncia de Sebastián Dávalos Bachelet. La rabia de la calle no tiene color político ni gremial. Los delitos tributarios, a fin de cuentas, son una afectación al bolsillo de todos. Los de cohecho, igualmente, son una bofetada al principio de probidad que nos resguarda a todos. Razones para la indignación existen.

El juicio recién comienza, en cualquier caso. Los que lo único que querían era ver delincuentes de cuello y corbata entrando a la cárcel, pueden estar satisfechos. Los que decían que en Chile ningún poderoso paga sus culpas, pueden abandonar su escepticismo. No estamos libres de corrupción, pero un sistema institucional sano no es aquel que nunca se enferma, sino aquel que detecta a tiempo las infecciones y las trata adecuadamente.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-03-08&NewsID=306778&BodyID=0&PaginaId=13

¿SE PUEDE SER RICO Y SOCIALISTA?

marzo 6, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 6 de marzo de 2015)

La “pasada” de 2.500 millones de pesos que hizo el matrimonio Dávalos – Compagnon ha tenido nefastas consecuencias políticas para la administración de Michelle Bachelet.  No sólo arruinó la tendencia al alza que experimentaba el gobierno, le regaló a la derecha un respirador artificial para empatar el caso Penta y complicó afectivamente a la Jefa de Estado, sino que puso en entredicho el mismísmo relato de La Moneda: lucha contra la desigualdad y los abusos. Pero no solo eso. Al interior del mundo progresista la pregunta es si acaso una persona que dice portar los valores del socialismo – Dávalos es militante del partido*- puede ganarse la vida en actividades comerciales que apuntan al enriquecimiento súbito basado en la mera especulación. Patricia Politzer escribió que el modelo de negocios en cuestión constituye “un golpe al corazón de quienes creen que existe otra forma de convivencia entre los seres humanos, en la que no prima la ambición desatada, la competencia y el dinero fácil”. Patrocinando una acción para pasar a Dávalos al Tribunal Supremo, Gonzalo Martner cuestionó si acaso aprovecharse de cualquier oportunidad económica teóricamente lícita sólo porque constituye un “buen negocio”  -como lo describieron los socios de Caval- es compatible con lo que podría llamarse una “ética socialista”.

El hijo de la Presidenta se defendió argumentando que su función pública jamás se vio comprometida pues habría actuado en su calidad de agente privado. Pero ese no es un argumento capaz de satisfacer la lógica de Politzer y Martner, que tienen dudas respecto a la consistencia entre lucrar como el más salvaje de los capitalistas justamente en su quehacer privado y al mismo tiempo pontificar las bondades de una sociedad igualitaria en el discurso público.

Este no es un dilema nuevo. Fue retratado por el filósofo político post-marxista Gerald Allan Cohen en su notable If You’re an Egalitarian, How Come You’re so Rich? Aquí, Cohen se pregunta por qué muchos de sus colegas con relato igualitarista vivían en condiciones de opulencia en lugar de donar voluntariamente los excesos de sus ingresos. La respuesta habitual que recibía era que la justicia no se trata de conductas individuales sino de instituciones capaces de aplicarse sobre toda la sociedad. Mientras éstas no vieran la luz, no tenía sentido exigirles a los socialistas de corazón que hicieran nada extraordinario al respecto (salvo seguir votando por su partido con miras a una reforma tributaria estructural y obligatoria). Pero este argumento nunca dejó contento a Jerry Cohen. En su visión, la noción de justicia para los socialistas no se debía agotar en la dimensión institucional –como suele serlo para los liberales- sino que demandaba un ethos igualitarista adicional. De lo contrario, creía Cohen, sus colegas y compañeros estaban expuestos a una razonable acusación de inconsistencia.

En efecto, predicar políticamente la igualdad pero beneficiarse de condiciones ventajosas que resultan en pronunciada desigualdad pareciera ser un problema. Entonces, ¿estamos éticamente obligados a vivir como votamos? En muchos casos, sí. Si tengo un potente discurso contra la discriminación salarial por género y le pido al Congreso que diseñe leyes para igualar las remuneraciones, sería profundamente inconsistente que en mi empresa particular paguemos más a los hombres que a las mujeres por realizar la misma función. Un caso más complejo y recurrente en el debate actual en Chile toca a la educación. Es sabido que ideólogos y promotores de la reforma educacional envían a sus hijas e hijos a colegios particular-pagados, en circunstancias que legislativamente impulsan un modelo de inclusión socioeconómica donde el diferencial en la capacidad de pago sea irrelevante. A simple vista, y siguiendo el razonamiento de Cohen, pareciera registrarse una inconsecuencia. La inconsecuencia no está en haber asistido a un colegio privado de pago –como acusaron al diputado Gabriel Boric- pues uno no elige cuando niña o niño, sino en no abstenerse de usar esa mayor capacidad de pago para profundizar la segregación como apoderado –de hecho, Boric respondió diciendo que los enviaría al sistema público.

Cohen advirtió que en varias de estas situaciones los igualitaristas ricos se resisten a ceder voluntariamente su posición de privilegio por el costo social asociado: ellos estarían peor, pero todo el resto seguiría beneficiándose de un sistema injusto. En la práctica, los socialistas no buscan ser héroes. Insistiendo en la separación entre la justicia institucional por un lado y normas de conducta personal por el otro, se acercan bastante a las nociones liberales al respecto. Politzer, Martner y Cohen creen que esto es insuficiente: según ellos no habría que esperar la venida de instituciones justas para comportarse como un auténtico igualitarista en la vida privada. De todas, es la lección que a Dávalos más le ha costado entender.

*Esta columna fue escrita y enviada a publicación antes de la renuncia del matrimonio Dávalos – Compagnon al PS. En cualquier caso, la pregunta que plantea no se ve necesariamente afectada por los hechos posteriores.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2015/03/06/000300-se-puede-ser-rico-y-socialista

LA “GENEROSIDAD” DE UNA RENUNCIA

marzo 2, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 2 de marzo de 2015)

Sebastián Dávalos Bachelet y su mujer Natalia Compagnon renunciaron a su militancia en el Partido Socialista. No bastó con que el primogénito de la Presidenta dejara su cargo en La Moneda. Las aguas estaban intranquilas en la colectividad que dirige Osvaldo Andrade. Dirigentes históricos del partido habían pedido al Tribunal Supremo revisar el caso Caval por considerar que la conducta del denominado “primer damo” estaba reñida con los principios que debieran inspirar a sus militantes.

Por lo anterior es impreciso y exagerado interpretar la renuncia de Dávalos como un “gesto de generosidad”, tal como la calificó el senador Fulvio Rossi. Lo más probable es que haya sido una decisión calculada para evitarse una eventual humillación. La noticia del hijo de Bachelet siendo sancionado por el partido de ambos debido a actos reñidos con la ética habría dado –otra vez- la vuelta al mundo. Lo más pragmático que podía hacer era terminar el asunto en seco.

Otras voces más románticas sugirieron que Dávalos Bachelet debió renunciar a la plata obtenida en el negocio de los terrenos de Machalí antes que al partido que representa sus ideales políticos. El diputado DC René Saffirio insinuó que el matrimonio se aprovechó de las ventajas de militar en un partido, pero que después de enriquecidos ya no les servía el partido. Pero eso tampoco es enteramente correcto: Dávalos no necesitaba al partido, con su madre le basta y sobra.

Para el mundo socialista la noticia es un alivio. Aunque siempre fue una figura controversial – sin muy buenas relaciones partidarias tampoco- el caso Caval transformó a Sebastián Dávalos en un Rey Midas invertido: todo lo que toca se contamina con su leyenda negra. Por eso había que extirparlo de La Moneda lo antes posible y por eso era un cacho para la mesa de Andrade. La renuncia presentada ayer fue una formalidad: en la práctica, Dávalos y Compagnon dejaron de encarnar los principios que (supuestamente) guían al PS hace rato.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-03-02&NewsID=303817&BodyID=0&PaginaId=33

¿UN GRAN ACUERDO PARA SALIR DEL POZO?

marzo 1, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 1° de marzo de 2015)

La Presidenta Bachelet se ha comprometido a reformar el estatuto que regula la relación entre dinero y política, tanto para las campañas electorales como para resguardar la probidad de los funcionarios públicos. No era un tema prioritario en su agenda, pero los sucesos de los últimos meses han cambiado el escenario. Originalmente, la UDI era la única tienda seriamente complicada. Por eso en calle Suecia estaban tan interesados en reeditar un gran acuerdo como el que patrocinaron junto al gobierno de Ricardo Lagos para salir del pozo del MOP-Gate. El oficialismo no les dio mucha bola, pues disfrutaban ver desangrarse al gremialismo. Pero después de Penta vino Caval y luego SQM. Las sospechas se ramificaron y ahora es toda la clase política la que está contra las cuerdas; la tesis del gran acuerdo entre todos los sectores toma fuerza.

Hay dos extremos riesgosos, sin embargo. El primero es que la ciudadanía perciba en esta estrategia un contubernio más entre la clase dirigente para salvar el pellejo y dejar las cosas como están. Es decir, un proyecto de ley hecho a la medida para regularizar lo irregular y hacer como que aquí no ha pasado nada. El gobierno tiene que alejar el fantasma de estar fraguando un perdonazo retroactivo, que sólo contribuiría a calentar más los ánimos de la opinión pública. Una propuesta interesante es que los encargados de desarrollar la nueva normativa provengan de fuera de la política partidista profesional. De lo contrario, tanto el Ejecutivo como el Legislativo pueden aparecer como juez y parte en la disputa.

El otro extremo es insistir en una reforma excesivamente restrictiva o beata cuando se trata de canalizar las platas públicas y privadas hacia las candidatas y candidatos que buscan un cargo de representación. No es necesaria una nueva ley para sancionar el uso de boletas falsas para financiar campañas, por ejemplo: eso ya es una violación de la ley vigente. El modelo de donaciones reservadas, por otra parte, tiene su racionalidad. Algunas de las medidas anunciadas ya están incorporadas en un proyecto ingresado en diciembre, como prohibir los aportes de empresas. Finalmente, asfixiar las posibilidades de financiamiento privado puede poner cuesta arriba la carrera de los desafiantes frente a autoridades incumbentes que en la práctica hacen campaña durante todo su período con dinero público (es cosa de verificar quién paga los pasajes del diputado Hasbún a la Araucanía para preparar su plataforma senatorial: usted y yo).

En síntesis, la gran reforma al sistema de financiamiento de la política debe navegar entre dos aguas. Por un lado, transmitir una voluntad real de cambio en ciertas prácticas ampliamente rechazadas por la ciudadanía y discurrir en paralelo –jamás sustituir- al camino judicial que algunos de estos casos han tomado. Por el otro, cuidarse del maximalismo santurrón que por exceso de entusiasmo termine siendo un remedio peor que la enfermedad para nuestro sistema político.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-03-01&NewsID=302945&BodyID=0&PaginaId=12