¿SE PUEDE SER RICO Y SOCIALISTA?

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 6 de marzo de 2015)

La “pasada” de 2.500 millones de pesos que hizo el matrimonio Dávalos – Compagnon ha tenido nefastas consecuencias políticas para la administración de Michelle Bachelet.  No sólo arruinó la tendencia al alza que experimentaba el gobierno, le regaló a la derecha un respirador artificial para empatar el caso Penta y complicó afectivamente a la Jefa de Estado, sino que puso en entredicho el mismísmo relato de La Moneda: lucha contra la desigualdad y los abusos. Pero no solo eso. Al interior del mundo progresista la pregunta es si acaso una persona que dice portar los valores del socialismo – Dávalos es militante del partido*- puede ganarse la vida en actividades comerciales que apuntan al enriquecimiento súbito basado en la mera especulación. Patricia Politzer escribió que el modelo de negocios en cuestión constituye “un golpe al corazón de quienes creen que existe otra forma de convivencia entre los seres humanos, en la que no prima la ambición desatada, la competencia y el dinero fácil”. Patrocinando una acción para pasar a Dávalos al Tribunal Supremo, Gonzalo Martner cuestionó si acaso aprovecharse de cualquier oportunidad económica teóricamente lícita sólo porque constituye un “buen negocio”  -como lo describieron los socios de Caval- es compatible con lo que podría llamarse una “ética socialista”.

El hijo de la Presidenta se defendió argumentando que su función pública jamás se vio comprometida pues habría actuado en su calidad de agente privado. Pero ese no es un argumento capaz de satisfacer la lógica de Politzer y Martner, que tienen dudas respecto a la consistencia entre lucrar como el más salvaje de los capitalistas justamente en su quehacer privado y al mismo tiempo pontificar las bondades de una sociedad igualitaria en el discurso público.

Este no es un dilema nuevo. Fue retratado por el filósofo político post-marxista Gerald Allan Cohen en su notable If You’re an Egalitarian, How Come You’re so Rich? Aquí, Cohen se pregunta por qué muchos de sus colegas con relato igualitarista vivían en condiciones de opulencia en lugar de donar voluntariamente los excesos de sus ingresos. La respuesta habitual que recibía era que la justicia no se trata de conductas individuales sino de instituciones capaces de aplicarse sobre toda la sociedad. Mientras éstas no vieran la luz, no tenía sentido exigirles a los socialistas de corazón que hicieran nada extraordinario al respecto (salvo seguir votando por su partido con miras a una reforma tributaria estructural y obligatoria). Pero este argumento nunca dejó contento a Jerry Cohen. En su visión, la noción de justicia para los socialistas no se debía agotar en la dimensión institucional –como suele serlo para los liberales- sino que demandaba un ethos igualitarista adicional. De lo contrario, creía Cohen, sus colegas y compañeros estaban expuestos a una razonable acusación de inconsistencia.

En efecto, predicar políticamente la igualdad pero beneficiarse de condiciones ventajosas que resultan en pronunciada desigualdad pareciera ser un problema. Entonces, ¿estamos éticamente obligados a vivir como votamos? En muchos casos, sí. Si tengo un potente discurso contra la discriminación salarial por género y le pido al Congreso que diseñe leyes para igualar las remuneraciones, sería profundamente inconsistente que en mi empresa particular paguemos más a los hombres que a las mujeres por realizar la misma función. Un caso más complejo y recurrente en el debate actual en Chile toca a la educación. Es sabido que ideólogos y promotores de la reforma educacional envían a sus hijas e hijos a colegios particular-pagados, en circunstancias que legislativamente impulsan un modelo de inclusión socioeconómica donde el diferencial en la capacidad de pago sea irrelevante. A simple vista, y siguiendo el razonamiento de Cohen, pareciera registrarse una inconsecuencia. La inconsecuencia no está en haber asistido a un colegio privado de pago –como acusaron al diputado Gabriel Boric- pues uno no elige cuando niña o niño, sino en no abstenerse de usar esa mayor capacidad de pago para profundizar la segregación como apoderado –de hecho, Boric respondió diciendo que los enviaría al sistema público.

Cohen advirtió que en varias de estas situaciones los igualitaristas ricos se resisten a ceder voluntariamente su posición de privilegio por el costo social asociado: ellos estarían peor, pero todo el resto seguiría beneficiándose de un sistema injusto. En la práctica, los socialistas no buscan ser héroes. Insistiendo en la separación entre la justicia institucional por un lado y normas de conducta personal por el otro, se acercan bastante a las nociones liberales al respecto. Politzer, Martner y Cohen creen que esto es insuficiente: según ellos no habría que esperar la venida de instituciones justas para comportarse como un auténtico igualitarista en la vida privada. De todas, es la lección que a Dávalos más le ha costado entender.

*Esta columna fue escrita y enviada a publicación antes de la renuncia del matrimonio Dávalos – Compagnon al PS. En cualquier caso, la pregunta que plantea no se ve necesariamente afectada por los hechos posteriores.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2015/03/06/000300-se-puede-ser-rico-y-socialista

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