LOS PODEROSOS TAMBIÉN LLORAN

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 8 de marzo de 2015)

Como pocas veces, cientos de miles de chilenas y chilenos estuvieron atentos a la lenta y meticulosa cuenta procesal del Juez Escobar que terminó con prisión preventiva para los principales imputados en el caso Penta. La pedagogía fue necesaria: muchas veces la opinión pública no entiende por qué los presuntos delincuentes quedan libres mientras se lleva a cabo la investigación. La facultad de privar de libertad antes de dictar sentencia definitiva debe ser manejada con cuidado precisamente porque la presunción de inocencia merece ser tomada en serio. Escobar quiso que a nadie le quedaran dudas sobre la procedencia de la medida cautelar.

En las redes sociales hubo una extraña sensación de alivio. Hasta de júbilo, diría. No faltó el que –una vez más- le puso fin a la transición. Todo lo contrario de lo que ocurrió cuando Martín Larraín fue exculpado por el caso del atropello que le costó la vida a Hernán Canales. La frase más repetida en aquella ocasión fue que los poderosos en Chile siempre se salen con la suya. Ayer fuimos testigos de la caída de peces gordos teóricamente intocables que sencillamente no tuvieron armas para resistir el embate de la Fiscalía y los querellantes. La sangre de Délano, Lavín, Wagner y compañía ha sido derramada para saciar la sed de justicia de una ciudadanía encabronada.

Algunas voces se han levantado para criticar el show mediático que se ha montado en torno al caso. Es cierto que pocos juicios reciben tanta atención comunicacional. De esa manera, sostienen los críticos, se alienta el prejuzgamiento público: los acusados son lanzados a los leones como en el coliseo romano, donde el griterío de la muchedumbre se encarga de emitir el veredicto final. Efectivamente, algo de eso hay. Pero no lo suficiente como para construir una teoría conspirativa que justifique la victimización de la derecha o de los empresarios. Los medios ponen acento en casos de alta connotación social y éste lo es. Por lo demás, fueron los mismos medios los que destaparon y apretaron en el caso que terminó con la renuncia de Sebastián Dávalos Bachelet. La rabia de la calle no tiene color político ni gremial. Los delitos tributarios, a fin de cuentas, son una afectación al bolsillo de todos. Los de cohecho, igualmente, son una bofetada al principio de probidad que nos resguarda a todos. Razones para la indignación existen.

El juicio recién comienza, en cualquier caso. Los que lo único que querían era ver delincuentes de cuello y corbata entrando a la cárcel, pueden estar satisfechos. Los que decían que en Chile ningún poderoso paga sus culpas, pueden abandonar su escepticismo. No estamos libres de corrupción, pero un sistema institucional sano no es aquel que nunca se enferma, sino aquel que detecta a tiempo las infecciones y las trata adecuadamente.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-03-08&NewsID=306778&BodyID=0&PaginaId=13

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Una respuesta to “LOS PODEROSOS TAMBIÉN LLORAN”

  1. pjrstkv Says:

    Ni chicha ni limona…

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