PRESIDENTE DE LA UDI SE BUSCA

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 16 de marzo de 2015)

¿Es la renuncia de Ernesto Silva (39) a la conducción de la UDI un indicador del fracaso de la renovación generacional? No necesariamente. El diputado gremialista no cayó en desgracia por inexperiencia, sino por la pesada red de vínculos personales, comerciales y políticos que lo atan a los controladores del grupo Penta. En condiciones similares, avezados políticos se habrían visto en las mismas dificultades. Por ejemplo el senador Moreira, que con menos nexos que Silva también pagó los platos rotos. En consecuencia, la caída de Silva no debiera usarse como argumento definitivo para reclamar el regreso de la vieja guardia y dar por abortado el proceso de recambio.

Lo anterior no significa que, dadas las especiales circunstancias, no haya que revisar el libreto. El eje divisorio “jóvenes promesas vs viejos cracks” no es el único sobre la mesa. Hay otras formas de configurar el escenario. Ernesto Silva no solo es treintañero, también es conspicuo representante de lo que llamaremos el ala jovinista del partido, aquella sección de la UDI que ha sido usualmente identificada como la más cercana a los grupos empresariales. A fin de cuentas, habría sido el propio Jovino Novoa el autor intelectual del modelo de financiamiento que hoy los tiene entre las cuerdas.

En la vereda del frente se ubican los llamados longueiristas. Siguiendo el discurso de su mentor, son aquellos que insisten en profundizar el carácter popular del partido. Muchos de ellos habrían preferido al senador Víctor Pérez a la cabeza, antes que un parlamentario de Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea. El péndulo del poder entre jovinistas y longueiristas oscila. Fueron los primeros los que promovieron la candidatura presidencial de Laurence Golborne. Cuando les falló el plan, los segundos levantaron la figura de Pablo Longueira. La retirada de este último volvió a poner el control en manos de Jovino y compañía: se gestionó la candidatura de Evelyn Matthei y se instaló a Silva en la testera. Hasta ahora, en que los longueiristas podrían reclamar su mejor derecho a tomar las riendas (tomando en cuenta que son precisamente las relaciones impropias con el empresariado las que tienen a la UDI en el banquillo).

Pero no son las únicas facciones en competencia. La UDI también tiene una especie de tercerismo que en su momento fue liderado por el diputado José Antonio Kast –que incluso desafió electoralmente a los coroneles. En la actualidad habría que sumar una cuarta corriente, comandada por el ex ministro Andrés Chadwick y todos los entusiastas del gobierno de Sebastián Pinera. Algunos dicen que pasarle la presidencia del partido al primero implica hacer un pacto tácito con el segundo, lo que genera ciertas suspicacias en la militancia histórica.

Sin embargo a la UDI no le gustan las competencias exigentes. Es muy probable que las distintas corrientes acaben encontrando una solución de consenso. El senador Coloma, en un arranque de arjonismo, promovió “una amalgama perfecta entre experiencia y juventud”. De hecho, una de las alternativas es confirmar en funciones al presidente interino, el diputado Javier Macaya (36), siempre y cuando sea secundado por algunos pesos pesados. La otra es agruparse en torno a una figura consolidada como la propia Matthei, con los riesgos y oportunidades que ello implica.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-03-16&NewsID=307479&BodyID=0&PaginaId=33

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