Archive for 30 abril 2015

LA CHIVA

abril 30, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 30 de abril de 2015)

Si los dioses de la democracia lo hubiesen dispuesto de otra forma, obsequiándome un centenar de votos adicionales en la primaria que perdí en mayo de 2012, habría tenido que enfrentar al entonces alcalde Labbé en las elecciones generales que se realizaron en octubre del mismo año. Haciendo política ficción, una de mis primeras tareas habría sido conformar un comando menos amateur y más profesional, a la altura del desafío electoral. La campaña habría necesitado de cuantiosos recursos económicos que obviamente yo no estaba en condiciones de proveer (tomando en cuenta que todavía debo plata por los pocos pesos que costó la precandidatura). En alguna reunión crucial para abordar el incómodo tema del financiamiento, me habrían presentado a un recaudador experimentado. Éste me habría explicado con peras y manzanas el recorrido necesario para juntar los doscientos millones de pesos que costaría el abordaje de una comuna como Providencia. Probablemente me habría pedido una lista de personas de confianza que pudieran emitir boletas para empezar a tramitar esos recursos. Me habría transmitido, con tono seguro y despreocupado, que ése era el procedimiento estándar. En una de esas, yo le habría dado luz verde. No puedo poner las manos al fuego por mí. Aunque al puritanismo le moleste, es comprensible que la certeza de que “todos lo hacen” disminuye sustantivamente la sensación de ilicitud o culpa en estos casos.

Puede que al lector le resulte raro que alguien busque ponerse en una posición culpable por un delito hipotético, en circunstancias que la enorme mayoría de los políticos acusados se sacan los balazos por faltas que sí cometieron. Pero lo hago para subrayar que lo más hediondo de la situación actual no es la extendida violación de la ley electoral, sino la sistemática propensión a negarlo. Es la mentira la que corroe la confianza pública. Es la repetición de chivas consuetudinarias con rostros impertérritos. Es la obsesión por el ocultamiento de lo que ya es público y notorio. Es la arrogante premisa de que a la ciudadanía siempre se le puede pasar gato por liebre. Es la tendencia a querer vernos la cara.

Todos metemos la pata. Los políticos no son la excepción. El deber moral es asumir las responsabilidades del condoro. Dicen que a los estadounidenses no les molestó tanto saber que Bill Clinton se enredó con una becaria de la Casa Blanca, sino que mintiera al respecto. Tuvo que pedir perdón para salvar el cargo. Hasta el senador Iván Moreira rescató algo de su dignidad cuando se anticipó a su partido y se disculpó por haber recurrido a un modelo de financiamiento trucho. La desconfianza ciudadana se erosiona parcialmente con los expedientes de Penta, SQM o Caval, pero se termina de ir al carajo cuando los protagonistas se hacen olímpicamente los lesos.

En ese deporte, lamentablemente, ambas coaliciones son competitivas. Las chivas de unos han sido equiparadas por las chivas de los otros. El problema es que ahora la chiva se fue a instalar a La Moneda y, como dice la canción, no quiere salir de ahí. ¿Cuál es la probabilidad real de que el ministro del Interior Rodrigo Peñailillo haya efectivamente elaborado un informe millonario sobre la crisis económica europea en calidad de consultor profesional y no como fachada para trasladar platas políticas? No es inexistente, pero a la luz de los antecedentes conocidos –el mandante es un viejo operador concertacionista con una empresa de papel cuya principal función era servir de caja receptora y pagadora de fondos para campañas- es muy pero muy baja. Casi todos los “prestadores de servicios” de Giorgio Martelli estaban vinculados al bacheletismo; hay que ser demasiado inocente para creer que eran sus credenciales académicas las requeridas. La tesis más plausible es que Peñailillo, como los centenares de nombres que han salido al baile, haya emitido boletas ideológicamente falsas.

Insisto que eso no me parece particularmente grave. Quizás peque de cínico pero así se hacían las cosas. Lo que genera genuina rabia es que la clase política permitió que escalara el reproche ético con una hipocresía inaudita. En todos los partidos había figuras con las manos manchadas, pero todos operaron con la misma teoría: seguimos adelante hasta que nos pillen. Y si nos pillan, inventamos un cuento. Me recuerdan a un tío que decía que las infidelidades había que negarlas aunque uno fuera sorprendido enredado entre las sábanas. Total, siempre podía ejercer su poder persuasivo para convencer a su mujer de que todo era fruto de su loca imaginación.

Si La Moneda se hubiese anticipado a reconocer que el boleteo irregular se trataba de una práctica extendida incluso entre los suyos, quizás podría haber controlado mejor los daños. Quizás habríamos llegado a entenderlo. Al menos yo lo habría entendido: he confesado que en la difícil circunstancia de financiar una campaña, quizás habría hecho lo mismo. Pero el gobierno prefirió apostar a la riesgosa estrategia de cruzar los dedos y esperar que la bomba explote en el jardín del vecino. Naturalmente, hoy la confesión de culpabilidad es mucho más cara. Y por eso no les queda más remedio que la chiva.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2015/04/30/000411-la-chiva

#IQUIQUELEAKS: GAJES DEL OFICIO

abril 28, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 28 de abril de 2015)

Que se filtren tus conversaciones privadas no tiene ninguna gracia. Si además eres político y la gente te exige un estándar de virtud superior, peor aún. Es lo que le ocurrió al senador PS Fulvio Rossi, cuyos diálogos por Whatsapp ahora son de público conocimiento. El contenido del chat lo complica: junto a una serie de compañeros de partido y aliados regionales, el parlamentario por las regiones de Arica-Parinacota y Tarapacá aparece digitando una serie de contubernios en torno a la política local. Pelan de lo lindo, se coordinan para obtener pantalla, les hacen la cama a sus adversarios internos. Rossi, oh sorpresa, no es el Dalai Lama.

Convengamos que el episodio –creativamente bautizado como #IquiqueLeaks- no dignifica la política ni devuelve la esperanza a quienes todavía creen que el servicio público es el principal motor de esta actividad. Pero de ahí a escandalizarse hay mucho trecho. Conversaciones como las filtradas son pan de cada día en el teléfono de prácticamente todos los seres humanos que administran alguna cuota de poder. Son gajes del oficio. Nada del otro mundo. Lo hace usted con sus amig@s o colegas y lo hace Fulvio con sus compinches.

En 1992 no teníamos Whatsapp, pero vivimos una escena parecida. El entonces senador Sebastián Piñera le pedía por teléfono a un amigo periodista que “dejara como cabra chica” a la diputada Evelyn Matthei en una entrevista. Era su correligionaria, pero también su rival para las presidenciales. Después supimos que Matthei consiguió la grabación y la filtró para hacerse la víctima.

Hoy la historia se repite: Rossi acusa al diputado PC Hugo Gutiérrez –su más enconado adversario en la zona y uno de los que sale damnificado en el pelambre socialista- de conseguir el chat con medios fraudulentos para luego ventilarlo a todo pulmón. No sabemos si Rossi está en lo cierto. Pero si lo estuviera, tampoco sería tan sorpresivo. La política por dentro es un juego sucio para caparazones resistentes. Los que la practican deben adaptarse a los riesgos de las nuevas tecnologías, aprender a borrar los mails y eliminar periódicamente las conversaciones de Whatsapp. ¿Qué más se puede pedir?

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-04-28&NewsID=311923&BodyID=0&PaginaId=16

PROVIDENCIA: EL PASO SIGUIENTE

abril 27, 2015

por Davor Mimica y Sacha Razmilic (publicada en El Mostrador del 24 de abril de 2015)

El ex alcalde de Providencia por 16 años, coronel (r) Cristián Labbé, ha anunciado en diversos medios su intención de repostularse al sillón edilicio que perdió en 2012. La historia de su derrota es conocida: en el contexto de la progresiva degradación de la convivencia ciudadana en la comuna, diversos grupos políticos y ciudadanos se organizaron para levantar una alternativa competitiva, la que finalmente encarnó la actual alcaldesa Josefa Errázuriz. Nuestro movimiento, Red Liberal, estuvo en los orígenes de lo que entonces parecía una utópica empresa electoral. Contribuimos a organizar una inédita primaria y, después de llegar en segundo lugar, nos plegamos con entusiasmo a la campaña de la candidata vencedora. El imperativo político-moral del momento hizo estratégicamente necesaria una alianza amplia que fuera capaz de ofrecerle a Providencia una autoridad que no sólo fuera capaz de administrar con éxito el aparataje municipal sino que fuera motivo de orgullo cívico y no de vergüenza nacional.

Creemos que los avances de estos últimos dos años han sido notorios: de la Providencia que trata a los vecinos como clientes de determinados servicios, pasamos a la comprensión de su rol como sujetos responsables de sus barrios, activos en la construcción de su desarrollo; del entendimiento de la comuna como un grupo homogéneo de ciudadanos mayores, con similares anhelos y necesidades, pasamos a aceptar, abrazar y promover la diversidad existente en el territorio; de una educación municipal en conflicto terminal a un nuevo camino de diálogos que han hecho que haya más clases que paros. De mirar las ciclovías como bienes suntuarios, pasamos a adoptar una perspectiva más compleja de la movilidad urbana dentro y fuera de las fronteras de la comuna. Todo esto es bienvenido y rompe el mito que alimentó el ex alcalde: que sólo bajo su conducción se podía llevar adelante una gestión destacada.

Sin embargo no podemos negar que la gestión de la alcaldesa Errázuriz también ha sido controvertida. Como muchas y muchos de los que apoyamos lealmente esta causa, nos preocupa que buenas obras se vean empañadas por reiterados errores y crisis autogeneradas. Los casos son conocidos y las justificaciones han sido poco satisfactorias. Quizás el mejor ejemplo sea el intento de modificación de los horarios de la actividad nocturna: torpe, poco dialogado y débilmente argumentado. El episodio reveló que, en el fondo, el entreguismo inmobiliario de Labbé y el exceso de celo paternalista de la actual administración son extremos peligrosos que pierden de vista la identidad integral de Providencia. Por algunas semanas, la comuna estuvo condenada a morir como el vibrante centro turístico, cultural y recreacional que es.

En el plano interno, tampoco ha sido grato enterarse –a través de denuncias cruzadas, bulladas renuncias y cambios repentinos– de los sucesivos problemas que ha sufrido el equipo que lleva las riendas de la municipalidad. Todos los barcos enfrentan tempestades. Pero no es alentador que el patrón sea de conflicto y desconfianza más que de armonía y espíritu de cuerpo.

Ninguno de estos episodios debiera motivar al arrepentimiento político. El gobierno municipal de Josefa Errázuriz ha sido parcialmente sanador. La apertura ciudadana y democrática de Providencia es su legado principal. A la luz de los actuales antecedentes, Cristián Labbé habría coronado un tétrico quinto período en continua peregrinación procesal por su eventual participación en crímenes de lesa humanidad. Qué duda cabe, nos salvamos de una crisis mayor.

Cercanos a la administración del poder en Providencia han testimoniado que el espíritu amplio y convocante que caracterizó la alegre campaña de Josefa Errázuriz se ha desvanecido. Que las fuerzas políticas que dominan la escena pertenecen a la misma vieja cepa concertacionista que llegó tercera en las primarias. Que las expresiones ciudadanas que participaron en la campaña han visto progresivamente mermado su protagonismo. Por todo lo anterior, y pensando en el futuro, nos sentimos políticamente distantes al grupo que actualmente dirige la municipalidad. Si bien compartimos ideas centrales del programa –del cual fuimos parte importante– no nos sentimos cómodos en una coalición que gobierna erráticamente y pierde de vista prioridades fundamentales de la vida local. Declaraciones como las del concejal Jaime Parada –que insiste en que la alianza de gobierno municipal es de izquierda y debiera agrupar a esos mismos sectores de izquierda en una próxima primaria– confirman esta intuición: la base de la coalición que llevó a Josefa Errázuriz al sillón edilicio ha sido reducida, dejando a Red Liberal en libertad de acción para elaborar una propuesta municipal propia en 2016.

Esto no es un necesariamente un problema, sino la constatación de que entramos en un proceso de normalidad democrática. Ya no existen las circunstancias extraordinarias que motivaron a sectores políticos muy distintos –desde liberales a comunistas– a unirse por la dignidad de Providencia. El propio Labbé enfrenta una seria competencia al interior de la derecha. Es dudoso que los partidos de la golpeada Alianza quieran dispararse en los pies apostando por una figura que la historia ya archivó. Josefa Errázuriz representa nuestra pequeña transición, una que quizás no sea necesario extender tanto. Eso lo decidirán los vecinos y ciudadanos de Providencia. Nuestra convicción de aportar, desde una narrativa liberal aplicada a la vida urbana moderna, es más fuerte que nunca. Queremos trabajar por una Providencia que emule el sueño de Chile que abrigamos. Una Providencia abierta a la metrópoli y al mundo. Una Providencia diversa, feliz, respetuosa, digna y orgullosa, creciendo y profundizando sus oportunidades. Una Providencia joven, pero no en la medida de lo que dice un carnet de identidad, sino en la actitud de diálogo y permanente aprendizaje que hoy tanto se necesita en la política chilena.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2015/04/24/providencia-el-paso-siguiente/

EL MEA CULPA DE BACHELET

abril 26, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 26 de abril de 2015)

Me habría gustado comentar en esta columna algunas de las propuestas del Consejo Asesor Anticorrupción. Lamentablemente, aunque éstas fueron entregadas a la Presidenta en un acto oficial el día viernes, su contenido no es todavía público. Una paradoja: si se trata de enviar señales pro transparencia, lo lógico habría sido liberar automáticamente las conclusiones y recomendaciones del informe. En cambio, La Moneda decidió reservarse el documento para previa revisión de Michelle Bachelet. La maniobra sugiere que podría haber un filtro entre lo que se entregó y lo que saldrá del despacho presidencial. No era necesario tomarse la molestia: el único filtro que importa es el paquete legislativo que, seguramente, Bachelet promoverá en su discurso del 21 de Mayo.

Al privarnos del contenido del informe Engel, la noticia se trasladó a la puesta en escena y muy particularmente al tono de la intervención de la primera mandataria. La Presidenta reconoció explícitamente que no fue capaz de condenar oportunamente y con fuerza “los modos éticamente imprudentes de hacer negocios que hemos conocido”. Al parecer, Bachelet por fin entendió que el tirón de orejas que le dio a su primogénito por el caso Caval fue interpretado por la opinión pública como demasiado suave. De lo contrario no tendría sentido hacer este mea culpa. Por doloroso que fuera, tirarle la cadena a Sebastián Dávalos y compañía fue siempre la única estrategia viable. La pregunta es si acaso todavía estamos tiempo de reconstruir el capital político perdido. El plan de reconquista del corazón de los chilenos está en marcha.

Lo positivo, en cualquier caso, es que la Presidenta parece estar saliendo del estado de letargo en el que se encontraba. No sólo asumió la deuda de la clase política en materia de probidad y transparencia –la Michelle cristológica, ofreciéndose a pagar los pecados de todos nosotros- sino que se fijó como meta prioritaria revertir la agria percepción de corruptela que se tomó la escena nacional. Al agregar que quiere que el “sello de su gobierno” sea legar “una democracia más transparente, ética y legítima”, Bachelet puede estar dando un giro interesante: del énfasis en reformas estructurales gruesas y controvertidas –como las pendientes en materia educacional, laboral o constitucional- al foco en recuperar la decencia de la actividad política. En otras palabras, del fondo a la forma. No son necesariamente incompatibles, pero quizás el gobierno percibe que la verdadera urgencia es sacar a la política de la UTI. De lo contrario ninguna transformación sustantiva se legitima.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-04-26&NewsID=311740&BodyID=0&PaginaId=16

ESTÁNDAR POLÍTICO

abril 24, 2015

(Carta al Director publicada en diario El Mercurio del 24 de abril de 2015)

Señor Director:

Ante la situación política actual y la inminente presentación de las conclusiones de la Comisión Asesora Presidencial sobre conflictos de interés, tráfico de influencias y corrupción, quisiéramos manifestar lo siguiente:

1. Que en los casos que han conmocionado a la opinión pública y debilitado severamente la confianza de los ciudadanos, la restitución de esta exige un compromiso transversal e irrestricto con la transparencia y la verdad.

2. Que la tesis invocada desde el mundo político según la cual no se tomarán medidas mientras no haya condenas judiciales es conceptualmente incorrecta y solo agrava la crisis de confianza. Quienes optan por la vida pública saben muy bien que el estándar ético al que están sometidos es más exigente que la mera legalidad. Así lo entiende la ciudadanía y así lo exige la democracia. La política está condenada al inmovilismo si sus representantes se escudan en el silencio o en la antesala de los fallos judiciales, en vez de tomar medidas que entreguen a los ciudadanos señales nítidas de condena a las malas prácticas.

3. Que, por la misma razón, si algunas de las faltas que se han conocido puedan no acarrear sanciones según nuestro marco legal, ello no coarta ni impide el derecho a conocer si los representantes electos cometieron dichas faltas. Se trata de una información indispensable para que los ciudadanos puedan exigir las responsabilidades políticas del caso a través del voto.

4. Que la actual crisis política no es sinónimo de crisis institucional, como algunos se apresuran a pregonar o concluir. Aunque es evidente que la actual crisis política constituye una prueba para nuestras instituciones, no puede negarse que estas están cumpliendo su rol. Y que todos, especialmente aquellos que se dedican a los asuntos públicos, deben asumir un compromiso irrestricto con el Estado de Derecho vigente y con el trabajo independiente de las instituciones.

Cristóbal Bellolio;

Daniel Brieba; 

Ignacio Briones;

Hernán Larraín M.; 

Leonidas Montes

Link: http://www.elmercurio.com/blogs/2015/04/24/31239/Estandar-politico.aspx /

http://impresa.elmercurio.com/pages/detail-view.htm?enviar=%2FPages%2FNewsDetail.aspx%3Fdt%3D24-04-2015%200%3A00%3A00%26PaginaId%3D2%26SupplementId%3D0%26bodyid%3D1

LOS ESPÍRITUS DEL CAPITALISMO

abril 21, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 17 de abril de 2015)

Chile y Argentina, países hermanos, han transitado derroteros históricos similares. En las últimas décadas ambos han experimentado dictaduras militares y procesos de modernización democrática. Paralelamente, en el campo económico, tanto Chile como Argentina han sido laboratorios de las recetas del llamado Consenso de Washington (al que sus críticos se refieren sencillamente como el modelo neoliberal). El resultado de la aplicación del neoliberalismo ha sido, sin embargo, disímil: mientras en Chile los principios de la economía libre profetizada desde las aulas de Chicago se arraigaron con bastante éxito, en Argentina nunca echaron suficientes raíces. Por el contrario, fueron impugnados recurrentemente. Este fenómeno es el que Tomás Undurraga, Doctor en Sociología de la Universidad de Cambridge, aborda e intenta explicar en su reciente publicación “Divergencias: Trayectorias del Neoliberalismo en Argentina y Chile” (UDP, 2014). La obra de Undurraga ilustra con claridad cuáles fueron –y siguen siendo- las diferencias entre ambos procesos de instalación del capitalismo de mercado. En esta reseña me propongo analizar tres de sus aristas.

Distintos tipos de suelo

El autor contrasta las condiciones políticas y culturales en las cuales se produce la importación de un modelo teóricamente ajeno a la práctica latinoamericana. El régimen militar chileno contó con el tiempo y distancia propicios para la aplicación unilateral y vertical de sus reformas. Nunca se vio en la necesidad de transigir o compensar a los eventuales perdedores del nuevo orden. Los gobernantes argentinos tuvieron que enfrentar una serie de contratiempos que dificultaron la instalación efectiva de una economía de mercado. Sus idas y vueltas fueron minando la legitimidad de un modelo que ni siquiera en sus mejores momentos –con Menem a comienzos de los noventa- tuvo aceptación hegemónica. La ciudadanía argentina, acostumbrada a negociar cuotas de poder en condiciones de relativa horizontalidad, no fue hueso fácil de roer. En contraste, los chilenos abrazaron el credo libremercadista con menos reticencias. La desintegración del tejido social y la ausencia de una cultura democrática robusta crearon las condiciones idóneas para la subrogación de los espacios propiamente políticos por la jurisdicción de lo económico: el ciudadano se reconvirtió en cliente y consumidor. Los chilenos aceptaron que la clave del éxito estaba en el esfuerzo individual y no en la captura de estructuras colectivas, corporativas o estatales. Ese habría sido el triunfo cultural más resonante del neoliberalismo en Chile. Por cierto, reconoce Undurraga, los éxitos de la economía chilena contribuyeron a legitimar el modelo. La democratización del acceso a bienes materiales y posicionales, el crecimiento económico sostenido que permitió a millones de chilenos salir de la pobreza dura y las perspectivas de un país en el umbral del desarrollo animaron –especialmente a la Concertación- a continuar por la misma senda. Sin resultados positivos, quizás otro gallo habría cantado también en Chile.

Sin embargo no fueron sólo los éxitos del capitalismo los que le permitieron al neoliberalismo chileno campear sin adversarios durante veinticinco años. Undurraga sugiere observar ciertos rasgos idiosincráticos para entender la disparidad de experiencias de capitalismo en Chile y Argentina. Nuestro país ya contaba con una tradición legalista que proporcionaba un marco general para la aplicación de una economía con reglas liberales, la que fue profundizada a partir de la ejecución capitalista. Chile adquirió chapa de sistema institucional maduro y estable, garante de seguridad jurídica, fiero defensor del derecho de propiedad, promotor de la libre competencia, creando de paso un ambiente óptimo para invertir y hacer negocios. Un cuento distinto se contó de los argentinos, poseedores de un sistema político tomador de decisiones económicas a partir de la presión política. Esta volatilidad en sus compromisos no hacía de Argentina el lugar adecuado para fundar una economía con reglas liberales. La tesis subyacente es que la condición de éxito del neoliberalismo a la chilena fue que el orden económico subordinó al orden político. El fracaso de su símil trasandino se caracterizaría por la relación inversa. Aunque el autor no lo menciona expresamente, cuesta no pensar en el célebre telefonazo del entonces Presidente Piñera a los dueños de Barrancones como la expresión más típica de la versión argentina. Lo que para nosotros fue una erosión grosera de la institucionalidad, en el país vecino habría sido una demostración corriente de flexibilidad y gobierno manos a las obra. En efecto, señala Undurraga, nuestra clase política –sedienta de acuerdos- se refugió en la supuesta neutralidad política del mercado como un espacio de no-conflictividad. Los argentinos, más acostumbrados a la discrepancia frontal, nunca aceptaron las credenciales de imparcialidad universalista del neoliberalismo. Según su visión, el campo de la economía -como cualquier otro- debe estar disponible para ser litigado, negociado, asignado, cuoteado y distribuido según criterios políticos. De ahí que produjeran su propia variante del capitalismo, una versión “nacional-popular” que se ha incorporado como herramienta prevalente de proselitismo político en la retórica de los Kirchner.

Un asunto de reputación

Una de las secciones más interesantes del recuento de Undurraga es el contraste en torno a la figura del empresario. Mientras en Chile se ensalzaron sus virtudes profesionales, patrióticas y morales -una suerte de héroe moderno, protagonista del país ganador, sostenedor del progreso para todos- en Argentina pasó a convertirse en sinónimo de ganancia mal habida y cohabitación impropia con el poder. En jerga del caso Penta, mientras los empresarios chilenos fueron considerados “máquinas de crear empleo”, sus pares argentinos son hasta ahora vistos como “máquinas de defraudación”.

La posición de privilegio reputacional del empresario chileno tiene implicancias políticas. Undurraga describe una importante asimetría en los niveles de organización del empresariado en ambos países. La fragmentación y rivalidad de los empresarios argentinos –con defensa sectorial de intereses- contrasta con la afinidad ideológica y el sentido “de cuerpo y clase” de los empresarios chilenos. Las conexiones políticas de estos últimos son evidentes. Su influencia es resonante en cada una de las discusiones públicas relevantes. En Argentina, comenta Undurraga, sería impensable que los candidatos a la presidencia tuvieran que rendir examen ante una organización pro-empresarial, como ocurre regularmente en Chile. Por lo mismo, los empresarios del país vecino no vocean su oficio con orgullo ni se sienten socialmente autorizados a dictar cátedra sobre la marcha de la nación en sendas entrevistas a página completa. Nada más distinto en Chile, donde los empresarios son actores ampliamente legitimados en el debate de cara al país. Sólo recientemente han comenzado a ver su capital simbólico cuestionado. El héroe noventero ha caído en parcial desgracia, anota Undurraga.

Junto a una prensa económica singularmente nutrida –Undurraga está pensando especialmente en El Mercurio pero menciona otros proyectos como esta misma revista-, un importante grupo de escuelas de negocios –donde destaca por su rol histórico la escuela de Economía y Administración de la PUC-, influyentes Think Tanks de corte liberal –como el CEP o Libertad y Desarrollo- y un robusto sector de consultorías de negocios, los empresarios organizados en foros como ICARE han contribuido a la generación de auténticos circuitos culturales con la misión de revitalizar la justificación moral del capitalismo, “instalando nociones virtuales acerca de las supuestas formas en que funciona el mundo”. La observación del autor es interesante porque subraya que el modelo económico no es natural sino que ha sido naturalizado como resultado de un proceso largo, coordinado e intelectualmente bien trabajado. El capitalismo, indica Undurraga, necesita de un aparato reflexivo que esté invirtiendo continuamente en la promoción de sus virtudes. Así por ejemplo, banderas como el emprendimiento, la innovación y la responsabilidad social se habrían enarbolado justamente como respuesta a las críticas que recibió el capitalismo europeo aparentemente estático de los años sesenta. Se desprende que los circuitos culturales chilenos tendrían la misión política de reverdecer los laureles del modelo ante la asonada de descontento que se ha registrado en el último tiempo.

El resorte de la máquina

“Divergencias” abre con una mención a las grandes narrativas de justificación del capitalismo. Parte con Adam Smith y la idea de la propensión humana al intercambio comercial, que en el camino será capaz de impactar positivamente en el comportamiento de los individuos a través de la promoción de una serie de virtudes como honestidad, confianza mutua y prudencia en el vivir. Sigue con Max Weber y su idea de la vocación por el trabajo y la riqueza como componente de una determinada ética religiosa y cultural. Continúa con Schumpeter, la noción de espíritu emprendedor y la dinámica de destrucción creativa que sería propia de los modelos de libremercado. Menciona a Karl Polanyi y su crítica a la potencialidad eminentemente destructiva del capitalismo para las sociedades. Llega finalmente a las recientes contribuciones de Boltanski y Chiapello, que justamente apuntan a la necesidad frecuente de renovar estas narrativas de justificación en orden a renovar su legitimidad social. “Divergencias” cierra preguntándose si acaso alguno de estos “espíritus del capitalismo” empalma con la narrativa y la realidad de los modelos chilenos y argentinos. Undurraga es escéptico. La tierra prometida por Smith no se ha hecho carne en la región. Contra el relato triunfalista noventero, el resorte de la máquina -como le llamaba Diego Portales a la virtud ciudadana que sostendría a la república- aparece más bien dañado: no es precisamente honestidad y confianza lo que está transmitiendo la elite económica. Reconoce que los sectores conservadores del empresariado chileno han adoptado un discurso pseudo-religioso para justificar su proceder –la mortificación del trabajo del Opus Dei es nuestro correlato al protestantismo de Weber- pero que no ha bastado como elemento legitimador masivo. Identifica a Schumpeter en la retórica del emprendimiento y la innovación, pero aclara que los empresarios chilenos son generalmente aversos al riesgo, mientras los procesos de creación de valor y la producción de nuevos conocimientos se concentran en la cima de la jerarquía y no se suelen traspasar a los trabajadores. Se pregunta si acaso las tesis de Boltanski y Chiapello son aplicables a un contexto tan específico como el nuestro. En síntesis, Undurraga deja abierta la pregunta sobre los futuros espíritus del capitalismo en Chile y Argentina, bajo la premisa de que las viejas narrativas requieren ser renovadas por los aparatos reflexivos que sostienen el modelo económico.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2015/04/17/000419-los-espiritus-del-capitalismo

EL PROGRAMA ES MÁS GRANDE QUE TU PROBLEMA

abril 19, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 19 de abril de 2015)

Es una curiosa situación la que vive el oficialismo. Durante mucho tiempo, se acostumbraron a depender del capital personal de Michelle Bachelet. Pero esas acciones van a la baja. Las reformas emblemáticas que prometió en campaña, sin embargo, gozan de relativa buena salud. La interrogante clave es si acaso esas transformaciones tienen porvenir a pesar de la atribulada popularidad de la Presidenta.

Cuando Bachelet regresó de Nueva York para asumir la candidatura de la Nueva Mayoría, fusionó su activo carismático con las demandas del llamado movimiento social que tomaron vida propia en tiempos de Piñera. Elegirla a ella implicaba votar por un programa que establecía cambios importantes en educación, tributación y régimen constitucional, entre otras áreas. Pero los promotores de estas iniciativas tenían claro que los programas no ganan elecciones. Para ello se necesitan figuras capaces de encarnar esa narrativa. Bachelet era el vehículo perfecto a través del cual se materializarían las anheladas reformas. Su tipo de liderazgo –horizontal, cercano, confiable- sería el lubricante idóneo para parir la institucionalidad del nuevo Chile.

A la luz de los acontecimientos, ese plan debe ser revisado. Políticamente hablando, el factor Bachelet pasó a la columna de los pasivos. Advirtiendo lo anterior, los miles de jóvenes que marcharon esta semana para insistir en la gratuidad universitaria y protestar contra la corrupción estaban muy interesados en enviar el siguiente mensaje: aunque la Presidenta esté débil, el mandato de sacar adelante las reformas consignadas en el programa se mantiene. Si Santa Michelle extravió la aureola, entonces sobre la sociedad civil organizada recaerá la responsabilidad de mantener encendido el fuego sagrado.

Desde el bacheletismo retrucan señalando que la Presidenta no ha perdido el timón, sino que nos desafía a entender el ejercicio del liderazgo en una clave menos autoritaria y vertical. Como si Bachelet quisiera retirarse de escena para dejar que en su ausencia germinen las voces subterráneas de la ciudadanía. Pero esa es una interpretación irreal y en el mejor de los casos un resultado involuntario. La idea del segundo mandato era justamente la opuesta: poner su capital político al servicio de causas parcialmente impopulares.

Paradójicamente, la irrelevancia en la que podría caer la Presidenta no anticipa el fracaso de su gobierno. Es evidente que a La Moneda se le hace más difícil sacar adelante sus proyectos si la Jefa habita el 30% de aprobación. Pero no es el acabose. Con mayoría parlamentaria y un programa de reformas generalmente apoyadas por los chilenos, la segunda administración de Bachelet podría terminar haciendo una contribución significativa que no se mide necesariamente en el aplausómetro de la primera magistratura.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-04-19&NewsID=311075&BodyID=0&PaginaId=13

¿ES NATALIA COMPAGNON UNA EMPRENDEDORA INCOMPRENDIDA?

abril 16, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 12 de abril de 2015)

Cuentan que a Natalia Compagnon -la mujer del primogénito presidencial Sebastián Dávalos- le pareció bien el reportaje que desclasificaba el negocio que su empresa Caval realizó sobre unos terrenos en Machalí. A Compagnon no le habría disgustado la idea pues creía que la nota reforzaba su calidad de “emprendedora”. Es la misma idea que intentó volver a posicionar esta semana en una exclusiva entrevista: la de una mujer profesional, independiente y emprendedora, injustamente atacada por una sociedad machista y poco tolerante con el éxito ajeno. ¿Es Natalia Compagnon una emprendedora incomprendida?

Si bien es cierto que la noción de “emprendimiento” es flexible, es probable que a los emprendedores camiseteados con ese riesgoso estilo de vida no les haga gracia verse retratados en los negocios de Compagnon. A fin de cuentas, una cosa es la viveza comercial y otra bien distinta es la creación de valor donde no lo hay. En el polémico caso Caval, la nuera de Bachelet habría actuado más bien como una simple especuladora inmobiliaria. No digamos que se trata de una operación que vaya a enseñarse en las aulas universitarias ni que inspire al mundo de las pymes. De innovación tiene pocazo. Por el contrario, sigue el viejo patrón de comprar barato para vender caro. Por lo anterior, Compagnon no es una emprendedora en sentido estricto, sino una astuta negociante que sabe hacerla.

Pero incluso aceptando la etiqueta, es bastante ingenuo pensar que la opinión pública anda con ánimo de celebrar modelos de negocios que no tienen otro fin que el lucro privado. Los empresarios ya no están en el olimpo reputacional donde estuvieron hasta hace pocos años. Sus historias ya no se cuentan como prístinos relatos de éxito sino a veces como derroteros fraudulentos. En el imaginario de la ciudadanía, desde La Polar hasta Penta pasando por Caval, todas caben en el mismo saco. Bajo este exigente nuevo estándar, Compagnon simboliza codicia y no despierta admiración.

Queda, finalmente, la acusación de femicidio social. Compagnon dice sentirse discriminada por ser mujer. Sin embargo cuesta ver en qué sentido esa victimización puede tener asidero en la realidad. No es que creamos que ella sea incapaz de gestionar un crédito millonario, sino que las circunstancias objetivas del negocio sugieren una intervención “desde arriba”. Si Compagnon no estuviera en escena y en su lugar estuviese cualquier otro varón emparentado con la primera magistratura, el reproche ciudadano sería bien parecido. La discriminación por género existe y hay que combatirla, pero es dudoso que éste sea un caso de aquellos.

Natalia Compagnon hace lo correcto al disculparse con la Presidenta por el involuntario daño causado. Su dolor es genuino y el abuso verbal -e incluso físico- que ha recibido debe ser categóricamente condenado. No obstante, su línea de defensa sigue siendo fácilmente expugnable y su versión de los hechos poco convincente. Sus propios socios han contribuido a ese juicio. Su desventura presente no tiene mucho que ver con su condición de emprendedora o de mujer.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-04-12&NewsID=310320&BodyID=0&PaginaId=15

DESCUBRIENDO EL TERMÓMETRO

abril 8, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 8 de abril de 2015)

El Contralor General de la República, Ramiro Mendoza, se despide de su cargo advirtiendo a la ciudadanía que “la corrupción ha llegado” a Chile. Es inevitable que los sucesos de los últimos meses han alimentado esa sensación: empresarios en prisión preventiva por evasión de impuestos, políticos sorprendidos financiando ilegalmente sus campañas, y hasta el hijo de la Presidenta involucrado en un caso de presunto tráfico de influencias y abuso de privilegios. Si vamos más atrás, nos encontramos con la colusión de pollos y farmacias. Un poco más atrás, con el caso La Polar y los conflictos de interés en el gobierno de Sebastián Piñera. Vayamos aún más atrás y acordémonos del MOP-Gate, que tuvo entre las cuerdas a la administración de Ricardo Lagos. En los noventa tuvimos hasta ministros que recibieron caballos de regalo. En los ochenta, empresas del estado subastadas entre gallos y medianoche… ¿Por qué pareciera que Mendoza está anunciando la aparición de un fenómeno nuevo?

Puede ser porque los chilenos nos hemos acostumbrado a compararnos favorablemente con el vecindario, donde efectivamente la corrupción campea de forma más explícita o grosera. Con orgullo recordamos que nuestros carabineros no se dejan coimear. Pero al mismo tiempo hacemos chistes sobre lo fácil que es reconocer compatriotas en el exterior porque se cuelan en la fila. Es decir, no somos ni tan sucios ni tan limpios. Como indicó el cura Berríos, en este país casi todos tenemos un “Penta chiquitito”. El mito del Chile probo es justamente eso: un mito. Pero tenemos una tradición de apego a las reglas relativamente superior que el resto de Latinoamérica.

Por eso no hay que tomar las expresiones del Contralor al pié de la letra. No es que la corrupción haya llegado de la noche a la mañana. Ramiro Mendoza no está comentando el surgimiento de una nueva epidemia nacional, sino apenas describiendo rasgos propios de nuestra cultura –como la satisfacción que produce encontrarle la grieta al sistema y la celebración de la pillería- que probablemente nos acompañan desde el nacimiento del Chile independiente. Lo que ocurre es que hemos mejorado notablemente la capacidad de detección del problema. Ahora contamos con un termómetro más fidedigno, fruto del trabajo cruzado de organismos públicos, agencias pro transparencia, periodismo autónomo y hasta redes sociales inquisitivas.

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LA LISTA NEGRA DE SQM

abril 7, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 6 de abril de 2015)

Tenían razón en la UDI: los gremialistas no eran los únicos que financiaban sus campañas con mecanismos ilegales. Esta semana se conoció un nutrido listado de personas –vinculadas a casi todos los sectores políticos- que recibieron pagos de la Sociedad Química Minera de Chile (SQM) por servicios que jamás habrían prestado y que se habrían destinado a solventar candidaturas. A estas alturas queda meridianamente claro que el uso de facturas y boletas “ideológicamente falsas” era una práctica habitual de nuestros aspirantes a cargos de representación popular. La mayoría de los involucrados en la nueva lista negra sigue siendo de la UDI, pero esta vez se suman varios nombres vinculados a RN, el PRI, la DC y el PPD. Hasta ministros de Estado han salido al baile de las sospechas. La situación se pone especialmente fea para la Falange, porque su flamante nuevo presidente –el senador Jorge Pizarro- sería uno de los beneficiados por este fraudulento esquema. Irónicamente, algunas autoridades de la Nueva Mayoría deben estar agradeciendo que Moreira, Von Baer y compañía aguantaran en sus puestos. Si éstos se hubieran visto obligados a renunciar, ahora estaríamos vaciando el Congreso.

Desde La Moneda han llamado a la prudencia. Piden evitar una “caza de brujas”. En efecto, el mero hecho de aparecer en la lista negra que entregó el SII a la Fiscalía acarrea la condena automática de la ciudadanía. Sin embargo el ministro Peñailillo no está preocupado de cuidar la reputación de los casi doscientos apellidos que se han servido para todo tipo de especulaciones y conexiones. Lo que le importa al gobierno, al oficialismo y a la oposición en forma transversal es evitar que el asunto se desmadre y la opinión pública termine por mandarlos a todos al carajo. Por lo mismo ha sido común encontrarse en la prensa con sentidas declaraciones de viejos cracks de la política nacional que claman al cielo por un gran acuerdo que les permita a todos hacer una suerte de borrón y cuenta nueva. Algunos incluso tienen el nervio de advertir que si nos deshacemos de ellos sólo nos quedará la triste alternativa del caudillismo populista o, peor, la intervención militar.

Todo el asunto tendría mejor aspecto si la Presidenta Bachelet no estuviera políticamente “paralizada”, como ha sido diagnosticada por socios y adversarios. Esta semana conocimos un sondeo de opinión que la situó en su peor momento desde que asumió el poder. Hasta sus atributos imbatibles se han visto severamente dañados. Ya no basta con depositar todas las fichas de la confianza pública en su (ex) milagroso capital. Pero también es dudoso que, por sí solo, un cambio de gabinete pueda dar vuelta la tortilla. Por ahora sólo nos queda seguir sacando la mugre debajo de la alfombra, la que inevitablemente viene en forma de morbosas listas negras.

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