DESCUBRIENDO EL TERMÓMETRO

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 8 de abril de 2015)

El Contralor General de la República, Ramiro Mendoza, se despide de su cargo advirtiendo a la ciudadanía que “la corrupción ha llegado” a Chile. Es inevitable que los sucesos de los últimos meses han alimentado esa sensación: empresarios en prisión preventiva por evasión de impuestos, políticos sorprendidos financiando ilegalmente sus campañas, y hasta el hijo de la Presidenta involucrado en un caso de presunto tráfico de influencias y abuso de privilegios. Si vamos más atrás, nos encontramos con la colusión de pollos y farmacias. Un poco más atrás, con el caso La Polar y los conflictos de interés en el gobierno de Sebastián Piñera. Vayamos aún más atrás y acordémonos del MOP-Gate, que tuvo entre las cuerdas a la administración de Ricardo Lagos. En los noventa tuvimos hasta ministros que recibieron caballos de regalo. En los ochenta, empresas del estado subastadas entre gallos y medianoche… ¿Por qué pareciera que Mendoza está anunciando la aparición de un fenómeno nuevo?

Puede ser porque los chilenos nos hemos acostumbrado a compararnos favorablemente con el vecindario, donde efectivamente la corrupción campea de forma más explícita o grosera. Con orgullo recordamos que nuestros carabineros no se dejan coimear. Pero al mismo tiempo hacemos chistes sobre lo fácil que es reconocer compatriotas en el exterior porque se cuelan en la fila. Es decir, no somos ni tan sucios ni tan limpios. Como indicó el cura Berríos, en este país casi todos tenemos un “Penta chiquitito”. El mito del Chile probo es justamente eso: un mito. Pero tenemos una tradición de apego a las reglas relativamente superior que el resto de Latinoamérica.

Por eso no hay que tomar las expresiones del Contralor al pié de la letra. No es que la corrupción haya llegado de la noche a la mañana. Ramiro Mendoza no está comentando el surgimiento de una nueva epidemia nacional, sino apenas describiendo rasgos propios de nuestra cultura –como la satisfacción que produce encontrarle la grieta al sistema y la celebración de la pillería- que probablemente nos acompañan desde el nacimiento del Chile independiente. Lo que ocurre es que hemos mejorado notablemente la capacidad de detección del problema. Ahora contamos con un termómetro más fidedigno, fruto del trabajo cruzado de organismos públicos, agencias pro transparencia, periodismo autónomo y hasta redes sociales inquisitivas.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-04-08&NewsID=309789&BodyID=0&PaginaId=16

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