¿ES NATALIA COMPAGNON UNA EMPRENDEDORA INCOMPRENDIDA?

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 12 de abril de 2015)

Cuentan que a Natalia Compagnon -la mujer del primogénito presidencial Sebastián Dávalos- le pareció bien el reportaje que desclasificaba el negocio que su empresa Caval realizó sobre unos terrenos en Machalí. A Compagnon no le habría disgustado la idea pues creía que la nota reforzaba su calidad de “emprendedora”. Es la misma idea que intentó volver a posicionar esta semana en una exclusiva entrevista: la de una mujer profesional, independiente y emprendedora, injustamente atacada por una sociedad machista y poco tolerante con el éxito ajeno. ¿Es Natalia Compagnon una emprendedora incomprendida?

Si bien es cierto que la noción de “emprendimiento” es flexible, es probable que a los emprendedores camiseteados con ese riesgoso estilo de vida no les haga gracia verse retratados en los negocios de Compagnon. A fin de cuentas, una cosa es la viveza comercial y otra bien distinta es la creación de valor donde no lo hay. En el polémico caso Caval, la nuera de Bachelet habría actuado más bien como una simple especuladora inmobiliaria. No digamos que se trata de una operación que vaya a enseñarse en las aulas universitarias ni que inspire al mundo de las pymes. De innovación tiene pocazo. Por el contrario, sigue el viejo patrón de comprar barato para vender caro. Por lo anterior, Compagnon no es una emprendedora en sentido estricto, sino una astuta negociante que sabe hacerla.

Pero incluso aceptando la etiqueta, es bastante ingenuo pensar que la opinión pública anda con ánimo de celebrar modelos de negocios que no tienen otro fin que el lucro privado. Los empresarios ya no están en el olimpo reputacional donde estuvieron hasta hace pocos años. Sus historias ya no se cuentan como prístinos relatos de éxito sino a veces como derroteros fraudulentos. En el imaginario de la ciudadanía, desde La Polar hasta Penta pasando por Caval, todas caben en el mismo saco. Bajo este exigente nuevo estándar, Compagnon simboliza codicia y no despierta admiración.

Queda, finalmente, la acusación de femicidio social. Compagnon dice sentirse discriminada por ser mujer. Sin embargo cuesta ver en qué sentido esa victimización puede tener asidero en la realidad. No es que creamos que ella sea incapaz de gestionar un crédito millonario, sino que las circunstancias objetivas del negocio sugieren una intervención “desde arriba”. Si Compagnon no estuviera en escena y en su lugar estuviese cualquier otro varón emparentado con la primera magistratura, el reproche ciudadano sería bien parecido. La discriminación por género existe y hay que combatirla, pero es dudoso que éste sea un caso de aquellos.

Natalia Compagnon hace lo correcto al disculparse con la Presidenta por el involuntario daño causado. Su dolor es genuino y el abuso verbal -e incluso físico- que ha recibido debe ser categóricamente condenado. No obstante, su línea de defensa sigue siendo fácilmente expugnable y su versión de los hechos poco convincente. Sus propios socios han contribuido a ese juicio. Su desventura presente no tiene mucho que ver con su condición de emprendedora o de mujer.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-04-12&NewsID=310320&BodyID=0&PaginaId=15

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