EL MEA CULPA DE BACHELET

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 26 de abril de 2015)

Me habría gustado comentar en esta columna algunas de las propuestas del Consejo Asesor Anticorrupción. Lamentablemente, aunque éstas fueron entregadas a la Presidenta en un acto oficial el día viernes, su contenido no es todavía público. Una paradoja: si se trata de enviar señales pro transparencia, lo lógico habría sido liberar automáticamente las conclusiones y recomendaciones del informe. En cambio, La Moneda decidió reservarse el documento para previa revisión de Michelle Bachelet. La maniobra sugiere que podría haber un filtro entre lo que se entregó y lo que saldrá del despacho presidencial. No era necesario tomarse la molestia: el único filtro que importa es el paquete legislativo que, seguramente, Bachelet promoverá en su discurso del 21 de Mayo.

Al privarnos del contenido del informe Engel, la noticia se trasladó a la puesta en escena y muy particularmente al tono de la intervención de la primera mandataria. La Presidenta reconoció explícitamente que no fue capaz de condenar oportunamente y con fuerza “los modos éticamente imprudentes de hacer negocios que hemos conocido”. Al parecer, Bachelet por fin entendió que el tirón de orejas que le dio a su primogénito por el caso Caval fue interpretado por la opinión pública como demasiado suave. De lo contrario no tendría sentido hacer este mea culpa. Por doloroso que fuera, tirarle la cadena a Sebastián Dávalos y compañía fue siempre la única estrategia viable. La pregunta es si acaso todavía estamos tiempo de reconstruir el capital político perdido. El plan de reconquista del corazón de los chilenos está en marcha.

Lo positivo, en cualquier caso, es que la Presidenta parece estar saliendo del estado de letargo en el que se encontraba. No sólo asumió la deuda de la clase política en materia de probidad y transparencia –la Michelle cristológica, ofreciéndose a pagar los pecados de todos nosotros- sino que se fijó como meta prioritaria revertir la agria percepción de corruptela que se tomó la escena nacional. Al agregar que quiere que el “sello de su gobierno” sea legar “una democracia más transparente, ética y legítima”, Bachelet puede estar dando un giro interesante: del énfasis en reformas estructurales gruesas y controvertidas –como las pendientes en materia educacional, laboral o constitucional- al foco en recuperar la decencia de la actividad política. En otras palabras, del fondo a la forma. No son necesariamente incompatibles, pero quizás el gobierno percibe que la verdadera urgencia es sacar a la política de la UTI. De lo contrario ninguna transformación sustantiva se legitima.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-04-26&NewsID=311740&BodyID=0&PaginaId=16

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