Archive for 31 mayo 2015

IMAGINANDO LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE

mayo 31, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 31 de mayo de 2015)

Existe cierto acuerdo en nuestro país respecto de la necesidad de elaborar una nueva constitución cuyo origen sea plenamente democrático. Existe menos acuerdo respecto de cómo llevar a cabo la tarea constituyente. Mientras unos proponen que el encargado sea el Congreso Nacional –ya sea éste o el siguiente- otros creen que la mejor alternativa es convocar una asamblea o convención constituyente (AC). La primera opción no necesita mayor explicación. Respecto de la segunda, sin embargo, todo es un misterio. Nadie sabe cómo funcionaría una AC. Pero que estas preguntas no tengan todavía una respuesta no significa que no puedan tenerla. Hagamos un ejercicio de política ficción e imaginemos cómo podría nacer y operar una AC.

Para partir, el Congreso debe darle a la Presidenta las herramientas –dentro de la legislación vigente- para llamar a un plebiscito que consulte acerca del mecanismo preferido para elaborar la nueva constitución. Lo ideal sería hacer coincidir ese plebiscito con las municipales 2016 o bien con las elecciones generales de 2017. En el evento que la ciudadanía opte por el camino AC, el Ejecutivo en conjunto con el Congreso –ojalá el próximo, para que la mayoría de sus integrantes hayan sido electos con el sistema electoral que reemplazó al binominal- tendrán que redactar las reglas del juego bajo las cuales se escogen los delegados que tendrán la crucial misión de pensar, deliberar, negociar y acordar el contenido de la Carta Fundamental.

A diferencia del Congreso, la AC es una institución que nace con un mandato específico y se disuelve al concluirlo. Sus integrantes no podrán senadores, diputados o altas autoridades de gobierno en ejercicio. Para reforzar la transparencia, sobre ellos debe pesar la inhabilidad de postularse a las elecciones siguientes. La manera de escogerlos también será inédita: mi propuesta es que los candidatos a delegados se presenten en listas patrocinadas por coaliciones, partidos existentes, partidos en formación, movimientos políticos e incluso sociales que cumplan ciertos requisitos mínimos. El sistema electoral debe ser altamente proporcional, de manera que se vean representadas las diversas corrientes del paisaje ideológico chileno. Al mismo tiempo, las unidades electorales deben ser territorialmente extensas: no estamos escogiendo caudillos locales sino voces capaces de articular visiones nacionales. Por lo mismo, sería interesante que las listas fuesen cerradas: en lugar de votar por un postulante en base a sus atributos individuales, se invita a la ciudadanía a votar por una lista que represente ciertas ideas políticas. Respecto de la extensión, estamos hablando de aproximadamente doscientos delegados (incluidas ciertas cuotas para minorías), los que podrían ser escogidos en comicios excepcionalmente obligatorios a fines de 2018. Su trabajo no debería extenderse más allá de 12 meses.

Finalmente, el texto acordado debiese ser sometido a referéndum ratificatorio. Esto significa que en 2020 ya podríamos contar con una nueva constitución plenamente legitimada a través de una serie de mecanismos democráticos e institucionales. Soñar no cuesta nada.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-05-31&NewsID=314939&BodyID=0&PaginaId=15

¿QUIÉN QUIERE A ANDRÉS VELASCO?

mayo 30, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 29 de mayo de 2015)

El regreso del ex ministro de hacienda y precandidato presidencial Andrés Velasco a la contingencia estuvo cargado de polémica. Era que no: acusó al bacheletismo de haberse “comprado toda demanda de cuanto grupo de presión se cruzó en su camino”; dijo que la gestión de La Moneda se parecía a un “no-gobierno” pues abdicaba del crucial deber de liderar; cuestionó el fundamento técnico de las reformas, así como su recurrente improvisación; se lanzó a la yugular del proyecto emblemático de educación universitaria gratuita, de la reforma laboral en camino e incluso de las expectativas de recaudación de la tributaria; finalmente, señaló que el anuncio presidencial de un proceso constituyente marcaba un “récord de liviandad en la política nacional”. En resumen, conminó al oficialismo a abandonar el programa si no querían convertirse en un riesgoso columpio populista que no merece ser calificado de “centro-izquierda”.

Desde la Nueva Mayoría le dispararon duro. Algunos señalaron que Velasco no tenía autoridad moral para opinar de la coyuntura toda vez que no ha aclarado su situación en el escándalo del financiamiento irregular que ha azotado a moros y cristianos. Otros prefirieron hacerse cargo del contenido político de sus palabras y lo felicitaron por salir del clóset: Velasco sería un confeso derechista. El presidente del PPD, Jaime Quintana, fue un paso más allá: dijo que Velasco se situaba a la derecha de Andrés Allamand y que su motivación era ser aceptado en las primarias de la Alianza. El diputado Osvaldo Andrade (PS) dijo que la derecha ya tenía 3 candidatos: Velasco, Allamand y Ossandón. El senador Ignacio Walker (DC) escribió que su amigo Andrés había adoptado el “lenguaje de la derecha” en el debate tributario, educacional, laboral y constitucional. Aprovechó de recordarle que se trataba de una posición “legítima pero incoherente”, pues como precandidato perdedor en las primarias de la Nueva Mayoría su deber de lealtad política está con el gobierno, como lo han padecido casi sacrificialmente los democratacristianos.

¿Qué dijo la derecha? No lo recibieron con los brazos abiertos. El presidente de RN, diputado Cristián Monckeberg, dijo que “sobre su cadáver” iba a permitir que “personas que vienen de otros sectores intenten representar al nuestro”. Agregó que Velasco tenía un “marcado sello de izquierda, aunque hoy día no está muy claro hacia dónde va”. El senador Andrés Allamand se salió del libreto partidario y le ofreció a Velasco una suerte de pacto amplio para derrotar a la izquierda en las próximas presidenciales, lo que a su vez fue interpretado por Monckeberg como una “indisciplina”.

¿Quién quiere entonces a Andrés Velasco? A estas alturas parece claro que su domicilio coyuntural está en la oposición. No solo cree que las ideas del gobierno están siendo mal ejecutadas –ese juicio lo pueden compartir varios al interior de la NM- sino que son malas ideas y punto. Después de la encerrona que (siente) le hicieron desde La Moneda, también se ha desvanecido la afectio societatis que mantiene unidos a los grupos humanos. No hay duda: Andrés Velasco está fuera de los contornos ideológico-afectivos de la coalición de gobierno.

Pero ser oposición no significa automáticamente ser de derecha. El Partido Comunista fue oposición a la Concertación durante veinte años. En rigor, partidos como el Marco Enríquez y movimientos como el de Gabriel Boric también están fuera del oficialismo y plantean muchas de sus batallas desde una posición antagónica. Lo que ocurre es que los dirigentes de la NM tienen problemas para interpretar el espectro político como un cuadro complejo. La herencia del plebiscito de 1988 todavía pesa como clivaje cultural: o eres del NO, o eres del SÍ. No hay posiciones intermedias. En su estructura mental duopólica, al abandonarlos a ellos, Velasco “se fue a la derecha”.

Por cierto, se podría argumentar que las posiciones ideológicas expresadas por Andrés Velasco corresponden a lo que se entiende políticamente por derecha –aunque él insista en declararse de centroizquierda. Pero la derecha chilena está bastante más a la derecha de Andrés Velasco. En prácticamente ninguno de los debates mencionados la Alianza tiene posturas más progresistas. Coincidencias existen en las materias económico-sociales, pero hay un océano de diferencia en las cuestiones valórico-morales. Velasco tiene una fibra liberal que bajo otras condiciones históricas podría caber en un proyecto amplio de centroderecha. Pero en ningún modo bajo las actuales. La derecha chilena ha renunciado a interpretar a ese mundo. La reacción de Monckeberg retrata esa vocación de minoría. Por eso la respuesta de Velasco vía Twitter es sincera: “NO tajante a coaliciones con sectores conservadores. La tarea es fortalecer el centro político”.

Es evidente que su carrera política quedó dañada tras las esquirlas del caso Penta. Una explicación verosímil y satisfactoria aún no ha llegado. Pero también es claro que una porción importante de la ciudadanía comulga con las ideas de Andrés Velasco: las de un liberalismo igualitario, democrático y pluralista, con énfasis en el crecimiento económico y serio en el manejo de las platas públicas, esencialmente anti-populista y semi-tecnocrático. Si eso es la derecha, entonces habría que alegrarse de tener una derecha tan civilizada. No creo que sea el caso. No todavía.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2015/05/29/000532-quien-quiere-a-andres-velasco

BACHELET, LA ANSIEDAD CONSTITUYENTE Y EL CATECISMO DE LOS PATRIOTAS

mayo 27, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador del 27 de mayo de 2015)

En el reciente mensaje del 21 de mayo, la Presidenta Michelle Bachelet invocó el espíritu de los padres de patria para fundar su posición en torno a la cuestión constituyente. Citando al fraile Camilo Henríquez, recordó que los pueblos tienen el derecho de revisar su herencia constitucional, pues “una generación no puede sujetar irrevocablemente a sus leyes a las generaciones futuras”. Es una idea que ya había esbozado Kant para caracterizar la Ilustración e incluso Jefferson para explicar que las constituciones debían tener una vigencia limitada pues operaban como las deudas (no se puede obligar a los hijos a pagar las de los padres).

De acuerdo a esto, las generaciones que van entrando a la discusión pública se reservan el derecho de preguntarse si acaso un nuevo momento constitucional es pertinente o recomendable. Cuando la respuesta es negativa, se acepta la herencia y se ratifica la ley fundamental, la que se entiende para todos los efectos como propia. Es lo que ocurre en la mayoría de los casos. Sin embargo, a veces la respuesta es positiva porque las nuevas generaciones rechazan –total o parcialmente- el legado político-constitucional de sus antecesores. Cuando el repudio es total, procede no sólo un momento constitucional sino constituyente. Ese pareciera ser el escenario en el que nos encontramos. El debate acerca de la necesidad de un nuevo texto constitucional está más o menos zanjado (con la previsible resistencia de la UDI, por cierto). En cambio, la pregunta acerca de cómo redactar la nueva constitución sigue estando abierta y en ese campo cabe una razonable diversidad de legítimas opiniones.

El punto de esta columna es sencillo: si Bachelet quiere ser realmente fiel al espíritu de las palabras de Camilo Henríquez, debe sacudirse la ansiedad constituyente de la Nueva Mayoría. Es una paradoja, pues la Presidenta ganó con un programa que prometía nueva constitución. Sin embargo, apurarse en redactar un nuevo texto a través de una comisión de expertos o del Congreso Nacional –para que alcance a estampar su firma y no ser menos que Lagos- implicaría burlar la tesis generacional del “Catecismo de los Patriotas”.

¿Cómo aplicar esta tesis al debate actual? Pensemos que Chile tuvo un primer momento constituyente-constitucional entre  el hito original de 1980 y los ajustes de 1989. De aquí emergió el legado institucional de Pinochet, incluyendo la cincuentena de importantes reformas que la dictadura negoció con la Concertación justo antes de entregar el poder (las que fueron ratificadas en un referéndum que practicamente todos lo sectores llamaron a aprobar). En 2005 tuvimos un segundo momento constitucional, que Lagos quiso hacer aparecer como políticamente constituyente. También fue fruto de arduas negociaciones entre Alianza y Concertación. Diez años más tarde, entramos en lo que algunos han llamado un tercer momento constitucional –reconocido incluso en el programa de gobierno que preparó Andrés Allamand. Mi intuición, siguiendo la tesis del cura Henríquez, es que la misma generación que condujo los dos momentos constitucionales anteriores está inhabilitada para conducir el tercero, especialmente si uno de los objetivos del proceso es darle inicio en forma verosímil a un nuevo ciclo histórico-político.

El caso de Allamand es ilustrativo. Fue importante articulador de los acuerdos por la democracia en los ochenta; protagonista de la transición en los noventa; impulsor de varias modificaciones constitucionales en 1997 que finalmente vieron la luz en 2005 (como la eliminación de los senadores designados); y hoy tiene asegurado un escaño en el Senado hasta 2022. Piense ahora en Ricardo Lagos: llamó a votar a favor de las reformas de 1989, fue la estrella del proceso de 2005 y ahora dirige una plataforma digital (“Tu Constitución”) que le permite seguir vigente en el debate. O en Andrés Zaldívar, que ocupaba la presidencia de la DC en 1989 y que tuvo la responsabilidad de aprobar las reformas de 2005 desde su sillón senatorial. Hoy sigue en el Senado. Si el tercer momento constitucional-constituyente pasa por sus manos en el actual Congreso, no se puede decir realmente que una nueva generación está revisando la herencia constitucional de sus padres. Es básicamente la misma: aquella que se organiza políticamente en dos grandes coaliciones cuya estructura divisoria encuentra su hito originario en el plebiscito de 1988.

Quiéralo o no, Michelle Bachelet pertenece a esa misma cohorte. Por lo anterior, la única forma coherente de abrazar las ideas de Camilo Henríquez sería dotar al proceso constituyente de las herramientas institucionales necesarias para que la generación post transición se haga cargo de concluir la operación en el próximo período. En el Congreso actual su representación es marginal. Nuevos movimientos como Evópoli, Revolución Democrática o la Izquierda Autónoma tienen apenas un diputado cada uno. El PRO de Marco Enríquez o Fuerza Pública de Velasco ni siquiera tienen. Los procesos de renovación interna de los partidos tradicionales han sido más dificultosos de lo pensado. En consecuencia, lo recomendable es darles tiempo para que incrementen su poder negociador no sólo dentro del Congreso sino que también fuera de él.

La presidenta está en lo correcto cuando señala que el proceso constituyente requiere de un amplio acuerdo político. Pero siguiendo la tesis generacional que ella misma puso sobre la mesa, dicho acuerdo sería más sustentable si se suscribe a lo largo del interesante espectro ideológico de la generación post transición. Si en cambio recae sobre la misma generación que ya protagonizó los dos momentos constitucionales anteriores, no deberíamos extrañarnos si en unos años más comenzamos a plantearnos la necesidad de un cuarto momento auténticamente constituyente y refundacional. A fin de cuentas, las reglas constitucionales acordadas se aplicarán en el ciclo vital de los que vienen de entrada y no sobre los que van de salida.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2015/05/27/bachelet-la-ansiedad-constituyente-y-el-catecismo-de-los-patriotas-2/

LA VENGANZA DEL COBRADOR DE IMPUESTOS

mayo 24, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 24 de mayo de 2015)

En una reciente entrevista, el ex director del SII Michel Jorrat confirma lo que ya era un secreto a voces: que recibió presiones del ministerio del Interior –encabezado por Rodrigo Peñailillo- para que no siguieran investigando el caso SQM. ¿Por qué? Porque personeros de la Nueva Mayoría y la propia campaña bacheletista –incluido Peñailillo- aparecían entre los involucrados en potenciales delitos tributarios. Si la versión de Jorrat es ajustada a la realidad, quiere decir que desde el gobierno le avivaron la cueca al SII cuando era la UDI la que estaba con la soga al cuello por las platas de Penta, pero le quisieron poner freno a su celo inquisitivo cuando llegó la hora de medirlos a ellos con la misma rigurosa vara.

Algunos creen que Jorrat rompió los códigos de la política. Que cuando te toca pagar, hay que morir en la rueda. Que no hay lugar para sanguchitos de palta. A fin de cuentas su confesión no afecta sólo a Peñailillo, sino que obliga a las actuales autoridades de La Moneda a salir a defender el honor del gobierno. Por eso Burgos y compañía se apuraron a cuestionar la veracidad del testimonio de Jorrat.

Pero Jorrat es un animal herido. Tiene rabia porque lo metieron en una operación que le costó el puesto, además de ponerle abrupto fin a las positivas transformaciones que encabezaba en el SII. Ahora le interesa rehabilitar su nombre frente a la opinión pública, para que ésta finalmente entienda que él nunca estuvo en el bando de los malos sino en el de los buenos. Es difícil exigirle lealtad a una persona en sus atribuladas circunstancias -que incluyeron fuertes cuestionamientos morales a su persona e incluso amenazas.

Viendo la película completa, lo peor de esta teleserie es el daño al Servicio de impuestos Internos. El prestigio de una institución que debiera ser garantía de imparcialidad y credibilidad ha sido mancillado en los últimos años. Comenzó en tiempos de Piñera, bajo la controversial administración de Julio Pereira. Con Bachelet, el problema se profundizó. Hoy, muchos chilenos creen que el SII puede ser tironeado para servir ciertas agendas políticas particulares. Si Piñera fue catalogado como el gran destructor de las instituciones –por casos como Casen, el Censo y el SII- es hora de preguntarse si acaso Bachelet no merece un apelativo similar.

Como sea, el desafío es recuperar ese prestigio para que un organismo tan importante nunca más se preste para estas jugarretas. Podríamos partir por pensar en independizar completamente a su director de la subordinación política del gobierno de turno.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-05-24&NewsID=314401&BodyID=0&PaginaId=17

AQUÍ NO HA PASADO NADA

mayo 22, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 22 de mayo de 2015)

Aunque el ambiente político está obviamente enrarecido, Michelle Bachelet optó por transmitir una señal de normalidad en el tradicional discurso del 21 de mayo en Valparaíso. No hubo alusiones a Caval o Penta. Tampoco un abordaje serio ni autocrítico de la crisis de confianza que atraviesa la política chilena. A la usanza de su antecesor, la Presidenta se olvidó del relato y se dedicó a enumerar obras y proyectos. Raro que se llame “cuenta pública”, cuando en la práctica los jefes de estado la utilizan para prometer lo que viene y no necesariamente para contar lo que han hecho. Bachelet no fue la excepción: el grueso de su mensaje lo constituyeron anuncios.

En materia constitucional quedamos más o menos donde mismo. La Presidenta reiteró lo que dijo al presentar las conclusiones de la comisión Engel: que el proceso –tan participativo como institucional- comenzaba en septiembre. Los que esperaban más luces al respecto quedaron con los crespos hechos. Quizás sea mejor: este asunto es delicado y hay que tomarse el tiempo para hacerlo bien.

Llamó la atención la cantidad de nuevos ministerios, subsecretarías y reparticiones públicas prometidas. El estado sigue creciendo para responder en los distintos quehaceres de la vida nacional. Eso no es malo en sí mismo. Lo importante es tener como pagarlo. La Presidenta reiteró su interés en reactivar la economía. Sin embargo se echaron de menos medidas concretas para lograrlo.

Como siempre ocurre en un marco tan predecible, las iniciativas inéditas se robaron la película. En particular la idea de crear un canal de televisión estatal dedicado a la educación y la cultura, sin la obsesión de rating y la obligación de financiarse con publicidad. Es un reconocimiento tácito de que TVN no está cumpliendo esa misión. Este tipo de medidas tienen un efecto político interesante: fijan un nuevo tema en la agenda –lo que más necesita La Moneda- e invitan a las partes a tomar una posición.

Afuera del Congreso, otra tradición republicana: los parlamentarios oficialistas alabando la contundencia del mensaje y los opositores lamentando su pobreza franciscana. Podrían ponerse tapones en los oídos y decir exactamente las mismas cuñas a la salida, año tras año.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-05-22&NewsID=314211&BodyID=0&PaginaId=14

EL REY DAVID

mayo 20, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 15 de mayo de 2015)

Cinco años más en el poder se aseguraron los conservadores británicos. En una elección que fue etiquetada como trascendental por los analistas, el resultado tuvo bastante de sorpresivo y hasta de dramático. A continuación las claves de la victoria de los tories.

La graduación de un líder

El establishment conservador siempre abrigó dudas acerca de la competencia política del joven David Cameron –que con solo 38 años tomó el control de su partido y lo condujo hacia una etapa de modernización. En 2010 lo criticaron porque, en estricto rigor, no fue capaz de ganar la elección: los escaños obtenidos no le bastaron para formar una mayoría parlamentaria. Cameron tuvo que recurrir a los Liberal Demócratas y formar una inédita coalición. Esta vez, sin embargo, no hicieron falta fuerzas auxiliares: los conservadores superaron su votación y aseguraron 331 asientos de un total de 650. El mérito le pertenece, en gran parte, a Cameron. Este es un tapabocas para sus críticos. El propio primer ministro la calificó como “la más dulce de todas las victorias” de su carrera.

La narrativa de los tories fue sencilla: recibieron un país en recesión y hoy exhiben una economía en buen estado, que crece más que el resto de Europa y ha alejado definitivamente el fantasma del desempleo. Reducir el déficit fiscal sigue pendiente. Las políticas de austeridad siguen siendo tremendamente resistidas. Pero sumando y restando, la percepción es que  Cameron logró pasar la prueba crucial de la recuperación económica. Eso lo fortaleció frente al recuerdo fresco de una gestión laborista considerada irresponsable con las platas públicas así como errática para enfrentar la crisis. No fue una sorpresa que el mundo financiero –la City- le diera la bienvenida a su reelección con una jornada de alzas en la bolsa.

Eso no fue todo. Los conservadores pusieron en práctica una exitosa campaña del terror. Convencieron al electorado moderado que un triunfo de Milliband era sinónimo de cogobierno con los nacionalistas escoceses del SNP. Varios analistas estiman que la victoria de Cameron empezó a fraguarse la noche del referéndum que decidió la no-independencia de Escocia, cuando advirtió que no era mala idea que sólo los ingleses votaran acerca de leyes inglesas. Un tufillo a nacionalismo se tomó la campaña, lo que eventualmente también sirvió para mantener a raya el crecimiento de la extrema derecha representada por el Ukip.

Un reino dividido

La estrategia pudo ser exitosa desde el punto de vista electoral, pero quedan dudas si acaso no se transformará en una victoria pírrica para el Reino Unido. La epopeya electoral del SNP da cuenta de un fenómeno de proyecciones históricas insospechadas. De los 57 asientos de Westminster que se eligen en territorio escocés, en 2010 obtuvieron 6. Hoy tienen 56. Los principales damnificados fueron los laboristas, que fueron barridos del mapa al norte de la isla.

Este resultado puede sonar contraintuitivo. A fin de cuentas, fue justamente la opción separatista del SNP la que perdió en el referéndum del año pasado. Pero parece que los escoceses, por ahora, no quieren necesariamente irse del Reino Unido, sino contar con un cuerpo de orgullosos representantes que entiendan realmente los problemas de su pueblo. El referéndum, lejos de apagar la llama nacionalista, la potenció. “El león escocés rugió a lo largo del país” señaló el carismático Alex Salmond. Vaya que lo hizo. De pasada, dejó a Gran Bretaña partida ideológicamente en dos: a un lado, la Inglaterra conservadora de derecha; al otro, la Escocia progresista de izquierda.

La energética líder del SNP Nicola Sturgeon –probablemente la figura política más destacada de la campaña- ha dicho que estos extraordinarios resultados no activan automáticamente la demanda de independencia. Hasta ahora, nadie ha pedido un nuevo referéndum. La principal misión del SNP será amargarle la vida a Cameron en el parlamento, especialmente cuando éste busque profundizar las políticas de austeridad. Tienen 56 buscapleitos para ello.

Un valle de lágrimas

A diferencia de lo que ocurre habitualmente en Chile, en Reino Unido los políticos asumen su responsabilidad después de perder una elección. La primera cabeza que rodó fue la del líder laborista Ed Milliband. Aunque esta fue recién su primera elección –asumió como cabeza del partido en 2011- el estruendo de la derrota hizo imposible que continuara. Hasta la mañana del jueves 7 de mayo, muchos observadores pensaban que los laboristas podían quedarse con el gobierno (aunque negociando con facciones menores). El contraste entre la expectativa y la realidad fue cruel. Milliband está lejos de ser un político portentoso. Aunque en la recta final de la campaña mejoró sustancialmente su capacidad de comunicarse, la opinión pública nunca lo vio realmente en el traje de primer ministro.

Por cierto, no toda la responsabilidad la tiene el intérprete. En el corazón del laborismo la pregunta es si acaso el discurso ofrecido a los electores no era demasiado izquierdista para el paladar británico. Red Ed –como le bautizó la prensa conservadora- hizo carrera criticando duramente el New Labour de Tony Blair y su propio hermano David Milliband. Su estrepitosa caída le permite a los Blairistas recuperar la voz y recordar las enseñanzas del maestro: para ganar elecciones, siempre hay que apuntar al centro. No es casualidad que Cameron y compañía también se refieran a Blair como el “maestro”.

Las lágrimas también fueron abundantes entre los LibDems. De ser la sensación eleccionaria de 2010 –cuando obtuvieron 57 escaños y casi un tercio de la votación general- pasaron al fiasco monumental de 2015 –con apenas 8 representantes electos y un magro 8% a nivel nacional. Su líder, Nick Clegg, también dio un paso al costado. Sabían que la ciudadanía les pasaría la cuenta por su controvertida performance al interior de la coalición gobernante. Pero no se esperaban esta debacle. Clegg cerró su discurso de despedida con una predicción fúnebre: los valores del liberalismo europeo están en peligro ante la emergencia de certezas que en el contexto global se encarnan en la política de la identidad, del nacionalismo, del “nosotros contra ellos”.

Otro sistema electoral que no da más

A propósito de discursos nacionalistas, el tercer líder que renunció –al menos momentáneamente- es Nigel Farage del Ukip, pues no pudo ganar en el distrito en el cual se presentó. De hecho, su partido sólo fue capaz de ganar un mísero escaño. Pero ese dato es engañoso. El Ukip bordeó el 13% de la votación general. Llegaron en apretado segundo lugar en decenas de distritos electorales, pero como el sistema británico es uninominal (“First Past The Post”), se quedaron con las manos prácticamente vacías. En 2010 las víctimas fueron los LibDems, que incluso empujaron un referéndum para cambiar el sistema electoral. Lo perdieron. Esta vez los perjudicados fueron los candidatos del Ukip. Con casi 4 millones de votos, tienen apenas una voz en Westminster. Usando la misma matemática, los conservadores obtuvieron un asiento cada 34 mil sufragios. Es una desproporción que violenta el sentido común y por eso es probable que el tema reflote prontamente. Especialmente ahora que sabemos que terceras, cuartas y quintas fuerzas políticas pueden pararse de igual a igual con los partidos tradicionales. Reino Unido está dejando de ser un clásico modelo bipartidista.

Otro aspecto destacado de la elección fue su significativa participación, especialmente tomando en cuenta que se trata de un sistema con registro electoral voluntario, voto voluntario, día eleccionario hábil y prohibición de convertir la ciudad en un chiquero de palomas, rayados y gigantografías. Así y todo, un 66% de los ciudadanos del Reino Unido ejerció su derecho constitucional. El número más alto desde la irrupción de Blair en 1997. Otra interesante diferencia con el debate chileno: los británicos entienden perfectamente bien que las contiendas más reñidas funcionan como incentivos a la participación, y a nadie se le ocurre proponer la obligatoriedad porque en una determinada elección vota poca gente (como ocurrió en la última presidencial que ganó Michelle Bachelet). Lo que más destacan los medios es el incremento del sufragio juvenil: seis de cada diez personas entre 18 y 24 años concurrió a las urnas. Los más entusiastas fueron los escoceses.

La batalla por Europa

La mayoría que obtuvo Cameron le basta para gobernar solo, pero sigue siendo una mayoría estrecha. Sus adversarios no le concederán tiempo para una segunda luna de miel. El temor de las fuerzas progresistas es que los conservadores quieran aprovechar de desplegar una agenda ideológica neo-Thatcheriana que, en teoría, era contenida por los LibDems con los cuales compartían gobierno. Ahora nada frena sus instintos. Se anticipan recortes en ciertos beneficios sociales, así como un leve endurecimiento del discurso anti-inmigración. Pero principalmente, se espera que el asunto europeo tome el centro del escenario.

David Cameron prometió un referéndum para decidir si Reino Unido se queda o se va de la Unión Europea, que debería tener lugar en 2017. Muchos actores políticos consideran que abrir la puerta a esta discusión es un error estratégico. Milliband, por ejemplo, no lo habría llevado a cabo. Pero Cameron ya está casado con su anuncio. Tiene dos años para renegociar su relación con Bruselas y presentarle a su partido una vía razonable para seguir en la UE, cuidándose de no regalarle a la extrema derecha el voluminoso electorado euroescéptico.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2015/05/15/000545-el-rey-david

LA MALDICIÓN DE TEGUALDA

mayo 19, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 19 de mayo de 2015)

Fue algo irónico: el mismo día que el Diario Oficial ratificó el nombramiento de Michel Jorrat a la cabeza del Servicio de Impuestos Internos, el gobierno le pidió la renuncia. Hizo lo correcto. Independiente de las cualidades profesionales de Jorrat, su involucramiento personal en el caso de las boletas ideológicamente falsas –y la sospecha de que pudo recibir presiones de los ex ministros de Interior y Hacienda para contener las investigaciones contra figuras de la Nueva Mayoría- hacía muy vulnerable su posición en una repartición dedicada justamente a pesquisar las irregularidades tributarias. Aquí no basta con ser, también hay que parecer. Y hace rato que Jorrat no estaba pareciendo.

Jorrat trabajó en la segunda campaña de Michelle Bachelet, tal como lo hicieron Rodrigo Peñailillo, Alberto Arenas y Álvaro Elizalde. Todos ellos tienen en común haber sido desafectados de sus cargos de gobierno prácticamente en la misma pasada. Como si aquel victorioso comando de calle Tegualda estuviera maldito. Una vez más, todos los caminos llegan al operador político Giorgio Martelli, quien firmó el contrato de arriendo de aquella sede.

Si algo se puede cuestionar de la salida de Jorrat, es que la Presidenta se tomó demasiado tiempo para hacer algo que la prudencia política recomendaba hace rato. La pregunta que queda en el aire es cuántos cabos desatados aún quedan en el Ejecutivo antes de empezar a cerrar este amargo capítulo y volver a gobernar.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-05-19&NewsID=314004&BodyID=0&PaginaId=15

¿LA CULPA ES DEL MODELO?

mayo 17, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 17 de mayo de 2015)

Un grupo de adolescentes es sorprendido rayando la pared de un domicilio. Como ellos mismos reconocieron, no estaban participando de la marcha sino haciendo “arte”. El dueño de casa -fuera de sus casillas- sale a reprenderlos. De la agresión verbal pasamos a la física. Manifestantes que se encontraban en el sector la emprenden contra el caballero. El hijo sale en su defensa, pegando correazos a diestra y siniestra. Una turba lo rodea y lo obliga a retroceder a su casa. Al rato sale con una pistola y dispara un par de tiros no direccionados. Las víctimas son dos estudiantes, parte del lote que ese día salió a las calles a marchar por reformas a la educación. Según los antecedentes más frescos, esto lo que pasó el jueves en Valparaíso: un confuso incidente termina en un hecho criminal, con el asesino en custodia policial y dos familias destrozadas.

Las interpretaciones del hecho, sin embargo, han sido más ambiciosas. El senador Alejandro Navarro sugirió que la culpa es de la Constitución de Pinochet. En una veta similar, otros tantos culparon al modelo, fuente inagotable de individualismo, materialismo y otros innumerables males sociales. Se llenaron los muros de Facebook y las cuentas de Twitter con reflexiones acerca de lo poco que valoramos la vida cuando es enfrentada al derecho de propiedad.

Popper decía que una teoría que pretende explicarlo todo no explica nada. Temo que estamos frente a esa situación. Es comprensible que diversos actores políticos y sociales busquen interpretar los sucesos desde su matriz ideológica: todos los caminos llevan a culpar al neoliberalismo. Como si de pronto todo fuera achacable a la estructura y nada quedara librado a la agencia de las personas. Pero no lo es.

El desquiciado pistolero no reaccionó bajo influencia constitucional ni pensando en la primacía del derecho de propiedad sino acobardado por la sucesión de violencia de la que fue protagonista. Parece más atinado preguntarse por el control de armas que pontificar sobre el individualismo. Miles de personas hijas del mismo modelo –usted y yo- sufren violaciones en su propiedad todos los días. Sin embargo no se convierten en homicidas. Suena bien como lamento sensiblero, pero no es ni remotamente cierto que nuestra sociedad valore más la pulcritud de una muralla que una vida humana. Es llamativo como algunos pueden ver causalidad donde ni siquiera hay elementos de correlación.

Los estudiantes, por otro lado, no estaban pintando consignas alusivas a la gratuidad ni murieron por defender sus ideales. Se encontraron en el lugar equivocado con el canalla equivocado. Es razonable que sean tenidos por héroes en sus colectivos políticos. Dos luchadores sociales han partido, demasiado temprano. Y respecto de aquellos que justifican al joven Briganti, diré solamente que no son dignos de una respuesta.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-05-17&NewsID=313836&BodyID=0&PaginaId=11

DEBUT CON SENTIDO COMÚN

mayo 14, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 14 de mayo de 2015)

Jorge Insunza, no Insulza. Habrá que pronunciarlo hartas veces para no confundir al nuevo secretario general de la presidencia con el viejo Pánzer de La Moneda. El ministro debutó conectando con el sentido común: dijo que las explicaciones de Michel Jorrat –director del SII- respecto de sus boletas emitidas a SQM “no eran razonables”. En efecto, a la luz de los antecedentes conocidos, son poco creíbles. Agregó que la suya era una “opinión franca”, subrayando que la atribución de remover o ratificar a Jorrat dependía del ministerio de Hacienda.

Acto seguido, Hacienda ratificó a Jorrat. Sin novedad en el frente, sentenció el comunicado. Una primera lectura es que los nuevos ministros no están muy coordinados. Insunza deslizó una teoría que debería conducir al reemplazo del controvertido Jorrat. Pero Rodrigo Valdés, flamante titular de las platas públicas, estimó otra cosa. Quizás para no seguir la sangría de funcionarios que tienen que irse del gobierno por su involucramiento en casos de financiamiento irregular de la política. Quizás para no quitarle piso a la propia Presidenta Bachelet que hace unas semanas optó por confirmar a Jorrat –uno de sus soldados de campaña- en su cargo.

Varias conversaciones pendientes tienen los miembros del comité político recién asumido. Entre ellas, cómo reaccionar frente a estas acusaciones. Bachelet decidió dejar al ministro Alberto Undurraga en Obras Públicas, a pesar de estar fuertemente cuestionado por lo mismo. Probablemente no había mejor momento que este para hacer una renovación completa del elenco. Sin embargo, el gobierno decidió quedarse con ellos. Es de esperar que tengan completa convicción que tienen las manos limpias. De lo contrario estaríamos repitiendo el guion de equivocaciones que presenciamos en las últimas semanas.

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LA ÚLTIMA CARTA QUE JUGÓ PEÑAILILLO

mayo 12, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 12 de mayo de 2015)

La victimización social fue la última carta que jugó el ahora ex ministro Rodrigo Peñailillo (PPD) para salvar el pellejo. Cuando el caso de las boletas falsas se coló en La Moneda, la línea de defensa del jefe de gabinete fue recordarle a los medios que él nació en Concepción, estudió en escuela pública y en consecuencia no tenía nada que ocultar. Como si las virtudes de transparencia y probidad debieran darse por descontadas en su caso. El presidente de su partido, senador Quintana, deslizó una teoría conspirativa: que la aristocracia política santiaguina le hizo la cama a Peñailillo por no pertenecer a  la elite, no asistir a ciertos clubes, venir del sur y tener una trayectoria de esfuerzo.

Evidentemente, esa no fue la razón por la cual Peñailillo fue cesado en sus funciones. Cualquier otro ministro, independiente de su origen socioeconómico, habría visto su continuidad comprometida de haberse visto envuelto en un lío similar. Peñailillo cayó porque prefirió negar lo evidente hasta que perdió toda credibilidad para liderar los proyectos anti-corrupción del gobierno. En el primer mandato de Bachelet, Andrés Zaldívar Larraín (miembro conspicuo de la elite santiaguina a la que se refiere Quintana) duró apenas seis meses en el mismo cargo. Sus apellidos vinosos no fueron suficientes para salvarlo.

Por eso es mejor quedarse con otra imagen de lo que fue Peñailillo como ministro: la de un político joven, leal y energético que se puso la jineta y sacó adelante un par de proyectos que la Concertación no pudo en 20 años. Será la reforma al sistema electoral binominal será la más recordada de sus contribuciones. Del mismo modo, los promotores del Pacto de Unión Civil recordarán el sincero compromiso del vocero Álvaro Elizalde (PS) con el respeto a la diversidad.

Peñailillo se despidió con un discurso que funciona como testamento político. Visiblemente emocionado, le pidió a la prensa que registrara para la posteridad su adhesión religiosa al programa transformador de la Nueva Mayoría. Se fue pauteando a los que se quedan. Se nota que tenía ganas de seguir. No vio venir este cambio. Se siente como el conductor del equipo al que están sacando antes de terminar el primer tiempo. Lo más duro es que jamás pensó que sería su madre política la que lo echaría de la casa, poniendo triste fin a una estrechísima relación de más de diez años.

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