EL DILEMA CONSTITUCIONAL DE BACHELET

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 3 de mayo de 2015)

Quitándole algo de tribuna a las propuestas de la denominada Comisión Engel, la presidenta de la república anunció que en septiembre de este año el gobierno abriría las puertas de un “proceso constituyente”, que a través de debates y cabildos a lo largo del territorio, debería concluir con la redacción de un nuevo texto constitucional para Chile.

Para quienes no ven necesidad de cambiar la actual Constitución, la noticia es un volador de luces o peor, un golpe de gracia a la estabilidad institucional. La ex candidata Matthei señaló que Bachelet nos quería tener “como tontos” discutiendo asuntos constitucionales, habiendo otras cosas más importantes para el país. Desde el mundo empresarial se advirtió que la incertidumbre asociada a estos procesos suele perjudicar los niveles de inversión, y por ende, afectaría negativamente la economía nacional. Pero no tiene nada de raro que la derecha se oponga. En su seno, la mayoría no tienen dramas con el origen dictatorial de la Constitución del ’80. En general les parece que la vía razonable para hacer cambios constitucionales es el procedimiento de reforma que la propia carta fundamental contempla. Los más suspicaces anticipan que el famoso proceso tendrá un inescapable tufillo chavista.

Más interesante es lo que se observa en la vereda del frente. Bachelet enfrenta un dilema crucial: cumplir su promesa de entregarle a Chile un nuevo texto constitucional antes de finalizar su período o bien sentar las bases institucionales para una asamblea constituyente en el mediano-largo plazo. En principio, la Presidenta se inclinaría por lo primero. Lo que le interesa a la Nueva Mayoría es poder decir #BacheletCumple reemplazando la Constitución de Pinochet. El hambre de participación ciudadana debería quedar satisfecha con los cabildos ciudadanos y luego con la consulta plebiscitaria respectiva.

A estas alturas, los partidarios de una asamblea constituyente con todas sus letras –es decir, a través de delegados democráticamente elegidos para desempeñar esa única y particular tarea- debieran percatarse que sus anhelos son opuestos a los intereses de Bachelet. En efecto, si el gobierno es capaz de sacar adelante la tarea en los dos años que vienen, evidentemente pierde fuerza la exigencia maximalista de los asambleístas. A estos últimos les conviene reducir la ansiedad constituyente de la Nueva Mayoría, aplaudiendo la apertura genérica del proceso pero sin perder de vista que el objetivo no es meramente contar un nuevo texto sino aprovechar las oportunidades que ofrece un procedimiento constituyente bien pensado.

¿Cuál sería el colmo de Michelle Bachelet? Que le pase lo mismo que a Ricardo Lagos, es decir, que por apurarse en estampar su firmar al final de una nueva carta fundamental, deje vivo el fuego refundacional y en unos pocos años veamos resurgir el reclamo por un proyecto constituyente que cumpla objetivos más ambiciosos.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-05-03&NewsID=312232&BodyID=0&PaginaId=13

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