AQUÍ NO HA PASADO NADA

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 22 de mayo de 2015)

Aunque el ambiente político está obviamente enrarecido, Michelle Bachelet optó por transmitir una señal de normalidad en el tradicional discurso del 21 de mayo en Valparaíso. No hubo alusiones a Caval o Penta. Tampoco un abordaje serio ni autocrítico de la crisis de confianza que atraviesa la política chilena. A la usanza de su antecesor, la Presidenta se olvidó del relato y se dedicó a enumerar obras y proyectos. Raro que se llame “cuenta pública”, cuando en la práctica los jefes de estado la utilizan para prometer lo que viene y no necesariamente para contar lo que han hecho. Bachelet no fue la excepción: el grueso de su mensaje lo constituyeron anuncios.

En materia constitucional quedamos más o menos donde mismo. La Presidenta reiteró lo que dijo al presentar las conclusiones de la comisión Engel: que el proceso –tan participativo como institucional- comenzaba en septiembre. Los que esperaban más luces al respecto quedaron con los crespos hechos. Quizás sea mejor: este asunto es delicado y hay que tomarse el tiempo para hacerlo bien.

Llamó la atención la cantidad de nuevos ministerios, subsecretarías y reparticiones públicas prometidas. El estado sigue creciendo para responder en los distintos quehaceres de la vida nacional. Eso no es malo en sí mismo. Lo importante es tener como pagarlo. La Presidenta reiteró su interés en reactivar la economía. Sin embargo se echaron de menos medidas concretas para lograrlo.

Como siempre ocurre en un marco tan predecible, las iniciativas inéditas se robaron la película. En particular la idea de crear un canal de televisión estatal dedicado a la educación y la cultura, sin la obsesión de rating y la obligación de financiarse con publicidad. Es un reconocimiento tácito de que TVN no está cumpliendo esa misión. Este tipo de medidas tienen un efecto político interesante: fijan un nuevo tema en la agenda –lo que más necesita La Moneda- e invitan a las partes a tomar una posición.

Afuera del Congreso, otra tradición republicana: los parlamentarios oficialistas alabando la contundencia del mensaje y los opositores lamentando su pobreza franciscana. Podrían ponerse tapones en los oídos y decir exactamente las mismas cuñas a la salida, año tras año.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-05-22&NewsID=314211&BodyID=0&PaginaId=14

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