CUENTAKILÓMETROS EN CERO

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 7 de junio de 2015)

Después de varios años –si no lustros- sacándole el poto a la jeringa, el Congreso Nacional finalmente se apresta a legislar para limitar la reelección indefinida de sus miembros. La cosa quedaría así: máximo tres períodos (de cuatro años cada uno) para diputados y dos períodos (de ocho años cada uno) para senadores. Dos aspectos del proyecto son especialmente controversiales. Primero, que una vez cumplido el máximo de períodos representando un mismo distrito o circunscripción, los congresistas podrían probar suerte en uno distinto. Segundo, que la norma no tendría efecto retroactivo. Es decir, los honorables que llegaron a Valparaíso hace 25 años empiezan de cero: la próxima elección parlamentaria de 2017 se contaría como su primera reelección. Lo primero tiene algo de sentido. Lo segundo muy poco.

La razón principal para apoyar una medida de esta naturaleza es incentivar la renovación de las elites políticas. En la actualidad, el desafío se hace muy difícil para las caras nuevas porque los incumbentes han tejido una densa red de compromisos y lealtades en sus territorios. Muchos de ellos son auténticos caciques locales con bases clientelares. El proyecto se contenta con privarlos de esa ventaja y no les prohíbe seguir ejerciendo labores parlamentarias en representación de otros electorados. Una prohibición absoluta constituiría una restricción demasiado drástica a sus derechos políticos. Por lo demás, un congresista en su último período que quiere continuar su carrera política tiene un buen incentivo para no dejar botado su trabajo: querrá mostrar en el nuevo distrito todo lo bueno que hizo en el anterior.

Lo otro -hacer como si los veteranos que han echado raíces en sus asientos estuvieran recién en su primer período- es una burla al espíritu de la norma. Diputados que llegaron en 1990 como Patricio Melero, Sergio Aguiló, Sergio Ojeda, Jorge Ulloa, José Miguel Ortiz o Rene García se beneficiarían de un lifting legal que los dejaría sopladitos para seguir en el Congreso hasta 2026. Otros que llegaron en la misma época como juveniles diputados y ahora son orondos senadores –como Juan Antonio Coloma, Alberto Espina, José García, Antonio Horvath, Juan Pablo Letelier, Jaime Orpis, Victor Pérez, Jorge Pizarro y Baldo Prokurica- podrían extender su contrato en la Cámara Alta por veinte años más.

Por supuesto, no es nada fácil pedirles a los propios congresistas que legislen contra su propia estabilidad laboral. Algunos no se ven a sí mismos haciendo cosa y entienden la labor parlamentaria como su proyecto profesional. Pero justamente la idea es darle tiraje a la chimenea ahora para evitar convertirnos en una gerontocracia. Hay varios parlamentarios de la nueva camada que están dando la pelea para que no nos metan el dedo en la boca. Hay que apoyarlos para que quienes ya cumplieron sus 12 años como diputados o sus 16 como senadores no puedan reelegirse –al menos en el mismo escaño- en 2017.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-06-07&NewsID=315441&BodyID=0&PaginaId=15

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