LA PARADÓJICA VICTORIA DEL LIBERALISMO POP

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 19 de Julio de 2015)

En menos de un año, Chile podría haber aprobado un inédito estatuto de convivencia legal para parejas del mismo sexo, una importante flexibilización de las normas en materia de producción, porte y consumo de cannabis, y una legislación que despenaliza la interrupción del embarazo en tres casos excepcionales. Por supuesto, son conquistas parciales si lo que se quiere es contar con matrimonio igualitario, liberalización de las drogas y aborto legal. Sin embargo, no puede negarse que se trata de hitos importantes en el contexto de un país que –según algunos- todavía es conservador.

Los tres asuntos mencionados han personificado la agenda de lo que podríamos bautizar como liberalismo pop. Se trata de causas liberales porque su justificación descansa sobre principios de autonomía e individualismo normativo, por una parte, y de igualdad e universalidad de derechos, por la otra. Sin mencionar que vienen impregnadas de un sentido progresista de la historia: su premisa es que vamos avanzando en el camino correcto. Son causas que conectan fácilmente con el espíritu de mayor apertura de las nuevas generaciones respecto del conservadurismo de sus padres. Era cuestión de tiempo que la modernización institucional y económica trajera algo de modernidad cultural. En pleno 2015, son demandas que se caen de maduras.

Es un fenómeno interesante: según todas las encuestas de opinión, la gran mayoría de los chilenos está de acuerdo con avanzar en estas áreas. Pero al mismo tiempo no se le reconoce mérito especial a la clase política por algo tan básico como ponerse a tono con los tiempos. Es una situación paradójica para todos los actores políticos. El oficialismo experimenta dificultades para registrar estas reformas “valóricas” como victorias propias. De partida, no han podido ser capitalizadas por el (segundo) gobierno de Michelle Bachelet. Sus congresistas tampoco mejoran sus índices reputacionales por dar en el gusto a las mayorías.

Para la derecha tradicional, estas derrotas no son (tan) dolorosas. Son de aquellas que se van a perder, sí o sí, algún día. En el páramo de la disputas culturales, siempre hay un sector que pasa a la historia por haberse opuesto a medidas que tiempo después parecen obvias. Finalmente, también es un problema para los sectores autodenominados liberales. Movimientos como Red Liberal nacieron justamente al alero de estas tres banderas. ¿Qué hacer una vez que –como tantas otras banderas del liberalismo en el mundo- pasen a ser moneda corriente, completamente internalizadas en el mainstream de la corrección política? Si todos se vuelven liberales –al menos en esta dimensión hasta los comunistas parecen serlo- entonces los liberales ganan una batalla pero pierden un clivaje. Y se ven forzados a complejizar las coordenadas de su identidad ideológica a partir de otras conversaciones (¿la economía?, ¿la política social?, ¿la educación?) donde sus posiciones pueden ser menos populares.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-07-19&NewsID=319694&BodyID=0&PaginaId=11

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