RICARDO LAGOS O EL SÍNDROME PAPÁ MONO

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 23 de agosto de 2015)

Salvo contadas excepciones, los ex presidentes en Chile siguen merodeando el gallinero por un buen rato. Puede ser porque los períodos son relativamente cortos y sienten que les queda energía para pegarse un doblete. Puede ser porque la máquina de renovación de liderazgos no está aceitada y nadie sale a desafiarlos cuando llega la hora de la verdad. Como sea, es sintomático que desde las presidenciales 2009 siempre hayamos tenido a un ex mandatario tratando de volver a La Moneda. Por si fuera poco, hay varios analistas que pronostican un Piñera versus Lagos para 2017.

Ricardo Lagos Escobar no da puntada sin hilo. Por eso la intensificación de sus apariciones públicas se asocia a que la idea de competir le seduce. En una entrevista reciente señaló que haría “todo para que Chile salga adelante”, lo que lógicamente incluye una eventual postulación presidencial. Confesó que la gente en la calle le decía “vuelva usted para que por lo menos ponga orden”. Que se le acercaban y le preguntaban “¿Qué hemos hecho nosotros? ¿Por qué nos ha abandonado?” Junto a lo anterior, se dio el lujo de aterrizar físicamente en el palacio de gobierno para reunirse con su ex colaborador y actual ministro de Interior Jorge Burgos. La foto dio para mucho. Como la Presidenta parecía estar quitándole piso a su jefe de gabinete, Lagos aparecía providencialmente para prestarle ropa y transmitirle algo de su influencia. Se dijo incluso que Lagos estaba torpedeando a Michelle Bachelet en su ausencia.

Es innegable que Lagos tiene una alta concepción de sí mismo y de su valor político. Esa autoconfianza genera un efecto positivo en aquellos que demandan mano firme en el timón. Aunque el propio Lagos diga que no quiere volver “en los brazos de la derecha” como Arturo Alessandri en 1932, que la narrativa de su regreso sea “poner orden” simboliza un alejamiento del actual relato de la izquierda en el poder. ¿Será cierto eso que Chile siempre prefiere liderazgos autoritarios que nos digan qué hacer? Quizás, pero este país tampoco es el mismo que dejó Lagos en 2006. Los mandatos de Bachelet y Piñera han sido catárticos en cierto sentido. Nuestra relación con los titulares del poder político se ha desacralizado. Insistir con Lagos es como retornar a la casa de los papás después de varios años viviendo solos. La pregunta es si acaso vamos a volver a obedecer todas sus reglas como cuando éramos adolescentes. Esa verticalidad parece cosa del pasado.

Cierto es que Lagos –entendiendo que gobernaría con ochentaytantos- ha hecho esfuerzos por modernizarse: interviene a favor de la legalización de la marihuana en foros internacionales, proyecta mega-ciudades para el siglo siguiente y promueve plataformas digitales para la discusión constitucional. Pero hay algo en la retórica del salvataje que deja un mal sabor de boca. No somos niños abandonados. No estamos eligiendo a Papá Mono.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-08-23&NewsID=322762&BodyID=0&PaginaId=17

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