LA CALLE ME HABLÓ, ME DIJO COSAS

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 4 septiembre de 2015)

Primera escena: la senadora Isabel Allende comenta “no niego que hay gente en la calle que me para y me dice: qué emoción, cómo nos gustaría, debería llegar un Allende a La Moneda”. Segunda escena: la propia Presidenta Bachelet confiesa “las personas siguen sacándose fotos y selfies conmigo”. Tercera escena: Ricardo Lagos Escobar afirma “la gente en la calle me dice oiga, vuelva usted para que por lo menos ponga orden”. Cuarta escena: el diputado PPD Jorge Tarud declara sus intenciones presidenciales agregando “cuando camino por las calles recibo permanentemente un apoyo transversal de la ciudadanía”. ¿Cómo se llama la película? La calle me habló… y me dijo cosas.

A diferencia de la canción de 31 Minutos, en este caso las políticas y los políticos en cuestión sí pueden repetir lo que la calle les dijo. Pero al igual que en la canción, parece que es cierto eso de “me habla sólo a mí”. Porque lo que dicen las encuestas de opinión es diferente. Si bien Isabel Allende y Ricardo Lagos son alternativas válidas en el mundo PS-PPD, ninguno se impone por adhesión ciudadana. Mucho menos Tarud. Enternece saber que la gente quiere tomarse selfies con la Presidenta, pero eso no puede llevarla al autoengaño respecto de su decaída posición política actual.  Llama la atención que políticos profesionales con tantos años de circo caigan en la trampita narcisista de creerse el cuento completo del veleidoso piropo callejero.

Pero no son los únicos que se han ofrecido para tan noble misión. Algunos ponen especial atención a los elogiosos comentarios de los camaradas. Así por ejemplo, el ex timonel de la DC y senador Ignacio Walker, aseguró que dentro de su partido se estaba barajando su nombre como opción presidencial. Llegado el momento, agregó, “yo estoy disponible”. Otro que manifestó su entusiasta disponibilidad es el senador RN Francisco Chahuán: “Ha sido el partido el que me ha sugerido la posibilidad de que yo pueda participar en una primaria presidencial. Lo he evaluado, y he tomado la decisión de que voy a competir”. El viejo Pánzer PS José Miguel Insulza habló en el mismo registro: “Yo estoy disponible para todas las cosas que la política llame a hacer”. En la UDI fueron más pudorosos: fue el diputado Ernesto Silva el que levantó la alternativa presidencial de su colega José Antonio Kast, así como de la senadora penquista Jacqueline Van Rysselberghe.

Partamos por lo básico: en pedir no hay engaño. La primera magistratura es el cargo más apetecido para aquellas y aquellos que participan en política. Por tanto, reconocerlo es un ejercicio de sinceridad. En segundo lugar, no es malo que haya especímenes políticos que se tengan fe y apunten alto. De lo contrario estaríamos condenados a repetirnos el plato eternamente entre una selecta casta de nombres con acreditada “estatura presidencial”. Los desafiantes juegan un rol clave para la democracia. En tercer lugar, no todas las entronizaciones presidenciales son por aclamación. A falta de fenómenos carismáticos, las nominaciones se ganan a punta de trabajo y una buena cuota de voluntarismo.

Lo que genera cierta incomodidad es que pretendan hacer pasar los comentarios recibidos en la feria (o en las redes sociales) como evidencia tangible de respaldo relevante. En efecto la calle habla y dice muchas cosas, pero muchas de ellas son contradictorias, insulares o sencillamente ininteligibles. La cuña “la gente me pide que sea candidato” no es prueba de nada.

¿Qué hacer con las palmaditas de los correligionarios? Tomarlas con cautela. Hoy en Chile, los militantes de un partido –cualquiera que sea- están lejos de representar sensibilidades mayoritarias. Son bichos raros que interpretan el mundo de una manera distinta al ciudadano ordinario. Tienen demasiadas velas en el entierro. Por cierto, ganarse a las bases es fundamental para aspirar a una carrera presidencial. Pero eso es distinto a quedarse con las voces dulces y hacerse el desentendido con las críticas.

El otro elemento a tomar en consideración es que los autoproclamados presidenciables tienen siempre una estrategia sub-óptima bajo la manga. Se trata de estrategias usualmente ocultas a la opinión pública, pero que funcionan como ejes motivacionales de los agentes políticos. Dicho de otra manera, están jugando póker. Por ejemplo, al pasarse tres pueblos, Tarud puede estar calculando que finalmente su partido lo compensará con un sillón senatorial. Probablemente, Chahuán piensa que al manifestar sus intenciones presidenciales está enviando un mensaje al ex presidente Piñera para que se pronuncie pronto respecto de sus planes. Si Piñera decide competir, Chahuán será el primero en abandonar la carrera y jurarle lealtad. Eso en política tiene un valor y gana premio. Lo de José Antonio Kast, por su parte, se entiende desde la necesidad que tiene el gremialismo de demostrar que no está presidencialmente muerto. Aunque no tiene ninguna posibilidad real, cumple con llevar las banderas del partido a la contienda. En política no se compite sólo para ganar, sino también cuando hay buenas razones para perder. Y en este juego exploratorio hacia La Moneda, nadie pierde realmente.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2015/09/03/100938-la-calle-me-hablo-me-dijo-cosas

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