NO ESTAMOS TAN MAL

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 21 de septiembre de 2015)

Las redes sociales se multiplicaron de memes celebrando el estoicismo nacional frente a un terremoto que en otros lares habría sido de un dramatismo desmoralizador. La prensa escrita informó que los servicios de emergencia respondieron a la altura y que fuimos capaces de movilizar un millón de compatriotas en unas pocas horas para arrancar del tsunami. La televisión documentó otras tantas historias de sobrevivencia, empuje y resiliencia. Los medios extranjeros se preguntaron –con curiosidad y admiración- por qué en Chile teníamos tan pocas víctimas fatales que lamentar ante tamaña catástrofe.

No es mi intención ponerme sentimental con esta columna. Llevo dos años fuera del país y es natural que experimente un dejo de nostalgia en esta fecha. Las fiestas patrias son la excusa perfecta para renovar amistades, sumar historias y recordar que somos parte de la misma comunidad. Lo que me interesa destacar es que el estado de la situación política, económica y social no es tan calamitoso como parece. O al menos que, con la perspectiva que da la distancia, Chile sigue siendo un buen país para vivir y no lo estamos estropeando tanto como algunos pájaros de mal agüero insisten con morbosidad. Algunos incluso han descendido a los infiernos de la irresponsabilidad sugiriendo que Michelle Bachelet no terminaría su mandato.

Es cierto que las instituciones tradicionales de la patria pasan por un pésimo momento de credibilidad, que el gobierno bate récords de desaprobación, que la economía anda a paso de tortuga y que la percepción de inseguridad ciudadana ha crecido. Al conversar todos los días de lo mismo con amigos, familiares y compañeros de trabajo, es natural que el pesimismo se retroalimente y refuerce colectivamente. Pero al salirse un poco de esa red de conversaciones contingentes, se ve la película en un contexto más amplio: la nuestra sigue siendo una historia reciente de éxito político y económico. Es común que los árboles no dejen ver el bosque. Pero ahí está el fresco despliegue de capital humano e institucional en Coquimbo y sus alrededores.

Un colega extranjero me comentó hace unos años que había quedado impresionado por nuestra respuesta ante la erupción del volcán Chaitén. Mientras en otros países latinoamericanos, los presidentes llegaban a la zona de la catástrofe con víveres que eran solicitados de regreso una vez que las cámaras de televisión se habían ido, en Chile nos habíamos dado el trabajo de montar un operativo para socorrer a las mascotas que quedaban en el área de riesgo. Sería iluso exigir al estado chileno que estuviera a la altura de los países nórdicos de la noche a la mañana. Pero también es incorrecto no reconocerle su capacidad institucional en el diseño de reglas, políticas públicas y relativa efectividad en terreno. No estamos tan mal, y esta es una buena fecha para recordarlo.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-09-21&NewsID=325628&BodyID=0&PaginaId=19

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