SUELTEN LA TETA

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 4 de octubre de 2015)

Hace algunos años, el dirigente empresarial Felipe Lamarca acusó a sus pares de “no querer soltar la teta” del poder económico. Lamarca percibía que parte del descontento que comenzaba a incubarse tenía como raíz la insensibilidad del mundo empresarial respecto de ciertas complejidades sociales que eran fruto del relato de prosperidad reciente. La elite chilena seguía siendo cerrada en vez de permeable, homogénea en vez de diversa, endogámica en vez de expansiva, extractiva y especuladora en vez de creativa y osada. El mito noventero del empresario heroico empezó a exhibir sus grietas.

Lo mismo podemos decir hoy de la clase política tradicional. El mito incubado es que los chilenos nos tenemos que pegar con una piedra en el pecho por los políticos  que tenemos: íntegros, honestos, preparados, patriotas y con visión de estado. Pero ya no es cierto. Los partidos tradicionales tampoco están dispuestos a soltar la teta. Les importa poco el desprestigio dramático de la actividad política. Si les importara estarían tomando en serio las recomendaciones de la comisión Engel, un salvavidas de emergencia para arreglar algunos asuntos pendientes de nuestra democracia. Pero amenazan con hacer lo contrario. Amenazan dejar todo como está, con subir las barreras de entrada a la posible competencia y con desoír las demandas de transparencia que pide a gritos la ciudadanía.

¿Qué están esperando? ¿Que un grupo de indignados se instale con sus carpas en la plaza O’Higgins de Valparaíso con pancartas de “Que se vayan todos” y en cuestión de semanas se sumen miles de chilenos exigiendo un cambio radical en las reglas del juego político? ¿Cómo puede ser tanta la desidia y la displicencia? ¿Cómo tanta la negligencia y la miopía?

En cierta dimensión, lo que les pasa a los partidos tradicionales es comprensible. Han fracasado estrepitosamente en la tarea de conquistar a las nuevas generaciones, las que han optado por construir sus propios movimientos. El timonel de RN, Cristián Monckeberg, señaló que los partidos eran “instituciones serias” y no había espacio para “pymes políticas”. Es una cuña reveladora. Da cuenta de un cartel de intereses que busca monopolizar la representación, como las grandes empresas que evitan el crecimiento de las chicas. Están aterrados de competir en igualdad de oportunidades porque saben que muchas de esas pymes pueden causarles daño electoral. Esos nuevos movimientos vienen a refrescar la oferta y dinamizar el mercado político. Están invirtiendo en el negocio menos rentable -la política- porque confían en su efecto transformador. Mientras tanto, los partidos tradicionales se dedican a dinamitar la pradera, dándole a la categoría “partido” un mal nombre. Suelten la teta. Paren de gozar.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-10-04&NewsID=326659&BodyID=0&PaginaId=13

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