POLÍTICOS VERSUS INTELECTUALES

por Cristóbal Bellolio (publicada en Capital Online el 13 de octubre de 2015)

El senador DC Ignacio Walker está en lo correcto cuando señala que no existen grandes diferencias de fondo respecto de la necesidad de reformar el funcionamiento de los partidos políticos, especialmente respecto de la exigencia de reinscripción de militantes para acceder a financiamiento público. Sin embargo, sus declaraciones respecto de las recomendaciones de la Comisión Asesora Presidencial contra los Conflictos de Interés, Tráfico de influencias y Corrupción, y especialmente respecto de Eduardo Engel (“sabe de economía y de políticas públicas, pero no tiene idea de política. No conoce las culturas políticas que representan los partidos… Estoy cansado de los Catones de la moral, de aquellas personas que pontifican desde el pizarrón. La política es algo demasiado serio para dejársela a intelectuales que desconocen la historia de Chile”), revelan una incomprensión de la actual crisis de representación en un nivel más profundo. La misma preocupante incomprensión apareció en las palabras del diputado UDI Felipe Ward: “Chile no necesita más opinólogos… Lo que se necesita son políticos en terreno. Es mucho más fácil opinar desde la comodidad de sector privado. El día que se presente como candidato cualquiera de estas personas que únicamente hablan de política, pero no hacen nada en terreno ni se la juegan por ayudar a la gente que está en el barro, creo que van a tener una visión distinta”. ¿Por qué están tan perdidos Walker, Ward y probablemente la mayoría de la dirigencia de los partidos tradicionales?

Primero, porque Engel y compañía no aspiran a erigirse como faros morales respecto de qué virtudes deben empapar la actividad política profesional. La Comisión en comento fue convocada por la Presidenta Bachelet como un salvavidas de urgencia para un sistema político gravemente enfermo. La función de Engel, por así decirlo, se parece más a la de un médico que es llamado a entregar una lista de remedios y tratamientos para enfrentar una patología. La posición de Walker se asimila a la del paciente que sufriendo de un enfisema pulmonar las emprende contra los cambios de hábitos que recomienda el doctor porque “él no sabe lo que es fumarse un pucho”. Walker parece olvidar que no tendríamos por qué someternos a este doloroso tratamiento si los políticos profesionales no hubieran comprometido -con tamaña indolencia- la salud del nuestro sistema político. El ex timonel democratacristiano alega que Engel asimila a los partidos a potenciales infractores de la ley. Pues bueno, ésa no es una idea peregrina de los integrantes de la Comisión, sino un hecho judicialmente probado y una percepción extendida en la ciudadanía chilena. Si existe la real voluntad de revertir esa percepción y sanar al enfermo, entonces habrá que hacer más de algún sacrificio que –si dependiera estrictamente de ellos- no harían.

Quizás este cortocircuito entre políticos de carrera e intelectuales de la teoría y las políticas públicas pudo haberse evitado si la Comisión hubiese incorporado representantes de los primeros. Sin embargo, no habría sido una buena idea. A la luz del registro histórico del comportamiento de los partidos, lo más probable es que éstos hubieran participado del hito intentando bloquear las iniciativas que implicaran pérdidas y sacrificios antes que explicando las particularidades de la vida partidaria. Está en la naturaleza humana: nadie promueve cambios que afecten su estado de comodidad. En lo relativo a la función parlamentaria, sabemos que nadie legisla contra su propia estabilidad laboral. Por lo tanto, la exclusión de los partidos se explica por la plausible sospecha que sobre ellos recae. La lentitud de las reformas políticas -casi siempre- tiene que ver con que todos los actores tienen un interés particular que custodiar. Resultaba entonces aconsejable que fueran expertos en el pizarrón de la política los que definieran las recomendaciones sin la injerencia de los operadores partidarios. Por lo mismo es enteramente comprensible que el doctor levante la voz cuando observa que el paciente trata por todos los modos de burlar el tratamiento “porque es muy duro”. Las terapias de shock no deben dejar mucho espacio a la negociación. Justamente de eso depende que resulten.

Queda, finalmente, evaluar la tesis de la sobreabundancia de opinólogos políticos. Es curiosa la comprensión de la democracia que tiene el diputado Ward. En este régimen, los asuntos públicos le pertenecen a los ciudadanos. Todos tienen el derecho de emitir su opinión respecto de la marcha del país. Mientras más personas participen de esa gran conversación, mejor. Respecto de la actividad política propiamente tal, Ward parece ignorar el principio de la división del trabajo. En todo proyecto ideológico hay miembros que juegan diferentes roles: algunos están a cargo de definir el contenido intelectual de la propuesta, otros de montar la plataforma organizacional necesaria, alguien tendrá que proveer los fondos o al menos salir a buscarlos, otros tantos estarán en las esquinas agitando banderas y unos pocos competirán directamente por cargos de representación popular. Fuera de los cuadros militantes, un cuerpo de académicos y expertos tendrá la fundamental misión de estudiar los procesos y las instituciones políticas desde una perspectiva más o menos científica. Parte de ese músculo técnico, precisamente, se gana los porotos asesorando al Congreso y al Ejecutivo para que las leyes y políticas públicas no sean confeccionadas con el saber intuitivo o puramente “callejero” de los políticos profesionales. De lo contrario, nuestro ordenamiento jurídico sería bastante más pobre. Así también se “ayuda” a la gente, en la versión paternalista que sugiere Ward. Lo que ha hecho Engel y compañía está imbuido en el mismo espíritu, aunque menos paternalista: elevar las exigencias de transparencia y probidad de nuestro sistema político para que sea capaz de responder mejor a la confianza de la ciudadanía.

Link: http://www.capital.cl/poder/2015/10/13/131014-politicos-versus-intelectuales

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