ENEMIGO ÍNTIMO

por Cristóbal Bellolio (publicada en Edición Aniversario de Las Últimas Noticias del 12 noviembre de 2015)

El 2015 comenzó bien para la Presidenta Bachelet. El gobierno tuvo un súper-enero legislativo. Hasta el binominal había sido (¡finalmente!) vencido. El entonces ministro Peñailillo se paseaba por La Moneda con el pecho inflado. El primer año de gobierno había sido duro, pero el segundo no podía empezar mejor. En la otra vereda, la derecha seguía empantanada en el caso Penta.

En eso, explotó el caso Caval. Sebastián Dávalos Bachelet, primogénito de la primera mandataria, se veía envuelto en un episodio que levantaba sospechas de tráfico de influencia, enriquecimiento ilícito y abuso de autoridad. El oficialismo reaccionó con torpeza, la Presidenta no se dio por aludida en su refugio vacacional y la indignación de la opinión pública creció en forma exponencial. En cuestión de semanas, el juicio ciudadano se hizo lapidario: el hijo de Bachelet no sólo habría obrado en forma reprochable, sino que además su madre le estaría cubriendo las espaldas. En esas condiciones, Dávalos tuvo que renunciar a sus funciones palaciegas y Bachelet tuvo que ensayar caras de perdón.

El daño, en cualquier caso, estaba hecho. Algo delicado se rompió en el caso Caval. Bachelet nunca fue la preferida de los sectores más acomodados del país. Pero era grito y plata en los sectores populares. Estos últimos sintieron que su Presidenta les había roto el corazón. Ella siempre fue la excepción en un mundo de políticos malolientes. Como despertando de un embrujo, cayeron en cuenta que en todas partes se cuecen habas. Incluso en el seno íntimo de Michelle. A la traición testimonial –que ha dinamitado los atributos históricamente más valorados de Bachelet- se sumó una traición ideológica: ¿no eran los socialistas los que iban a combatir los abusos y la desigualdad?

Así las cosas, el 2015 de Bachelet se echó a perder en la partida. Caval tuvo el efecto de empatar mediáticamente a Penta, en la antesala de la apertura de otros casos de financiamiento irregular que salpicaron a varios estrechos colaboradores de la Jefa. Sus protegidos políticos –Peñailillo y Arenas- pagaron con sus altos cargos. Bachelet se quedó sola, masticando teorías de “realismo sin renuncia”. Es difícil saber qué habría ocurrido sin Caval. Pero cuesta minimizar su impacto. Menos mal que las madres están genéticamente programadas para amar a sus hijos, pase lo que pase.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-11-12&NewsID=37964&BodyID=0&PaginaId=30&SupplementId=46

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