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PEOR DIABLO CONOCIDO QUE SANTO POR CONOCER

diciembre 29, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 24 de diciembre de 2015)

En una reciente entrevista, el senador socialista Carlos Montes decretó que en Chile “ya no surgieron partidos que representen tendencias nuevas y soluciones distintas”. Añadió que “podrían haber surgido” en el particular contexto de desprestigio de la clase política tradicional, pero que finalmente no apareció ninguno. Sin embargo, el diagnóstico de Montes es equívoco. En rigor, somos testigos la proliferación de nuevos movimientos y proto-partidos que aspiran a competir electoralmente por el ejercicio del poder político. Ya sea en la izquierda, el centro o la derecha, noveles fuerzas se organizan en torno a ciertas coordenadas ideológicas y una narrativa desanclada del eje ochentayocho-céntrico, que suele darle sentido histórico a las coaliciones tradicionales. La lista incluye a los Autonomistas, Revolución Democrática, el Partido Liberal, Ciudadanos, Amplitud, Red Liberal, Evopoli, Republicanos, Construye Sociedad, Todos, entre otros. Es cierto que estos referentes están en una etapa embrionaria, pero no es correcto descartar su potencial aporte. De hecho, los colegas de Montes hacen todo lo posible desde el Congreso para elevar las barreras de entrada a los nuevos actores políticos. Así es fácil condenarlos a la irrelevancia.

¿Por qué es importante darle una oportunidad a estos proto-partidos? No es, evidentemente, porque sean portadores de virtudes morales superiores o de una inteligencia colectiva superlativa. Los que objetan la teoría de la renovación generacional creyendo que ella implica que los jóvenes son mejores que los viejos construyen un hombre de paja y evaden el fondo del asunto. La política es la política y ninguna generación puede jactarse de hacerla de manera muy distinta a la anterior. El argumento a favor de los nuevos movimientos es distinto. Por una parte, es notorio que el limitado tiraje a la chimenea de los partidos tradicionales afecta su capacidad de conectarse con el relato histórico de una generación post-transición. La hipótesis que subyace a la emergencia de los nuevos movimientos es que, en general, ellos serían capaces de representar de mejor manera a quienes han vivido una experiencia histórica más o menos similar. Por la otra, porque en los actores políticos emergentes reside una esperanza de regeneración democrática. Es una esperanza vaga y cargada de optimismo, pero al menos propone una salida para rehabilitar la conexión política entre representantes y representados. Que figuras como Giorgio Jackson tengan la positiva evaluación que tienen es un antecedente a favor de esta tesis.

Pero no es un dato aislado. Hace algunas semanas, Cadem publicó una lámina decidora: a mayor conocimiento de los partidos políticos chilenos, peor es la imagen que de ellos tiene la ciudadanía. A su vez, las agrupaciones con mejor imagen son lejos las menos conocidas. La pregunta es si acaso es mejor diablo conocido que santo por conocer. La mejor manera de responder a esa pregunta es atendiendo a las necesidades del escenario político actual: en tiempos de aguda crisis de representatividad de las instituciones políticas tradicionales, no perdemos nada con intentar algo distinto. Por el contrario, no solo no perdemos nada, sino que además se nos abre una interesante oportunidad. Es imposible asegurar que esa oportunidad será bien aprovechada y las nuevas expresiones políticas contribuirán a revertir el calamitoso estado de las confianzas en Chile. Pero seguir apostando a los mismos no está ayudando mucho tampoco.

Nada de esto invita a ignorar los eventuales problemas de la fragmentación del sistema de partidos y efectos negativos de la alta volatilidad de la oferta política. La institucionalidad política debe generar condiciones de dinamismo básico y reconfigurarse cada cierto tiempo de acuerdo a los clivajes históricos más significativos. Invertir en estos movimientos tampoco equivale, obviamente, a renegar de la política y abrazar formas populistas o caudillistas. Prácticamente todos ellos se definen doctrinaria y programáticamente. Se trata justamente de sanar la política con más y no menos política.

Por todo lo anterior, me sumo al llamado que hiciera recientemente Mario Waissbluth: inscríbase en uno de estos movimientos. Firme en la notaria o afíliese en la web. Da lo mismo en cual. Elija el más cercano, ideológicamente hablando. Pero ponga su granito de arena para dibujar el nuevo mapa político chileno. Préstele ropa a la savia joven que quiere cambiarle a la cara a Chile a través de la herramienta democrática por esencia: el partido. De lo contrario, Montes terminará teniendo razón y los nuevos grupos nunca tendrán la fuerza necesaria para desafiar a los incumbentes. Sería triste, pues en la idea del reemplazo de las organizaciones políticas actuales radica una interesante oportunidad para salir del pozo en el que estamos.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2015/12/23/091201-peor-diablo-conocido-que-santo-por-conocer

 

DIVINA COMEDIA A LA CHILENA

diciembre 28, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 28 de diciembre de 2015)

La política chilena tuvo mucho de tragedia durante el 2015. Sin embargo, también es posible interpretarla como una gran comedia cuyos protagonistas se elevan a la gloria o descienden a las profundidades del desprecio ciudadano. Echaremos mano a la más espeluznante de las comedias –la del poeta florentino Dante Alighieri- para determinar dónde se ubican las figuras más recurrentes de la política nacional. Anclado en la mitología medieval cristiana, Dante describe un viaje fantástico por el infierno, el purgatorio y el paraíso, donde se va encontrando con diversos personajes que, dependiendo de su ubicación, sufren tormento eterno, expían sus culpas o gozan de la presencia divina. Si Chile fuese la Divina Comedia, ¿dónde encontraría Dante a sus personajes?

Infierno

En el poema original, Dante pide ayuda a Virgilio para volver a contemplar el rostro puro de su amada Beatriz, la beatificadora. Hasta hace poco tiempo, Michelle Bachelet era nuestra beatificadora: su presencia salvífica fue capaz de dotar de nuevos bríos a una coalición de centroizquierda que bajo otras condiciones habría sido tan atractiva como la decadente Concertación. Sin embargo, la Beatriz criolla cayó en desgracia y abandonó su pedestal en el empíreo. Hoy vaga en las tinieblas del veintitantos por ciento.

En el inframundo dantesco la peor parte se la llevan Judas, Bruto y Casio, los traidores de Jesús y Julio César respectivamente. Los tres están siendo devorados eternamente en las fauces de Lucifer. En el caso chileno, el maligno estaría en compañía de Sebastián Dávalos, Rodrigo Peñailillo y Jovino Novoa. Es difícil dar con tres figuras que se hayan visto más dañadas que éstas. El primero es sindicado por moros y cristianos como uno de los principales responsables de los problemas de su madre, el segundo prometía como delfín y terminó acribillado por la guerra que él mismo comenzó, y el tercero –ex senador y gurú político del partido más grande de Chile- quedó en retina de los chilenos como operador fraudulento y confeso.

Pero no están solos. Pocas veces Caronte, el barquero del Aqueronte, había tenido tanto trabajo transportando almas a los portones del infierno. En el octavo foso de los malos consejeros patea piedras Alberto Arenas. En el sexto foso de los hipócritas paga su pecado Jorge Pizarro y la distancia puede verse a Ernesto Silva. Si agudizamos la vista podemos reconocer a los presidentes de casi todos los partidos, hablando de la necesidad de dignificar la política pero legislando para evitar la competencia. Ya casi no hay espacio entre las llamas.

Purgatorio

Según la descripción de Dante, el purgatorio recibe a las almas pecadoras que alcanzaron a arrepentirse en vida. Para efectos de nuestro recuento, el purgatorio está poblado por aquellas figuras políticas que han sufrido fuertes porrazos pero que no deben ser descartadas completamente. Varios de ellos caminaban erguidos y ambiciosos, pero se encontraron con circunstancias extraordinarias que modificaron sus planes. Es el caso de Andrés Velasco, que recibió una fea zancadilla que lo dejó masticando la conveniencia de haber asistido a un almuerzo millonario. Por eso habita el círculo de los glotones. Si esta nota hubiese sido publicada un mes atrás, Marco Enríquez-Ominami habría aparecido en el olimpo. Hoy puebla el círculo de los soberbios, a la espera del castigo ciudadano por sus vínculos con SQM. También dicen que vieron a Jorge Burgos en el círculo de la pereza. No por flojo, sino porque todavía no se nota su mano en la conducción política de un gabinete que requiere mayor coordinación y efectividad. Menos mal que no se topó con el ex intendente Huenchumilla, que pasó derechito al círculo de la ira. A diferencia de los políticos del infierno, los del purgatorio tienen posibilidades de redención.

Paraíso

Se escucha el eco cuando se habla en voz alta al ingresar a los círculos angélicos. Hay poquita gente allá arriba. Entre ellos está Giorgio Jackson, sentado en un modesto trono labrado de aprobación ciudadana. Más atrás jugueteaban querubines y serafines, que al afinar la vista se parecen a Gabriel Boric y Vlado Mirosevic. Aunque menos conocidos que Jackson, suelen estar en la vereda de las causas virtuosas según la opinión pública. Con la protección de los arcángeles gremialistas se encuentra Jaime Bellolio, que cierra un año contundente. Ante la caída de la mayoría de los viejos cracks de la UDI, el joven diputado ha llevado la batuta en las disputas más emblemáticas, incluida la última escaramuza por la educación gratuita. No sería raro que pronto liderara a su partido. En el círculo de Júpiter conversan animadamente Sabas Chahuán con Carlos Gajardo. Han sido promovidos al paraíso por su celosa lucha contra la corrupción. No están, por cierto, sus colegas que no miden los mismos casos con la misma vara.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-12-28&PaginaId=26&bodyid=0

LA CAÍDA DE ME-O: UNA MALA NOTICIA PARA LA NUEVA MAYORÍA

diciembre 21, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 21 de diciembre de 2015)

La eventual caída en desgracia de Marco Enríquez-Ominami –según lo registrado en la última encuesta CEP- no es una buena noticia para la Nueva Mayoría. Aunque ME-O transita formalmente por fuera del oficialismo, la falta de liderazgos presidenciales competitivos de esa coalición (especialmente pensando en un enfrentamiento con el ex presidente Piñera) recomienda estar abierto a todas las alternativas. La carta de ME-O funcionaba como un comodín: si nadie de la casa era capaz de concitar las adhesiones necesarias, el ex diputado socialista aparecía con la primera opción. Y eso era justamente lo que estaba ocurriendo. Repitiendo el error de su mandato anterior, Bachelet está mostrándose incapaz de parir un delfín aprovechando la envidiable tribuna que entrega la gestión del Ejecutivo.

La historia se repite. En aquel entonces, la Concertación no pudo perfeccionar el arte del cambio dentro de la continuidad y terminó encomendando la misión al escasamente atractivo Eduardo Frei. Es probable que esta vez también tenga que volver a escarbar en el baúl de los recuerdos y concurrir en procesión a buscar al ex presidente Lagos. Para evitar ese escenario con olor a naftalina, era importante que ME-O siguiera parado y con buena salud. Si Isabel Allende no prendía, Eyzaguirre no crecía, Insulza no calentaba y la generación de Orrego, Tohá y Lagos-Weber terminaba por confirmar su categoría de “perdida”, siempre estaba la posibilidad de rehabilitar al niño terrible del progresismo chileno. Con dos elecciones presidenciales en el cuerpo, menos rebeldía y más canas, habría sido un matrimonio por conveniencia perfectamente razonable.

Pero pasó lo que el entorno marquista tanto temía: que el candidato no tuviera la virtud piñerista de la impermeabilidad. A pesar de haber sido asociado una y otra vez con casos de financiamiento irregular de la política, la popularidad de ME-O no se veía sustancialmente afectada. Los costos que pagaba Andrés Velasco, por ejemplo, eran desconocidos para el líder del PRO. Aparentemente, eso cambió definitivamente. Y podría ser peor: el trabajo de campo de la CEP no alcanzó a cubrir su paseo a la fiscalía. Por supuesto, en política no hay que dar a nadie por muerto. ME-O querrá abreviar el calvario judicial para evitar un desangramiento largo. Pero cada vez que intente ponerse de pie, la corte de enemigos que ha cultivando con el tiempo se movilizará para enrostrarle sus yayitas. Han estado esperando con ansias este momento. Otros en la NM han sido más cautos a la hora de tirarle piedras: saben que la caída de ME-O no les conviene.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-12-21&NewsID=333805&BodyID=0&PaginaId=39

LIBERTADES INDIVIDUALES EN 2015: APENAS PONIÉNDONOS AL DÍA

diciembre 15, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Anuario The Clinic del 10 de diciembre de 2015)

Una “Nueva Mayoría en lo Valórico” celebró el senador UDI Iván Moreira cuando la totalidad de la bancada DC votó junto a la derecha en contra de legislar sobre un proyecto de eutanasia y muerte digna. A renglón seguido llamó a reeditar esa misma mayoría en contra del proyecto de aborto del gobierno. Moreira puede ser duro de mollera, pero entiende perfectamente el cuadro: sólo la unión de los grupos conservadores en Chile puede impedir el avance de la llamada agenda progresista en materia de derechos civiles y libertades individuales. El 2015 nos dejó esa importante enseñanza. Se trata de una alianza que trasciende las actuales coaliciones porque tiene la virtud de cambiar el eje ideológico tradicional. Se trata también de una unión que ostenta poder político suficiente como para seguir retrasando el ingreso de nuestro país a un estado de modernidad cultural.

El año, sin embargo, partió bien para el liberalismo de cuño moral. Al fin se aprobó el Acuerdo de Vida en Pareja (AVP), que venía prometiéndose hace rato. Lo que pudo transformarse en un golazo en tiempos de Sebastián Piñera –un gobierno de derecha legislando a favor de las minorías sexuales- terminó decantando en lo obvio: un gobierno de izquierda dando (apenas) el primer paso en materia de igualdad de derechos entre ciudadanos de distinta orientación sexual. Piñera podrá culpar a la UDI por bloquear la iniciativa, pero lo cierto es que perdió una oportunidad política histórica para redibujar los contornos doctrinarios de su sector y finalmente le dejó la pelota rebotando en la línea a Bachelet. La jefa solo tuvo que empujarla y correr a abrazarse.

Interesantemente, la ciudadanía no le asigna un mérito especial al actual gobierno en la promoción de una agenda de derechos civiles. La mayoría de los chilenos está de acuerdo con el matrimonio igualitario, la legalización del aborto en ciertas causales e incluso con la despenalización de la marihuana. Según las encuestas, la aprobación que concitan estas causas es mayor que la que despiertan otras banderas de la Nueva Mayoría, como la reforma tributaria o la educacional. Pero cada paso que se avanza en ellas no se traduce necesariamente en mayor apoyo político al oficialismo. Una hipótesis es que la agenda ético-progresista está desanclada de un programa político particular porque tiene vida propia e independiente. Esto no quiere decir que izquierdas y derechas piensen lo mismo frente al problema “valórico” ni que debamos ser indiferentes respecto a quién maneja el poder para promover estas batallas. Tiene que ver, sin embargo, con la intuición generacional de que todo lo que estamos haciendo en esta materia es simplemente ponernos al día. Por lo tanto, somos reacios a entregarle un reconocimiento muy efusivo a quienes lo único que hacen es actualizar el software.

El caso de las famosas tres causales de aborto –por indicación terapéutica, inviabilidad del feto y violación- es probablemente el mejor ejemplo. Recientemente, la Alta Corte de Belfast decretó que la ley restrictiva que opera en Irlanda del Norte –que es menos restrictiva que la nuestra- constituye una vulneración de los derechos humanos. En otras palabras, desde la perspectiva liberal, lo que busca aprobarse en el Congreso chileno bastaría solamente para salir del estado de barbarie jurídica en el cual el estado tiene el poder de perseguir penalmente a mujeres que no están dispuestas a cargar con un deber superogatorio. O con la cruz que Dios les envió, como lo formulaba Jaime Guzmán. En este sentido, los esfuerzos de la DC y el lobby eclesiástico han sido efectivos. Estamos hablando de una ley básica que ya estaba madura en el primer gobierno de Bachelet. Nos encontramos en tierra derecha de su segundo mandato y todavía estamos al agüaite.

Es cierto que la Concertación nunca fue muy liberal que digamos. El bloque progresista siempre estuvo contenido. Momios hay en todos los partidos. Recordemos que Andrade dijo que Chile no estaba preparado para el matrimonio igualitario y que la propia Bachelet incluyó el cannabis en la Lista 1 de peligrosidad. Hablando de marihuana, el autoritarismo todavía campea en la izquierda chilena. La presidenta ha optado por entregarle el Senda a un conocido prohibicionista. Justo cuando estábamos aplaudiendo la apertura del proyecto del gobierno en la materia –que permitía el autocultivo y autorizaba porte para consumo personal– La Moneda pidió de vuelta los documentos para aplicarles un lifting restrictivo. Mientras tanto, las policías se divierten montando operativos para requisar tres matas. Aquí ni siquiera estamos al día. Al menos lo estamos conversando. Supongo que eso sirve como consuelo.

Donde hay menos consuelo es en los retrocesos. Aunque sería deshonesto sostener que el control de identidad preventivo aprobado por nuestros honorables durante el 2015 es lo mismo que la vieja detención por sospecha, también sería ingenuo desconocer que muchos de sus efectos prácticos son similares. No sólo se trata de una medida poco efectiva para combatir la delincuencia. Su principal problema es que incrementa el ámbito de atribuciones discrecionales de la autoridad respecto de una garantía fundamental como la libertad de desplazamiento. Esto sin mencionar que lesiona la igualdad de los ciudadanos ante el ejercicio del poder, pues se trata de una herramienta que por su naturaleza tiende a estigmatizar a ciertos grupos de la población. Toda la derecha y casi toda la Nueva Mayoría votaron a favor. Sólo se opusieron en bloque los comunistas y el puñado de parlamentarios liberales que sobreviven en el Congreso. Otra alianza inédita. Aunque el registro histórico del PC con las libertades individuales merece varios reproches, sería injusto decir lo mismo respecto de su compromiso actual con la agenda progresista de los derechos civiles.

¿Y qué pasó con la derecha liberal? A estas alturas da un poco de pudor revisitar esta interrogante. El 2015 fue testigo de una bizantina, pero memorable discusión. Tres de los cuatro partidos que componen la coalición “ChileVamos” acordaron estipular en su declaración de principios un articulado explícito defendiendo la vida desde la concepción a la muerte natural. Es decir, ni aborto ni eutanasia bajo ninguna circunstancia. El pequeño movimiento Evopoli fue el único que consideró que no era buena idea excluir ipso facto de la coalición a aquellas personas que discreparan en un tema tan puntual. Sus dirigentes ni siquiera estaban abogando por los derechos reproductivos de la mujer, sino apenas por omitir una escritura en piedra. Por semanas, los medios de comunicación publicaron sendos debates epistolares respecto a si Margaret Thatcher y otros íconos del pensamiento conservador mundial cabrían en “ChileVamos”. Que el nombre de Thatcher haya operado como umbral ahorra comentarios. Aunque probablemente Evopoli se saldrá con la suya –es demasiado el costo político de mostrarles la puerta- el episodio revela el desequilibrio de fuerzas al interior de la derecha. Aún no sabemos si Evopoli es liberal, pero si lo fuera, tiene la pista pesada con esos socios. Mientras tanto, el negocio lo ha hecho Amplitud. Los pocos liberales que habitaban en RN ahora tienen una alternativa real para emigrar. De hecho, al votar a favor de la eutanasia junto a los senadores del PS y el PPD, Lily Pérez confirmó que tampoco podría estar en “ChileVamos”. Nada muy terrible, dirá Moreira, en la medida que sigan estando los votos democratacristianos.

LA MAREA ROSA RETROCEDE

diciembre 13, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 13 de diciembre de 2015)

La resonante victoria de Mauricio Macri en Argentina y la contundente paliza parlamentaria que sufrió el chavismo en Venezuela –sumadas a la eventual cesación de Dilma Rousseff a consecuencia del juicio político que prepara la oposición brasileña en su contra- configuran un cuadro que anima a varios analistas internacionales a pronosticar el fin de la llamada “marea rosa” latinoamericana. ¿Por qué no se le llamó “marea roja”, si se trata a fin de cuentas de una corriente ideológica de izquierda? De alguna forma, el rojo quedó históricamente reservado para el comunismo revolucionario. En cambio, la mayoría de los gobernantes de la izquierda regional acata las formalidades democráticas. La tintura no es tan intensa. El elemento común de la marea rosa sería su tendencia populista.

Así, Argentina vivió doce años de Kirchnerismo, entre Néstor y Cristina. Entre Chávez y Maduro, el proyecto bolivariano lleva casi diecisiete. En Brasil, el Partido de los Trabajadores de Lula y Dilma va camino a los trece. Su gracia es haber conseguido la confianza ciudadana en las urnas, una y otra vez. Algo parece estar cambiando.

El caso de nuestros vecinos nos llama particularmente la atención. Los chilenos tenemos la percepción que el peronismo es política y culturalmente hegemónico en Argentina. Eso no dice mucho: el peronismo puede ser muchas cosas a la vez, incluso contradictorias. A su expresión Kirchnerista hay que reconocerle al menos dos méritos. Primero, que sacó a los trasandinos del descalabro institucional y económico en el que se encontraron a comienzos de siglo. Luego, que tuvo la capacidad de conectarse con la idiosincrasia cultural y la práctica política de un pueblo. El proyecto nacional-popular de los Kirchner se desplegó a sus anchas en casi todos los niveles institucionales. La apuesta por Macri es una apuesta por aire fresco ante un proceso político más o menos agotado y un estado preocupantemente capturado. El desafío de penetrar las estructuras del Kirchnerismo es gigante. De hecho, no tiene mucho sentido que la derecha chilena trate de imitarlo. Al revés, para Macri es más útil el ejemplo de Piñera llegando a La Moneda después de veinte años concertacionistas.

El caso venezolano es distinto. En lugar de hegemonía, lo caracteriza la aguda polarización. Aunque la épica bolivariana insista en sus aspiraciones de justicia social, nada es sustentable sobre una narrativa tan cargada de hostilidad y división. Para peor, Nicolás Maduro no tiene el carisma –y últimamente, tampoco el dinero- que tenía el padre fundador. En general y salvo interpretaciones muy estiradas, los demócratas sensatos del continente recibieron con satisfacción el traspié electoral de un proyecto que hace rato viene coqueteando con el matonaje y el delirio. En cierto sentido, los venezolanos no votaron por los méritos de la oposición sino contra el hostigamiento y la ineptitud oficialista. Mientras tanto en Ecuador y Bolivia, la marea rosa sigue con relativa buena salud.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-12-13&NewsID=333198&BodyID=0&PaginaId=13

#ELECTORALDEATHMATCH

diciembre 11, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 11 de diciembre de 2015)

EDM (1)

Hace algunas semanas, junto al cientista político Kenneth Bunker, le pusimos ruedas a un experimento que tuvo mayor repercusión de la esperada. En lenguaje de redes sociales, le llamamos #ElectoralDeathMatch. La dinámica era sencilla. Primero, a partir de una base que administra el sitio tresquintos.com y de algunos nombres que nos parecía interesante medir, confeccionamos una lista de 32 potenciales candidatos presidenciales 2017. Luego, los ordenamos de derecha a izquierda según un criterio ideológico flexible. Así quedaron: Cristián Labbé, José Antonio Kast, Hernán Larraín, Juan Antonio Coloma, Evelyn Matthei, Andrés Allamand, Sebastián Piñera, Francisco Chahuán, Manuel José Ossandón, Alberto Espina, Felipe Kast, Juan Pablo Swett, Leonardo Farkas, Franco Parisi, Lily Pérez, Andrés Velasco, Ignacio Walker, Claudio Orrego, Francisco Huenchumilla, Ximena Rincón, Jorge Tarud, Ricardo Lagos Escobar, Ricardo Lagos Weber, Carolina Tohá, Nicolás Eyzaguirre, José Miguel Insulza, Fulvio Rossi, Isabel Allende, Alejandro Navarro, Bárbara Figueroa, Marco Enríquez-Ominami y Roxana Miranda. Algunas de estas figuras capturan menciones espontáneas en los sondeos de opinión. Otras han sido promovidas por órganos partidarios. Otros se han autoproclamado. En el caso de personajes como Labbé, Swett, Huenchumilla o Figueroa, se trata de actores políticos o sociales que participan en el debate con un relato articulado respecto de ciertos temas –como emprendimiento o reforma laboral- o pueden eventualmente concitar adhesión en segmentos específicos de la población –como el pinochetismo o el activismo plurinacional.

Como si se tratase del cuadro de un torneo tenístico, diseñamos 16 llaves en primera fase, 8 llaves en octavos de final, 4 llaves en cuartos de final, 2 llaves de semifinales y una gran final. Y le preguntamos a los usuarios de Twitter –a través de la nueva herramienta que permite hacer encuestas- por quién votarían si la elección presidencial fuera idéntica a cada una de esas llaves. Cada fase tuvo 24 horas de duración. Apenas se cerraba una fase comenzaba la siguiente, por lo que el ejercicio duró cinco días corridos. En total, se emitieron más de 50 mil votos. El proceso y los resultados fueron cubiertos en programas de radio y en la prensa escrita. ¿Qué conclusiones sacamos?

Aunque sea enteramente obvio, varias veces tuvimos que salir a explicar que no estábamos conduciendo una encuesta con ambiciones representativas. El objetivo original fue puramente lúdico. La gran mayoría lo entendió así y se sumó con entusiasmo al morbo cuasi-deportivo que genera la dinámica de playoffs o eliminación directa. Por lo mismo, no dimos la opción de votar nulo o blanco. La idea era justamente enfrentar al elector a una decisión binaria. Naturalmente, no es fácil para alguien de izquierda decidir entre dos UDI como no es fácil para alguien de derecha decidir entre dos PS. Es probable que la lógica del “menos malo” haya tenido una tendencia acumulativa que favoreció candidatos más centristas o menos radicales. Así, al menos, explicamos en parte que la gran final haya sido Piñera versus Lagos. Ambos ganaron más o menos cómodamente sus duelos pero sin despertar mucha pasión. Nos dio la sensación de que se impusieron por default. Es una especulación sabrosa porque no se aleja mucho de lo que ocurre en la realidad.

La final sorprendió especialmente a quienes nos señalaron que Twitter era un mundo paralelo, donde ganaba Parisi y Marcel Claude. Ello no ocurrió. La mayoría de los resultados estuvo dentro de lo previsto. Parisi, de hecho, se fue eliminado en primera ronda frente a Farkas (que llegó tercero en la última medición UDP). Tampoco fue sorpresivo para nosotros que Huenchumilla le ganara a Rincón o que Orrego le ganara a Walker. Sí fue relativamente sorpresivo que Eyzaguirre le ganara en fases consecutivas a Isabel Allende y a ME-O, a quien esperábamos ver en la semifinal de izquierda contra Lagos. Por supuesto, que las preguntas salieran de mi cuenta personal afecta el resultado. Aunque mis seguidores en Twitter configuran un abanico ideológico bastante amplio y diverso, la distorsión es inevitable. Para atenuar ese efecto fueron fundamentales los RT de figuras mediáticas de masiva convocatoria como Giorgio Jackson, Daniel Matamala o Matías del Río. En otras palabras, quisimos minimizar la posibilidad de que un tuitero interesado en política no conociera la encuesta.

Finalmente, fue interesantísimo observar cómo se desenvuelve el activismo político digital. Varios partidos y movimientos llamaron a votar por sus candidatos afines a través de sus cuentas oficiales. Los referentes juveniles y emergentes fueron los más activos. La contienda más votada y disputada fue precisamente entre Felipe Kast y Ossandón, con Evopoli y la juventud RN a cargo de la difusión. Hubo también varias acusaciones de cuentas falsas y perfiles robóticos. Sin embargo, no encontramos evidencia concluyente al respecto: si bien aparecieron varias cuentas de última hora para desnivelar la balanza, el número de votos estuvo generalmente correlacionado con el número de RT’s para cada competencia.

La primera edición del #ElectoralDeathMatch ya es historia. El ganador fue el ex presidente Piñera y le enviamos las felicitaciones del caso. Desde ya estamos planeando la segunda edición para Marzo, la que incluirá algunos nuevos contendores.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2015/12/10/121245-electoraldeathmatch

PRESTÁNDOLE ROPA A LOS OBSERVADORES

diciembre 6, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 6 de diciembre de 2015)

La Presidenta Michelle Bachelet ha designado un consejo de observadores para la primera etapa del proceso constituyente. Son quince personalidades de diversos ámbitos. De abogados constitucionalistas a futbolistas, de dirigentes sociales a artistas, de comunicadores a miembros de centros de pensamiento. La nómina ha recibido críticas desde casi todos los sectores. Por un lado, se le acusa de escuálida presencia femenina (sólo hay tres mujeres). También se le acusa, desde la izquierda, de sobre-representar a la derecha. Desde regiones, se critica la mirada centralista de una selección casi puramente santiaguina. Los grupos pro constituyentes que no fueron considerados –como Marca AC- también han levantado la voz para quejarse. Finalmente, la propia derecha considera que el nombramiento a dedo de estos consejeros no es transparente ni da suficientes garantías de imparcialidad.

Todas estas críticas son, en mayor o menor medida, descriptivamente correctas. Quizás, sin embargo, pierden de vista el objetivo del órgano recién creado. Hay que recordar que el proceso constituyente anunciado por Bachelet tiene varias etapas y el consejo de observadores tiene por acotada misión la vigilancia puntual de la primera. Es decir, su tarea no es definir contenidos ni decidir acerca del procedimiento que finalmente utilizaremos para redactar la nueva constitución, sino vigilar la puesta en marcha de una fase preliminar dedicada a la socialización del debate constituyente. La idea es, en otras palabras, alejar el fantasma de que el gobierno quiere ocupar esta etapa de pedagogía cívica como una instancia de adoctrinamiento ideológico.

En ese particular sentido, el consejo de observadores merece una oportunidad de buena fe. Similares dudas existían sobre la conformación de la llamada comisión Engel contra la corrupción. Pero sus recomendaciones han sido de lo mejor que hemos recibido en el último tiempo. Nuestros congresistas han estimado que no les conviene seguirlas al pie de la letra, pero esa es otra historia. Exigir “representantes” de intereses partidarios y sectoriales en estos consejos consultivos es malinterpretar su espíritu. Evidentemente, pudo haber más mujeres y ciudadanos de regiones, pero no es dramático mientras no entremos a la discusión sustantiva. Probablemente sea cierto que la derecha está sobre-representada, pero parece una estrategia inteligente para sumar al adversario a una conversación a la que todavía se resiste. Finalmente, las críticas al proceso constituyente en general siguen teniendo espacio. Bachelet no ha sido lo suficientemente prolija. Pero ya que estamos en esto, todos los que llenan la boca pidiendo un cambio de actitud ante el escenario de desconfianza en las instituciones podrían partir prestándole ropa al consejo de observadores y deseándoles el mayor de los éxitos en su tarea.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-12-06&NewsID=332575&BodyID=0&PaginaId=13

MALDITO HOUELLEBECQ

diciembre 1, 2015

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 27 de noviembre de 2015)

Houellebecq se quedó corto en su fantasía distópica. Aunque su pesimismo es estructural y los acontecimientos del último tiempo no debieran deprimirnos definitivamente, por lo menos el niño terrible de la literatura francesa imaginó –en su última novela “Sumisión”- un futuro en el cual los musulmanes llegarían al poder en su país a través de la vía democrática y por medio de negociaciones políticas. Sin embargo, algo en el ambiente se parece. La vigilancia tiritona de la paranoia muda, la desesperante ansiedad del stress postraumático. Aquello que los reporteros gustan en denominar, sin reparar en el oxímoron, un estado de “tensa calma”.

Aunque Londres -donde escribo- está a unos 300 kilómetros de París, la cercanía no es sólo geográfica. Pocos días después del atentado vino la selección gala a jugar un amistoso con Inglaterra. En un episodio sin precedentes, todo Wembley cantó la Marsellesa. Ignoro cuánto caudal empático se necesita para que una nación históricamente rival cante tu himno, pero me imagino que bastante. Miles de miles de franceses caminan por las calles de Londres y es imposible no acompañarlos en su shock. Tengo alumnos y colegas franceses que veo todos los días. Hasta mi supervisora del doctorado es francesa.

Pero no sólo se trata de empatía. Los londinenses tienen clarísimo que el delirio de los jihadistas bien puede desatarse aquí. A fin de cuentas, ya lo hicieron en 2005 en Tavistock Square, justo frente a mi facultad. Para apaciguar el nerviosismo, los expertos en seguridad insisten que las condiciones de entrada a la isla británica son más restrictivas que las que existen en el continente europeo, donde el tránsito por las fronteras es más expedito. Pero nadie cree realmente que sea razón suficiente para relajarse. Lunáticos que están dispuestos a volarse en pedazos por una ideología abrasante encontrarán la manera de hacer daño si así se lo proponen. O al menos, eso pienso mientras desembarco en las estaciones de metro de Euston o King’s Cross y me encuentro con un mar de policías que nunca habían estado ahí.

Lo anterior no es suficiente para infundirme miedo. Creo en la ley de las probabilidades. Pero sí es suficiente para generar condiciones de alerta. Más que antes, me interesa saber qué está pasando en Siria y cómo diablos las potencias mundiales pretenden arreglar este desaguisado. Como muchos, me debato entre dos extremos. Por un lado, mis deseos apuntan a la exterminación de la nauseabunda organización que se hace llamar Estado Islámico. No sólo por lo que hicieron en París o por lo que tienen en carpeta para el resto de sus enemigos en occidente o en el propio mundo árabe, sino por la larga estela de grotesco sufrimiento y patética inhumanidad que vienen dejando en su camino desde hace un tiempo a esta parte. Como pocas veces, creo que la comunidad internacional está habilitada moralmente para declararle la guerra a una fuerza político-religiosa que combina varios elementos de lo que intuitivamente calificamos como maldad. Esta justificación sigue la idea de lo que Popper llamó la “paradoja de la tolerancia”: no estamos obligados a tolerar a los intolerantes, pues ellos tienen por objetivo destruir a los tolerantes.

Sin embargo, no soy tan ingenuo de creer que las guerras resuelven el problema. Como ha ocurrido tantas veces en la historia, se corta la cabeza del monstruo para luego sorprenderse ante el nacimiento de nuevas cabezas desde la herida. Una cosa es borrar del mapa la capacidad militar, logística y operativa de ISIS. Otra muy distinta es subsanar el odio y el resentimiento que naturalmente emergen en este tipo de conflictos. Todo esto sin mencionar el riesgo adicional que tiene una estrategia de combate frontal. Mucha gente prefiere contener el ánimo bélico no precisamente porque sean pacifistas, sino porque les aterra pensar en las represalias. A fin de cuentas, se dice, los islamistas eligieron Francia para castigar las incursiones de Hollande en territorio sirio.

Por de pronto, el escenario no pinta bien. Justos pagan por pecadores y sería extraño que estos episodios no incentivaran mayor islamofobia en Europa. He ahí una de las victorias de ISIS: atrincherados en sus guetos y olfateando la mala vibra, las comunidades musulmanas pueden agudizar sus diferencias con el mundo occidental que los rodea. En lugar de integración, la respuesta instintiva es división. Ya se han reportado varios hostigamientos. En Londres, una mujer mexicana fue tomada por arábiga y agredida verbalmente. Como mi pigmentación tampoco es muy pálida que digamos y por estos días luzco una larga y tupida barba negra, casi estoy esperando que alguien me mire feo.

Ganan también los grupos ultraderechistas que quieren cerrar las fronteras en general y rechazar el ingreso de refugiados en particular. El miedo es el mejor caldo de cultivo para el avance político de las ideas filo-xenófobas. Finalmente, gana Rusia y gana Assad, lo que tampoco me parece que amerite celebración. Putin puede jactarse de que siempre tuvo razón respecto del verdadero enemigo común en Siria y no sería raro que la opinión pública francesa le exigiera a su gobierno que se olvide por un rato de sacar a Assad y se pliegue a los esfuerzos rusos en la zona. No deja de ser irónico: ISIS combate a muerte al autócrata sirio pero sus atentados sólo sirven para perpetuarlo en el poder.

Aunque soy optimista por naturaleza, aquí no puedo serlo. Maldito Houellebecq.

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