#ELECTORALDEATHMATCH

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 11 de diciembre de 2015)

EDM (1)

Hace algunas semanas, junto al cientista político Kenneth Bunker, le pusimos ruedas a un experimento que tuvo mayor repercusión de la esperada. En lenguaje de redes sociales, le llamamos #ElectoralDeathMatch. La dinámica era sencilla. Primero, a partir de una base que administra el sitio tresquintos.com y de algunos nombres que nos parecía interesante medir, confeccionamos una lista de 32 potenciales candidatos presidenciales 2017. Luego, los ordenamos de derecha a izquierda según un criterio ideológico flexible. Así quedaron: Cristián Labbé, José Antonio Kast, Hernán Larraín, Juan Antonio Coloma, Evelyn Matthei, Andrés Allamand, Sebastián Piñera, Francisco Chahuán, Manuel José Ossandón, Alberto Espina, Felipe Kast, Juan Pablo Swett, Leonardo Farkas, Franco Parisi, Lily Pérez, Andrés Velasco, Ignacio Walker, Claudio Orrego, Francisco Huenchumilla, Ximena Rincón, Jorge Tarud, Ricardo Lagos Escobar, Ricardo Lagos Weber, Carolina Tohá, Nicolás Eyzaguirre, José Miguel Insulza, Fulvio Rossi, Isabel Allende, Alejandro Navarro, Bárbara Figueroa, Marco Enríquez-Ominami y Roxana Miranda. Algunas de estas figuras capturan menciones espontáneas en los sondeos de opinión. Otras han sido promovidas por órganos partidarios. Otros se han autoproclamado. En el caso de personajes como Labbé, Swett, Huenchumilla o Figueroa, se trata de actores políticos o sociales que participan en el debate con un relato articulado respecto de ciertos temas –como emprendimiento o reforma laboral- o pueden eventualmente concitar adhesión en segmentos específicos de la población –como el pinochetismo o el activismo plurinacional.

Como si se tratase del cuadro de un torneo tenístico, diseñamos 16 llaves en primera fase, 8 llaves en octavos de final, 4 llaves en cuartos de final, 2 llaves de semifinales y una gran final. Y le preguntamos a los usuarios de Twitter –a través de la nueva herramienta que permite hacer encuestas- por quién votarían si la elección presidencial fuera idéntica a cada una de esas llaves. Cada fase tuvo 24 horas de duración. Apenas se cerraba una fase comenzaba la siguiente, por lo que el ejercicio duró cinco días corridos. En total, se emitieron más de 50 mil votos. El proceso y los resultados fueron cubiertos en programas de radio y en la prensa escrita. ¿Qué conclusiones sacamos?

Aunque sea enteramente obvio, varias veces tuvimos que salir a explicar que no estábamos conduciendo una encuesta con ambiciones representativas. El objetivo original fue puramente lúdico. La gran mayoría lo entendió así y se sumó con entusiasmo al morbo cuasi-deportivo que genera la dinámica de playoffs o eliminación directa. Por lo mismo, no dimos la opción de votar nulo o blanco. La idea era justamente enfrentar al elector a una decisión binaria. Naturalmente, no es fácil para alguien de izquierda decidir entre dos UDI como no es fácil para alguien de derecha decidir entre dos PS. Es probable que la lógica del “menos malo” haya tenido una tendencia acumulativa que favoreció candidatos más centristas o menos radicales. Así, al menos, explicamos en parte que la gran final haya sido Piñera versus Lagos. Ambos ganaron más o menos cómodamente sus duelos pero sin despertar mucha pasión. Nos dio la sensación de que se impusieron por default. Es una especulación sabrosa porque no se aleja mucho de lo que ocurre en la realidad.

La final sorprendió especialmente a quienes nos señalaron que Twitter era un mundo paralelo, donde ganaba Parisi y Marcel Claude. Ello no ocurrió. La mayoría de los resultados estuvo dentro de lo previsto. Parisi, de hecho, se fue eliminado en primera ronda frente a Farkas (que llegó tercero en la última medición UDP). Tampoco fue sorpresivo para nosotros que Huenchumilla le ganara a Rincón o que Orrego le ganara a Walker. Sí fue relativamente sorpresivo que Eyzaguirre le ganara en fases consecutivas a Isabel Allende y a ME-O, a quien esperábamos ver en la semifinal de izquierda contra Lagos. Por supuesto, que las preguntas salieran de mi cuenta personal afecta el resultado. Aunque mis seguidores en Twitter configuran un abanico ideológico bastante amplio y diverso, la distorsión es inevitable. Para atenuar ese efecto fueron fundamentales los RT de figuras mediáticas de masiva convocatoria como Giorgio Jackson, Daniel Matamala o Matías del Río. En otras palabras, quisimos minimizar la posibilidad de que un tuitero interesado en política no conociera la encuesta.

Finalmente, fue interesantísimo observar cómo se desenvuelve el activismo político digital. Varios partidos y movimientos llamaron a votar por sus candidatos afines a través de sus cuentas oficiales. Los referentes juveniles y emergentes fueron los más activos. La contienda más votada y disputada fue precisamente entre Felipe Kast y Ossandón, con Evopoli y la juventud RN a cargo de la difusión. Hubo también varias acusaciones de cuentas falsas y perfiles robóticos. Sin embargo, no encontramos evidencia concluyente al respecto: si bien aparecieron varias cuentas de última hora para desnivelar la balanza, el número de votos estuvo generalmente correlacionado con el número de RT’s para cada competencia.

La primera edición del #ElectoralDeathMatch ya es historia. El ganador fue el ex presidente Piñera y le enviamos las felicitaciones del caso. Desde ya estamos planeando la segunda edición para Marzo, la que incluirá algunos nuevos contendores.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2015/12/10/121245-electoraldeathmatch

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