Archive for 30 enero 2016

LA UTOPÍA DE VIVIR SIN CORRUPCIÓN

enero 30, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 30 de enero de 2016)

Hace quinientos años –exactamente en diciembre de 1516- el abogado inglés Tomás Moro publicó “Utopía”, una obra que describe el funcionamiento de una sociedad perfecta donde sus habitantes viven en armonía respetando las leyes. En griego, Utopía significa “no-lugar”. Es decir, Moro estaba perfectamente consciente que un lugar semejante no existía en la Tierra. De hecho, su idea era contrastar este paraíso social y político imaginario con las prácticas corruptas de la sociedad inglesa de su época, donde cortesanos, clérigos y comerciantes conspiraban, engañaban y delinquían por igual. Algo parecido a lo que ocurre en el Chile contemporáneo. Los últimos años han sido un balde de agua fría: muchos pensábamos que vivíamos en una especie de isla –como Utopía- aislada de la corrupción. La verdad parece ser distinta.

Sin embargo, no todo es tan malo. Es difícil imaginarse a los familiares de Enrique VIII desfilando por los tribunales del reino, sometiéndose a la justicia como cualquier otro vasallo. Ayer, la nuera de la presidenta de la república en ejercicio y el sobrino de un ex presidente comparecieron ante un juez civil que aplicó sobre ellos una serie de medidas cautelares en el marco de la investigación del caso Caval. El año pasado ocurrió algo similar con dos de los empresarios más poderosos del país. Esto no quiere decir que la justicia en Chile sea verdaderamente ciega y no dependa, hasta cierto punto, de la influencia y el dinero. Pero se me ocurren varios países latinoamericanos donde es inimaginable que los parientes del gobernante paguen por sus abusos.

El caso Caval ha puesto de manifiesto que ninguna red de protección política es suficiente. Gracias al trabajo del Ministerio Público nos hemos enterado que Caval era un negocio irregular donde no sólo participaba Natalia Compagnon e indirectamente Sebastián Dávalos, sino además una serie de personajes de filiación política opositora. La corrupción no es patrimonio de la izquierda ni de la derecha. Quizás de la misma forma se explican los pagos del yerno de Pinochet –a nombre de SQM- a políticos de la Nueva Mayoría. El patrón común en estos casos es que la plata fue siempre más importante que la política.

Probablemente Humberto Maturana tenga razón y la corrupción no sea culpa de la ideología ni el modelo, sino de “una expresión cultural muy antigua de obtener ventajas a cualquier precio… surge de la ambición, avaricia y el afán de poder, emociones todas que llevan a la deshonestidad”. Probablemente, entonces, siempre hemos convivido con estas prácticas. No somos más corruptos que antes, pero ahora estamos teniendo la capacidad de enfrentar la mugre que antes se escondía bajo la alfombra. La narrativa mitológica de políticos y empresarios probos se desmoronó. No vivimos en Utopía. Pero al menos nuestros cortesanos no pueden invocar sus lazos con el rey (o la reina, para estos efectos) para zafar del castigo.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-01-30&NewsID=336807&BodyID=0&PaginaId=18

LOS OTROS PRESIDENCIABLES

enero 26, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 25 de enero de 2016)

En Chile estamos acostumbrados a que los candidatos presidenciales en serio provengan de los partidos o coaliciones tradicionales. Es decir, hay pocos outsiders competitivos, como ocurre en otros países de la región. Esto, generalmente, se considera síntoma de un sistema político sano: la oferta política está institucionalizada y no depende de la explosión de personalismos. Sin embargo, parece curioso que una ciudadanía que grita a los cuatros vientos su cansancio de la clase política tradicional no apueste por liderazgos alternativos. Que los nombres de Lagos y Piñera se impongan por defecto en las encuestas es revelador, y ciertamente triste desde la perspectiva de la renovación de las elites dirigentes.

Haciendo política ficción, la pregunta es qué otras cartas podrían emerger en el contexto de deslegitimación de las estructuras partidistas. A continuación, una lista tentativa. La figura de Eduardo Engel, por ejemplo, podría concitar apoyos en nombre de la transparencia y el combate a la corrupción. Si la narrativa de la próxima elección es el hastío con el aprovechamiento y el delito, las imágenes del ex contralor Ramiro Mendoza o del ex fiscal nacional Sabas Chahuán ganan terreno. El experto en política educacional Mario Waissbluth también asoma como un personaje con credibilidad y discurso crítico. Y si es por buscar en la categoría de “hombres buenos”, el sacerdote jesuita Felipe Berríos y el activista social Benito Baranda llevan la delantera. Tampoco hay que descartar las voces que, desde el debate y los medios de comunicación, encarnan el sentir de muchas y muchos. Carlos Peña y Tomás Mosciatti son ejemplos al respecto.

Luego vienen los líderes sectoriales, capaces de articular discursos políticos desde causas particulares. Así, el relato pro-emprendimiento lo encarna Jorge Errázuriz o Juan Pablo Swett; la cruzada anti-abortista ha resucitado a Soledad Alvear; el ex líder sindicar Cristián Cuevas ejerce un embrujo especial en grupos de izquierda fuera de la Nueva Mayoría; Rolando Jiménez se ha graduado como efectivo cabildero en la promoción de la agenda de la diversidad sexual; el ex intendente Francisco Huenchumilla tiene un relato atractivo sobre el conflicto chileno-mapuche; la sencillez de Iván Fuentes le ha granjeado el mote del “Pepe Mujica chileno”; el excéntrico Leonardo Farkas ya marca en algunos sondeos y muchos lo ven como símbolo de la filantropía; etcétera.

Seguramente algunos de los mencionados serán tentados por partidos o movimientos para asumir desafíos electorales. Todavía, sin embargo, nadie se toma muy en serio un experimento presidencial con estos nombres. No porque sean malos nombres, sino porque intuimos –correctamente- que la política se juega en proyectos colectivos. Pero el escenario es líquido y la indignación ciudadana con la clase política de la transición es creciente. A veces basta con estar en el momento correcto en el lugar adecuado para que las combinaciones habilitantes se produzcan.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-01-25&NewsID=336373&BodyID=0&PaginaId=33

MUCHO HAYEK Y POCO RAWLS

enero 24, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 22 de enero de 2016)

La familia liberal es enorme. En ella caben distintas tradiciones e interpretaciones. Por lo mismo, hablar de liberalismo sin ponerle segundo apellido resulta un poco vago a estas alturas. En Chile, en el último tiempo, han surgido diversas iniciativas políticas, comunicacionales, intelectuales y académicas que se consideran inspiradas en el pensamiento liberal. Sin embargo, representan visiones de un liberalismo en tensión. La Fundación para el Progreso, por ejemplo, realiza un intenso despliegue para difundir las ideas de un liberalismo de cuño clásico. Si hubiese sido publicado en el mundo anglosajón, el best-seller La tiranía de la Igualdad de Axel Káiser sería considerado parte de la corriente libertaria. Sin embargo, en la naciente coalición de “centro liberal” –donde conviven Ciudadanos, Amplitud y Red Liberal– varios de sus dirigentes abrazan los postulados centrales del llamado liberalismo-igualitario, que en la teoría política contemporánea se ha quedado con el nombre de liberalismo a secas. Lo mismo respecto del Partido Liberal de Chile y su diputado Vlado Mirosevic.

Esta columna no pretende zanjar quiénes son los auténticos o verdaderos liberales. No porque sea imposible llevar a cabo una reflexión conceptual, sino porque términos como liberalismo cargan con tanto bagaje histórico y ramificaciones contextuales que, a decir de Quentin Skinner, lo mejor que podemos dibujar es genealogías. Dicho de otra manera, no creo que haya impostores de mala fe en la gran familia liberal. Seguidores de Rothbard y de Dworkin tienen diferencias de fondo, pero ambos pueden ser sinceros en su identificación con el apellido común. Por supuesto que me permito dudar de la comprensión del liberalismo en una persona que al mismo tiempo se define como pinochetista, pero entiendo que las distinciones en este campo admiten gamas de grises.

A simple vista, lo que distingue a los liberales en Chile es su posición respecto a la justificación y legitimidad del ejercicio redistributivo del Estado. Aquéllos que se agrupan bajo el paraguas clásico son altamente escépticos al respecto. Los liberales modernos, en cambio, no conciben una teoría de justicia sin un componente igualitario en la distribución de las recompensas sociales. Aunque ambos grupos suelen coincidir en la importancia de limitar las atribuciones paternalistas del poder político, así como en combatir los intentos de legislación moralizante, sus discrepancias en el ámbito económico-social son suficientemente relevantes como para dividir aguas entre liberales de sensibilidades de derecha y de izquierda. Los primeros tienen por estandarte intelectual al viejo Hayek, los segundos al bueno de John Rawls.

Sin perjuicio de las legítimas diferencias descritas, a los liberales chilenos de la escuela clásica les haría bien tomar nota de dos aportes de la escuela igualitaria, sin los cuales se hace difícil entender la metodología liberal en la literatura especializada. Estos dos aportes se resumen, en la obra de Rawls, en la idea de justicia como imparcialidad y en la idea de un liberalismo esencialmente político como consenso traslapado.

La idea de justicia como imparcialidad se asocia a lo que algunos denominan el “primer Rawls” de A Theory of Justice (1971). Es una visión tan intuitiva como poderosa, que se desprende de un experimento mental –que Rawls llama la Posición Original– en el cual nos imaginamos una situación en la cual no tenemos conocimiento de qué posición nos tocará ocupar en la sociedad. La pregunta es qué arreglos institucionales nos parecería justo acordar bajo dicho velo de ignorancia. ¿Por qué se trata de una lección importante para los liberales ubicados en la frontera mercurial? Porque en ese mundo abunda la percepción que la (desigual) distribución actual es justa en la medida que –idealmente– no fue generada a partir del fraude sino de intercambios voluntarios. Rawls es útil para recordarles que eso no es enteramente cierto, y que fueron nuestras posiciones de origen las que determinaron en gran medida las posiciones que actualmente ocupamos. La idea de justicia como imparcialidad –mecanismo constructivista prototípicamente liberal– nos pide que pensemos en lo justo sin tener en consideración los privilegios que queremos naturalmente defender y transmitir a nuestros hijos. De lo contrario, la igualdad de oportunidades es puramente nominal y casi nunca efectiva.

Del “segundo Rawls” de Political Liberalism (1993), los liberales chilenos debieran recoger la importancia de fundar la convivencia política sobre un acuerdo que establezca mínimos ideológicos compartidos. La renuencia que muchos liberales exhiben a la hora de debatir el proceso constituyente revela una entendimiento parcial de los requisitos procedimentales que el mismo liberalismo exige para justificar el ejercicio del poder político en sociedades plurales. En estricto rigor, los liberales debiesen ser entusiastas en la promoción de un acuerdo que redibuje los esenciales constitucionales bajo condiciones ideales de imparcialidad, tomando en cuenta que el actual marco normativo constitucional careció de ellas.

En síntesis, si bien los esfuerzos por revitalizar la vigencia del pensamiento liberal clásico en Chile son loables desde la perspectiva del enriquecimiento del debate, no es intelectualmente honesto referirse al liberalismo sin tomar en cuenta la metodología predominante en la filosofía política contemporánea, la que en muchos casos arroja resultados más igualitarios que los que algunos quisieran aceptar.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2016/01/21/150124-mucho-hayek-y-poco-rawls

EL DONALD TRUMP CHILENO

enero 20, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 20 de enero de 2016)

Como se dice en el campo, al diputado PPD Jorge Tarud se le arrancaron las cabras pal’ monte. Uno espera que las personas que ostentan cargos de representación de alto nivel sean capaces de contener sus impulsos rabiosos frente a la cámara o el teclado. Más cuando se trata de un miembro de la comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara, de quien uno esperaría además una cuota de diplomacia. Tarud estuvo en las antípodas de la diplomacia: sus expresiones respecto del presidente venezolano Nicolás Maduro fueron groseras y ofensivas. Eso no corresponde a un político serio, menos a uno que dice tener aspiraciones presidenciales.

Lamentablemente, Tarud sigue un ejemplo de lenguaje soez y desvarío nacionalista que tiene éxito en ciertos contextos. Aunque partió casi como una humorada, la candidatura presidencial del excéntrico multimillonario Donald Trump en Estados Unidos va como avión. Su estrategia es decir fuerte y claro lo que alguna gente piensa, sin el filtro de la prudencia ni de la responsabilidad, especialmente cuando se trata de estereotipar al extranjero, al migrante, a cualquiera que pertenezca a otro credo cultural. Tarud viene practicando un deporte similar desde hace un buen tiempo*. Es cierto que eso le ha granjeado cierta simpatía en el extremo derecho del arco iris, pero nadie en su partido o en su coalición está dispuesto a jugársela por su aventura presidencial.

Esto no quiere decir que Tarud no pueda o no deba emitir juicios frente a las indesmentibles violaciones cotidianas a los derechos humanos que se viven bajo el autoritarismo chavista. Las vejaciones sufridas por la familia de Leopoldo López son política y moralmente condenables. Muchos quisiéramos tener un gobierno que rompa el silencio cómplice respecto de la situación venezolana. Pero la bravuconería no es el instrumento idóneo para conseguir resultados efectivos en las relaciones internacionales.

*Honestidad obliga a consignar que su reacción frente a la crisis migratoria en Medio Oriente fue muy distinta a la de Trump: Tarud llamó públicamente al gobierno chileno a acoger refugiados sirios. La pulsión chauvinista de Tarud se desata especialmente en conflictos regionales. 

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-01-20&NewsID=335990&BodyID=0&PaginaId=20

DÁVALOS-COMPAGNON: MONOS CON NAVAJA

enero 18, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 18 de enero de 2015)

Según Sebastián Dávalos, primogénito presidencial, su caída en desgracia estuvo digitada por las huestes del ex ministro Peñailillo y la llamada G-90. ¿Habrá tenido tanta importancia el director del área sociocultural de La Moneda como para ser objeto de una conspiración en su contra? Dudoso. Sabemos que la relación entre el hijo biológico y el hijo político de Michelle Bachelet era tensa, pero Dávalos parece atribuirse más importancia que la que tiene. Naturalmente, el lote de Peñailillo aprovechó de copar los espacios de poder disponibles como lo haría cualquier grupo ambicioso que siente que finalmente llegó su oportunidad. Pero uno pensaría que en ese objetivo había peleas más importantes que deshacerse del joven Dávalos, por muy cercano que éste haya sido a su madre.

Lo escribo en pretérito porque cada noticia que sale del caso Caval es otro clavo en la tumba de la popularidad de Bachelet. Lo único que está claro de la estrategia del matrimonio Dávalos-Compagnon es que no están muy preocupados de ahorrarle malos ratos a la Presidenta. Por el contrario, a veces pareciera que la táctica de victimización y despecho va asociada a un intento deliberado de meter al gobierno al baile. Hace pocos días, Natalia Compagnon indicó que la mismísima mano derecha de Bachelet, Ana Lya Uriarte, estuvo involucrada en los controvertidos negocios de Caval. Si Transantiago era una “mala palabra”, la Presidenta debe tener pesadillas con esta otra, que ahora se le instala en el segundo piso.

La táctica de Compagnon –que arriesga una formalización e incluso prisión preventiva en el marco de la investigación judicial- parece ser la siguiente: si caigo yo, caen todos conmigo. Al sumar más nombres a la ecuación –especialmente nombres sensibles para La Moneda- el dúo Dávalos-Compagnon quiere que el gobierno entienda los costos de dejar al atribulado matrimonio a su suerte. Eventualmente, que active sus influencias para que la sangre no llegue al río. Se sienten solos contra el mundo, tal como se sintió Hugo Bravo antes de cantar en el caso Penta. Son animales heridos. Por eso son peligrosos para el gobierno, que parece no tener armas para controlarlos.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-01-18&NewsID=335853&BodyID=0&PaginaId=38

¿PUEDE LA DC ABANDONAR EL BARCO?

enero 5, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 3 de enero de 2016)

El viaje “clandestino” -como lo bautizaron algunos- de la Presidenta a la Araucanía y la sonora queja del ministro Burgos volvieron a poner en la mesa una discusión recurrente: si acaso la DC no debiera romper con la Nueva Mayoría, dada su situación de incomodidad ideológica habitual y esporádicos ninguneos políticos. Lo volvió a plantear esta semana Gutenberg Martínez, uno de los líderes históricos del partido.

El principal problema, en cualquier caso, es que la DC no tiene adonde ir. Mientras Pinochet siga vivo en la memoria de sus dirigentes, no hay posibilidad de cruzar hacia la ribera derecha del río. Hace poco, Andrés Velasco les abrió la puerta de la naciente coalición de “centro liberal”. Pero aparte de compartir una difusa tendencia a la moderación, el ethos democratacristiano está lejos de compartir el acento doctrinario que los liberales ponen en la autonomía individual como criterio central de la acción política.

¿Y por qué no iniciar una carrera de solista? A fin de cuentas, la DC ya probó la gloria de un gobierno en solitario con Eduardo Frei Montalva. Lamentablemente para la falange, los tiempos no son los mismos. En los sesenta, la DC era un partido joven, transformador y con enorme proyección. Hoy, su padrón se encorva generacionalmente y su rol se ha limita a ofrecer matices a dirección de otros. Ideológicamente hablando, la DC es un partido del siglo XX.

Dicho de otra manera, la DC está un poco vieja para aventuras en solitario. Tiene mucho que perder y poco que ganar. Entre las cosas que tiene que perder están los miles de cargos que sus militantes ostentan en el aparato estatal. Puede sonar descarnadamente pragmático, pero en política no todos los argumentos son románticos. Participar en el ejercicio del poder siempre ha sido una razón poderosa y seductora.

El drama de la DC es que tiene que actualizar la visión que tiene de sí misma. Le pasa algo parecido a lo que experimentan esos jugadores de fútbol que cuando fueron jóvenes acostumbraban a explotar su habilidad y rapidez en el frente de ataque, pero después de una década inflando redes son retrasados en el campo por el entrenador. Es lógico: tienen la experiencia pero ya no el vértigo. Pasan de ser delanteros a posiciones de relativa contención. Es cierto que brillan menos, pero si se niegan a ocupar esa posición no van a jugar en ninguna.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-01-03&NewsID=334721&BodyID=0&PaginaId=9