LOS OTROS PRESIDENCIABLES

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 25 de enero de 2016)

En Chile estamos acostumbrados a que los candidatos presidenciales en serio provengan de los partidos o coaliciones tradicionales. Es decir, hay pocos outsiders competitivos, como ocurre en otros países de la región. Esto, generalmente, se considera síntoma de un sistema político sano: la oferta política está institucionalizada y no depende de la explosión de personalismos. Sin embargo, parece curioso que una ciudadanía que grita a los cuatros vientos su cansancio de la clase política tradicional no apueste por liderazgos alternativos. Que los nombres de Lagos y Piñera se impongan por defecto en las encuestas es revelador, y ciertamente triste desde la perspectiva de la renovación de las elites dirigentes.

Haciendo política ficción, la pregunta es qué otras cartas podrían emerger en el contexto de deslegitimación de las estructuras partidistas. A continuación, una lista tentativa. La figura de Eduardo Engel, por ejemplo, podría concitar apoyos en nombre de la transparencia y el combate a la corrupción. Si la narrativa de la próxima elección es el hastío con el aprovechamiento y el delito, las imágenes del ex contralor Ramiro Mendoza o del ex fiscal nacional Sabas Chahuán ganan terreno. El experto en política educacional Mario Waissbluth también asoma como un personaje con credibilidad y discurso crítico. Y si es por buscar en la categoría de “hombres buenos”, el sacerdote jesuita Felipe Berríos y el activista social Benito Baranda llevan la delantera. Tampoco hay que descartar las voces que, desde el debate y los medios de comunicación, encarnan el sentir de muchas y muchos. Carlos Peña y Tomás Mosciatti son ejemplos al respecto.

Luego vienen los líderes sectoriales, capaces de articular discursos políticos desde causas particulares. Así, el relato pro-emprendimiento lo encarna Jorge Errázuriz o Juan Pablo Swett; la cruzada anti-abortista ha resucitado a Soledad Alvear; el ex líder sindicar Cristián Cuevas ejerce un embrujo especial en grupos de izquierda fuera de la Nueva Mayoría; Rolando Jiménez se ha graduado como efectivo cabildero en la promoción de la agenda de la diversidad sexual; el ex intendente Francisco Huenchumilla tiene un relato atractivo sobre el conflicto chileno-mapuche; la sencillez de Iván Fuentes le ha granjeado el mote del “Pepe Mujica chileno”; el excéntrico Leonardo Farkas ya marca en algunos sondeos y muchos lo ven como símbolo de la filantropía; etcétera.

Seguramente algunos de los mencionados serán tentados por partidos o movimientos para asumir desafíos electorales. Todavía, sin embargo, nadie se toma muy en serio un experimento presidencial con estos nombres. No porque sean malos nombres, sino porque intuimos –correctamente- que la política se juega en proyectos colectivos. Pero el escenario es líquido y la indignación ciudadana con la clase política de la transición es creciente. A veces basta con estar en el momento correcto en el lugar adecuado para que las combinaciones habilitantes se produzcan.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-01-25&NewsID=336373&BodyID=0&PaginaId=33

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