QUÉ SIGNIFICA LA DERROTA DE EVO

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 28 de febrero de 2016)

A regañadientes aceptó Evo Morales el resultado del referéndum que consultaba a la ciudadanía boliviana si el presidente podía competir por un cuarto período en el poder. Morales lleva diez años en el Palacio Quemado de La Paz y su tercer mandato constitucional vence en 2020. Su intención era quedarse hasta 2025. Los bolivianos, por estrecho margen, dijeron que no.

Es importante no confundirse respecto al significado de este resultado. Evidentemente, el cómputo final sentencia una derrota personal para las ambiciones de Evo Morales –quien, previsiblemente y siguiendo la línea de sus aliados regionales, dijo que había una guerra sucia en su contra y amenazó con examinar de cerca lo que pasa en las redes sociales- pero no constituye necesariamente un fracaso para el proyecto político de su movimiento (MAS) ni menos un retroceso en el proceso democrático que encabeza. La coalición de fuerzas que promovió la opción “NO” fue variopinta. Por supuesto que en ella se encontraba la oposición de derecha, pero también varios dirigentes que estuvieron con el presidente Morales pero que estimaron que el exceso de caudillismo estaba dañando el sueño que algún día compartieron.

Morales, como Hugo Chávez en su momento, considera que las transformaciones necesarias en su país no pueden llevarse adelante sin su conducción. Es el virus del mesianismo que se aloja especialmente –aunque no exclusivamente- en la izquierda latinoamericana. La oportunidad para la democracia boliviana es que durante los próximos años el partido gobernante deberá fortalecer su densidad institucional y ofrecerle al país nuevas alternativas. Ahí se prueban los verdaderos liderazgos: en la capacidad de movilizar procesos adaptativos que no dependan del nombre de la autoridad. En cierto sentido, es un favor para Evo: entregando el poder pacífica y democráticamente en 2020, pasará a la historia como el presidente que le dio (inédita) estabilidad política a Bolivia, encarnó por primera vez los anhelos de una mayoría indígena que (al fin) pudo ver a uno de los suyos al mando del país, y realizó importantes transformaciones económico-sociales. No todo ha sido bueno, pero el saldo parece positivo. La eternización de Evo habría conspirado contra ese saldo, tomando en cuenta que sobre él pesan acusaciones de corrupción que ya empiezan a acumularse.

¿Tiene esto algún efecto para Chile? Poco probable. Quienes creen que Bolivia cambiará su política exterior a partir de este resultado se equivocan. El recurso retórico anti-chileno es moneda común en casi todo el espectro ideológico boliviano. Con o sin Evo, los capítulos de nuestra tensa relación se seguirán escribiendo.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-02-28&NewsID=339248&BodyID=0&PaginaId=20

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