PARCHE CURITA QUE NO SANA LA HERIDA

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 8 de marzo de 2016)

La mala reputación de la clase política nacional tiene distintas causas. Una de ellas dice relación con ciertos privilegios laborales que gozan los congresistas. Al ciudadano común y corriente le empelota saber que sus representantes gozan de beneficios que a cualquier otro mortal le están generalmente vedados. Así por ejemplo, diputados y senadores se toman vacaciones prácticamente cuando quieren. Solo deben avisar, como diligentemente lo hizo el rugbista Jorge Pizarro. El trabajador ordinario no llega campante a la oficina del jefe a notificarlo de su calendario de asueto. Los legisladores de la patria también deciden sobre sus propias dietas. Chilenos contados con los dedos de una mano pueden decir lo mismo. Hace poco nos enteramos que nuestros parlamentarios también acceden a favorables condiciones crediticias cuando piden plata a la “Corporación”. Nuevamente, pocos empleados pueden contar la misma historia.

Interpretando correctamente que este contraste entre las condiciones laborales de unos y otros enciende la indignación ciudadana, la mesa de la Cámara de Diputados trabajó silenciosamente una propuesta para un nuevo estatuto parlamentario, que básicamente limita y reduce aquellos privilegios que pueden considerarse injustificados ante la opinión pública. Entre otras cosas, se termina con el pasaporte diplomático para los familiares y se prohíbe la acumulación de millas personales si fueron obtenidas en viajes oficiales. También se acaban los pasajes en primera clase. Respecto de las vacaciones, la idea es fijarlas en los clásicos quince días hábiles, de los cuales al menos diez deben ser tomados en febrero –cuando el Congreso entra precisamente en receso.

Todas estas medidas suenan razonables, por no decir obvias. El esfuerzo del actual presidente de la Cámara de Diputados, Marco Antonio Núñez, es loable. En su momento, la propuesta de rebaja salarial de Jackson y Boric los pilló mal parados. En aquella ocasión se les hizo muy difícil aceptar. En cambio, esta es una concesión bastante menos dramática y sería realmente impresentable que fuera rechazada. Por supuesto, Núñez no puede esperar -como ha sugerido- que con esto se resuelvan los problemas de imagen de sus colegas. La crisis política que atravesamos tiene acotada relación con la percepción de asimetría laboral pero no se puede reducir a ella. Un parche curita no sana una herida a tajo abierto.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-03-08&NewsID=340021&BodyID=0&PaginaId=12

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