LA RAZÓN DE PEPE

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 4 de marzo de 2016)

“El PPD no tiene futuro… el ciclo político al que dio inicio la fundación del PPD está terminado”. No son las palabras de un observador sino las del diputado Pepe Auth, uno de los dirigentes emblemáticos del partido, que incluso llegó a presidirlo entre 2008 y 2009. Es un caso inusual de honestidad y autocrítica en un mundo que usualmente carece de ella. A los políticos no les gusta enfrentar el ocaso de sus proyectos. Por el contrario, inventan piruetas retóricas para justificar su importancia. Pepe Auth no cae en ese juego. No entiende la gracia de hacerse trampa en el solitario.

Son frases de la sentida carta que Auth envió a sus correligionarios del PPD en el mes de enero. No son declaraciones al vuelo ni sacadas de contexto. Son parte de una argumentada exposición, seguramente meditada con tiempo, que el diputado por Maipú quiso poner por escrito. Me recuerda a Jerry Maguire, el personaje de aquella película noventera donde Tom Cruise interpreta a un representante de estrellas deportivas que tiene una crisis de consciencia y en medio de la noche redacta un “memo” con una honestidad tan brutal que le cuesta el cargo. Pepe Auth, como Jerry Maguire, se cansó de seguir vendiendo humo.

Porque Pepe Auth tiene mucha razón en sus planteamientos. El PPD puede morir tranquilo, o al menos mutar en otra cosa. Nació al fragor de la lucha por la recuperación de la democracia y en ese sentido su contribución histórica fue impecable. El PPD fue capaz de aglutinar bajo un mismo paraguas a todos aquellos opositores a Pinochet que no se sentían tributarios químicamente puros de la herencia democratacristiana, por un lado, o socialista, por la otra. Fue capaz de combinar sensibilidades justicieras en la zona donde se superponen visiones liberales y socialdemócratas. Su identidad no se fundía con la veneración de Allende ni de Frei Montalva; era un proyecto en permanente construcción en la medida que un Chile joven emergía de las tinieblas de la dictadura. Por eso le fue más fácil que a otros partidos conectar con frecuencias modernas del discurso político: la defensa de los derechos del consumidor, la preocupación medioambiental, el relato multicultural, etcétera.

Pero esos tiempos quedaron atrás, reconoce Auth. El partido que nació para recuperar la democracia se achanchó una vez que la democracia se dio por descontada. Recientemente, sus parlamentarios se sumaron sin vergüenza al cartel que busca evitar la entrada de nuevos actores a la competencia electoral. Al menos dos cosas ocurrieron, según el documento. Primero, el PPD se “tradicionalizó”. Es decir, perdió la frescura y la capacidad de innovación que le permitió conectar con una franja etaria de la población que hoy sencillamente busca otros rumbos. En cierto sentido, esto se ilustra con lo que ha ocurrido en los últimos meses con la llamada G-90, un grupo que parece más preocupado de copar las estructuras funcionarias del estado que de repensar las fronteras ideológicas de la centroizquierda. Poca épica queda en el tránsito de soñadores a burócratas. Segundo, el partido habría tomado un viraje a la izquierda que excluyó un número importante de elementos que hacían del PPD una tienda pluralista y especial dentro de la constelación concertacionista. El ala liberal fue exiliada hace varios años. El velasquismo que sobrevive en su interior está silenciado. La tesis de la retroexcavadora simbolizaría esta nueva etapa, enteramente autoflagelante respecto de lo construido en veinte años de Concertación. El problema sería más estratégico que doctrinario: el nicho de la izquierda ya está copado por socialistas, comunistas y referentes emergentes. Auth no considera inteligente salir a disputar un espacio donde no hay chance de ganar.

Un paréntesis sobre el PS y el PC. Se trata, probablemente, de los partidos que mejor resistirán la crisis de representatividad del sistema político. No porque tengan una rica historia -democratacristianos y radicales también la tienen- sino porque son capaces de conectar dicha orgullosa historia con un sentido de urgencia y deber sobre el presente. Para no vivir del pasado, socialistas y comunistas entienden la importancia de renovar continuamente sus votos. El mapa ideológico chileno perdería actores relevantes sin su presencia. Sin embargo, perdería muy poco si mañana desaparece el PPD. La mayoría de su electorado bien podría reconvertirse al PS. Unos pocos podrían emigrar al centro liberal o declarar lealtad marquista. Movimientos como Revolución Democrática podrían interpretar perfectamente la misma pulsión progresista, con un discurso actual y conectado con la experiencia histórica de las generaciones post-transición. A modo de anécdota, tengo varios amigos y conocidos amigos que participaron en las primeras actividades de RD, pero han decidido “regresar” a la nave madre de calle Paris. Según me explican, aun con todas sus pifias, el PS sería una institución republicana que trasciende el entusiasmo juvenil. Ninguno, absolutamente ninguno, me ha dicho lo mismo sobre el PPD.

En síntesis, Auth diagnostica para su partido una crisis de espacio e identidad. Aunque transmite su pena, no lo dramatiza más de lo necesario. Entiende que las entidades políticas como todos los organismos tienen ciclos de vida. Es poco probable que quienes ostentan algún poder dentro del PPD le den a la razón a Pepe Auth. Pero eso no significa que no la tenga.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2016/03/03/110339-la-razon-de-pepe

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