LA UDI EN LA ENCRUCIJADA

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 13 de marzo de 2016)

Cuenta la leyenda que en la UDI conviven dos estilos, dos estrategias, dos maneras de concebir la política. Ambos modelos están encarnados por los referentes principales del gremialismo: Jovino Novoa y Pablo Longueira. La UDI de Jovino es pragmática y pone acento en la defensa del modelo económico. La UDI de Longueira es popular y tiene vocación evangelizadora. La caída en desgracia de Jovino Novoa hizo que varios en ese partido fantasearan con las virtudes de Longueira. Pero lo que ha ocurrido en las últimas semanas pone en entredicho el relato de un Longueira incorruptible.

Por eso es tan grave lo que le pasa al gremialismo. Sus dos figuras más emblemáticas, referentes políticos y morales para una generación de dirigentes y militantes, hoy aparecen envueltas en sospechas. Jovino ya confesó su parte. Longueira insiste que en su caso no hay pecado. La justicia aún no ha dicho nada. Pero es difícil que pueda zafar de la condena que ya emitió la opinión pública. Las pruebas sobre la mesa configuran un caso plausible de tráfico de influencias, por decir lo menos. Es cierto que en la plaza ciudadana hay cierta inocencia respecto de cómo se hacen las leyes y de qué forma los distintos grupos de interés promueven sus visiones. Pero una vez que lo que ocurre en la cocina del poder se ilumina, no hay vuelta atrás. Esto huele mal y es normal que genere cuotas de indignación.

La UDI se ha visto completamente superada por el asunto. Sus próceres prefieren insistir en el discurso de la conspiración –investigación “ideológicamente falsa” dijo Jovino, es culpa de los medios, sugirió Longueira-, revelando un persistente déficit empático: sencillamente no captan que sus prácticas y costumbres políticas –que al parecer fueron normales en su tiempo- no cumplen con los estándares actuales de transparencia y probidad. Por eso se rebelan: fueron dueños de Chile y hoy están en el banquillo de los acusados. No es fácil –para nadie- asumir ese tránsito.

Pero alguien tendrá que hacerlo, so pena de seguir profundizando el desprestigio. La UDI necesita desaprender lo aprendido para reubicarse en el mapa del nuevo Chile. Esa cirugía mayor requiere caras nuevas, por supuesto, pero también convicciones nuevas respecto del rol que le toca jugar al partido más grande del país en la etapa democrática post transición. No será gratis. Estos procesos son dolorosos porque dejan heridos en el camino. Longueira tuvo la mínima generosidad de renunciar al partido para contaminarlo con el proceso en su contra, pero eso no basta. La generación de los coroneles tendrá que ponerse a disposición de la nueva camada para ser sacrificada en pos del porvenir de la marca. Tendrá que ofrecer facilidades para celebrar su propio rito funerario. De lo contrario sólo pueden esperar una desabrida decadencia.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-03-13&NewsID=340392&BodyID=0&PaginaId=15

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