REFLEXIONES SOBRE EL #ELECTORALDEATHMATCH

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Demócrata el 21 de marzo de 2016)

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La segunda versión del #ElectoralDeathMatch ha llegado a su fin. Comenzó con 16 duelos de primera fase el domingo 13 de marzo y concluyó el sábado 19 con la gran final entre la senadora Lily Pérez y el senador Alejandro Guillier. La victoria fue para este último. En la primera edición de noviembre 2015 contabilizamos 46 mil votos emitidos. Esta vez llegamos a 88 mil, lo que significa un crecimiento notable. El duelo que registró mayor participación fue la semifinal entre Lily Pérez y Sebastián Piñera, seguido del ajustadísimo enfrentamiento entre Felipe Kast y Leonardo Farkas en primera fase. La final fue el tercer duelo más votado.

Aunque hemos dicho en todos los tonos que el #ElectoralDeathMatch no tiene aspiraciones representativas de la sociedad chilena ni pretende ser una medición científica –por lo tanto esa objeción “metodológica”  es completamente superflua- quizás sí sea importante precisar cuáles son los objetivos del ejercicio. Son básicamente tres. En primer lugar, se trata principalmente de un juego político. El modelo de playoffs funciona de la misma forma que en muchos torneos deportivos. Ese es parte de su atractivo: nos provoca curiosidad saber quiénes avanzan y quienes quedan eliminados, y en este caso podemos contribuir al desenlace del cuadro. Que la política –usualmente árida y poco sexy- pueda ser presentada en un esquema lúdico genera oportunidades de masificación. En lugar de alienar a las nuevas generaciones, el #ElectoralDeathMatch busca incorporarlas a la conversación política. En ese sentido, es un juego con espíritu cívico.

Lo segundo que le pedimos al experimento es que sea capaz de detectar señales que a veces no se leen en las secciones de política de los medios tradicionales ni se recogen en las encuestas habituales. Sabemos que existe un hastío generalizado con la clase política chilena. Pero seguimos insistiendo en los mismos nombres –al menos cuando se trata de la presidencial- como si fuésemos incapaces de parir nuevas alternativas. El #ElectoralDeathMatch nos invita a pensar “fuera de la caja”. Es lo que ocurrió en la versión recién finalizada: fueron tantas las sorpresas respecto de la primera edición, que uno se ve tentado a articular algunas hipótesis y acotadas conclusiones. Hace 5 meses, la final fue Piñera versus Lagos. Muchos tuiteros estaban decepcionados porque creían que las redes sociales serían capaces de promover caras frescas. Por el contrario, se comportaban de forma bastante convencional. Sin embargo, algo cambió. Figuras como Allamand, los dos Kast, Andrés Velasco e Isabel Allende habían llegado todas a segunda fase en la edición anterior. Esta vez no superaron la primera. ME-O fue pulverizado en octavos de final, lo mismo que Lagos. Piñera no alcanzó la final. En cambio, fueron exitosos los nombres de Jaime Bellolio, Felipe Bulnes, Eduardo Engel, Francisco Huenchumilla, Nicolás Eyzaguirre y Daniel Jadue, por nombrar algunos. Que la final haya sido entre Lily Pérez y Alejandro Guillier tiene cierta lógica. Si bien son parte del elenco de la política, no parecen estar manchados por el tipo de acusaciones que pesan sobre muchos de sus pares. Como el sistema funciona forzando la elección binaria –por eso no está la opción “nulo/blanco” como porfiadamente algunos solicitan- finalmente avanzan a etapas posteriores quienes tienen menos anticuerpos, no necesariamente quienes tienen más adhesión nominal. Como señaló una tuitera ocurrente refiriéndose al inédito emparejamiento de la final, “con esos candidatos es como si hubiéramos tomado armonil”. Evidentemente, no todas las señales que envía el juego son susceptibles de ser procesadas, pero en la medida que tengamos más información para comparar, mejor será el trabajo de detección. Finalmente, que nos parezca interesante medir figuras menos establecidas como presidenciables no implica que desconozcamos que en democracia el rol de ofrecer candidatos a la ciudadanía recae principalmente en los partidos y las coaliciones. El problema es que a veces, por una serie de razones, estas instituciones tienen problemas para conectar con la sensibilidad de la opinión pública.  El #ElectoralDeathMatch suma con su humilde y particular mirada desde abajo, abriendo la cancha a las propuestas y preferencias de la ciudadanía virtual.

En tercer lugar, la herramienta ha sido útil para observar el nivel de desarrollo de activismo digital de los actores políticos chilenos. Colectivos como Evopoli y Amplitud, por ejemplo, entienden que las redes sociales son y serán importantes en la promoción de sus ideas y representantes. Puede ser una cuestión generacional, pero los partidos tradicionales han sido más lentos en enganchar con la dinámica del ejercicio. Aun así, hasta los radicales celebraron en su cuenta oficial la victoria de Guillier. En resumen, nos parece estupendo que los distintos movimientos y partidos se involucren haciendo llamados a participar. Eso mantiene caliente el músculo de la militancia virtual y crea lazos de identidad política entre los usuarios de redes sociales.

Para terminar, me gustaría hacerme cargo de algunas críticas u observaciones al proceso. Parto por la más ridícula. Un tuitero comentó que el emparejamiento entre el alcalde de Recoleta –comunista- Daniel Jadue y la líder la CUT –comunista- Bárbara Figueroa habría sido una manipulación, una jugarreta para descalificar la reforma laboral (?). Otra usuaria, cuyos candidatos no estaban avanzando como ella quería, señaló que las llaves estaban “arregladas” para llegar a un determinado resultado. Usted ya sabe, las clásicas teorías conspiracionistas. Parece innecesario decirlo, pero el #ElectoralDeathMatch no tiene ningún tipo de agenda ideológica. Es un proyecto completamente independiente al cual le resulta indiferente el resultado. Si lo que queremos es detectar señales, no tiene ningún sentido hacernos trampa en el solitario. Por supuesto que algunos emparejamientos pueden ser controvertidos (¿por qué Felipe Kast tuvo que enfrentar a Farkas en primera ronda?) pero todos pueden ser justificados bajo el criterio central de ordenamiento en un eje derecha-izquierda. Siempre habrá segundas opiniones al respecto (¿debería ir ME-O a la derecha o a la izquierda de los comunistas? ¿El candidato de RD debe ir a la derecha o a la izquierda de los nombres del PS? ¿Es correcto hacer correr a Engel o Velasco en el lado derecho del cuadro?), pero no hay intencionalidad política alguna en el diseño de las llaves. Es nuestro compromiso mantenerlo así.

También se nos ha preguntado por la ausencia de figuras como Giorgio Jackson o Camila Vallejo. La respuesta es clara: como se trata de un simulacro de elección presidencial, sólo participan quienes tienen la edad constitucional para postular a esa posición. Es decir, 35 años cumplidos al año 2017. Lo anterior no implica que no podamos realizar –más adelante- un torneo con jóvenes promesas como fue propuesto por un tuitero. También tenemos la idea de realizar un ejercicio parecido que en lugar de interrogar por preferencia presidencial lo haga por preferencia edilicia, a propósito de las elecciones municipales de octubre, al menos en las capitales regionales y las comunas más emblemáticas.

Una crítica más compleja apela a la escasa representación femenina del cuadro: fueron sólo 6 de un total de 32 (Evelyn Matthei, Lily Pérez, Ximena Rincón, Carola Tohá, Isabel Allende, Bárbara Figueroa). En la pasada edición fueron 7 (salió Roxana Miranda por bajo rendimiento). La situación en la clasificatoria de enero fue aun peor: 3 de 32. Una manera de explicar esa asimetría es sencillamente apuntando a que la nómina obedece a propuestas de los mismos tuiteros. Así fue como se construyó la lista de las clasificatorias, en efecto. No implica ningún juicio de valor reconocer que el ámbito de los presidenciables está más poblado de hombres que de mujeres. ¿Corresponde aplicar una cuota? Quizás. Aunque el fundamento de la cuota tiene más sentido cuando se trata de cuerpos colegiados. Por eso no hay ley de cuotas en una elección donde solamente se elige 1 cargo. Aun así, es una situación que no nos tiene cómodos e intentaremos remediar. Es probable que la próxima etapa clasificatoria –que tiene por objeto elegir 8 nuevos nombres que reemplacen a los 8 menos votados de la última versión- sea prácticamente paritaria. Todas las propuestas son bienvenidas. Nos volvemos a encontrar en abril.

Link: http://www.eldemocrata.cl/opinion/reflexiones-sobre-el-electoraldeathmatch/?utm_content=bufferfade4&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer

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