LA SOCIEDAD ESTÁ DE VUELTA

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 18 de marzo de 2016)

“De nuevo la sociedad” se llama el nuevo libro del sociólogo y académico de la Universidad de Chile, Carlos Ruiz Encina. La figura de Ruiz aparece poco en los medios tradicionales. Sin embargo, su influencia intelectual es notable en la formación de los nuevos cuadros de cierta parte de la izquierda chilena. En los noventa, Ruiz formó parte de la generación dorada de la Surda. Hoy se desempeña como presidente del directorio de la Fundación Nodo XXI, el Think Tank de los autonomistas como el diputado Gabriel Boric. Son los que están a la izquierda de la Nueva Mayoría. Leer a Ruiz es un ejercicio instructivo para saber qué están pensando las mejores mentes de esa tradición crítica.

“De nuevo la sociedad” es principalmente un alegato contra el modelo de relaciones políticas, económicas y sociales que se forjaron en Chile a partir de la dictadura pero que se profundizaron, según el autor, durante los decenios concertacionistas. Ruiz Encina no vacila en clasificar a la Concertación -y a su continuadora, la Nueva Mayoría- dentro de las fuerzas políticas neoliberales. Incluso los comunistas, indica Ruiz, han sucumbido a las tentaciones del poder sin exhibir voluntad real de hacer transformaciones sustantivas. Aunque estructuralmente motivado a mirar el vaso medio vacío, la reconstrucción histórica que hace Ruiz es verosímil. Los hechos son los hechos. Su interpretación es más controversial: los aparentes éxitos del modelo chileno serían totalmente espurios. Los mitos noventeros que alguna vez nos hicieron sentir orgullo –la reducción de la pobreza, la ampliación de la cobertura en educación, la expansión del consumo, la reconciliación, las formalidades democráticas, etcétera- fueron, de acuerdo a Ruiz, funcionales al objetivo de una elite que consolidaba su control gracias a la despolitización del tejido social. En esta elite se habrían terminado confundiendo empresarios de derecha con operadores concertacionistas. Lo que más lamenta el autor es que Chile se empezó a pensar en singular: la aplicación de lógicas de mercado a los distintos ámbitos de la convivencia habría terminado por desarticular lo poco que quedaba de sentido colectivo. Fue el triunfo del individuo por sobre la sociedad. Con intención de manifiesto militante más que como obra académica, Carlos Ruiz anuncia que la sociedad –orgánica y politizada- al fin está de vuelta.

Hay dos aspectos que, desde mi propia (de)formación filosófica e ideológica, quiero aprovechar de repasar. El primero es el ámbito de promesas frustradas por el modelo de desarrollo chileno. Ruiz Encina insiste en referirse a la idea de igualdad de oportunidad, por ejemplo, como una falacia. Sin embargo, no está enteramente claro si el autor considera que el principio normativo que está detrás de la igualdad de oportunidades –llamémosle justicia meritocrática- puede ser rescatado de sus defectos de aplicabilidad práctica. Un mínimo de honestidad intelectual nos obliga a coincidir con el diagnóstico de Ruiz: en Chile no existe real igualdad de oportunidades y la cuna sigue determinando generalmente el destino. Es una promesa fallida. Pero en su versión ideal, sus implicancias son radicales. La pregunta que queda en el aire es si acaso los vicios que impiden su materialización son suficientemente poderosos como para desechar el atractivo político-moral del principio. Algo parecido ocurre con la idea de libre competencia. Ruiz da en el clavo: parte importante del gran empresariado chileno ha hecho su fortuna en forma rentista en lugar de innovando en un ecosistema abierto y competitivo. No es raro que defiendan intereses corporativos y demanden protecciones especiales del mismo estado que dicen denostar. No juegan, concluye Ruiz, con las reglas que le confieren legitimidad al discurso liberal. La pregunta, nuevamente, es si acaso el problema está en el principio de la libre competencia, en la forma en que sus instituciones lo encarnan, o bien en los elencos que dicen ponerlo en práctica. Algunos dirán que estas preguntas no tienen mucho sentido. A fin de cuentas, no podemos compararnos con el ideal sino con las prácticas sociales habituales de nuestro entorno. Pero la filosofía política consiste precisamente en explayar la fascinación normativa que ejercen ciertos conceptos, independiente que ello vaya acompañado de un reconocimiento explícito de la distancia que existe entre la teoría y la realidad.

El segundo argumento interesante es el de la “naturalización” del modelo. Frente al relato neoliberal que sostiene que las personas buscan su interés individual y es perfectamente normal que intenten diferenciarse de sus vecinos a través de la competencia –lo que básicamente se traduce en desigualdad material y segregación de estatus- la izquierda de Ruiz se rebela. Nada hay de natural, sugieren, en vivir como consumidores que se alienan de la comunidad. Tampoco habría libertad, como lo vende la derecha, al abandonarse al veredicto del mercado pues se pierde soberanía sobre la propia existencia. De ahí la acusación: el modelo es expresión de un orden socio-económico y cultural impuesto desde arriba. Sin embargo, la tesis opuesta es igualmente discutible. La visión de ciudadanos solidarios y cooperadores en camino a la emancipación tampoco emerge en forma natural. Las instituciones políticas, las dinámicas productivas y las relaciones sociales que se requieren para ello también deben ser impuestas, ya sea por la vía democrática o por otra. La idea de libertad que parece promover Ruiz es tan controversial como su adversaria. En efecto, el modelo chileno no tiene nada de natural. Pero tampoco lo son las alternativas.

El libro de Ruiz no es para todos los públicos. A ratos es árido y repetitivo. Pero es posible que esta lectura tenga que ver con nuestras diferencias disciplinarias y metodológicas. En cualquier caso, yo disfruté su densidad teórica, su revisionismo crítico y su riqueza lingüística. Del mismo modo lo disfrutarán todos aquellos que gustan de masticar y digerir los procesos sociales.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2016/03/17/130357-la-sociedad-esta-de-vuelta

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