Archive for 11 junio 2016

EL PROYECTO ROJAS

junio 11, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del viernes 10 de Junio de 2016)

El diputado gremialista José Antonio Kast no renunció solo. Junto a él abandonaron la UDI una veintena de dirigentes y mandos medios, entre los cuales destacan los nombres de Javier Leturia –uno de los fundadores del partido- y del historiador Gonzalo Rojas Sánchez. En una misiva circulada en las redes sociales, los ahora ex militantes del partido respaldan entusiastas la “valiente decisión” de Kast. La UDI ya no sería, según los signatarios, el lugar indicado para desplegar las ideas y valores de Jaime Guzmán. Luego hacen explícita su intención de confluir –junto a otros movimientos- en un nuevo proyecto político que sea capaz de conectarse con la narrativa originaria del gremialismo. Es decir, se van de la UDI pero amenazan con construir una plataforma alternativa.

Ningún lector de las columnas mercuriales de Gonzalo Rojas debería sorprenderse. Desde hace un buen tiempo a esta parte, Rojas utiliza su tribuna de los miércoles para plantear la posibilidad de engendrar una nueva criatura política. En marzo recién pasado, por ejemplo, preguntó si acaso no había llegado la hora de los auténticos conservadores para construir un partido propio. Hace falta un ideario, unas personas, una hoja de ruta y un anclaje histórico, precisó. Sobre las personas, vaya casualidad, mencionó a José Antonio Kast. Sus referentes históricos serían Manuel Montt, Manuel José Yrarrázaval, Jorge Prat y por supuesto Jaime Guzmán. Haciendo gala de su rol de estratega político, Rojas describe distintos caminos organizacionales. El ideario es lo de menos, dice. A fin de cuentas, los conservadores saben lo que quieren.

El papel de Rojas en la formación de innumerables cuadros gremialistas suele pasar bajo el radar, pero es tan intenso y comprometido como el que se atribuye a Carlos Ruiz en la izquierda universitaria. Ciertamente lleva más años en el oficio. Tuve la oportunidad de conocer a Rojas como su alumno en primer año de derecho en la Universidad Católica. A pesar de mis diferencias políticas con el personaje, sería deshonesto no considerarlo un gran profesor. En su sala de clases no aparece el polemista sino el académico. Entiendo que esto puede ser difícil de digerir. Hay personas que leen a Rojas –tal como leían a Hermógenes- sólo para iniciar el día con la cuota de indignación necesaria. Como fuere, también percibí la mano de Rojas cuando –un par de años después- varios de sus ayudantes levantaron una alternativa político-universitaria que le plantó cara al entonces invencible Movimiento Gremial de Casa Central. Por esas cosas de la vida, colaboré en su fundación. Pero mientras yo pensaba que trabajaba por un proyecto independiente de corte liberal, para el entorno de Rojas no era otra cosa que un llamado de atención al gremialismo para que reconectara con sus orígenes. Lo encabezaba, de hecho, un brillante estudiante numerario que tenía que retirarse de las reuniones nocturnas para recluirse tempranamente en la residencia de la Obra. Aunque dicho proyecto no terminó como Rojas quería, no se dio por vencido. Años después, dicen, contribuyó en la articulación intelectual de Solidaridad, otro movimiento escindido de la costilla del gremialismo. Son los mismos que luego fundaron IdeaPaís y a continuación su brazo político Construye Sociedad –que de hecho acaba de incorporarse a ChileVamos*.

Es decir, Rojas es un académico comprometido con la vida político-universitaria y nacional. Es un fraguador de movimientos, un agitador de las aguas, un promotor de las refundaciones. El patrón común de estas iniciativas es que giran en torno a recuperar algo así como la pureza doctrinaria del pensamiento guzmaniano. Ese parece ser, una vez más, el motor motivacional de la renuncia de su grupo a la UDI. Pero ahora que la piedra está lanzada, no puede esconder la mano. Rojas conoce bien el mapa de los nuevos movimientos y le interesa particularmente la confluencia de grupos conservadores y socialcristianos. Ahí estaría la semilla del gran proyecto que sueña para Chile.

Es inevitable preguntarse si un proyecto de estas características está a la derecha o a la izquierda de la UDI. En la mente de Rojas, creo, está a la derecha. Primero, porque sin necesidad de ser un partido confesional, pareciera que el nuevo referente tendría menos vergüenza en asumir su ethos religioso. Por eso J.A. Kast le resulta un líder potencialmente idóneo: entiende la política en un sentido casi misional. Segundo, porque Rojas no negocia a Pinochet. No sólo es su biógrafo más generoso, sino que ha trazado explícitamente la línea de pertenencia del nuevo partido: “A los mayores de 55 se nos debiera exigir lealtad; a los menores, respeto”. Así también lo entiende el alcalde Francisco De La Maza, quien sostuvo que “el pensamiento de los que se están yendo obviamente es mucho más pinochetista”.

He aquí la paradoja. El delfín de José Antonio Kast es Jaime Bellolio. Éste puja por una UDI menos integrista en la dimensión moral y menos pinochetista en su ligazón histórica. Kast dijo que se va porque los coroneles no aprenden a democratizar el poder. En ese sentido está alineado con el diputado Bellolio. Pero si la cruzada por la renovación generacional tiene éxito, la UDI posiblemente tomará un sabor aún menos apetecible para Gonzalo Rojas y su grupo. No queda entonces claro si Kast deja el partido de toda su vida para volcar su vocación de “servicio público” en un proyecto como el que promueve Gonzalo Rojas o si Gonzalo Rojas está aprovechando la oportunidad política que genera la renuncia de Kast para llevar agua a su molino –también de toda la vida.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2016/06/09/130615-el-proyecto-rojas

* Cristián Stewart, miembro de Construye Sociedad, me señala que Gonzalo Rojas no tuvo participación en el nacimiento de Solidaridad. Rojas, me explica, está tan comprometido con la narrativa histórica del gremialismo, que difícilmente pudo alentar a su competencia electoral. Por otra parte, Solidaridad tendría una visión más política -menos gremialista en sentido estricto- del rol de la universidad, cuestión que también habría sido problemática para Rojas. Es una observación plausible y que viene de primera fuente.

EL PARTIDO AL CONGELADOR

junio 10, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 9 de julio de 2016)

Hace poco más de un año le pidieron a Jorge Burgos que se hiciera cargo del Ministerio de Interior para ordenar la casa después de la traumática salida de Rodrigo Peñailillo. Hizo lo que pudo. Nunca se le vio enteramente cómodo en el cargo. Tuvo un par de episodios ásperos con la Presidenta, como aquel viaje a la Araucanía donde se lo madrugaron olímpicamente. El último fue por la querella que la Jefa interpuso contra un grupo de periodistas. Burgos aguantó, pero finalmente le pasó la cuenta esa moledora de carne que es La Moneda –y esa majamama inasible que es la Nueva Mayoría. Dijo que se iba por razones de cansancio acumulado. No sabemos si es verídico pero al menos suena verosímil. Se merece unas vacaciones. Ojalá no haga la gran Sabat –eso de renunciar por motivos de salud pero postularse al día siguiente a otro cargo igualmente estresante.

Lo reemplaza Mario Fernández. No es un novato en estas lides. Fue ministro dos veces con Lagos y se acerca a las setenta primaveras. Parece que Michelle Bachelet tiene una especial predilección por el perfil democratacristiano entrado en años y con poca sazón. En su primer gobierno tuvo a Andrés Zaldívar, Belisario Velasco y Edmundo Pérez Yoma, puros falangistas septuagenarios cortados por la misma tijera estética y cultural. Ahora Burgos y Fernández. Entre ellos, Peñailillo aparece como una exuberancia, un capricho, una desviación estándar.

El nuevo jefe de gabinete no viene a cambiar mucho las cosas. El plan de juego es básicamente el mismo. En tiempos de Peñailillo el gobierno salía al ataque. A Burgos lo trajeron para contener. Fernández –en jerga futbolística- va a meter el partido en el congelador. Su nombre genera cero entusiasmo pero tampoco levanta mucha resistencia. Lo acusan de ser demasiado conservador, casi vaticano. Pero no tiene espacio para salirse de libreto a estas alturas. La suerte parece estar echada en las batallas “valóricas” que está dando el gobierno. Interesantemente, parece ser más abierto al proceso constituyente –y en especial a la AC- que su antecesor. Desde esta humilde tribuna se le desea suerte. La va a necesitar.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-06-09&NewsID=347500&BodyID=0&PaginaId=2

LA QUERELLA Y LA FALACIA DE LA CONCENTRACIÓN

junio 6, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 6 de Junio de 2016)

Alguien me sopló en Twitter que debe haber un nombre para aquella falacia que consiste en poner sobre la mesa un buen argumento pero para un tema que no depende de ese argumento. Algo así como una cortina de humo, acotó otro. No estoy seguro. De cualquier modo, eso es un poco lo que pasa cada vez que figuras de la Nueva Mayoría defienden la querella presentada por Michelle Bachelet contra periodistas del semanario Qué Pasa. Como las razones de criterio político escasean, se recurre al argumento de la concentración de los medios. Se trata de una crítica vieja de la izquierda que tiene cierto sustento. En lo que respecta a prensa tradicional en formato y acercamiento, hay básicamente dos grupos que roncan. Y ninguno es particularmente de izquierda. Habría un déficit de pluralismo en nuestros medios de comunicación y eso afectaría –así continua el argumento- la mismísima libertad de expresión. Aunque la proliferación de medios digitales, independientes y regionales está cambiando ese duopólico panorama, la nueva oferta no parece todavía lo suficientemente nutrida e influyente. Punto tomado: no somos los campeones del pluralismo.

Lo que no queda claro es qué relación tiene eso con la justificación política y la defensa normativa de la querella. Lo que Bachelet debe probar a los jueces es que revista Qué Pasa tuvo una intención injuriosa en la gimnasia de publicaciones y desplublicaciones de la semana pasada. Los periodistas, obviamente, dirán que sólo tuvieron ánimo de informar. Si los tribunales consideran que la selectividad del medio es parte de su libertad editorial y no una afrenta dirigida contra la dignidad de la ciudadana Bachelet, se acabó el asunto. Los escuderos de la presidenta dirán que esa libertad es en verdad un abuso. Éticamente, quizás. La pregunta es si nos parece correcto activar el brazo penal del estado para combatir ese vicio de parcialidad. Las leyes –creemos algunos- no debiesen patrullar el ámbito de la virtud.

Esta situación podría haberse generado igualmente en un escenario medial más pluralista. Habría sido bueno que la gran familia concertacionista hubiese cumplido el sueño de tener un gran diario de centroizquierda. También hay buenas razones para pensar en medios auténticamente públicos en misión y financiamiento. Pero aun en ese caso la prensa conserva cierta soberanía sobre sus decisiones editoriales. También habría medios que revelen la agenda política de sus dueños. Por lo tanto el argumento de la concentración –por interesante que sea- no salva el caso de la querella. Lo que sí hace –y quizás se trate finalmente de esto- es dotar de munición al oficialismo para que salga de las cuerdas y pegue un par de golpes de vuelta. Pero todavía no estoy seguro de cómo se llama esa falacia.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-06-06&NewsID=346887&BodyID=0&PaginaId=45