Archive for 31 julio 2016

EL DILEMA DE PAPÁ LAGOS

julio 31, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 31 de Julio de 2016)

Los titulares son engañosos. Ricardo Lagos Escobar no dijo que Chile estuviera atravesando por la crisis institucional más seria de su historia republicana. Dijo que, descontando el ’73, era la crisis más compleja de la que tuviese memoria. Eso deja fuera a las crisis más dramáticas de nuestra vida independiente, incluyendo un par de guerras civiles. Lagos no está gagá. Sabe perfectamente bien de lo que está hablando.

Ricardo I decidió pasar el cambio desde la teoría de la crisis política a la teoría de la crisis institucional. Como tantos, el ex presidente está consciente de los misérrimos grados de credibilidad de la clase política y de la erosión de la representatividad. Sin embargo, a todo eso se le llamaba crisis política. Crisis institucional eran palabras mayores. El colmo de Lagos: que las instituciones no funcionen. Ahora el propio Lagos sostiene que el nivel de desconfianza ha horadado de forma tan tóxica a las instituciones del estado –todas en el mismo saco- que la situación nacional se pone se pone incierta.  “Yo no sé si el país aguanta año y medio con esta crisis”, remata fatalista.

Lagos presentó una visión sombría. Pero la bilis de la conversación pública está a la vista y Lagos la interpreta correctamente. El olor a sospecha cruza la cordillera. Por ahí dijeron que su discurso se parecía al de Donald Trump, que alerta a los estadounidenses que su país se va por el wáter. Trump advierte “yo o el caos”. Queda abierta la pregunta de si Lagos cree lo mismo. Intuye que las actuales condiciones son engañosas: si bien hay un vacío de autoridad –cuestión que le favorece- se enfrenta al mismo tiempo con una ciudadanía emancipada de paterfamilias. Una cosa es dejarse querer y la otra es creerse el cuento. No quiere terminar como Frei Ruiz-Tagle en el 2009. Lagos sabe de presidentes. Conoce las circunstancias en la cuales ganaron y gobernaron sus colegas.

En abstracto, Lagos sería un excelente mediador en una crisis de estas características –en la necesidad de un gran acuerdo nacional, como le gusta señalar. Pero el escenario tiene complejidades inhóspitas para su figura. No por su edad ni por su pasado concertacionista –ninguna de las cuales tenga por qué arrepentirse- sino porque los acuerdos necesarios para superar la crisis demandan un impulso histórico que difícilmente podrá patrocinar un nombre tan asociado al pasado. Salvo que Lagos quiera adoptar definitivamente la opción constituyente radical, es decir, la redistribución del poder vía asamblea. Es una de las pocas cartas que tiene para conquistar a la izquierda, pero no le grajeará muchos afectos en la derecha –para la cual se había transformado en el último tiempo en una opción nada despreciable. En síntesis, Lagos sabe que hay que hacer algo al respecto. Lo que no sabe es si acaso la piscina tiene agua suficiente para que sea él quien promueva la solución.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-07-31&NewsID=351609&BodyID=0&PaginaId=15

EL SEGUNDO GOBIERNO DE SEBASTIÁN PIÑERA

julio 27, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 22 de Julio de 2016)

Sebastián Piñera ha señalado que es prematuro hablar de candidaturas presidenciales, cuando falta todavía un año y varios meses para la elección. No alcanzamos a elegir un presidente, sostuvo, cuando ya estamos pensando en el siguiente. Es como un deporte nacional, remató. Tiene razón. Pero no se puede hacer mucho al respecto. Con períodos tan cortos como el nuestro, los últimos dos años suelen estar dominados por el debate electoral. A eso se suma el síndrome del “pato cojo”: algunos gobiernos parecen acabarse antes de tiempo entre la irrelevancia y la escasa popularidad. Hay que agregar, por cierto, que las palabras de Piñera son estratégicas: no quiere parece preocupado de las próximas presidenciales pero prácticamente todas sus acciones delatan que sí lo está. La verdad es que no queda más alternativa que entregarse a este deporte de política ficción. La pregunta de esta columna es cómo debiese ser un segundo gobierno de Sebastián Piñera.

A poco de asumir, el propio Piñera dijo en una entrevista que “sólo los muertos y los santos no tienen conflicto de intereses”. Honestidad brutal, pero también escasa sensibilidad política frente a un asunto que le costó varios malos ratos. Después del festival de escándalos de los últimos años -que vio a la presidenta más querida de la historia de Chile descender a los infiernos de la desaprobación ciudadana- un nuevo gobierno de derecha no tiene espacio para ser indolente frente a las crecidas demandas de probidad y transparencia. Piñera está en la mira. Aunque zafe en lo personal, sus opositores le enrostrarán que una docena de sus más estrechos colaboradores –incluyendo ministros estelares como Golborne y Longueira- se han visto manchados hasta el tuétano con las irregularidades del dinero y la política. Es decir, si la derecha regresa a La Moneda, el primer mandatario tendrá que ser más papista que el Papa con sus designaciones y nombramientos. Usando su propia metáfora, debe ser el gobierno de los muertos y los santos. Si antes se trató de convocar a los “mejores” de acuerdo a sus credenciales académicas y ejecutivas, los “mejores” serán ahora los que muestren su hoja de servicios –públicos y privados- inmaculada. El comité de chequeo y re-chequeo de antecedentes deberá actuar con un celo draconiano. A partir del caso Wagner, sería negligente no endurecer las normas internas contra el tráfico de influencias. Piñera no es el adalid de las buenas prácticas, pero puede preocuparse de que su segundo gobierno no se caiga donde todo el mundo está esperando que se caiga.

Piñera enfrenta otro dilema respecto de los elencos que lo acompañarán en un eventual segundo mandato. El 2013 quedará registrado en los anales de la historia de la derecha chilena como el año que fundió políticamente a su generación dorada, justamente la generación de Piñera. Si no fuera por la resurrección senatorial de Allamand, la pérdida habría sido completa. Los años posteriores se han encargado de rematar a los coroneles más emblemáticos de la UDI. Dicho de otro modo, Piñera tendrá que recurrir a una generación distinta a la suya. No debiera ser un problema. Su primera administración se caracterizó por dar espacio a miles de jóvenes que dieron sus primeros pasos como empleados del estado. Varios aprendieron a costalazos. Ya no son novatos. Necesariamente, Piñera tendrá que conferirles mayores responsabilidades políticas. Hay que tomar en cuenta, también, que la UDI no es la misma de hace unos años. Piñera entiende de avalúos. El gremialismo no vale lo mismo en 2017 que en 2009. Si su crisis reputacional –grave por sí  misma- va acompañada de una crisis electoral a partir del fin del binominal, Piñera no está obligado a darles mucho protagonismo. Por decirlo de algún modo, un segundo gobierno suyo debiera acercarse más a la frescura incierta que representa Evopoli que a los cuadros tradicionales del aliancismo de la transición. Queda siempre rondando la pregunta de qué hacer con Allamand…

Finalmente, está el tema del relato. No se gobierna en poesía sino en prosa, dicen los entendidos. Gobernar es navegar, no filosofar. Pero la ostentosa superficialidad de la primera vez tampoco resultó ser provechosa. Un par de ideas centrales que revelen un mínimo de densidad intelectual pueden ser útiles. A la gente le cuesta identificar cuál fue la gran contribución por la cual el primer gobierno de Sebastián Piñera pasará a la historia. Se hicieron varias cosas, pero no pareciera existir un hilo conductor. Se creció económicamente y se generó empleo. Pero es dudoso que eso baste para generar una narrativa capaz de dejar una huella en los libros. A diferencia de la vez anterior, esta vez Piñera cuenta con un cuerpo de promisorios intelectuales y centros de pensamiento que pueden ayudar en la tarea. En una frase, menos Instituto Libertad, más Instituto de Estudios de la Sociedad.

Un segundo gobierno de Piñera debe ser menos piñerista que el anterior. Es decir, menos amigos y parientes, y más mentes independientes. Menos hombres blancos capitalinos heterosexuales católicos del barrio alto y egresados de colegio particular. Más mujeres, más voces regionales, y por cierto más diversidad racial, social, sexual, religiosa y educacional. En lugar de sumar uno que otro Ravinet, su norte debiese estar en la conquista política de la izquierda liberal que representan los Brunner y los Engel. Por supuesto, esto es pura ficción. Pero no está de más practicar el deporte nacional.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2016/07/21/090714-el-segundo-gobierno-de-sebastian-pinera

LA DOBLE JUGADA OSSANDÓN – KAST

julio 25, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 25 de Julio de 2016)

Suena curioso, pero el senador Manuel José Ossandón y el diputado José Antonio Kast acaban de renunciar a sus propios partidos porque creen que –de una u otra manera- éstos terminarán entregando la candidatura presidencial de la derecha a Sebastián Piñera. Ambos creen que RN y la UDI, respectivamente, deberían ser más explícitos y entusiastas en apoyar a militantes activos y camiseteados –a ellos, por ejemplo. Piñera, en cambio, es legalmente un independiente. Renunció a RN cuando llegó a La Moneda, como una manera de comunicar que quería ser el presidente de todos los chilenos. De ahí la segunda curiosidad: puede que primaria de “Chile Vamos” termine decidiéndose entre puros independientes.

Pero no son los únicos. Ni Allamand ni Espina –quizás ni siquiera Chahuán- consideran que Ossandón goce de un orden de prelación superior. Se inclinarían ante del poderío de Piñera y se bancarían su eventual aclamación, pero no se regalan ante el viejo patrón de Puente Alto. Por su parte, José Antonio Kast lo hace porque considera que la identidad del partido está en juego. Aunque se estén viviendo malos momentos, piensa el blondo de Buin, hay que salir al ataque. También lo cree su sobrino Felipe: ¿por qué Evopoli debería observar todo esto desde afuera?

Por supuesto, ponerle piedritas en el camino a Piñera no es el (único) objetivo de Ossandón. El hombre está genuinamente convencido de que el estilo del ex mandatario es políticamente fallido y que –por supuesto- el suyo representa un salto adelante. Desde afuera de RN tiene más espacio para criticar lo que le parece mal de su coalición, la que se pega porrazos de vez en cuando. Partiendo por los escándalos de platas irregulares, de las cuales Ossandón se quiere mantener lejos. Recorre Chile diciendo que tiene las “manos limpias”, como repiten sus partidarios. También prefiere calibrar la temperatura de la opinión pública por la libre. Los partidos tienen más restricciones deliberativas a la hora de fijar posiciones enérgicas. Los individuos que se mandan solos hacen el cálculo sin preguntarle a nadie. De ahí que algunos creen que Ossandón practica una especie de populismo de derecha.

Como fuere, la doble jugada de Kast en la UDI y Ossandón en RN manda un recado fuerte claro a sus dirigencias: no hay que saltarse la primaria. Piñera no puede ponerse Lagos para sus cosas. En una de esas, hasta lo fortalece con miras a la elección general. Ossandón y Kast, por algunas razones similares y otras distintas, reclaman el derecho a competirle. Tienen el leve temor de que sus líderes partidarios puedan piñerizarse antes de tiempo. Renunciando, ambos le suben el costo a esa decisión: si no los pescan, juntan firmas y van a primera vuelta como independientes.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-07-25&NewsID=351201&BodyID=0&PaginaId=29

AMÉRICA PARA LOS AMERICANOS

julio 22, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 8 de Julio de 2016)

Esta columna trata de una causa perdida. Pero no por ello menos justa. Es una causa sencilla en términos de semántica geográfica: América es un continente y no un país. Todos quienes vivimos en él- desde Alaska a Tierra del Fuego- somos por ende americanos. Sin embargo, nos hemos acostumbrado –al punto que nos parece natural- a que el mundo entero se refiera sólo a los estadounidenses como americanos y a los Estados Unidos como América. Nosotros, en cambio, tenemos que agregar prefijos orientadores: somos sud-americanos o latino-americanos. Pero ellos, al parecer, no necesitan decirse norte-americanos ni anglo-americanos. Convenientemente, ellos se autodenominan puramente America. Han secuestrado el bello nombre del continente que habitamos en común y es hora de exigirlo de vuelta.

Referirse únicamente a EEUU como America revela dos problemas, uno de dislexia geográfica y otro de imperialismo cultural. El primero es obvio. América es el nombre con el cual fue bautizado el continente que “descubrió” Cristóbal Colón e incluye todos sus territorios por misérrimos que sean. Si vamos a subdividir, seamos rigurosos. Si nosotros somos sudamericanos, entonces gringos y canadienses son norteamericanos. El segundo problema es más sutil. Cada vez que tratamos a los ciudadanos de EEUU como americanos, pero al resto de los habitantes del continente le pedimos una calificación adicional, estamos ejerciendo una distinción impropia entre americanos originales y americanos de segunda clase.

A los europeos les cuesta entenderlo. Se han habituado a pensar en EEUU como America. Lo que hay más debajo de dicho territorio no les quita el sueño. Pero imagínese una conversación entre un alemán, un italiano y un francés. El primero se presenta a sí mismo como alemán y el segundo como italiano. Cuando llega el turno del francés, se presenta a sí mismo como “europeo”. Seguramente, el alemán y el italiano no entenderán qué ocurre. Es obvio que el francés es europeo, pero también lo son ellos. Resulta evidente que el interlocutor busca algo más de precisión en el gentilicio. Sin embargo, el francés estima que no hay inconveniente en identificarse de ese modo. A fin de cuentas, ellos serían los verdaderos europeos. Eso sí, el resto debe ser específico en su denominación nacional. No cabe duda que alemanes e italianos considerarían que este razonamiento es injusto. Pero no tienen problemas en aplicarlo cuando se trata del continente que se encuentra al otro lado del Atlántico. Son inconsistentes, especialmente cuando se dicen progresistas y pretenden luchar contra las distintas caras de la opresión. Prácticamente todo mi ambiente académico en Londres padece esta inconsecuencia.

Algunos sostienen, con razón, que no existe un gentilicio distintivo para los ciudadanos de EEUU. Para los hispanoparlantes no es un problema: les decimos estadounidenses. Pero en otras lenguas, lamentablemente, dicho término no está disponible. Esta es una dificultad evidente. Pero no es problema nuestro. La falta de originalidad y arrogancia innata de los padres fundadores del gigante del norte –al bautizarse como Estados Unidos de América en circunstancias que sus vecinos bien pudieron nombrarse Estados Unidos Mexicanos- no puede servir como ventaja. A falta de otro término mejor en inglés, debemos referirnos a EEUU como United States y a su gente como US Citizens. En el futuro, la tarea es concebir un gentilicio que pueda ser masificado. En cualquier caso, insisto que la oscuridad de la solución no afecta la claridad del problema.

La política del lenguaje es relevante. En el último tiempo, lo hemos aprendido del movimiento LGTB y del feminismo. Acostumbrados históricamente a sufrir los peores epítetos, la comunidad homosexual se apoderó la palabra “gay” porque significaba alegría. Fueron las mujeres las que notaron que las alusiones generales a los “hombres” no eran lo suficientemente sensibles a la igualdad de género. Desde hace más de diez años que la Constitución chilena reemplazó el “todos los hombres nacen libre e iguales” por “todas las personas…”. Quizás no sea necesario decirlo en cada alocución (todos y todas, chilenos y chilenas) pero se entiende la idea: términos que se pretenden neutros a veces no lo son. Toma más tiempo, pero es más preciso y riguroso. Lo mismo debería ocurrir con el uso de América y los americanos.

Paradójicamente, nuestra tradicional Copa América –la que ganó Chile el año pasado- se organiza sobre la premisa de que América es sólo Sudamérica. Es decir, cometemos el mismo error a la inversa, aunque probablemente no sea por una cuestión de imperialismo semántico –con qué ropa. En cambio, el invento gringo de la Copa América Centenario –que también ganó Chile, recordemos por puro deleite- se corresponde mejor con el espíritu de un nombre común para un continente en común. En esta última también jugó Jamaica, Haití, Costa Rica, Panamá, México y obviamente Estados Unidos. Es decir, la versión 2016 fue más Copa América que todas las anteriores.

Tomar esta causa puede ser desagradable. En cada conversación social o formal me tomo el incómodo trabajo de corregir a mis interlocutores. He logrado que un par de colegas del departamento de Ciencia Política entiendan la justicia del argumento. Me conmueve verlas luchar contra la costumbre, desaprendiendo lo aprendido. Sé que hay muchos otros latinos que dan la misma batalla. Por algo hay que empezar. A Donald Trump le gusta repetir que América es para los Americanos. Está bien: que partan por devolver el nombre que indebidamente se han apropiado.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2016/07/07/130757-america-para-los-americanos

LA GENEROSIDAD DE JOAQUÍN

julio 21, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 21 de Julio de 2016)

La derecha le tiene tirria a las primarias. Las evita a toda costa. En su lugar, manda a hacer encuestas para saber quién es el candidato más competitivo en cada comuna. Así resolvió “Chile Vamos” el drama de Providencia. La candidata será la incombustible Evelyn Matthei. En Santiago -la madre de todas las batallas como dice el cliché- la encuesta indicó que el mejor posicionado era otro eterno: Joaquín Lavín. Pero la diferencia respecto de su contendor Felipe Alessandri era tan poca –prácticamente un empate técnico- que el ex presidenciable optó por renunciar a la postulación. Fue el propio Lavín el que promocionó su bajada como un acto de generosidad política. ¿Lo es?

En parte, sí. Al menos representa un grado de desprendimiento. Lavín ha tenido altos y bajos en su carrera política. Su sello “cosista” fue criticado, muchas veces con razón.  Pero en general pareciera ser una persona honesta que antepone intereses colectivos a los personales. Tampoco hay que pecar de ingenuos. Lavín no nació ayer. La carrera contra Carolina Tohá no estaba corrida. El postulante de la derecha la tendrá difícil. Soldado que arranca, dicen, sirve para otra guerra.

Lo mejor, en cualquier caso, es que finalmente empieza a renovarse el elenco. A estas alturas da lo mismo si Lavín fue generoso o sencillamente tomó una decisión estratégica para no perder en octubre. La generación de los coroneles gremialistas y la otrora patrulla juvenil de RN se fundió física y políticamente en los últimos años. Yo le daría hasta un bono de incentivo al retiro a cada uno con tal de que dejen de taponear los nuevos liderazgos. 

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-07-21&NewsID=350871&BodyID=0&PaginaId=14

DEMOCRACIA CUANDO NOS CONVIENE

julio 20, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 4 de Julio de 2016)

En la gloriosa Universidad de Concepción, los estudiantes de Educación sometieron a votación la decisión de tomarse la Facultad. Por 180 votos contra 145, ganó la negativa. Los perdedores, sin embargo, se tomaron el inmueble de igual forma. A través de un comunicado, los estudiantes movilizados señalaron que el resultado democrático era ilegítimo porque “los votos de mayoría fueron sin un sustento argumentativo político real, de objetivación de las demandas, y atendiendo al individualismo y a la desinformación…”. En resumen, la minoría estimó que la mayoría se había equivocado y no merecía ser tomada en cuenta. Otro clavo en la cruz del desprestigio del otrora brilloso movimiento estudiantil.

La democracia es un riesgo. Someternos a ella implica aceptar la justicia de un procedimiento, aunque no se comparta el resultado. Los estudiantes en comento revelan una preocupante incomprensión de la lógica democrática –especialmente siendo los futuros profesores de nuestras niñas y niños- pues sólo aceptan por válidas sus propias razones. Las otras, en cambio, son descalificadas. ¿Se imagina que hiciéramos lo mismo a nivel nacional? ¿Que una minoría iluminada decidiera si los votos del resto tuvieron o no tuvieron “sustento argumentativo político real” o si acaso se basaron en el “individualismo y la desinformación? Un escenario distópico, sin duda, pero que más de algún estudiante revolucionario considerará auténtica democracia.

A días del #Brexit, se han levantado varias voces en Reino Unido que piden ignorar el resultado. La campaña del Leave, dicen, se basó en mentiras. Es un hecho objetivo, añaden, que abandonar la Unión Europea es una mala idea. Como UK no tiene constitución escrita y el mecanismo plebiscitario no está contemplado, algunos han solicitado al Parlamento que detenga la aberración en marcha. Es una alternativa seductora. Yo también creo que el #Brexit es lamentable, que su campaña tuvo poco respeto por la verdad y que muchos –no todos- de los motivos que alimentaron el voto Leave fueron nefastos. No veo problema en desnudar las malas razones por lo que son. En cambio, sí me parece problemático quitarles validez democrática por el hecho de ser malas razones. Creo que sería poco serio, a estas alturas, anular lo obrado porque una minoría con poder está convencida de que la mayoría está equivocada. Sin perjuicio de los recursos pendientes y resquicios legales razonables, a veces hay que vivir con las malas decisiones de la comunidad justamente porque fueron adoptadas democráticamente. Algo que estos estudiantes de Concepción debiesen aprender.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-07-04&NewsID=349630&BodyID=0&PaginaId=35

TELESERIE BÍBLICA

julio 19, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 19 de Julio de 2016)

¿Viola Televisión Nacional el principio de laicidad de las instituciones públicas comprando y transmitiendo teleseries “bíblicas”? Para responder esa pregunta, primero debemos saber si acaso el objetivo –explícito o velado- del canal “de todos los chilenos” es promover una determinada creencia religiosa o bien sólo aspira a entretener con el clásico recurso tele-novelesco. Es poco probable que la intención sea la primera. Los directivos de TVN pueden tener pésimo gusto a la hora de escoger su parrilla programática, pero será difícil demostrar que están en una campaña de adoctrinamiento religioso, aunque sea sutil.

No todas las referencias religiosas en manos del poder político atentan contra la separación estado – iglesia. Un gobierno puede financiar la visita del Papa en cuanto figura diplomática. Una municipalidad puede recordar la labor social de un religioso. Lo importante, en cada caso, es que la autoridad no genere discriminaciones efectivas o simbólicas entre creyentes de distintos credos, o entre creyentes y no creyentes.

Dicho lo anterior, el caso de las teleseries brasileñas en comento tiene sus bemoles. Sus productores son controversiales evangélicos que hacen proselitismo religioso a través de canales masivos. Tengo la impresión que la mayoría de los televidentes no busca inspiración espiritual ni reforzamiento de sus convicciones metafísicas en estos programas. Me cuentan que la gente disfruta más de los tonificados cuerpos de egipcios semidesnudos. Me imagino que nadie cree que Troya o el Señor de los Anillos son relatos verídicos. Si alguien todavía cree en la literalidad de la Biblia, sus problemas cognitivos no comenzaron con una teleserie. Pero los críticos han señalado que la televisión es una herramienta demasiado influyente. Tienen un punto. Pero si la televisión quisiera ser educativa, habría que partir por sacar a los brujos y los conspiranoides de los matinales.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-07-19&NewsID=350752&BodyID=0&PaginaId=14

VEINTE AÑOS NO ES NADA

julio 18, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 17 de Julio de 2016)

Desde hace un largo tiempo se viene discutiendo en Chile la necesidad de poner límite a la reelección indefinida de nuestros representantes, puntualmente para el caso de congresistas y autoridades locales. Pensando en la tendencia del elenco político de la transición a eternizarse en sus cargos, la idea se cae de madura y casi todos los actores prometen que –ahora sí que sí- comienza a regir la nueva normativa. El proyecto supera etapas legislativas a velocidad de tortuga, lo que invita a sospechar si acaso no se trata de una dilación tan intencional como conveniente para los políticos. A fin de cuentas, sabemos, nadie atenta contra su propia estabilidad laboral.

Este año tenemos elecciones municipales. Hay varios alcaldes que no piensan moverse de su escritorio a pesar de haber completado varios períodos al mando de la misma comuna. Piense en Vitacura. Raúl Torrealba cumple dos décadas en el sillón edilicio. Pero va por cuatro más. Siempre promete que –ahora sí que sí- será el último período. ¿Es una buena idea que la misma persona ostente el mismo cargo de representación popular por tanto tiempo?

Algunos dicen que no importa. Lo que debe importar, añaden, es que sea un gobernante local diligente. La democracia manda, concluyen, y si los vecinos lo reeligen una y otra vez por algo será. Si lo quisieran cambiar, para eso están las elecciones. El problema de este argumento es que no se hace cargo de los vicios y potenciales peligros que acarrea la entronización de auténticos reyezuelos que transforman la comuna en su feudo político. No todos los alcaldes que llevan mucho tiempo son corruptos ni se han achanchado en su labor. Pero tanto la corrupción como el achanchamiento se facilitan cuando eres amo y señor de la municipalidad. Las democracias liberales, por lo mismo, contemplan mecanismos para evitar la concentración del poder, favorecer la competencia y proveer de saludables contrapesos. Eso funciona a nivel nacional y la lógica es la misma a nivel local. Tres períodos –doce años- parece en este caso un lapso de tiempo suficiente para desarrollar un proyecto de gobierno comunal no personalista.

Tampoco es enteramente cierto que los vecinos de Vitacura –para seguir con el ejemplo- tengan muchas alternativas. Es la comuna más de derecha del país. La vieja Alianza podría echar a competir un gomero y éste ganaría. Con los recursos disponibles, muchas personas podrían llevar a cabo una gestión tan buena como la que ha encabezado el “Tronco” Torrealba. Por lo anterior, se esperaría que sus partidos abrieran la competencia en un etapa previa. Para eso se legalizaron las primarias. Sin embargo, Torrealba se negó y los partidos de la derecha prefirieron ahorrarse el incómodo trámite. Salvo un descenlace sorpresivo, lo más probable es que el alcalde de Vitacura se termine anotando un cuarto de siglo en el mismo asiento.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-07-17&NewsID=350609&BodyID=0&PaginaId=11

LA MALA SUERTE DE ANDRÉS TAGLE

julio 17, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 16 de Julio de 2016)

Toca designar un nuevo integrante del Servicio Electoral. La Moneda propuso al histórico asesor de la UDI, Andrés Tagle ¿Por qué un gobierno de izquierda promueve un nombre tan alejado de sus convicciones? Porque la vacante la deja otro gremialista. Es decir, lo que importa es mantener los equilibrios políticos. Suena razonable. No es buena idea que los distintos órganos del estado queden concentrados en las manos de un solo sector. El problema es que el sistema tiene otros vicios. Se da por sentado que cada partido tiene derecho a una determinada plaza en el Consejo del Servel, pero también en el Instituto Nacional de Derechos Humanos y en el Directorio de TVN, por nombrar algunos entes que están en proceso de renovación. Son muchos más. Algunos tremendamente relevantes, como el Tribunal Constitucional.

Para ser claros, Tagle sí sabe del tema. Le toca la mala suerte de ser el niño símbolo del cuoteo porque calza justo con la campaña que una serie de organizaciones de la sociedad civil –entre cuyos firmantes me incluyo- acaban de lanzar para terminar con una práctica que se puso tóxica. El acuerdo político transversal en torno a qué cupos le toca a cada grupo funciona de manera casi automática. Sus nombres pasan por un tubo en el Senado, prácticamente sin discusión.

Lo que pide la campaña #NoMásCuoteo es que por lo menos la ciudadanía tenga una ventana de escrutinio público, una cuota de necesaria transparencia para conocer los méritos técnicos y éticos de los candidatos. Que quede claro si los encargados de velar por la probidad de nuestros procesos políticos, el pluralismo de nuestros medios o la interpretación correcta de nuestra ley fundamental –ninguna bicoca- están ahí porque son operadores del partido o porque cargan con credenciales para desempeñar tales funciones. No es mucho pedir.

Por lo demás, Chile ya no tiene dos coaliciones con los partidos de siempre. Ya se advierte cómo los (pocos) programas televisivos de debate tienen que adaptarse a invitar más actores para cubrir el nuevo mapa político y social. Pero la regla sigue siendo el cuoteo, más o menos descarado, entre los mismos. El mismo, entre otras cosas, que tiene al Sename convertido es un botín. Gobierno y oposición le seguirán llamando equilibrio político –y se entiende que hay compromisos adquiridos- pero ya es hora de ponerse serios y subir el estándar de una práctica opaca. Mientras más transparentes, más públicas, más de todos y para todos. Mala suerte la de Tagle, pero buena idea para Chile.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-07-16&NewsID=350542&BodyID=0&PaginaId=22

INTERREGNO

julio 15, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 24 de Junio de 2016)

A propósito de los tiempos que corren en Chile, algunos analistas e intelectuales han recordado que Gramsci definía la crisis como el proceso histórico donde “lo nuevo no acaba de nacer, y lo viejo no termina de morir”. Los nuevos movimientos políticos y sus figuras están todavía muy verdes, mientras los partidos tradicionales y sus liderazgos establecidos ya se pasaron de maduros. Estamos, entonces, en un período de interregno: intuimos que las alianzas y códigos políticos de la transición están en su hora final, pero aún no se avizora con claridad cuáles serán las estructuras organizacionales y los modos de relación de los nuevos actores.

Hace poco, diversos medios de comunicación llamaron la atención acerca de un fenómeno relativamente desconocido para el comúnmente predecible paisaje político chileno: según una conocida encuesta, ocho de cada diez chilenos no votaría por ninguno de los clásicos presidenciables. Sebastián Piñera puede decir que puntea la carrera, pero llegando apenas a los dos dígitos en menciones abiertas. Es decir, asistimos a un cuadro de desesperanza pocas veces visto a dieciocho meses de la próxima elección presidencial. La ciudadanía está reluctante ante la idea de volver a patrocinar personas y grupos cuyo desgaste es evidente. Si la necesidad fuese de pura autoridad y crecimiento, la fantasía de la contienda Piñera versus Lagos debiese entusiasmar a sectores amplios de la población. Pero aquello no ocurre. Si los partidos de la Nueva Mayoría deciden finalmente peregrinar a Caleu, será una peregrinación solitaria y con semblante de resignación.

Un vespertino capitalino quiso medir, por su parte, a los políticos chilenos más admirados. Nuevamente llamó la atención que entre los diez primeros se ubicaban varias jóvenes promesas. Por supuesto que también aparecen Lagos y Piñera. Pero la punta la tiene por lejos Giorgio Jackson, seguido de Gabriel Boric. He aquí la novedad: ninguno de los dos diputados tiene la edad legal para competir por la presidencia. Otra novedad: ninguno de los dos pertenece a partidos tradicionales. Un poco más abajo aparece Camila Vallejo, que tampoco ha cumplido los 35 reglamentarios. Del mundo de la derecha, no está Lavín ni Allamand.  Sólo aparecen Felipe Kast y Jaime Bellolio. Ninguno ha cumplido cuarenta. El primero fundó un movimiento fuera de las fronteras de la UDI y RN. Falta poco para que el segundo haga las maletas y se largue del gremialismo si los coroneles no sueltan la teta (Lamarca dixit). Es decir, lo nuevo va en ascenso, pero es aún muy nuevo para una cultura política que en los últimos lustros se acomodó en torno a un elenco inmutable, omnipresente, sempiterno.

Pudo existir, sin embargo, un puente generacional entre la generación que condujo la transición y aquella que nació en democracia. Allí está Andrés Velasco, Marco Enríquez-Ominami, Manuel José Ossandón, Claudio Orrego, Carolina Tohá, José Antonio Kast, por nombrar sólo algunos. No están pasados ni tampoco muy verdes. En jerga culinaria, están a punto. Muchos de ellos, lamentablemente, se vieron arrastrados por el aluvión de porquería que se llevó a prácticamente toda la clase política chilena en los últimos años. No pudieron hacer nada ante la fuerza telúrica del encabronamiento generalizado, que no distingue con precisión entre culpables reales y aparentes. Otros sencillamente fueron demasiado respetuosos con sus padres políticos. Caminaron tanto tiempo de la mano, esperando instrucciones, que ahora resulta difícil distinguirlos. Son, como muchos de ellos reconocen, la generación perdida. Lo intuyeron cuando se los madrugó ME-O en 2009. Lo confirmaron con las movilizaciones del 2011. Siguen siendo, para la salud del sistema político chileno, mejor alterativa que hurgar en el baúl de los ex presidentes.

Algunos han advertido que este complejo período de interregno podría ser llenado por la vocación de poder de un líder populista. No es enteramente descartable, pero no hay figuras rutilantes con este perfil. Aunque Leonardo Farkas consigue adhesiones espontáneas, éstas oscilan en torno a los cinco puntos. Otros se han convencido de la necesidad de levantar caras no tradicionales, ojalá identificadas con el discurso de probidad, transparencia y testimonio social. Es decir, llenar el espacio vacío con reformadores de la moral pública. La escoba –para barrer la corrupción- no es un símbolo desconocido en nuestra historia republicana.

Mientras tanto, los brotes verdes de la política chilena buscan madurar a la fuerza. Tanto Evopoli como Revolución Democrática se dieron el trabajo de recorrer Chile buscando firmas para inscribirse como partido con todas las de la ley. Otras fuerzas políticas emergentes aspiran a lo mismo. La ruta pudo ser más sencilla si en lugar de construir orgánicas paralelas hubiesen optado por renovar las estructuras partidarias tradicionales. Pero tomaron nota –astutamente- del penoso ejemplo de la generación pérdida. Además, la narrativa épica de la recuperación de la democracia llega demasiado diluida a los oídos de un veinteañero promedio. Los partidos pudieron ser activos en el proceso de tiraje a la chimenea. Si lo hubiesen hecho, quizás se habrían evitado la incómoda competencia que ahora los acecha. Pero últimamente hemos descubierto no sólo que no eran tan probos, sino que tampoco eran tan visionarios. Ahora todos nos enfrentamos a la incertidumbre del interregno.

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