¿SOMOS TODOS ESTAMBUL?

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 1° de Julio de 2016)

El terrorismo ha vuelto a golpear en Estambul. Aunque nadie se ha adjudicado los atentados suicidas en el aeropuerto de la capital turca, el patrón pareciera ser el mismo que Daesh, alias Estado Islámico, sigue en su larga estela de muerte y destrucción. Sin embargo, mucha gente acusa a Occidente de doble estándar. La crítica dice así: se conmocionan y conduelen cuando los ataques se producen en suelo europeo –cuando todos somos Paris o todos somos Bruselas– pero parecen atribuir menor gravedad a las mismas atrocidades en suelo asiático, especialmente si se trata de países mayoritariamente musulmanes. ¿Es justa esta crítica?

En parte, sí. El valor de la vida humana, según los estándares liberales predominantes, es el mismo en cualquier parte. Nos debería escandalizar y enrabiar del mismo modo una matanza en Santiago, Nueva York o Tombuctú. Pero hay varias razones que atenúan el cargo de inconsistencia. Los seres humanos experimentamos empatía en distintos grados. Primero nos importan nuestros familiares, con aquellos que compartimos caudal genético. Luego vienen aquellos con quienes compartimos la misma comunidad cultural, lo que en tiempos modernos se traduce en identidad nacional. Por eso es común que nuestros medios de comunicación, ante cualquier tragedia, busquen al chileno en la desgracia. En cambio, nos importa un poco menos lo que ocurre a miles de miles de kilómetros del hogar. Nos apena, pero no mucho más. Esto tiene una explicación natural, aunque quizás no baste para justificar la indiferencia.

Podría también argumentarse que para el ciudadano chileno promedio, Francia y Bélgica están tan lejos como Turquía. Pero el estilo de vida de los primeros se parece más al nuestro -o al menos eso queremos creer. Es un hecho que la herencia cultural europea pesa más fuerte que otras en esta parte del mundo. Otros, finalmente, dirán que el ataque sobre Estambul revela una lucha fratricida entre musulmanes y por ende es problema ajeno. En cambio, reza este argumento, cada vez que el terrorismo islámico golpea a las civilizaciones cristiano-occidentales se siente como una afrenta a todos nosotros. Pero no es una tesis enteramente convincente: hay tantos tipos de islam como tipos de cristianismo. Esto no puede reducirse a un problema entre musulmanes; más bien es un conflicto entre radicales violentos y el resto de la población mundial que desea vivir en paz. En resumen, si bien es comprensible que los golpes terroristas se sientan más de cerca cuando se propinan en el corazón de Occidente, no hay que olvidarse que la locura fundamentalista no distingue de enemigo.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-07-01&NewsID=349450&BodyID=0&PaginaId=26

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