EL DILEMA DE PAPÁ LAGOS

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 31 de Julio de 2016)

Los titulares son engañosos. Ricardo Lagos Escobar no dijo que Chile estuviera atravesando por la crisis institucional más seria de su historia republicana. Dijo que, descontando el ’73, era la crisis más compleja de la que tuviese memoria. Eso deja fuera a las crisis más dramáticas de nuestra vida independiente, incluyendo un par de guerras civiles. Lagos no está gagá. Sabe perfectamente bien de lo que está hablando.

Ricardo I decidió pasar el cambio desde la teoría de la crisis política a la teoría de la crisis institucional. Como tantos, el ex presidente está consciente de los misérrimos grados de credibilidad de la clase política y de la erosión de la representatividad. Sin embargo, a todo eso se le llamaba crisis política. Crisis institucional eran palabras mayores. El colmo de Lagos: que las instituciones no funcionen. Ahora el propio Lagos sostiene que el nivel de desconfianza ha horadado de forma tan tóxica a las instituciones del estado –todas en el mismo saco- que la situación nacional se pone se pone incierta.  “Yo no sé si el país aguanta año y medio con esta crisis”, remata fatalista.

Lagos presentó una visión sombría. Pero la bilis de la conversación pública está a la vista y Lagos la interpreta correctamente. El olor a sospecha cruza la cordillera. Por ahí dijeron que su discurso se parecía al de Donald Trump, que alerta a los estadounidenses que su país se va por el wáter. Trump advierte “yo o el caos”. Queda abierta la pregunta de si Lagos cree lo mismo. Intuye que las actuales condiciones son engañosas: si bien hay un vacío de autoridad –cuestión que le favorece- se enfrenta al mismo tiempo con una ciudadanía emancipada de paterfamilias. Una cosa es dejarse querer y la otra es creerse el cuento. No quiere terminar como Frei Ruiz-Tagle en el 2009. Lagos sabe de presidentes. Conoce las circunstancias en la cuales ganaron y gobernaron sus colegas.

En abstracto, Lagos sería un excelente mediador en una crisis de estas características –en la necesidad de un gran acuerdo nacional, como le gusta señalar. Pero el escenario tiene complejidades inhóspitas para su figura. No por su edad ni por su pasado concertacionista –ninguna de las cuales tenga por qué arrepentirse- sino porque los acuerdos necesarios para superar la crisis demandan un impulso histórico que difícilmente podrá patrocinar un nombre tan asociado al pasado. Salvo que Lagos quiera adoptar definitivamente la opción constituyente radical, es decir, la redistribución del poder vía asamblea. Es una de las pocas cartas que tiene para conquistar a la izquierda, pero no le grajeará muchos afectos en la derecha –para la cual se había transformado en el último tiempo en una opción nada despreciable. En síntesis, Lagos sabe que hay que hacer algo al respecto. Lo que no sabe es si acaso la piscina tiene agua suficiente para que sea él quien promueva la solución.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-07-31&NewsID=351609&BodyID=0&PaginaId=15

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