Archive for 31 octubre 2016

OJO CON EL DIAGNÓSTICO

octubre 31, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 30 de Octubre de 2016)

La derecha celebra su victoria relativa en las últimas municipales. Relativa por dos razones. Primero, porque la Nueva Mayoría sigue teniendo más votos en concejales –lo que para los entendidos refleja la verdadera magnitud de apoyo a los respectivos partidos. Segundo, porque con los niveles de abstención registrados es algo impúdico pasarse de copas. Para que se haga una idea, del universo de ciudadanos habilitados para votar, sólo un 9,9% votó por Felipe Alessandri en Santiago y un escuálido 5,9% votó por Catherine Barriga en Maipú.

Esto no significa que Chile Vamos no tenga motivos para celebrar. Sebastián Piñera está más cerca de volver a La Moneda. Es probable que Michelle Bachelet haya sido un paréntesis en un reinado más largo del piñerismo. Lo importante es que los dirigentes y militantes de la UDI, RN y sus socios entiendan que la victoria relativa de las municipales no significa necesariamente que los chilenos estén ansiosos de abrazar el ideario político, económico y moral de la derecha.

Muy probablemente, el resultado de las municipales indica un castigo al gobierno, pero eso no es siempre un premio a la labor de la oposición. También es falaz afirmar que los ciudadanos, en las urnas, se manifestaron “contra las reformas” prometidas por Bachelet. Es muy difícil saber si la baja aprobación que recibe el Ejecutivo se debe a una discrepancia ideológica o a otros factores. Quizás, el espíritu de algunas de esas reformas sigue vivo. Por supuesto, a esta altura es un poco ridículo decir que los chilenos quieren deshacerse del modelo. Seguramente quieren algo intermedio y bien hecho. Sobre todo bien hecho. Pero el problema no es tanto la “retroexcavadora”. Es la herida que dejó “Caval” la que parece más profunda, porque no para de sangrar.

En resumen, Piñera puede ganar la próxima presidencial por los errores del rival pero no por las virtudes doctrinarias de la oposición. La Nueva Mayoría llegó al poder con un diagnóstico algo sobregirado. El riesgo es que Chile Vamos haga lo mismo. Es decir, que crea que los chilenos básicamente quieren más leños en los hornos de la economía. Esa es parte de la aspiración, pero no la agota. Un mal diagnóstico a la inversa los llevará a un escenario parecido al que ya vivieron en 2011: miles de chilenos en las calles y el entorno presidencial no entendiendo qué diablos sucede. Por supuesto que es importante conquistar el poder. Pero, como enseñó Maquiavelo, el arte está en permanecer en él. Ojalá, haciendo las cosas bien. Y para eso hay que saber leer el escenario.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-10-30&NewsID=358349&BodyID=0&PaginaId=11

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EL TRIUNFO DE LA VOLUNTAD

octubre 26, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 25 de Octubre de 2016)

En todas las elecciones hay historias épicas de candidatos chicos que se hacen grandes. Sorpresas que nos recuerdan, como en el fútbol, que los partidos hay que jugarlos y no siempre ganan los favoritos. No tiene mucha gracia ser Lavín y ganar en Las Condes. Pero sí tiene gracia lo que hizo Jorge Sharp en Valparaíso, Cathy Barriga en Maipú, René de La Vega en Conchalí, e incluso Felipe Alessandri en Santiago. Son todos casos distintos, pero tienen algo en común: ejemplifican el triunfo de la voluntad por sobre el conservadurismo de los pronósticos.

Partamos por Sharp. Mientras los medios se preguntaban si la Nueva Mayoría podría arrebatarle la alcaldía a la derecha, el joven Sharp se impuso en una primaria ciudadana y fue silenciosamente construyendo una base de apoyo heterogénea y extendida. Es también la prueba más concreta de que la alianza Jackson – Boric puede rendir frutos electorales.

Barriga y De La Vega han sido a veces cuestionados por venir del mundo del espectáculo y la farándula. Es un cuestionamiento que peca de cierto elitismo y revela ignorancia respecto de la historia de vida de ambos. Es probable que Cathy Barriga no haya llegado a ser alcaldesa de la populosa Maipú sin los contactos políticos de los Lavín, pero el suyo es un relato de esfuerzo, perseverancia y vocación de servicio. Lo mismo puede decirse de René De La Vega, estudiante de la vida y constructor de sueños. No sabemos si Conchalí tendrá un buen o mal alcalde, pero sabemos que tendrá uno incansable.

El otro incansable es Alessandri, flamante vencedor en Santiago. Si bien es cierto que el apellido ayuda -pocos nombres tienen tanta historia en el Chile republicano- no hay que olvidar que su coalición no tenía muchas ganas de darle la pasada. Como concejal, el joven Alessandri estaba pidiendo tiraje a la chimenea para pelear por el sillón edilicio. Y cumplió. Dejó los pies en la calle y siendo un desconocido a nivel nacional le ganó a la alcaldesa más emblemática de la generación de oro concertacionista.

Bien por ellos. Se llevan triunfos poéticos. Ahora toca gobernar en prosa.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-10-25&NewsID=357995&BodyID=0&PaginaId=4

PIÑERA PREPARA EL REGRESO

octubre 24, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 24 de Octubre de 2016)

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Aunque las elecciones municipales tienen una lógica particular, es común buscar en sus resultados alguna pista que anticipe la elección presidencial. En 2004, la derecha venía envalentonada pero se pegó un porrazo que profetizó la primera victoria de Bachelet. En 2008, fue la Concertación la que mordió el polvo en varias comunas emblemáticas. Piñera llegó entonces a La Moneda. En 2012, con el debut del voto voluntario, le fue pésimo al oficialismo –perdieron Santiago y Providencia- y luego Bachelet ganó la presidencial caminando. Si hacemos el mismo ejercicio a partir de los resultados conocidos ayer, entonces Sebastián Piñera Echenique tiene el camino pavimentado para volver al poder.

Aparte de retener Viña del Mar, Temuco, Puente Alto, Ñuñoa y La Florida, entre otras, la derecha conquistó Maipú, Providencia y Santiago. Es decir, se llevó los festejos en las comunas más populosas y emblemáticas del país. Piñera no se desentendió del proceso. Por el contrario, apostó a sus candidatos e hizo campaña con ellos. Los acompañó a la feria y grabó entusiastas videos. Fue el niño símbolo de la coalición. Por esto, el triunfo de la oposición es una victoria personal para Piñera. Aunque varios se resisten, apelando al amor propio y a las convicciones democráticas, lo cierto es que quizás no haya necesidad de hacer primarias: Piñera es el líder indiscutido de la derecha y ahora tiene un ejército de autoridades locales a sus órdenes.

Ayer se terminó de acabar, con más pena que gloria, el gobierno de Michelle Bachelet. Hace cuatro años, los triunfos de Carolina Tohá y Josefa Errázuriz fueron interpretados en clave bacheletista: sus conexiones ideológicas y estéticas presagiaban el regreso de la presidenta “ciudadana”. Por eso es tentador leer las derrotas del oficialismo en Santiago y Providencia -e incluso Ñuñoa, donde corría su ex ministra Helia Molina- como una derrota de la propia Bachelet. Su gobierno simbólico comenzó en 2012 y concluyó en 2016. A partir de hoy, la conversación sobre la sucesión presidencial se precipita y ella empieza a caer en la irrelevancia.

Lo que más le duele al corazón oficialista es que los (pocos) chilenos que fueron a votar no castigaron a la derecha por los episodios de financiamiento irregular. Por el contrario, al menos en Santiago y Maipú, el castigo fue para ellos. La operación de demolición del gremialismo que comenzó este gobierno con el caso Penta no terminó con el final esperado. Al menos en alcaldes, la UDI se confirma como el partido más votado de Chile. El colmo de Peñailillo y el fracaso final de un diseño político.

Piñera le entregó la banda a Bachelet. Hoy, Bachelet se prepara para devolvérsela.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-10-24&PaginaId=3&bodyid=0

SEXO IDEOLÓGICAMENTE NEUTRAL

octubre 19, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 14 de Octubre de 2016)

La discusión de fondo sobre la controversia del manual sexual fue bellamente articulada por Carlos Peña y Joaquín García-Huidobro en una edición reciente del Reportajes mercurial. Aunque son los políticos los que entregan cuñas sabrosas y con ellas dan fisonomía retórica a la polémica, son los intelectuales -de lado y lado- los que articulan las respectivas posiciones con cierta densidad. Veamos. Según Peña, el instructivo escolar tenía una función descriptiva –y no valorativa- de una amplia gama de prácticas sexuales posibles. De esta manera, entregaba a los niños y jóvenes una orientación técnica, con fines de salud pública y dominio de la genitalidad. Según García-Huidobro, en cambio, esa aparente tecnicidad no tiene nada de neutra, sino que está cargada de fétida ideología hedonista. Incluso le llamó “sexo socialista”.

Este uno de los debates más interesantes en torno a la filosofía política liberal contemporánea. La promesa de neutralidad del estado liberal se ve desafiada conceptual, normativa y empíricamente todos los días. Nos obliga a reflexionar sobre ella una y otra vez. Por ejemplo, cuando Peña dice que las quejas de Ossandón, Kast y compañía reflejan  “una mala comprensión acerca de la manera en que las sociedades modernas y democráticas conciben las relaciones sociales”, está describiendo las cualidades del liberalismo político –similares a las del segundo Rawls, como le llamaría el propio Peña. Tampoco nos dice que la decisión de la autoridad sea neutral, al menos no literalmente. Pero la ubica en el campo de los datos duros, no de la moralina. Es otra predilección Rawlsiana: distinguir las verdades científicas (o del sentido común) de las doctrinas particulares sobre la vida buena. Las primeras serían razones públicas, las segundas no. En ese sentido, concluye Peña, el poder político –encarnado en una municipalidad y a través de la educación pública- actuó correctamente. Actuó, de hecho, como un estado políticamente liberal.

García-Huidobro tampoco le llama liberalismo, sino “estatismo individualista” –una acusación parecida a la que hizo Daniel Mansuy respecto de los argumentos de la izquierda a propósito del aborto. En efecto, García-Huidobro tiene cierta cercanía ideológica con Mansuy y el resto de la nueva talentosa camada de la derecha socialcristiana. El punto –aquí muy condensado- de García-Huidobro es que sexo sin afectividad no es sexo. Es mecánica. Y enseñarlo de esa manera obedece a una determinada manera de concebir el mundo. Una manera de concebir el mundo que cuando quiere pasar por neutral, se está metiendo una doctrina de contrabando. Estas cosas no deberían resolverse apelando a la esterilidad ética de la ciencia, advierte García-Huidobro: deben ser definidas democráticamente. Acá tenemos una comunidad importante de padres que están en desacuerdo con que sus hijos ingresen al mundo de sexualidad bajo indeseable adoctrinamiento, y hay que respetarlos, sentencia.

Por cierto, coincido con Peña. Creo que Joaquín García-Huidobro presenta un caso robusto. Identifica al liberalismo, como alguna vez lo llamó Charles Taylor, con un “credo combatiente”. Como toda la tradición comunitaria, trata de desnudar su pretensión de neutralidad. Sabiendo que el concepto es tan jabonoso como problemático, Peña lo evita. Tampoco le gustaba a Rawls, de hecho. Sin embargo, hay dos maneras de salvar la intuición que subyace a la noción de neutralidad.

La imparcialidad liberal en educación se traduce en proveer a todos los ciudadanos del futuro con una idea de la diversidad de opciones “valóricas” posibles –sin empujarlos a una de ellas. A eso se reduce, en ese sentido, su neutralidad. Es una neutralidad no adjudicatoria, o si se quiere, negativa. Por supuesto, muchos consideran –como García-Huidobro- que la mera presentación de alternativas cualitativamente distintas como si fuesen equivalentes morales ya constituye una toma de posición oficial. Los alumnos de liceos aprenderán, se lamenta el columnista, “que el sexo anal y el oral están al mismo nivel que aquel que nos trajo al mundo”. Eso lo decidirás tú, replicará el repertorio liberal. A eso se refiere Peña con la “plasticidad” de los usos del sexo. He ahí la preferencia (mínima) pro-autonomía que es constitutiva de casi todo tipo de liberalismo. He ahí también la huella del igualitarismo propio de cualquier liberalismo post Rawlsiano: los niños no le pertenecen a sus padres ni deben necesariamente someterse a su cosmovisión, sino que tienen derecho a cierta igualdad de oportunidades formativas. Nada menos liberal que el propietarismo paternal. He ahí entonces el “estatismo individualista”: un estado que se preocupa que todos vivan su sexualidad con conocimiento y de acuerdo a sus afectividades particulares.

La segunda razón parte por reconocer que la dimensión científica-descriptiva no está tan desconectada de la valorativa, muy a pesar de Hume. La ciencia tampoco es enteramente neutral: le confía su depósito de verdades a una cierta epistemología. Pero el liberalismo se la juega por dicha epistemología porque tiene la capacidad de ser pública, común. García-Huidobro observa en la pura factualidad cualidades normativas. Pero la carta del liberalismo es justificar esa facticidad –en este caso, de la estricta descripción corpóreosexual- como mínimo común cognitivo. Es neutral, esta vez, en sentido positivo: adjudica de acuerdo a ciertos criterios racionales compartidos porque hay un deber político en dicha adjudicación.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2016/10/13/121028-sexo-ideologicamente-neutral

PASTELAZO (DES)COMUNAL

octubre 17, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 17 de Octubre de 2016)

Parece un mal chiste que en el umbral de una elección municipal que –muchos temen- pueda ser histórica en términos de baja participación, casi medio millón de chilenos esté a punto de perder, en la práctica, de su derecho a voto. Aunque sus nombres están registrados en alguna comuna del territorio nacional, no es la comuna donde ellos se inscribieron para sufragar. Así por ejemplo, un santiaguino que averigua que le toca votar en Iquique, sencillamente pierde la posibilidad de ejercitar su derecho.

No es un condoro para tomarlo a la ligera. Hay comunas cuyos alcaldes y concejales se deciden por márgenes mínimos. Es la legitimidad de nuestras autoridades la que está en juego. Por eso el Congreso se pone las pilas para aprobar en tiempo record una (original) disposición legal que solucione el entuerto: el nombre de los afectados estará duplicado en el padrón, para que puedan elegir si concurrir a las urnas donde los asignó el Servicio Electoral –de acuerdo a la información entregada por el Registro Civil- o bien donde lo venían haciendo antes del desbarajuste administrativo. Tiene su riesgo –porque podrían votar dos veces- pero quien se vea tentado a hacerlo se expone a severos castigos.

El diputado Osvaldo Andrade (PS) ha señalado que la urgencia está en arreglar el pastelazo antes que en buscar culpables. Tiene razón. Agregó que en nuestro país se estaba instalando una “cultura” que cree que “los problemas se resuelven con renuncias”. En esto se equivoca. La verdadera cultura en nuestro país consiste en encogerse de hombros, apuntar para el lado y nunca jamás asumir una responsabilidad. Ese es nuestro deporte olímpico. Es el Chile donde mueren centenares de niños bajo la supuesta protección del estado y nadie asume un mísero costo. Es el Chile donde 467 mil personas podrían verse privados de ejercer su derecho político y todo lo que vemos es una teleserie de acusaciones mutuas entre servicios públicos –francamente vergonzosa. Obviamente, no es una tarea muy noble la de andar pidiendo cabezas en bandejas. Las oposiciones siempre andan con el hacha afilada. Pero la función pública se sigue desprestigiando si los gobiernos no aplican los correctivos necesarios cuando los desaguisados son tan grandes.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-10-17&NewsID=357395&BodyID=0&PaginaId=38

NINGUNEO MINISTERIAL

octubre 14, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 14 de Octubre de 2016)

No fue muy prudente el ministro del Interior Mario Fernández, como él mismo reconoció, al señalar en una entrevista que la carrera presidencial se definirá finalmente entre Sebastián Piñera y Ricardo Lagos. Se supone que el gobierno –en especial un funcionario tan encumbrado- debe exhibir neutralidad al respecto. Con razón se quejaron desde su propio partido –la DC, que aún no renuncia a llevar abanderado propio- pero por sobre todo los radicales, que le ponen fichas al senador Alejandro Guillier. Lo que más dolió es que el Jefe de Gabinete ninguneó al resto de los aspirantes, los cuales no tendrían –a su juicio- las mínimas condiciones intelectuales para participar de un debate con altura.

A diferencia de lo que creen los radicales, Fernández no participa en conspiración alguna para ungir a Lagos por secretaría. Lo que ocurre es mucho más simple: el ministro no quiere creer –¡se resiste a creer!- que la opción Guillier vaya en serio. No es muy distinto de lo que pensó el establishment concertacionista cuando empezó a circular con fuerza el nombre de Michelle Bachelet, hace más de diez años. Fernández pone en palabras el pensamiento de muchos en las altas esferas políticas. Les da un poco de rabia, incluso: son ellos los que han hecho carrera política, los que exhiben las cicatrices del poder.   

Por eso quieren creer, como dice Fernández, que toda la faramalla en torno a Guillier u otros –el diputado Tarud también agarró papa- es pura fantasía. Quieren creer que Chile todavía es un paisaje previsible donde hay nombres que se imponen por su propio peso. Quizás, como tuvieron que hacerlo con Bachelet, tengan que tragarse sus palabras.  

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-10-14&NewsID=357170&BodyID=0&PaginaId=28

EL PROYECTO SECULARIZADOR DE CAMILA

octubre 12, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 12 de Octubre de 2016)

Aunque el estado chileno es laico –separado institucionalmente de la Iglesia- algunos resabios sugieren lo contrario. Así por ejemplo, las sesiones de la Cámara Baja todavía se abren “en nombre de Dios”. Para corregir el problema, la diputada Camila Vallejo y sus colegas del PC proponen reemplazar esta alusión religiosa por una fórmula más secular: que la sesión se abra “en representación del pueblo de Chile”.

Aunque la propuesta de Camila Vallejo se cae de madura en un país cada vez más diverso, hay personas que se oponen argumentando que Chile es un país laico, pero no ateo. Es decir, interpretan el proyecto de la diputada por La Florida como una agresión a la religión. Es una objeción fuera de lugar. Vallejo estaría promoviendo un estado ateo si pidiera que las sesiones se abrieran advirtiendo sobre la inexistencia del dios cristiano. Pero no pide aquello. Pide omitir la referencia teísta y en su lugar aludir a lo que todos en el hemiciclo tienen en común: su calidad de representantes.

La segunda objeción al proyecto de Camila es que no respetaría las creencias de los cristianos. Sin embargo, si se acoge su propuesta reglamentaria, la libertad de culto no queda afectada en ningún sentido. Por el contrario, se ensancha. El estado se seculariza justamente para que las personas tengan protección a sus garantías religiosas -dentro de las cuales se incluye el derecho de no ser sometido a rituales religiosos que no se comparten. Algunos dicen que el proyecto es intolerante hacia los creyentes. Pero eso es el mundo al revés. Históricamente, fue el principio de tolerancia el que llevó a los estados nacionales a evitar el patrocinio oficial de un credo particular en desmedro de los demás.

El Congreso –así como La Moneda- no es un lugar cualquiera. Transmite señales de alto contenido simbólico –lo que algunos teóricos llaman la capacidad expresiva del estado. Abrir las sesiones en nombre de Dios es excluyente y discriminador respecto de quienes no creen en dicha figura –un grupo cada vez más grande en Chile. Por lo mismo, lo que corresponde en “la casa de todos” es utilizar una fórmula inclusiva. El proyecto de Camila debería ser apoyado incluso por sus pares creyentes que valoran la laicidad del estado.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-10-12&NewsID=356993&BodyID=0&PaginaId=38

PARADOJAS COLOMBIANAS

octubre 10, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 9 de octubre de 2016)

El presidente de Colombia Juan Manuel Santos perdió el referéndum que debía ratificar los acuerdos de paz que firmó con las FARC, pero aun así ganó el Premio Nobel de la Paz. El ex presidente Uribe ganó el referéndum –fue la cara visible de la oposición- pero tuvo que ver a su archirrival elevándose a las alturas del prestigio internacional. El Nobel es un espaldarazo a las tratativas de Santos y al mismo tiempo una especie de tirón de orejas a la posición de Uribe. Sin ganar, Santos ganó. Sin perder, Uribe perdió.

Pero no es la única paradoja. A más de algún chileno le llamó la atención la posición que adoptó la izquierda y la derecha criolla, respectivamente. Mientras los primeros lamentaron el rechazo de los acuerdos de paz por parte de los colombianos, los segundos lo celebraron como una victoria de la justicia y la dignidad de un pueblo. Sin embargo, tanto nuestra izquierda como nuestra derecha han tenido visiones relativamente distintas cuando se trata de lidiar con episodios similares de la historia reciente de Chile.

La negociación entre Bogotá y la incansable guerrilla –supervisada por la Habana- incluía para a las FARC una cuota de impunidad así como garantías de representación política. En la práctica, nuestra transición operó bajo los mismos códigos: quieres gobernaron en dictadura gozaron de ciertos grados de amnistía a cambio de la construcción de un presente pacífico. Sus “cómplices pasivos” inundaron el Congreso. El pinochetismo también se dio el lujo de designar parlamentarios a dedo sin necesidad de pasar por las urnas. A la izquierda le revienta esta situación. Retrospectivamente, le revienta haber hecho tantas concesiones bajo la urgencia del miedo. ¿Votaría hoy la izquierda a favor de un acuerdo que beneficia a los violadores de DDHH para cerrar definitivamente el capítulo? No parece.

La derecha chilena, por su parte, se queja del trato que reciben los ex uniformados en la cárcel –o en proceso. Varios de sus dirigentes claman por una amnistía verdadera para avanzar en reconciliación. No están tan preocupados por la dimensión de la justicia. Sin embargo, en el caso colombiano piensan exactamente lo contrario. Creen que las FARC no merecen –vaya paradoja- ni perdón ni olvido. Mucho menos influencia política asegurada –como la que ellos mismos disfrutaron en tiempos de los famosos senadores designados. ¿Habría rechazado la derecha un acuerdo que estableciera condiciones (judiciales y políticas) ventajosas para los vencidos de 1988? No parece.

Por supuesto que el caso colombiano tiene una serie de bemoles que lo hacen distinto al chileno. Izquierdistas y derechistas pueden replicar que sus posiciones no han sido retratadas con rigurosidad, que el diablo está finalmente en los detalles. Es posible. Pero a simple vista, las paradojas se acumulan.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-10-09&NewsID=356798&BodyID=0&PaginaId=11

DOMICILIO DESCONOCIDO

octubre 3, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 2 de octubre de 2016)

Desde un tiempo a esta parte, los candidatos a cargos de elección popular prefieren omitir su militancia en sus dispositivos de campaña. En sus carteles no aparece el logo ni el nombre del partido al cual pertenecen o la coalición a la cual representan. Como si se avergonzaran de ellos. Como si reconocer su filiación partidaria fuera confesar un pecado. Hay, por supuesto, honrosas excepciones. Pero se trata de una práctica extendida y transversal. Sin embargo, es una mala práctica democrática.

Los dirigentes políticos se quejan del facilismo del discurso anti partidos. Nos recuerdan lo importante que son estas instituciones para la democracia representativa. Tienen razón. Pero son sus propios candidatos los que contribuyen al desprestigio cuando optan por silenciar su militancia. Si la pertenencia a un partido es una cuestión de convicción y no mera conveniencia –para ahorrarse el calvario burocrático de las firmas- entonces los candidatos debiesen ser los primeros en afirmar públicamente sus identidades políticas. Si correr bajo los colores de un partido no tiene nada de malo, no hay por qué esconderlo. Por el contrario, hay que lucir esos colores con orgullo. Al esconderlos, la señal es que la crítica anti partidos es correcta.

Pero además es un mala práctica porque atenta contra los esfuerzos para transparentar la actividad de representación. Como advierte el cientista político Alfredo Joignant, es irónico que Chile tenga estándares tan estrictos de rotulado de alimentos –para que sepamos exactamente qué estamos consumiendo- pero costumbres tan opacas cuando se trata de saber por quién estamos votando. Algunos piensan que dicha información da lo mismo porque en las elecciones –especialmente municipales- se vota por las personas y no por los partidos. Están equivocados. Los partidos políticos articulan visiones respecto de cómo debe funcionar la sociedad. Un militante de la UDI mira los problemas públicos desde una perspectiva distinta de que la tiene un militante del PS, por ejemplo. Evidentemente, en el ejercicio comunal habrá muchas materias en las cuales esa distinción ideológica será irrelevante. Pero habrá otras tantas en las cuales esa legítima divergencia política tendrá una serie de consecuencias.

Las elecciones no pueden transformarse en concursos de mera apreciación estética. Los candidatos deben transmitir la mayor cantidad de información posible para que los electores tomen una decisión documentada. Algunos gustan de poner el colegio o los apellidos del cónyuge. Esa es información superflua. Transparentar el origen partidario o coalicional, en cambio, es información esencial. Yo que usted no voto por quienes se la ocultan.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2016-10-02&NewsID=356291&BodyID=0&PaginaId=15

TRADICIONES PATRIAS

octubre 1, 2016

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 30 de septiembre de 2016)

Como pocas veces, este año los rituales tradicionales de fiestas patrias fueron cuestionados. Aunque el rodeo no es un deporte limitado a septiembre, su práctica y su narrativa se hacen más visibles en el mes del huaso chileno. El clásico Te Deum -acción de gracias- del 18 también fue objeto de articuladas críticas. Finalmente, algunas voces se alzaron para criticar la parada militar en el mismísimo día de las glorias del Ejército. Se trata de tres problemáticas distintas, pero que tienen un elemento común: ponen en tela de juicio la manera “oficial” en la cual celebramos nuestra fiesta nacional. Esta columna no pretende convencer al lector de la conveniencia de abolir estos rituales. Pretende, sin embargo, resumir los argumentos que aconsejan revisar estas tradiciones patrias.

Partamos con el rodeo. Miles de personas en el centro sur del país lo consideran una auténtica cultura, un ejercicio ligado a la gran familia campestre criolla. Sus detractores apuntan al evidente maltrato que sufren los animales involucrados. No es una objeción ligera. Hubo un tiempo en el cual la especie humana creía que su lugar en el mundo era especial. Lo siguen creyendo ciertas confesiones religiosas. Pero la ciencia nos provee de buenas razones para pensar que somos sólo una especie más del reino animal. En consecuencia, nuestro parentesco con los animales no-humanos nos obliga a reconsiderar su estatus moral. No implica, necesariamente, conferirles a vacas y caballos nuestros mismos derechos. Sí implica –a lo menos- tomar en serio el sufrimiento de otros seres sintientes. Los defensores del rodeo tienen dos líneas de defensa. Por una parte, enfatizan la dimensión tradicional de la práctica. Por el otro, insisten que los animales que participan en este evento recreativo no experimentan grados de sufrimiento relevante. El primer argumento no se sostiene: ninguna tradición es autoexplicativa. De hecho, tenemos el deber de superarlas cuando entran en conflicto con nuestras (modernas) sensibilidades morales. El segundo es –aparentemente- más promisorio: asume que el sufrimiento animal no da lo mismo y trata de demostrar que el rodeo no es un juego sádico. Bueno, la carga de la prueba la tienen los rodeófilos. Si su respuesta es insatisfactoria –tan insatisfactoria como la respuesta de los amantes de la tauromaquia- entonces a nadie debería sorprender que aumente la resistencia a este tipo de actividades. Hoy, dicha resistencia se concentra en los grupos animalistas. Crece, sin embargo, en varios sectores ilustrados de la población.

Sigamos con el Te Deum. Después de cien años, es parte de nuestra historia. Pero también es creciente la resistencia a un evento en el cual las autoridades políticas reciben sermones por parte los líderes religiosos, justamente en el día que celebramos nuestra independencia de poderes extranjeros. Que la mayoría de los chilenos sea –todavía- católica no es un argumento decisivo a favor del Te Deum. Se supone que estamos hablando de una instancia simbólica capaz de unir a nuestros representantes en una reflexión inclusiva. Pues, para mucha gente, el tradicional Te Deum ha dejado de serlo. Sus defensores señalan que los críticos del Te Deum confunden estado laico con estado ateo. Es un razonamiento extraviado. Un estado ateo prohibiría las expresiones religiosas. Un estado laico, en cambio, se cuida de no utilizar el poder político para favorecer o perjudicar una opción religiosa. El problema del Te Deum es que involucra en actitud de sometimiento a la capacidad expresiva del estado -a través de la participación de las autoridades más importantes del país- en la fecha republicana más simbólica. El acto podría hacerse otro día o el mismo 18 sin autoridades, pero el mensaje combinado es susceptible de legítimo cuestionamiento.

Finalmente, resta el caso más complejo: la parada militar. Aquí se confunden dos tipos de razones. Por una parte, cierta porción de la población no quiere ver a las FFAA marchando con el pecho inflado porque tienen un trauma reciente enteramente válido al respecto. La respuesta usual es que la celebración de las Glorias del Ejército cubre muchos otros episodios –valga la redundancia- gloriosos. La contrarespuesta es que no todos son tan gloriosos. Muy por el contrario. La otra porción tiene un problema filosófico más profundo con la idea de desplegar poderío bélico como expresión celebratoria. Expresan así una especie de pacifismo estructural. Aquí la crítica se extiende a aquellas militaristas alusiones que todavía hacen nuestros himnos y escudos. En algún momento, la idea de seguir cantando una canción que festeja el derramamiento de sangre tiene que generarnos un corto circuito cognitivo respecto de nuestros valores contemporáneos. “Por la razón o la fuerza” suena como my way or the highway, entre autoritario y adolescente. Ciertamente poco democrático y deliberativo. En fin, se trata de expresiones relativamente dispersas de una idea patriótica común: el recuerdo endorfínico de la subyugación de nuestros enemigos y la capacidad actual de mantenerlos a raya. Se le opone una sensibilidad crítica posmoderna e hippie, quizás, pero lejos de ser descabellada… ¿Acaso no podría ser un carnaval en lugar de una parada? De cualquier forma, por ahora, el desfile militar pareciera ser el menos conflictivo de los tres casos.

No he querido ridiculizar la posición de quienes gustan del rodeo, el Te Deum y la parada militar. Creo que satisfacen a la mayoría de los chilenos, de hecho. Es una minoría la que cuestiona estos ritos tradicionales. Mi humilde punto es que los cuestionamientos ético-políticos que se levantan no son necesariamente anti-patrióticos ni absurdos, sino que están enraizados en discursos filosóficos legítimos y en ascenso.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2016/09/29/090937-tradiciones-patrias